¿Por qué eres de izquierdas?

Publicado: 16 enero 2013 en Filosofía política
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¿Eres de izquierdas o de derechas? ¿Por qué lo eres? Lo suyo sería realizar un estudio de cada ideología, examinar cada partido político históricamente, desde su fundación hasta la actualidad; investigar acerca de lo acertado de sus propuestas realizando estudios comparativos con otros países, reflexionar sobre qué modelo de sociedad se cimienta su discurso, sobre qué presupuestos éticos, sobre que visión del individuo y del mundo en general nos ofrece. Una vez hecho ésto uno podría, casi objetivamente, elegir qué partido político conviene votar, qué ideología es la más idónea para posicionarse. Sin embargo, NADIE hace eso.

Entonces, ¿en qué se funda nuestra adhesión a una u otra ideología? ¿En qué se basa nuestro posicionamiento a favor o en contra de un partido, mas cuando suele ser tan ferviente y acalorada? En criterios no racionales, relativos a nuestra historia, biografía, vivencias… Puede ser que seamos de izquierdas porque nuestros padres así lo eran (o por llevar la contraria a los que no), porque un amigo o profesor al que admirábamos  lo era también, o porque una tarde, un compañero de trabajo nos dio un discurso muy convincente a favor de ser de izquierdas. Podemos ser de izquierdas porque va mejor con nuestra personalidad, porque gracias a serlo esquivamos mejor nuestras contradicciones y justificamos mejor nuestro estilo de vida. Podemos ser de izquierdas para afirmarnos, para tener una identidad en donde antas solo había vacío. Ahora soy de izquierdas, me he definido, existo. O por presión del grupo: todos mis amigos y conocidos son de izquierdas, ¿cómo atreverme a ser de otra manera? Podemos ser de izquierdas porque parece que serlo va mejor con nuestros intereses laborales, nuestros hábitos y costumbres. Será más probable ver a un peón de fábrica o a un homosexual siendo de izquierdas que no a un cura o a un enriquecido empresario. Somos de izquierdas porque nos interesa serlo, porque nos gusta serlo, y no por un fundamento racional sólido.

Lo curioso es que una vez que nos posicionamos parece que el cargo es vitalicio. Si yo soy de izquierdas lo soy para toda la vida (conversos hay pero muy pocos). Es como ser del Madrid o del Barça. Y si uno es muy acérrimo, la conversión se irá haciendo cada vez más y más difícil tal como es casi imposible que un culé se vuelva merengue y viceversa. Entonces todo hecho político se interpreta desde este posicionamiento a priori con un muy acentuado sesgo. Si, por ejemplo, el PSOE se embarcó en el trágico camino del recorte social, uno busca donde puede hipótesis ad hoc que justifiquen que ese camino no fue tan malo. Sin embargo, si lo mismo lo hace el PP, uno saca las garras y lanza improperios sobre esos malvados neoliberales que quieren empobrecer al ciudadano medio para llenar los bolsillos a los banqueros con dinero corrupto. La objetividad, si alguna vez se tuvo, se pierde por completo y uno se vuelve completamente ciego a los desmanes de su ideología mientras que adquiere los ojos del águila para ver los dislates de la contraria. Seguidamente se crea un muñeco de paja, un malo de la película contra el que despotricar a diario (descargando contra él los dos minutos de odio del 1984 orwelliano) y, por oposición, sentirse bien, sentirse de los buenos. En una sociedad como la nuestra que busca obsesivamente culpables, cabezas de turco a los que responsabilizar de todos nuestros males, esto funciona muy bien. No hay nada más sano que insultar a Fernández-Lasquetty por su malévolo plan de privatizar la sanidad madrileña, a la austera María Dolores de Cospedal por sus múltiples y cuantiosos salarios o a Artur Mas, el que no quiere ser español, el que reniega de todo lo que somos para destruir España. Los políticos independentistas suelen ser dianas perfectas para nuestras diatribas… ¿Hubo un personaje más odiado en su momento que Carod-Rovira? ¿Alguien más idóneo para ser el enemigo público número uno? No hay nada que una más, que afirme más mi individualidad y, a la vez, mi sensación de pertenencia a un grupo, que tener un enemigo común. Por eso, si no existe, hay que inventarlo: el sistema, el capitalismo, el fascismo, las hordas judeo-masónico-comunistas, los inmigrantes, el Islam… Etiquetas burdamente simplificadoras que no apuntan a nadie en concreto. Son entidades abstractas que acechan en la sombra, amenazas latentes que podrían representar un arquetípico miedo jungiano. ¿Qué es el maquiavélico capitalismo contra el que despotricamos? ¿Los bancos? ¿Pero es que acaso la tienda de zapatos de debajo de mi casa no es también capitalismo? ¿Y no lo es el iPhone con el que el antisistema reúne a sus compañeros de manifestación? ¿Y el agua caliente, la electricidad y los hospitales no forman parte del sistema capitalista?

