El bebé sistémico

Publicado: 10 febrero 2013 en Antropología, Evolución
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Mi hija África

En estos días de reciente paternidad, cuando vivo entre pañales sucios, chupetes y sacamocos, la mente no puede abstraerse mucho de su realidad concreta y lo único que puede escribirse es sobre lo que uno tiene delante. Ahí va.

Constantemente leemos mensajes acerca de la indigencia biológica del homo sapiens. No tenemos garras, colmillos, pieles gruesas ni nos multiplicamos por partenogénesis. Somos una débil chapuza evolutiva, la caña más débil de la naturaleza en la célebre cita de Pascal. La prueba más evidente estaría en nuestra neotenia, una larguísima juventud en la que el prematuro humano se encuentra en la más absoluta indefensión. Esta debilidad extrema es el precio que tendríamos que pagar para tener un prolongado proceso de aprendizaje y maduración neuronal que, luego, en la edad adulta, se manifiestan en una aguda inteligencia, ahora sí, poderosísima herramienta de supervivencia.

Todo mentira. Observo a mi hija. Si pienso en ella como en un átomo, como un ser aislado en el cosmos, con toda evidencia, es el ser más débil pensable. Me imagino lo afortunado que deberá sentirse un chacal que encuentra entre los arbustos un bebé abandonado.  Pero esto es solo si pienso en ella como en un átomo. Vamos más allá. ¿Cuál es la única habilidad, la única acción más o menos intencional que ejecuta un bebé en sus primeros días de vida? El llanto, un sonido curiosamente insoportable para sus padres y que, casi de la misma forma, pone en alerta a cualquier sapiens cercano. El llanto del bebé es una llamada de auxilio de una eficacia inusitada. Y es que el bebé no vive en un mundo aislado sino en una red de relaciones, y la estructura de esa red lo convierte en un ser especialmente poderoso. En primer lugar, el bebé nunca está solo, sino que siempre está acompañado, principalmente, de su madre. Y no existe madre en nuestra especie que no defienda con uñas y dientes a su criatura, es más, no existe madre que no diera la vida, que no se sacrificara ella misma por la vida de su hija: el bebé dispone de una feroz kamikaze como guardaespaldas. Después está el padre, los abuelos y demás familiares, todos colaborando en la defensa. Es más, el todo social coopera en ello: ¿qué ciudadano no se pararía a socorrer a un infante abandonado? ¿qué delito hay más execrable y más castigado por la ley que hacerle daño a un bebé? Estos pequeños seres nos encandilan, nos hechizan con sus redondeces y soniditos, despertando sensaciones y sentimientos instintivos, muy arraigados en lo más profundo de nuestro cerebro reptiliano. Así no ha existido jamás ninguna teoría, ningún planteamiento filosófico ni ninguna doctrina política que haya ido en contra de ellos (con alguna excepción herodiana) mientras que hemos tenido miles en contra de seres de otras razas, religiones, naciones, géneros, etc. La defensa a ultranza del bebé es casi una ley natural, quizá la más potente como motivadora de la conducta, muy por encima de cualquier planteamiento racional.

La falacia de la indigencia biológica del sapiens viene dada por un error de perspectiva: ver el árbol y no ver el bosque, es decir, entender la realidad como un conjunto de objetos aislados y no como una red de sistemas interrelacionados. En el sistema de la sociedad humana, un bebé es un ser especialmente poderoso a pesar de no poder, ni siquiera, desplazarse por sí mismo.

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comentarios
  1. Yack dice:

    Santiago te veo muy inspirado y por lo tanto, no me queda otra que coincidir plenamente contigo.
    Se conoce que el bebé ha liberado endorfinas en tu cerebro y te ha hecho ganar unos grados de lucidez para que puedas atender con éxito tus nuevas responsabilidades.

    Enhorabuena por ese bellezón.

    Saludos.

  2. KppadoR dice:

    Los linajes humanos que no hayan cuidado de su prole puede que hayan existido, pero perdurar no. Darwin se estudia en filosofía.

  3. alejandrovu dice:

    Cualquier comentario es superfluo. Felicitaciones.

  4. Bruja dice:

    Me uno a darte las felicitaciones. Pero no a eso de que otro tipo de comentarios sería superfluo. La idea del texto es muy buena, pero está mal acompañada. Por ejemplo, afirmas que «no existe madre en nuestra especie que no defienda con uñas y dientes a su criatura» y esto, a todas luces, es una falsedad. A menos de que quieras definir madre de manera tal que la afirmación sea una mera tautología. En cuyo caso no soportarías tu punto de la red biológica que defiende al niño.

  5. Bruja:

    La afirmación es una generalización y como todas las generalizaciones es falsa en sentido absoluto. Pero supongo que estarás de acuerdo conmigo en que un porcentaje altísimo de las madres homo sapiens del mundo defienden con ferocidad a sus crías, por lo que mi argumento, en un sentido amplio sigue siendo válido.

  6. Este ha sido el mecanismo adaptativo del ser humano: la sociabilidad con atención y cuidados.

    Los seres vivos más simples dejan sus huevos en el mar en que viven. Miles porque los riesgos son muy grades y cada huevo es un intento. Pero hay un camino evolutivo abierto: hacer menos intentos e invertir más en cada uno. Se añade más vitelo a los huevos, se los rodea de una cubierta protectora, se los oculta o se los protege. Y en cada paso de mayor inversión, se reduce el tamaño de la puesta.

    Los mamíferos llevan eso a mayor desarrollo dejando que el huevo se desarrolle en el interior; luego, alargando el tiempo de gestación; luego, el de crianza; luego alargando ésta en forma de educación. Y en cada paso, el número de adultos involucrados aumenta. Primero era sólo la hembra, que hace la mayor inversión fabricando un gran óvulo; luego, la hembra que pone huevos con mucho vitelo, como en reptiles y aves; luego, involucrando al macho en situaciones en que el alimento es escaso o está disperso o lejano, como las aves que forman parejas duraderas; luego, involucrando a los jóvenes en el cuidado de las crías, replicando el mecanismo de los insectos, aprovechando o alargando el periodo en que no son reproductivamente maduros; luego, manteniendo estables los pequeños grupos familiares en los que los jóvenes y las crías pueden desarrollarse sin peligro y, por último, desarrollando las estructuras sociales.

    Y felicidades por tu hija.

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