You are currently browsing the category archive for the 'Antropología' category.

Más del 99% de las especies que existieron alguna vez se han extinguido. Aceptar este dato estadístico supone una sentencia de muerte para el sapiens. Nos extinguiremos, ¿o seremos, contra todo pronóstico,  parte de ese selecto grupo de menos del 1% de especies que han resistido? El dato es engañoso: muchas especies de ese 99% no es que se extinguieran del todo, sino que evolucionaron hacia otras especies diferentes. La historia cambia: el sapiens, lo más seguro, es que evolucione hacia otra especie diferente. Pero, ¿sigue el sapiens evolucionando?

Una primera aproximación nos daría una respuesta negativa. En las sociedades actuales no existe una selección reproductiva, es decir, genes buenos y malos consiguen pasar a la siguiente generación ya que la presión selectiva es muy débil (nuestra mortalidad es bajísima comparada con la de cualquier especie, y los feos y débiles, al final, también ligan), además de que, al ser la natalidad tan baja, ni siquiera se produce una selección por fertilidad (si tuviéramos muchos hijos, los genes de las parejas más fértiles se extenderían sobre los otros, pero ni eso). En cualquier caso, si estamos evolucionand0, lo hacemos de un modo muy, muy lento.

Sin embargo, pensándolo con más detenimiento, la respuesta es positiva. ¿Qué es lo que necesitamos para que exista evolución? Variabilidad genética y selección natural. La variabilidad genética en el ser humano es grandiosa. Todos los seres humanos somos genéticamente diferentes (menos los gemelos univitelinos). Si por ejemplo, juntamos a un español con una japonesa (al ser de grupos étnicos diferentes su diferencia genética será entre el 15 y el 20% mayor que la normal, que es de aproximadamente un nucleótido por cada mil), diferirán en unos tres millones y medio de nucelótidos en total. El número de gametos diferentes posibles será igual a elevar esa cifra a dos, lo cuál nos dará un uno seguido de 900.000 ceros (número mayor que el número estimado de átomos en el Universo).

Bien, ¿y que hay de la selección? En primer lugar, la presión selectiva no es tan baja como pudiera pensarse. Nuestro entorno cambia hoy mucho más deprisa que en cualquier otra época de la humanidad. Nuestros ancestros homínidos se enfrentaban a medios que no cambiaban en miles de años mientras que nuestras sociedades posindustriales cambian notablemente en cuestión de décadas. Por ejemplo, factores como las costumbres alimenticias, el desarrollo de medicamentos, hábitos de higiene, polución, etc. cambian en pocos años. La baja mortalidad se compensa con un ecosistema cambiante.

En segundo lugar,  la mortalidad suele  contarse a partir del nacimiento, sin tener en cuenta que la proporción de abortos naturales es terriblemente alta (Dios como el gran psicópata en sus propios términos antiabortivos) . Las estimaciones actuales sitúan la mortalidad prenatal entre el 30 y el 60 por ciento de los embriones concebidos. La mayoría de esos fallecimientos vienen dados por taras genéticas, lo que constituye un efecto selectivo beneficioso para la población.

Y en tercer lugar, el hecho de que el promedio de natalidad sea bajo no implica que no exista una selección por fertilidad. Que el promedio de natalidad fuera en España de 1,37 en 2006, no quiere decir que todas las parejas sólo tenían un hijo y unas pocas dos, sino que habría parejas que tendrían nueve y otras ninguno. La tasa de natalidad es una media aritmética pero para que exista selección por fertilidad lo que importa es la varianza entre el número de hijos. En ese caso sí que hay selección por fertilidad. Si de nueve parejas, ocho tienen sólo un hijo y una tiene ocho, la tasa de natalidad estará en dos, pero habrá una alta varianza. El genoma de la familia con ocho hijos se extenderá sobre los de las demás familias. Y es que tener pocos hijos y tener muchos pero que mueran sin reproducirse, es lo mismo para la selección natural: los hijos no tenidos son equivalentes a hijos tenidos pero muertos antes de reproducirse. Por lo tanto, en especies con baja natalidad se da selección natural exactamente igual que en especies con mucha natalidad y alta mortalidad.

