Los artrópodos son el filo más exitoso de todo el reino animal. Hay catalogadas cerca de un millón de especies (frente a las menos de 6.000 de mamíferos o a la triste única perteneciente al género homo. La evolución mima más a los insectos que a los humanos) constituyendo las tres cuartas partes de los animales existentes en la actualidad. Parece que ese cuerpo dividido en segmentos metamerizados con simetría bilateral (extraño capricho de la naturaleza premiar a los simétricos), esos versátiles apéndices articulados y ese exoesqueleto quitinoso (que la armadura vaya por fuera en vez de por dentro tiene el inconveniente de que para crecer hay que romperla. De ahí las diversas mudas y metamorfosis por las que pasan) son herramientas perfectas de supervivencia.
En ellos se ha dado una perfecta conjunción entre eficacia biológica y belleza. ¿A quién le parecen los insectos repugnantes? Seguro que después de ver las fotos del polaco Igor Siwanowicz los vemos de otro modo.







Más fotografías de Siwanowicz aquí. Fuente: Blog Pasa la vida.











5 comments
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9 Noviembre 2009 a 11:05
Tay
Guau
9 Noviembre 2009 a 14:32
Santiago Sánchez-Migallón Jiménez
Eso mismo pensé yo
9 Noviembre 2009 a 16:17
Hugo
¿Sólo “guau”? Virgen santa.
Me quedo con el que tiene cara de velocidad. Seguro que los niños de otros planetas ya juegan con G.I. Joe como ese
9 Noviembre 2009 a 23:20
Santiago Sánchez-Migallón Jiménez
Jajaja… Es verdad, parece el juguete articulado de un niño marciano. Pero a mí me gusta más la oruga de la primera imagen… ¿de qué leches le valen esas antenas retorcidas tan grandes? ¿Pero no le estorban? ¿Por qué la selección natural iba a hacer que sobreviviera un bicho tan ortopédico?
Un saludo Hugo.
10 Noviembre 2009 a 00:56
Manu
Cualquier ser vivo es precioso por el simple hecho de encontrarse en ese estado vital.
Aunque también la materia inanimada es preciosa, ¿qué quereis que os diga?.
Lo verdaderamente sorprendente es darse cuenta de que realmente sólo somos materia-energía con la capacidad de poder apreciarlo.
¡Increible!