Es algo un tanto absurdo y es que: ¿Por qué hay que posicionarse? ¿Por qué hay que elegir entre ideologías viendo además que ambos modelos tienen sus luces y sus sombras, sus aciertos y arbitrariedades, viendo que llevadas al extremo ninguna es deseable? La izquierda arrastra la vergüenza del colosal hundimiento del comunismo. Las imágenes de los miles de jóvenes alemanes del Este saltando los escombros del muro de Berlín son el gran símbolo de la vergüenza del socialismo. Por otro lado, no hay más que ver los frutos de un capitalismo descontrolado en la actual crisis que nos asola. La derecha, en el fondo, tampoco puede ya creer en la mano invisible de Adam Smith que hará que todo mejore por el simple hecho de dar libertad plena a los mercados. Han muerto (o gozan de muy mala salud) los grandes discursos políticos del siglo XX. Ahora parece que solo quedan los pequeños relatos de Lyotard o el pensamiento débil de Vattimo: discursos pequeños, poco ambiciosos, debilitados, quizá poco creíbles (o que ya nadie se cree y aún así se repiten una y otra vez) y, en el mejor de los casos, pragmáticos: solucionan algún problema puntual. En política, más que en ninguna otra disciplina o quehacer humanos, reina la postmodernidad.

Pero no nos creamos estas tesis del fin de la historia, de la muerte de todas las ideologías. Lo que hacen falta son nuevas. Una de las cosas que más me preocupa de la crisis es la ausencia de altura de miras para generar algo nuevo. Seguramente cuando el Antiguo Régimen estaba moribundo, muchos pensaban que no había alternativas posibles, y muchos políticos de la época solo sabían poner parches y solucionar los problemas sistémicos con remiendos que no se salían del propio sistema. Pero luego llegó la Modernidad con un nuevo orden político, económico y social. No fue el fin del mundo sino el fin de un tipo de mundo. Me preocupa que en estos momentos no se ve a ningún líder carismático capaz de afrontar la situación ni ningún movimiento ni intelectual capaz de ofrecer alternativas serias. El PP, en los años más raquíticos de la historia de la democracia, solo nos está ofreciendo un reajuste para que el sistema vuelva a ser lo que era (como si antes hubiese sido perfecto). Esa es toda su amplitud de miras: si queréis volver al pasado tenéis que sufrir, tenéis que hacer sacrificios. No hay futuro, no ha cambio, hay solo retorno. Eso es lo mejor que pueden ofrecernos,  no hay más altura política ni ideológica.

Yo, mientras tanto, no voy a posicionarme. Eso no quiere decir que pase de la política y me encierre en mi torre de márfil. No, eso quiere decir que tengo la suficiente dignidad para considerarme por encima de las dos tristes posiciones que nos ofrece este maldecido país pero que seguiré criticando e intentando pensar algo mejor de lo que hay, lo cual, hasta cierto punto y visto lo visto, es bastante fácil.

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comentarios
  1. David dice:

    “No, eso quiere decir que tengo la suficiente dignidad para considerarme por encima de las dos tristes posiciones que nos ofrece este maldecido país”

    Dices que no te posicionas, pero porque el contenido disponible te parece triste. No señor, es que no hay que posicionarse en cualquier caso. El posicionarse es un comportamiento tribal que impide el pensamiento racional. Ideologias, posiciones, izquierdas, derechas, son el contrario del pensamiento, son el fanatismo y el sesgo sistematico.

    Por tanto la pregunta relevante es, porque NO hay que posicionarse. Si uno aspira a poder pensar con claridad, claro. Si uno lo que quiere es comportarse tribalmente, entonces a posicionarse, y cuanto menos se piense, mas fuerte sera el posicionamiento.