Así que ni la baja natalidad ni la menor mortalidad implican que el ser humano ha dejado de evolucionar. Lo triste del asunto es que, aunque evolucionáramos muy rápido, ninguno de nosotros estará allí para ver en qué se convierte nuestra especie.

Según leo en Público, los monos Campbell utilizan el lenguaje vocálico no humano más complejo conocido. Con seis tipos de gritos diferentes construyen frases articuladas (de distintos significado cada una) en secuencias de veinte o más términos. La sintaxis utilizada es sencilla: los gritos se unen linealmente, suponiendo cada nueva adicción un matiz semántico con respecto al significado general de la secuencia (cuanto más larga sea, más riqueza semántica tendrá).

Sin embargo, las referencias de estos términos no tienen ni la más mínima abstracción (sólo entidades concretas: ramas, otros monos, águilas…) y su sintaxis es muy simple (y poco eficiente: basar el significado en la longitud es un disparate para cualquier divino creador de gramáticas) en comparación con la humana (y muy diferente. Nuestra gramática no es lineal), por lo que dudo mucho que pueda servir para arrojar luz sobre el origen de nuestro lenguaje. Además, siendo estos monos mucho menos inteligentes que otras especies de primates, se piensa que existen lenguajes no humanos más sofisticados pero que aún no se han estudiado.

Lo simpático de la noticia es que se adjunta este pequeño diccionario castellano-Campbell:

Breve diccionario español-Campbell

Seis Palabras

‘Boom’, ‘krak’, ‘hok’, ‘hokoo’, ‘krakoo’, ‘wakoo’.

“Venid”

‘Boom boom’.

“Se va a caer una rama”

‘Boom boom krakoo krakoo’.

“Vienen monos rivales”

‘Boom boom krakoo krakoo hakoo’.

“Viene un leopardo”

‘Krak krakoo’. El número de ‘kraks’ es mayor cuanto mayor es el nivel de alarma. Cuando sólo se oye al leopardo, aumenta el número de ‘krakoos’.

“Viene un águila”

‘Wakoo krakoo hok hokoo’. Cuanto mayor es la alarma, más ‘hoks’ y ‘hokoos’ se pronuncian.

Así que ya sabemos. Estas Navidades nada de estudiar inglés, mucho mejor aprender el idioma Campbell (os digo yo que viendo día a día cómo escriben nuestros estudiantes de secundaria, este lenguaje es mucho más sofisticado  que el que se hablará de aquí a unos años. ¡ El idioma Campbell será el de las élites intelectuales !).

Tenemos dos manos, cada una de ellas con cinco dedos, formadas por una compleja maraña de huesos (27 en total), músculos y tendones. Nuestras manos tienen el pulgar oponible de tal modo que pueden ejercer como  pinzas de precisión. Gracias a ello pudimos manipular nuestros alimentos antes de comerlos, lo cual pudo reducir el tamaño de nuestra mandíbula y permitir que el cerebro pudiera crecer (desaparece la cresta sagital y el toro supraorbital se va haciendo menos prominente). Ese cerebro, a su vez, pudo imaginar herramientas que sólo pudimos crear a través de nuestras manos. Unas manos que se fueron haciendo cada vez más ágiles y menos fieras, cada vez más incapaces de desgarrar o golpear pero  más aptas para manipular objetos.

Las manos humanas serán una de las estrategias evolutivas más brillantes de la historia natural. Mientras que las adaptaciones comunes tienden a una hiperespecialización rígida: eficiencia máxima pero una única función (las aletas de los cetáceos, las alas de las moscas o las zarpas de los topos), las manos humanas dieron un paso más: la versatilidad. Las patas de la avestruz son una herramienta que sólo sirve para correr, pero las manos humanas son una herramienta que sirve para hacer más herramientas, la herramienta madre de todas las demás. En nuestras manos nació la técnica: pudimos crear adaptaciones sin esperar a que los genes las expresaran, nos adelantamos a la selección natural.

