Es curioso el ideal de vida digna que tiene la Federación Internacional de Médicos Católicos. En su denuncia al “asesinato” de Eluana dicen textualmente:

“Eluana respiraba, comía, deglutía, sonreía; y ahora ya no se encuentra en el mundo de los vivos”

¡Guau! Así que Eluana hasta deglutía… ¡Una vida digna de ser vivida sin duda! Y es que esta gente no acaba de comprender lo que significa vivir en un estado democrático. Yo comprendo muy bien que los católicos piensen que su vida no es propiedad suya sino de Dios, por lo que suicidarse es, para ellos, algo terrible, incluso en circunstancias en las que uno sólo deglute y sonríe. El caso es que en un sistema democrático no sólo hay católicos, sino personas que no creen que su vida sea propiedad de Dios y, por lo tanto, piensan que es de cada uno de ellos. Y esos tienen todo el derecho del mundo a hacer con ella lo que quieran. La democracia tiene que proteger a los cristianos que no quieran que se les administre la eutanasia, pero también a los no creyentes que así la soliciten.