  2. Con posicionarme yo mismo me refería a hacerlo en el sentido más light del término. Me encantaría poder decir que estoy de acuerdo a grandes rasgos con las propuestas del PP y que creo que van a mejorar sustancialmente la situación del país, lo cual no implicaría defender a capa y espada lo que hiciera el PP en todo momento. Uno puede estar de acuerdo con una ideología o verse representado por un partido sin ser un fanático ni poder pensar racionalmente. Lo importante es pensar que esa adhesión debe estar supeditada al tribunal de tu razón y abandonarse en el primer momento que no supere tus exigencias.

  3. Pienso que hay que hacer una clara distinción entre tener una opinión política (que según entiendo, es lo que plantea Santiago) y abanderarse por un partido político (que es lo que lleva a este funcionamiento tribal de “eso es malo porque lo dicen ellos, y esto es bueno porque lo decimos nosotros”).

    Quizás la palabra ‘posicionarse’ no es la ideal porque se puede entender un poco en ambos sentidos; por lo menos yo considero que posicionarse no implica necesariamente seguir un grupo, sino expresar una opinión. Pero lamentablemente los autoproclamados políticos (que secuestraron el término) han creado un circo donde hacen creer que la única forma de hacer política es elegir entre la opción A o la B (como quiera que se llamen en cada país… que acá en Chile en vez de PP y PSOE tenemos Alianza y Concertación, pero son, a final de cuentas, la misma triste historia).

  4. albert dice:

    Estoy muy de acuerdo con la idea central de tu artículo: la irracionalidad de dicha decisión, la necesidad de sentirnos parte de la tribu etc. Ahora bien, un estudio histórico de los resultados electorales en España induce a pensar que existe un importante trasvase de votos entre lo dos partidos mayoritarios españoles.

    Dices que:

    “Por otro lado, no hay más que ver los frutos de un capitalismo descontrolado en la actual crisis que nos asola. La derecha, en el fondo, tampoco puede ya creer en la mano invisible de Adam Smith que hará que todo mejore por el simple hecho de dar libertad plena a los mercados”

    Si bien es cierto que la derecha se ha apoderado ideológicamente del capitalismo (aunque después actúe contra los principios del mismo, p.e. subiendo impuestos uno tras otro), éste camino no se recorre a la inversa, de modo que es importante no confundirlos.

    Considerar que la crisis que estamos viviendo se debe a un capitalismo descontrolado es, por lo menos, discutible. Te recomiendo que tengas presente la teoría del cilo económico de la escuela austríaca.

    Por ello me gusta citar a Von Mises cuando dice que:

    “Para el filósofo, el estudio de los problemas filosóficos constituye una noble y sublime vocación situada muy por encima de aquellas otras ocupaciones mediante las cuales el hombre persigue el lucro y provecho propio. Contraría al eximio profesor el advertir que sus filosofías le sirven de medio de vida, le repugna la idea de que se gana el sustento análogamente a como lo hace el artesano o el labriego. Las cuestiones dinerarias son temas groseros y no debe el filósofo, dedicado a investigar trascendentes cuestiones sobre la verdad absoluta y los valores eternos, envilecer su mente ocupándose de los problemas de la economía.”

  5. Albert:

    Von Mises o Hayek versus Keynes. Aquí habría teorías para todos los gustos, pero da igual. Lo que yo quiero decir es que la ideología que, habitualmente, se encuentra detrás de la derecha y que suele denominarse neoliberalismo tampoco es plenamente creíble ni deseable (con todas las matizaciones que se puedan hacer a una afirmación tan categórica como ésta).

    Y bueno, los filósofos estamos acostumbrados a que los investigadores de otras disciplinas se enfaden un poquito cuando metemos las narices en sus dominios. Quizá a Von Mises le hubiera venido bien dedicarse, de vez en cuando, a algo más elevado que la economía (quizá es lo que buscó en Ayn Rand).