Pero nuestras manos valen para más cosas. Sirven para comunicarnos, pero no sólo como apoyo al lenguaje oral, sino como un lenguaje en sí mismas. Es de suponer que en un primer momento, la expresión manual y la oral se apoyarían conjuntamente, quizá siendo la manual la preponderante. Y las manos sirven para escribir. ¿Podría haber llegado a existir la escritura si no tuviéramos manos? Lo que está claro es que nuestra grafía sería diferente con manos diferentes (y seguro que también nuestra forma de pensar). Y las manos sirven también para dibujar… ¿habría arte si no hubiese manos? Quizá estas preguntas no tienen sentido: sin manos no habría cerebro y sin cerebro ningún tipo de lenguaje ni sentido estético hubieran sido posibles.

Las manos también pueden utilizarse para medir (el palmo)… ¿un origen manipulativo de las matemáticas? Las manos sirven para saludar o amenazar, para hacer la guerra (golpear) y para hacer la paz (estrecharse). Valen para rezar y también valen para masturbarse (sería interesante estudiar la sexualidad con ellas de protagonistas). De todo el cuerpo, en las manos es donde hay más receptores del tacto (junto con los labios), lo que hace de ellas unos detectores ideales de la temperatura, presión y textura de los objetos (serían el equivalente humano de las antenas de los insectos).

Habitualmente, cuando pensamos en el ser humano y en lo que más nos caracteriza, solemos centrarnos únicamente en nuestro cerebro, despreciando el hecho de que somos una totalidad en la que otros elementos han sido, como mínimo, igual de importantes para nuestra historia natural. Ese es, sin duda, el caso de nuestras manos. Y, seguramente, una historia del cerebro será infructuosa sin contar con ellas.

William Sansom en  A Contest of Ladies nos describe a Preedy, un tipo normal y corriente que comienza sus vacaciones en el Mediterráneo:

Pero, de todos modos, se cuidó muy bien de encontrarse con la mirada de alguno. En primer lugar, tenía que dejar bien sentado ante esos posibles compañeros de vacaciones que ellos no despertaban el menor interés en él. Miraba fijamente a través de ellos, alrededor de ellos, por encima de ellos – los ojos perdidos en el espacio -. La playa podría haber estado vacía. Si por casualidad se cruzaba una pelota en su camino, la observaba sorprendido; entonces una sonrisa divertida le iluminaba el rostro (Preedy Bondadoso), miraba a su alrededor deslumbrado al ver que había gente en la playa, la lanzaba de vuelta sonriendo para sí (no a la gente), y luego reanudaba como al descuido su impasible exploración del espacio.

Pero era el tiempo de hacer una pequeña exhibición, la exhibición del Preedy Ideal. Mediante tortuosos manejos daba la oportunidad de ver el título de su libro a todo aquel que lo deseara – una traducción de Homero al español, clásico en este caso, pero no atrevido, cosmopolita también – y luego recogía su bata de playa y su bolso en una prolija pila a prueba de arena (Preedy Metódico y Sensato), se levantaba en forma lenta para estirar a sus anchas su enorme figura (el Gran Gato Preedy), y echaba a un lado sus sandalias (Preedy Despreocupado, después de todo).

¡Las nupcias de Preedy y el mar! Había rituales alternativos. El primero implicaba el paseo que se torna carrera y zambullida directa en el agua, para suavizarse después en fuerte crol sin chapoteo, hacia el horizonte. En forma bastante súbita, se volvería de espaldas y batiría las piernas, arrojando grandes salpicaduras blancas y mostrando así de algún modo que podría haber nadado más lejos si lo hubiera deseado; luego se pararía sacando un cuarto de su persona fuera del agua para que todos vieran de quién se trataba.

