No me canso de ver esta celebérrima escena de la película de Kubrick. A parte de sus virtudes cinematográficas y de la música de Richard Strauss, esta escena gusta porque habla del origen del hombre, del origen de aquello que nos hace diferentes a los demás animales. Es sugerente la imagen del animal que se intercala mientras el homínido golpea su esqueleto: la inteligencia nace con la representación. El simio se figura en la mente algo que no está directamente presente y con ello surge nuestra inteligencia imaginativa. Además, la representación va ligada a la elaboración de herramientas. Como puedo representarme la realidad ausente puedo imaginar otros usos que no son los naturales a las cosas que veo a mi alrededor. De ese violentar la naturaleza, de hacer cosas contranatura, de usar un hueso para algo distinto a la función natural de un hueso, surge el hombre, el ser más antinatural de los seres naturales. El hombre, el animal cuya habilidad evolutiva consiste precisamente en dejar de ser animal.
Sin embargo, el tema del monolito no hace justicia a la realidad. A pesar de lo sugerente que queda en una película de ciencia-ficción (el origen extraterrestre de la inteligencia) no es preciso en el sentido en que sugiere tanto un origen no natural de la inteligencia como su aparición como un salto brusco. No, la inteligencia es un producto natural cuyo origen es el mismo que el de la capacidad de vuelo de las aves o la fiereza de los felinos y su origen se debe a un lentísimo proceso evolutivo de una duración de millones de años.












4 comments
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10 Noviembre 2009 a 00:59
Manu
“la inteligencia es un producto natural cuyo origen es el mismo que el de la capacidad de vuelo de las aves o la fiereza de los felinos y su origen se debe a un lentísimo proceso evolutivo de una duración de millones de años.”
Ahí la has “clavao”;-)
Un abrazo.
10 Noviembre 2009 a 09:33
Santiago Sánchez-Migallón Jiménez
Hola Manu.
Es que es una creencia colectiva lo de el salto brusco. La gente tiene todavía muy insertada en el cerebro la idea de que “un soplo divino” o algo así ocurrió en un momento x a partir del cual ya éramos humanos, como si un día te acuestas mono y al otro te levantas persona.
Un abrazo
10 Noviembre 2009 a 14:48
yack
Aún estando de acuerdo en lo de “lentisimo” creo que la inteligencia es algo más que un ala. De hecho, puede ser la puerta a una nueva fase evolutiva, radicalmente nueva.
Por otro lado eso de usar algo para otro propósito lo viene haciendo la evolución desde el principio. Lo que caracteriza al ser humano, en mi opinión, es la capacidad para ensayar modelos más eficientes en el ambito del simulador virtual de su mente. Así, un relojero diseña un millon de relojes virtuales en su cabeza y luego sólo construye el que mejor se ha portado en el simulador. Hasta la llegada del hombre, el relojero ciego tenia que fabricar un millón de relojes con pequeñas diferencias y quedarse con el que más ajustada diera la hora. Pero en eso se le iba un millón de años y no un par de meses.
Esa es la revolución que representa el hombre, la aceleración del ritmo evolutivo.
Saludos.
10 Noviembre 2009 a 15:50
José Manuel
No es el uso de herramientas lo que nos diferencia de los animales, sino el lenguaje, el lenguaje diferenciado de los lenguajes puramente emocionales. El poder contar historias es lo que desata la imaginación; el intercambiar opiniones es lo que hace que mejoremos las herramientas; el lenguaje nos dio una inteligencia y memoria exponencial e imponente.