  6. albert dice:

    El fragmento citado antes contenía cierta dosis de ironía, perdóname por no haberlo contextualizado debidamente. Mises, que además de economista era también filósofo, lo que reclamaba precisamente es que los filósofos dedicasen más tiempo y esfuerzos a comprender la ciencia económica, considerada una tarea de segunda categoría, para evitar determinados errores. Para aclarlo, vuelvo a citarlo:

    “Pocos filósofos habrán gozado de un dominio más universal de las distintas ramas del saber moderno que Bergson. Y, sin embargo, una observación casual, en su último y grande libro, evidencia que Bergson ignoraba por completo el teorema fundamental en que se basa la moderna teoría del valor y del intercambio. Hablando de este último, dice <>”

  7. albert dice:

    No se ha reproducido el texto. Es el siguiente: “l’on ne peut le pratiquer sans s’être demandé si les deux objets échangés son bien de même valeur, c’est-à-dire échangeables contre un même troisème”

  8. slithered dice:

    Por casualidad encontré este artículo y describes con mucho acierto la decrepitud de asumir una posición u otra cuando lo que se necesita son ideas nuevas. Siempre me he preguntado, ¿no es posible construir una ideología nueva, centrada en el humanismo pero que apunte a un desarrollo económico acorde? No sé si es utopía.

  9. vicente dice:

    Discrepo en que el posicionamiento es para toda la vida. He visto con consternación cómo gente de izquierdas se volvía de derechas en cuanto acumulaba algún dinero…

  10. Slithered:

    Yo creo que hay muchísimas formas alternativas de gestionar un país, el problema es que es bastante complejo cambiar las cosas, más cuando hay mucha gente que, dado lo bien que le va con la forma actual, no quiere cambiarlo. Los múltiples grupos de poder que, en el fondo, dirigen el asunto, quieren que las cosas sigan así, mientras que los perjudicados por el sistema no tienen poder para cambiarlo.

    Vicente:

    Apuntas a algo muy interesante. Parece que la adhesión pública a partidos de derecha puede entenderse como una muestra de prestigio (de que se tiene dinero y poder). La mujer del Cesar no solo tiene que serlo, sino que parecerlo, por lo que los nuevos ricos pueden parecerlo adhiriéndose a partidos de derecha. O, de modo mucho más simple: si ahora tienes dinero tus intereses cambian y los partidos de derecha parecen defender mejor los intereses de los ricos.

  11. Ananías dice:

    Sr. Maquinista. Hace ya mucho, mucho tiempo, que el Sr. Isaac Asimov – gran desconocido en las aulas de la ESO en lo que al estudio de la Filosofía se refiere, – abordó con astuta precisión y absoluta claridad el dilema que tan palmaria y simplemente ha expuesto usted aquí. Resumidamente le diré que la esencia de sus preociupaciones está en su sistema de aprehender – con ciertas y observables deficiecias – la realidad del entorno que le niega líderes de su gusto y sistemas ideológicos que constituyan alternativas “serias” a sus deseos de… ¿prosperidad y justicia sociales para España? , ¿un sistema ideológico ambidextro que regenere la vida política y nos traiga equidad y bienestar?….etc…etc…
    Tengo que proponerle – por simple humanidad -, un sistema para ofrecerle la posibilidad de, si no eliminar sus preocupaciones, sí al menos de comprender su origen y el significado de las mismas. Le resultará – tal vez – muy oriental oir que es usted la causa y el efecto de sus pesares, pero esa es la realidad. Para levitar y sobrevolar sobre su estado de disconformidad y preocupación le propongo dos cosas:

    1) Leer la “Introducción a la Ciencia” del indiscutible filósofo – (mal que le pese y aunque no lo haya visto ni por el forro en los textos de filosofía al uso) – Isaac Asimov. Particularmente le recomiendo el apartado relativo a la problemática del mundo mundial (esto ya es una pista para que salga del laberinto de callejones ideológicos actuales sin salidas “serias” o satisfactorias).

    2) Releer a George Orwell en su mencionada obra “1984″ y sacar conclusiones más elaboradas y satisfactorias de cara a obtener resultados más halagüeños en la difícil – pero posible – tarea de encontrar una salida a su estado de insatisfacción y desorientación actuales. Le aseguro que contiene las claves para desentrañar el funcionamiento preciso e inmodificable de la sociedad actual y futura a nivel planetario,- (planetario, Sr, Maquinista).