El curso de la acción alternativo era más simple, evitaba el choque de agua fría y el riesgo de parecer demasiado brioso. El objeto era parecer tan acostumbrado al mar, al Mediterráneo, y a esta playa en particular, que era lo mismo estar en el mar que fuera de él. Involucraba una lenta caminata hasta el borde del agua – sin darse cuenta siquiera de que tenía los dedos mojados, ¡tierra y agua eran lo mismo para él! – con los ojos elevados al cielo gravemente, investigando portentos del tiempo invisibles a los otros (Preedy Pescador Nativo)”.

¿No es la vida misma? ¿No somos todos un poco Preedy? ¿No es la vida un poco como un teatro en el cual hacemos nuestra representación? ¿No estamos siempre un poco intentando aparentar lo que no somos pero quisiéramos ser? ¿No, a fin de cuentas, aparentamos más que somos? O, nos ponemos serios: ¿No sólo aparentamos? Preedy en ningún momento es él mismo o, mejor dicho, su forma de ser él mismo es precisamente no siéndolo: es aparentar, mentir. Si pensamos que nosotros vivimos según un superego regulativo y nos comportamos siempre conforme a él… ¿cuándo nos comportamos realmente como somos? ¿O es que no hay un somos sino sólo un queremos ser?

 

Me gustan las estéticas figuraciones en las que imaginamos a vulnerables robots experimentar inocentemente con sentimientos humanos. Curiosamente serán esos sentimientos los que los hagan vulnerables, los que hagan que sintamos empatía por ellos. Que mi ordenador juegue mucho mejor que yo al ajedrez no me produce simpatía alguna, no lo percibo como más humano porque haga algo que sólo los humanos podemos hacer (más bien lo contrario, que siempre he tenido mal perder), pero si veo un extraño engendro mecánico seducido por las falsas promesas de la televisión siento lástima por él.

Lo que produce empatía no es necesariamente ver lo que tenemos en común, sino ver solamente una serie de caracteres concretos. En mi mente hay una serie de dispositivos que se activan ante unos estímulos, y el estímulo que hace que se active la empatía es ver emociones en otros. Parece como si la emoción se transmitiera por mímesis, formando cadenas de seres emocionados.

Se ha subrayado mucho el carácter privado de lo emocional: mi emoción es mía, sólo la siento yo, forma parte de mi irreductible y acorazado mundo interior. Pero, quizá se nos ha escapado su carácter más social: mi emoción es mía pero sólo se desencadena cuando me la causan otros. La curiosa hipótesis de James-Lange “No lloro porque me da pena, sino que me da pena porque lloro” debería ser matizarla añadiendo  “No lloro porque me da pena, sino que me da pena porque lloran otros”.

¿o quizá Andy Huang lo que critica es que no es conveniente para la máquina pretender asemejarse al hombre? Siempre hemos pensado en las máquinas como en emuladoras, copias que acaban por superar al original humano, pero, ¿no es más interesante pensar en unas máquinas que siguen una evolución al margen de simularnos? Cada vez que oigo pronósticos que dicen que dentro de 20, 50 o 100 años tendremos máquinas con consciencia o más inteligentes que el hombre  me tiro de los pelos: ¿es que acaso sabemos bien lo que es la mente humana para poder copiarla? ¿No son acaso esas promesas infundadas las que desprestigian las investigaciones en AI? Quizá las máquinas deban seguir su propio camino y tener sus propias emociones, quizá muy diferentes a las humanas.

No me canso de ver esta celebérrima escena de la película de Kubrick. A parte de sus virtudes cinematográficas y de la música de Richard Strauss, esta escena gusta porque habla del origen del hombre, del origen de aquello que nos hace diferentes a los demás animales. Es sugerente la imagen del animal que se intercala mientras el homínido golpea su esqueleto: la inteligencia nace con la representación. El simio se figura en la mente algo que no está directamente presente y con ello surge nuestra inteligencia imaginativa. Además, la representación va ligada a la elaboración de herramientas. Como puedo representarme la realidad ausente puedo imaginar otros usos que no son los naturales a las cosas que veo a mi alrededor. De ese violentar la naturaleza, de hacer cosas contranatura, de usar un hueso para algo distinto a la función natural de un hueso, surge el hombre, el ser más antinatural de los seres naturales. El hombre, el animal cuya habilidad evolutiva consiste precisamente  en dejar de ser animal.

