Uno de los mayores problemas que tenía el evolucionismo era el de la herencia. Para que exista evolución es necesario que las nuevas características del individuo pasen a la siguiente generación. Sin embargo, hasta la llegada de la genética a principios del XX, no se sabía nada de los mecanismos de la herencia: ¿Qué heredamos, por qué y cómo?
Para explicar esto, Darwin va a inventar su tristemente célebre teoría de la pangénesis. Cuando Darwin presentó el Origen de las especies muchos científicos se convirtieron rápidamente al evolucionismo (al contrario de lo que suele pensarse). Lo que realmente costaba aceptar era el mecanismo de selección natural como motor evolutivo. El lamarckismo tenía menos problemas para explicar las cosas. Mientras que la selección natural necesita muchísimo tiempo para generar nuevos seres (recordemos la objeción de Lord Kelvin al tiempo evolutivo) ya que funciona mediante variaciones fortuitas, el lamarckismo es mucho más rápido (el uso desarrolla el órgano) y no necesita el azar (la idea de que seres tan complejos como un mamífero se crearan a base de errores azarosos es algo que todavía da mucho que hablar). Así, en el último tercio del siglo XIX casi todo el mundo era lamarckista… ¡Incluso el propio Darwin!
Para explicar qué es lo que se hereda, Darwin inventa la pangénesis. Esta teoría nos dice que cada órgano y tejido del cuerpo de cada ser vivo genera una especie de células que se llaman gémulas. Estos sedimentos van a parar al torrente sanguíneo y de ahí a los gametos sexuales, por lo que son lo que realmente se hereda. Cada vez que un órgano se desarrolla con su uso, éste genera más gémulas, lo que provoca que todos los desarrollos orgánicos que un organismo tenga en vida, van a parar a sus células sexuales. Si yo me paso toda la vida haciendo pesas y mis bíceps crecen, emitirán más “gémulas musculares del bíceps” las cuales heredarán mis hijos. Si mis bíceps son muy fuertes, los de mis hijos lo serán también.
Como es fácil ver, esta teoría explica perfectamente el lamarckismo. Lo que hagas en tu vida pasa a tus descendientes. Paradójicamente, la pangénesis va a ser la carta de defunción del darwinismo (es decir, de la apuesta por la selección natural) hasta la llegada de la teoría sintética o del neodarwinismo en pleno siglo XX. Darwin murió siendo lamarckista, lo cual no hace más que mostrarnos su honestidad intelectual. Prefería creer en una teoría que no era suya si la consideraba más verdadera.
Su hijo, Sir Francis Darwin, nos cuenta una simpática anécdota en donde podemos ver lo que Darwin creía ver como Pangénesis:
“La perra [una terrier blanca que se llamaba Polly] tenía en el lomo una marca resultado de una quemadura, donde el pelo le había crecido rojo en vez de blanco. Mi padre elogiaba con frecuencia aquel mechón de pelo porque estaba en concordancia con su teoría de la pangénsis. El padre de la perra era un bull terrier rojo, por lo tanto, el pelo rojo que apareció después de la quemadura demostraba la existencia de gémulas latentes de color rojo. Mi padre era deliciosamente cariñoso con Polly. Nunca se mostró impaciente por las muchas atenciones que la perra exigía, como que le abriese la puerta para entrar, o que la dejase asomarse a la ventana de porche para ladrar a la “gente mala”, un deber que se había impuesto y que le encantaba. Murió, o más bien dicho, tuvimos que matarla, pocos días después del fallecimiento de mi padre”
Diez años después de la muerte de ambos, August Weissmann (1834-1914) va a ser el último gran defensor del darwinismo en el Siglo XIX con su teoría del plasma germinal, postura que combatirá el lamarckismo y será clara precursora de la genética que estaba ya a punto de nacer. Hablaremos de ella otro día.











2 comments
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6 Noviembre 2009 a 09:26
Fernando
Muy Sr. mío:
Por su interés, le informo que con motivo del segundo centenario del surgimiento de la teoría de la evolución, la revista Nómadas de la Universidad Complutense de Madrid publica un artículo titulado:
Lysenko. La teoría materialista de la evolución en la URSS
en el siguiente enlace:
http://www.ucm.es/info/nomadas/trip/lysenko.html
Le saluda, atte.:
6 Noviembre 2009 a 10:01
Santiago Sánchez-Migallón Jiménez
Hola Fernando:
Muchas gracias por el enlace. Vamos a ver quién era realmente Lysenko.
Un cordial saludo.