    Olvídese de España y las Autonomías. Olvídese de los líderes nacionales desde los reyes visigodos hasta Don Juan Carlos y su nieto Froilán. Le hablo de un sistema que absorve a todos estos soplagaitas y que le proporcionará una comprensión ( o comprehensión) total y globalizadora del destino del hombre tras siglos y milenios de preocupaciones filosóficas en todos los continentes. Bien es cierto que a lo mejor se le baja la libido con tanta lectura y tarea, pero ese ya es otro tema.

    ¡Buena suerte, y buen provecho!

  12. Ananias:

    Conozco bien la obra de Orwell (la he trabajado en aulas de la ESO) y he leído algunas obras de Asimov (sobre todo sus historias sobre robots). Con respecto al primero su crítica a la política está muy en la línea de los pensadores de la escuela de Franckfurt (que aparece en cualquier historia de la filosofía), si bien desconozco la postura intelectual del segundo, aunque permítame que dude de que contenga una solución válida y definitiva para los problemas del “mundo mundial”. No obstante, acepto y agradezco sus recomendaciones de lectura.

    Pero también vuelvo a repetirle que no entiendo qué es lo que usted tiene en contra de la historia “oficial” de la filosofía. Creo que el problema no reside tanto en que muchos autores interesantes queden habitualmente fuera de ella, sino que casi nadie lee ni conoce bien los que están dentro.

  13. Yack dice:

    Tal como yo lo veo la diferencia entre el pensamiento de izquierdas y el de derechas se resume en lo siguiente:

    Un hombre de izquierdas observa el mundo tal como es (A) e imagina un mundo perfecto tal como a él le gustaría que fuera (B). A continuación idea un plan (revolución) para pasar de A a B en un tiempo record.

    Cuando el éxito no llega en plazo esperado, identifica a los culpables (contrarevolucionarios, retrogrados, reaccionarios, fascistas, etc.) y los fusila convencido de que lo hace en aras de un bien supremo. Finalmente, si la revolución triunfa, el nuevo orden se instaura sobre la población superviviente incapaz de emitir la más leve queja, visto lo visto.

    Y a partir de ahí, cualquier inconveniente que surja es atribuido a los enemigos del pueblo que habitan dentro o fuera de su nuevo y espantoso mundo rodeado de alambre de espino.

    Por el contrario, un hombre de derechas observa el mundo tal como es (A) y a pesar de que está lejos de ser perfecto, se maravilla de lo bien que funciona en relación a épocas pasadas. Piensa que hay una fuerza misteriosa que organiza y da forma a la materia y a la sociedad humana y siente un sagrado respeto hacia ella.

    Aunque imagina un mundo mejor y distinto (B) intuye que para llegar a él no hay otro camino que confiar en esa misteriosa fuerza, responsable del cambio que ha experimentado la humanidad desde el principio de los tiempos.

    Y aunque está dispuesto a ayudar a optimizar y acelerar esa evolución espontanea, cree que esto sólo es posible mediante la introducción de pequeñas reformas, y comprobando los efectos que producen antes de decidir si conviene o no profundizando en ellas, abandonarlas, o probar en otra dirección.

    Pero esto no es más que imitar lo que ha hecho la selección natural, a la que por cierto le ha ido espectacularmente bien con este sencillo mecanismo evolutivo basado en pequeños cambios que han de ser validados o descartados posteriormente.

    Un ejemplo perfecto de la primera estrategia fue el marxismo, de tristísima memoria para los afortunados que lo sobrevivieron.

    Así que al final, podríamos resumirlo diciendo que las gentes de izquierda son las que creen en la conveniencia de las revoluciones sangrientas (URSS, China, Cuba, etc.) y las de derechas que confían en las evoluciones pacíficas, como las que hemos experimentado en Europa en los últimos 50 años.

    Saludos.

  14. Yack:

    ¿A ti el fascismo te parece de izquierdas o de derechas?

  15. Yack dice:

    Supongo Santiago que es una pregunta retorica ¿no?

    Ya sabes que todo lo que no es de izquierdas es de derechas, lo que no significa que sea bueno, aunque si, al menos, sujeto a la criba de la selección natural.

    Marx no ha sido el único iluminado, aunque al día de hoy es el que representa el mayor peligro para los habitantes y la prosperidad del planeta.