Sin embargo, el tema del monolito no hace justicia a la realidad. A pesar de lo sugerente que queda en una película de ciencia-ficción (el origen extraterrestre de la inteligencia) no es preciso en el sentido en que sugiere tanto un origen no natural de la inteligencia como su aparición como un salto brusco. No, la inteligencia es un producto natural cuyo origen es el mismo que el de la capacidad de vuelo de las aves o la fiereza de los felinos y su origen se debe a un lentísimo proceso evolutivo de una duración de millones de años.

Levi-Strauss, Claude

El 30 de Octubre murió Claude Lévi-Strauss con la friolera de ciento un años. Descanse en paz uno de los más grandes antropólogos del Siglo XX.  Para variar, en los telediarios no se habló de ello pues Cristiano Ronaldo sigue lesionado.

Washoe

En Los dragones del Eden, Carl Sagan nos narra algunas de las conversaciones en Ameslan que tuvieron los psicólogos de la Universidad de Nevada Beatrice y Robert Gardner con los chimpancés que adiestraron:

“Así, cuando Washoe vio por vez primera a un pato en un estanque dijo mediante señas, “pájaro de agua”, que corresponde al término utilizado en inglés y en otros idiomas, pero que el chimpancé improvisó para la ocasión. La hembra Lana no había visto otros frutos de forma esférica que las manzanas, pero como sabía indicar por señas el nombre de los colores principales, un día en que vio a uno de los cuidadores comer una naranja, señaló con los correspondientes ademanes: “manzana color naranja”. Después de probar una raja de sandía, Lucy la llamó “bebida con azúcar” y “fruta líquida”; pero cuando sintió el escozor del primer rábano que cataba, dijo entonces que se trataba de “comida que duele y hace llorar”. Cuando a Washoe le pusieron una muñequita en la taza que sostenía, dijo mediante señas: “niño en mi bebida”. A este último chimpancé se le enseñó a representar la palabra “sucio” siempre que se hacía las necesidades encima o en un mueble, y el animal extrapoló el término de manera genérica a cualquier tipo de exceso. En presencia de un Rhesus (mono común) con el que no simpatizaba, repitió machaconamente “mono asqueroso, mono asqueroso, mono asqueroso”. A veces decía cosas como “Sucio Jack, bebida con trampa”. En un momento de tedio y de inspiración a la vez, Lana apostrofó a su cuidador llamándole “cagarruta verde”. Los chimpancés han llegado a inventar hasta juramentos. Washoe parece tener incluso cierto sentido del humor. En una ocasión en que cabalgaba sobre las espaldas de su cuidador al tiempo que, tal vez inadvertidamente, se le orinaba encima, manifestó jubiloso: “Divertido, divertido”.

En cuanto a Lucy, terminó por aprender a distinguir claramente el sentido de frases como “Roger hace cosquillas a Lucy y “Lucy hace cosquillas a Roger”, dos actividades que le deleitaban en extremo. Asimismo, Lana dedujo de la frase “Tim cuida de Lana” otra que decía “Lana cuida de Tim”. Washoe fue sorprendido “leyendo” una revista: el chimpancé volvía las páginas despacio, se entretenía contemplando las ilustraciones y, en un momento dado, sin dirigirse a nadie en particular, realizaba las señas pertinentes, como la correspondiente a la palabra “gato” al toparse con la fotografía de un tigre, o “bebida” al fijar la vista en un anuncio de un vermout. Habiendo aprendido a indicar por señas la palabra “abierto” con referencia a la puerta, Washoe extendió el concepto a una cartera de mano. También intentó conversar en Ameslan con el gato del laboratorio, que resultó ser el único analfabeto del lugar. Después de adquirir este sorprendente medio de comunicación, es posible que Washoe se sorprendiera de que el gato no fuese también experto en el empleo del Ameslan. Un día en que Jane, la madrastra de Lucy, salió del laboratorio, está la miró por fijeza y le dijo”Llámame. Yo gritar” [las negritas son mías].

