El pensamiento trinitario, que desgraciadamente sigue teniendo cierta presencia en ciertas universidades españolas, yerra en plantear la triada divina como una relación entre Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tal suposición implica un fatídico desconocimiento de la auténtica jerarquía del Universo propia de la gente dedicada al sacerdocio. Como todo buen hijo de vecino sabe, la auténtica Trinidad está formada por Suegra, Mujer e Hija, como bien ha sabido representar el arte.

Las gorgonas de Gustav Klimt

Aquí tenemos a las tres gorgonas: Esteno, Euríale y Medusa, hijas de los dioses marinos Focis y Ceto. Habitaban en el Occidente extremo, no lejos del país de los muertos, y eran temidas igualmente por mortales y por dioses. Según nos cuenta Pierre Grimal, su cabeza estaba rodeada de serpientes, tenían grandes colmillos, semejantes a los de un jabalí, manos de bronce y alas de oro que les permitían volar. Sus ojos echaban chispas, y su mirada era tan penetrante, que el que la sufría quedaba convertido en piedra.

Cueva de la ninfa de la tormenta de Edward John PoynterLas sirenas Pisínoe, Agláope y Telxiepia, otras veces también llamadas Parténope, Leucosia y Ligia, eran grandes músicas. Según Apolodoro, una tocaba la lira, otra cantaba y la última tocaba la flauta, con el fin de atraer a los desdichados marineros que se extraviaran por el Mediterráneo, frente a la isla de Sorrento. Allí, las naves zozobraban contra los acantilados y las malévolas sirenas robaban suculentos botines. Ya se sabe que la mujer siempre ha administrado el dinero mucho mejor que el hombre.

El remordimiento de Orestes de William-Adolphe Bouguereau

Y para acabar las peores, las erinias: Alecto (que castiga los delitos morales), Megera (castiga el adulterio) y Tisífone (castiga los delitos de sangre), enloqueciendo al pobre Orestes después de que éste matara a su maliciosa madre. Se las representa también como genios alados, con serpientes entrelazadas en su pelo y llevando en su mano antorchas o látigos. Cuando se apoderaban de su víctima, la acaban por enloquecer torturándola de cualquier modo imaginable. Pero es más, ni la muerte puede librarte de ellas, ya que Homero y Virgilio las sitúan también como responsables de las torturas infernales del Tártaro.

Véase también Salomé y The Kinks o La mujer no nace, se hace