    Lo más sorprendente de la mentalidad de izquierda es que sigue vigente en una proporción alarmante, a pesar de su patibulario historial y de haber fracasado en todos los frentes.

    El fascismo o el nazismo fueron experimentos que fracasaron y la gente aprendió la lección. Pero tal cosa no ocurrió con el marxismo y esa es su característica más inquietante.

    Estamos ante una ideología de naturaleza maligna, inmune a la terapia del sentido común y de los hechos. El marxismo, en resumen, es un meme mutante que escapa a la selección natural y de ahí su alta peligrosidad para la humanidad.

    Saludos.

  16. Yack:

    Un tanto radical tu visión de la izquierda… “Ideología de naturaleza maligna”, “meme mutante que escapa a la selección natural”, “el mayor peligro para los habitantes y la prosperidad del planeta”, con un “patibulario historial”…

    ¿No te das cuenta de que precisamente eso es lo que yo describía en mi entrada como “posicionarse” en el peor sentido del término?

  17. Yack dice:

    Es posible que me haya pasado un poco en los términos “radicales”. Pero una ideología surgida de una mente calenturienta que en un tiempo record generó cien millones de muertos, encarceló durante 50 años a cientos de millones de seres (URSS y China, por ejemplo) y que después de medio siglo imponiendo el terror psicológico a sus victimas está retrocediendo sobre sus propios pasos, tiene su mérito.

    Si además esa ideología viral sigue anidando en la mente de más de la mitad de la población de todo el mundo, aunque en una cepa atenuada, que en cualquier momento puede mutar y recuperar su virulencia inicial, ya me dirás como calificarla.

    Y no es malo posicionarse, sino posicionarse equivocadamente. Otra cosa es que en política, a diferencia de lo que ocurre en la ciencia, no se puede determinar con objetividad cual es la posición equivocada. Frente al nazismo, por ejemplo, todo el mundo se posiciona radicalmente en contra. El hecho de no posicionarse en contra sería una irresponsabilidad. Y en esto creo que estamos de acuerdo todos.

    Por alguna razón, el marxismo tiene patente de corso, y los cien millones de victimas y la tortura sistemática y masiva se le perdonan en aras de sus “nobles” propósitos.

    Saludos.

  18. Dice Vicente que en cuanto alguien de izquierdas acumula dinero se vuelve de derechas… Pues mi experiencia al respecto difiere por completo de la suya. Todas las personas de izquierdas que conozco que se han enriquecido se han vuelto más de izquierdas aún, hasta extremos que a menudo rozan lo esperpéntico. Sin duda, Vicente, tú y yo no nos movemos en los mismos círculos.

  19. Yack dice:

    Interesante cuestión la que plantea Antonio aunque no creo que sea incompatible con lo que dice Vicente. Todo depende de cómo se hayan enriquecido las personas objeto del estudio. Si, por ejemplo, lo han hecho con la ayuda de subvenciones y/o su clientela es progre y le compran su mercancía por ser también él progre, estarán encantados y votarán izquierda.

    Sin embargo si han trabajado durante toda su vida para amasar un capital y disponer de él para lo que consideren oportuno, la idea de que un gobierno de izquierdas disponga de buena parte de su capital para “repartirlo” en subvenciones varias, se le antoja insoportable y de ahí que voten a la derecha que, al menos en teoría, es menos dada a estas prácticas.

    Ya sabemos que todo es según el color del cristal con que se mira y de dónde te llega el dinero.

    Saludos.

  20. Renaissance dice:

    Ayer por la noche, Julio Anguita (antiguo dirigente de IU y del partido comunista) tuvo una noche movidita, primero fue a Telecinco y luego seguidito a La Sexta, ambos emitían tertulias políticas.

    Lo que dijo me dejó patidifuso (en ambos programas). En Telecinco, en su larga conversación con Jordi Gonzalez, dijo aquello de que las crisis en el capitalismo las causa la sobreproducción y la profusión de máquinas. Casi me caigo de la silla, eso es retórica marxista pura, exactamente lo que dijo Marx, que el capitalismo causaba crisis periódicas de sobreproducción y por ese motivo las economías capitalistas desarrollaban imperios, para colocar en sus colonias su sobreproducción. Una mamandurria que apenas tenía sentido en el siglo XIX, y que menos la tiene ahora.