Lo del gato es alucinante. Por cierto, Washoe murió en el 2007 a los 42 años de edad.  El único chimpancé que intentó comunicarse con un gato. Es una lástima.

El 25 de Noviembre de 2006 tuvo lugar el primero de los seis enfrentamientos  entre el campeón del mundo de ajedrez, el gran maestro ruso Vladimir Kramnik y el computador de la empresa alemana Chessbase, Deep Fritz. La apuesta era la siguiente: Kramnik cobraba automáticamente por jugar medio millón de dolares y podría doblar esa cifra si ganaba en el cómputo: un millón de dólares por seguir demostrando que los seres humanos somos mejores que nuestras creaciones digitales. No era la primera vez que se encontraban. Ya en el año 2002  empataron en Bahrein. Habían pasado cuatro años y un computador mejora muy deprisa. ¿Vencería esta vez la máquina al hombre? Veamos a los dos púgiles:

Vladimir Kramnik: era el candidato idóneo para esta prueba ya que no es un jugador agresivo y temerario como pudiera ser el actual líder de la FIDE VeselinTopalov o el valiente Viswanathan Anand. Kramnik es calmado, frío, conservador. Alguien que más que a ganar juega a no perder (sobre todo si juega con negras), jugador teórico, lógico y sistemático antes que intuitivo o fogoso. Según Kasparov, representa el triunfo del pragmatismo de mercado en el ajedrez mezclado con la tenacidad de Karpov. Con estas características no había nadie mejor que él para vencer a Deep Fritz. Aquí tenéis algunas de sus mejores partidas.

Vladimir Kramnik

Deep Fritz: era capaz de procesar nueve millones de posiciones por segundo. Uno esperaría encontrarse a un mastodonte como, por ejemplo, su homólogo Deep Blue de IBM, pero en vez de eso uno ve poco más que lo que tenemos en la fotografía: no se necesita más que la potencia de  un Pentium III para tener una fuerza bruta suficiente para derrotar al campeón del mundo.  Y es que hoy en día no hace falta demasiado. A mí no deja de maravillarme como en mi Nintendo DS, el juego de ajedrez Chessmaster, que apenas ocupa 30 megas de memoria y que usa el pequeño procesador de la DS (de 32 bits y 66 Mhz), juega a un nivel Elo de 1850, es decir, mejor que cualquier persona inteligente que no esté  entrenada seria y prolongadamente en el juego. Y, por supuesto, el juego Fritz 10, que es el que tengo en mi ordenador, será invencible para mí y para el 99,9% de la población mundial, hasta el fin de nuestras vidas.

Deep Fritz

Primera partida: tablas

Segunda partida: gana Deep Fritz por error intantil de Kramnik. Aquí ocurre otra cosa interesante. Hay muchos que no se creyeron esto. ¿Cómo era posible que Kramnik, digno sucesor de Kasparov, no viera un mate en uno? Y es que las máquinas también nos superan en otra cosa: la honestidad. En esta competición había en juego intereses económicos de peso: la venta de videojuegos, la posibilidad de una lucrativa revancha… Yo no sé lo que realmente pasó, pero sí estoy seguro de que la realmente inocente en este asunto era Deep Fritz, la única que no se puede dejar llevar por las bajas pasiones humanas.

Tercera partida: tablas.

Cuarta partida: tablas.

Quinta partida: tablas.

