En los comienzos de la escritura, cuando los caractéres se imprimían con cincel en fría piedra o en tablillas de arcilla, no se podían escribir estupideces. El proceso era trabajoso, costoso, por lo que escribir no podía ser un juego, un entretenimiento. Por eso se escribían las leyes, los mandatos monárquicos, las cosas realmente importantes, las que merecían ser recordadas más allá de la efímera memoria de los hombres. Algo más adelante, los papiros y pergaminos, ampliaron el espectro. Las grandes obras de las ciencias, la literatura o la filosofía merecieron la pena guardarse. Sin embargo, el libro era algo muy valioso, al alcance sólo de una minoría.

Fue con la invención de la imprenta cuando el texto escrito estuvo al alcance de todo el mundo. La Galaxia Gutenberg democratizó la textualidad provocando la caída del Antiguo Régimen. También la vulgarizó. A  partir de entonces cualquier cosa puede escribirse y ya no sólo lo valioso, y éste representará uno de los grandes problemas de la sociedad de la información: cribarla. Los informáticos de Google se devanan los sesos para que su buscador encuentre la mejor información y no cualquiera.

Sin embargo, hay otro aspecto muy interesante en la expansión del texto por Internet: el texto digital. Algo a lo que habitualmente no habíamos prestado demasiada atención es al hecho de cómo organizamos nuestra escritura. Nuestros textos están escritos de izquierda a derecha, siguiendo un sentido lineal, apilándose en renglones,  agrupados en hojas. Los textos son cerrados, tienen un comienzo y un final y siguiendo una rectilínea dirección, tienen un antes y un después, un principio y un fin.

Con la Web 2.0 ésto se ha roto. Los textos digitales no son del todo lineales ya que están conectados por hipervínculos a otros textos, formando redes. El hipertexto no tiene una dirección rectilínea sino una estructura de red. El texto digital es móvil, fácilmente corregible (Imaginad corregir algo escrito en una tablilla de barro) y abierto (se enlaza con otros textos, imágenes, sonidos o vídeos, enriqueciéndose con una gran facilidad). En él se separan por primera vez formato y contenido. Un libro sólo tiene un formato, en él, forma y contenido son una misma cosa. Ahora un mismo texto puede tener diferentes sustratos, diferentes formatos, teniendo además un ingente abanico de formatos donde elegir. El texto se estetiza más, como en los bellamente adornados códices medievales.

Las consecuencias de ésta mutación en las comunicaciones aún no han sido suficientemente calibradas. Si la forma de escribir cambia, la forma de pensar cambia, la forma de comunicarse cambia, la forma de vivir cambia.