    Y de repente, este señor, me dió pena, porque es bastante penoso que en pleno siglo XXI caballeros de este tipo estén tan asombrosamente equivocados, y que pongan su patética ideología incluso por encima de la realidad más obvia (esta es una crisis de sobreproducción ! Por que las máquinas producen demasiado ! Cágate en los pantalones !!). (la “entrevista” a Anguita en T5, la memez de la sobreproducción la dice en el minuto 27:30)

    Pero la cosa no termina ahí. Este señor es de los que levanta la barbilla y el dedo y se pone a dar lecciones. En La Sexta dijo que había que crear empleo público, a malsalva. Traducción mía: que hay que aumentar el déficit del 7% al 20%, y luego cuando no se pueda pagar la montaña de deuda, se echará la culpa a los “mercados” y “especuladores” internacionales. Eso si tenemos mala suerte, si tenemos buena suerte nadie nos darán tal cantidad de dinero, y la realidad nos dará a tiempo el necesario tortazo que necesitamos.

    Pero lo mejor de todo es eso de que los jóvenes se tienen que revelar “pacíficamente”. Es fascinante el poder que atribuimos a los políticos y que en realidad no tienen. Cerquemos el congreso y hagamos dimitir a todos, pero no seas necio: mañana al levantarte por la mañana, tú y otro seis millones seguiréis en el paro. Por mucha manifestación pacífica y no pacífica en que te enroles, el político X no puede (y no debe) crear empleos. Lo hará, si a caso una empresa o tu mismo, pero no ningún político. Necesitamos una cultura de la responsabilidad individual, los dueños de nuestro destino somos nosotros, no el político X. Lo que ocurre es que más fácil e intelectualmente más cómodo echarle la culpa al político sentarse a pedirle trabajo.

    No saldremos jamás, nunca, de la crisis con gente que piense como Anguita, sólo nos hundiremos en un pozo más hondo.

  21. Yack dice:

    El problema que tenemos ahora planteado es que las decisiones sobre el modelo económico a aplicar las toma la ciudadanía por consenso electoral y la ciudadanía, aunque no es consciente de ello, entiende tanto de economía como de física cuántica.

    Mientras que no se enseñe en las escuelas economía del siglo xxi, no seremos dueños de nuestro propio destino como país porque seremos incapaces de decidir con fundamento.

    Saludos.

  22. Renaissance:

    Cuando Anguita estaba en activo se le criticaba lo mismo: una visión de la economía algo trasnochada y unas propuestas algo utópicas. Sin embargo, yo si algo tengo que valorar de este hombre es su honestidad y su convicción. Desde luego, jamás cobró un sobre, lo que lo pone por encima de gran parte de la clase política actual.

  23. Renaissance dice:

    La mayoría de la plana de IU es honesta, porque no ha tenido la oportunidad de no serlo. No gobiernan en ningún sitio, y en donde gobiernan, ha habido corrupción en la misma medida que el resto de partidos.

    No importa demasiado que sea el tio más honesto del mundo, con ideas así de equivocadas y nocivas, cuanto más lejos del poder mejor. Preferiría que alguien cobrara 80 sobres al mes y que supiera tomar las medidas necesarias, aunque sean duras.

  24. Yack dice:

    De acuerdo con Renaissance. Lo realmente peligroso no es un político deshonesto, sino un político equivocado, porque una decisión equivocada puede resultar catastrófica para todo el país cuando se toma desde las más altas instancias.

    Lo que importa en un político es el resultado de su gestión y no su honradez porque a veces eso que se llama honradez puede ser contraproducente al obligarle a cumplir sus promesas imposibles. Anguita es el típico político que está dispuesto a llevar sus creencias y promesas hasta sus últimas consecuencias, caiga quien caiga.

    Prefiero a un ZP que se cae del caballo cuando Obama le llama para decirle que va a arrastrar a Europa al abismo con sus despropósitos o a un Rajoy que hace lo contrario de lo que dijo que iba a hacer, cuando los expertos de su confianza le dicen que, dadas las circunstancias, no hay otra solución que desdecirse.

    En política, como en casi todo, hay que ser capaz de cambiar de rumbo cada vez que así lo aconsejen las circunstancias, aun al precio de quedar como embustero o incompetente ante su electorado.

    Saludos.

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