Sexta partida: gana Deep Fritz

Aquí tenéis las seis partidas visualizadas y con sus respectivas crónicas (muy breves por cierto) por parte de EL PAÍS

Aquí podéis comprar la versión multiprocesador del programa que venció al campeón del mundo por unos 120 euros.

En la actualidad, el mejor programa informático de ajedrez se llama Rybka con un Elo ponderado en 3150 (A julio de este año, el jugador humano con mayor Elo según la clasificación de la FIDE era Topalov con 2813… ¡la máquina tiene la friolera de 337 puntos más!). Sin embargo, Rybka  perdió sorprendentemente contra el número 28 del mundo Vladim Milov. Quizá el hombre tenga aún cierta esperanza, yo creo que no, e incluso me atrevería a pronosticar que dentro de unas décadas el ajedrez habrá sido agotado por las computadoras. Lamentablemente, el número de jugadas, aunque sea astronómico, no es infinito.

Antichrist de Lars Von Trier

SI AÚN NO HAS VISTO LA PELÍCULA NO LEAS EL ARTÍCULO.

Es curioso como uno de los mayores defensores del movimiento DOGMA 95 comience su última película con un cuidadísimo montaje en blanco en negro (aquí muy poco del mareante cámara en mano y del solamente sonido ambiental). Y es que lo mejor de esta película es su preciosista estética, gran trabajo del director de fotografía Anthony Dod Mantle. Von Trier sale de dos años de depresión desahogándose con un thriller psicológico sin grandes pretensiones argumentales en el que retrata con crudeza el mundo del miedo y la desesperación.

Mientras la pareja protagonista, formada por los soberbios Charlotte Gainsbourg y Willem Dafoe, hacen el amor apasionadamente, su pequeño hijo se tira por la ventana. Ella no puede superar la pérdida, así que dado que él es terapeuta, comienza a tratarla. Uno de los pasos de la terapia será volver a Edén, una tétrica y maltrecha cabaña perdida entre frondosos e inhóspitos bosques para que ella se enfrente a sus miedos.

Charlotte Gainsbourg representa la maldad de la naturaleza a través de lo femeninoDespués de un largo tiempo de tedioso y aburrido tratamiento psicológico (que Von Trier bien se podría haber ahorrado) en el que vemos al personaje de Defoe como la representación de la ciencia y de la razón, del intentar que nuestros sentimientos no distorsionen nuestra visión objetiva de la realidad, comienza lo bueno: la aparición del mal, del Anticristo. En un determinado momento, mientras observa unas fotos de su fallecido hijo, se da cuenta de que el niño siempre llevaba los zapatos puestos al revés (el izquierdo en el derecho y viceversa) lo cual causó una deformación que constaba en su autopsia. Ese es el fatal descubrimiento: su mujer no es que tenga un problema psicológico, es que es mala, es el mal mismo. La naturaleza, Edén, que desde el principio se nos presenta como la fuente del mal que la ataca (la cocina de Satanás), no es que la ataque, sino que se focaliza en ella: la naturaleza malvada se expresa a través de la naturaleza femenina (no me extraña que  acusen a Von Trier de misónigo, más cuando la escena final de la película, en la que llegan miles de mujeres a Edén, universaliza esta maldad en todas las mujeres). Y aquí surgen todas las referencias medievales al mundo de las brujas: el ciervo con su feto muerto a colgando, el zorro que se devora a sí mismo o el sempiterno símbolo del terror romántico: el cuervo. La racionalidad de un terapeuta no puede superar el sinsentido del caos que está por venir, quizá expresión del clásico miedo humano a lo inexplicable, a lo supraracional. Y entonces sólo queda la lucha por la supervivencia, los instintos, el cazador y la presa, el sacrificio humano (aquí hay algún matiz que recuerda a Misery).

Es interesante esta visión romántica de la naturaleza: temible, inmensa, acechante, inconmensurable, me recuerda al Corazón de las tinieblas de Joseph Conrad; una naturaleza que devora el alma de la mujer como a la Ofelia de Millais (en el trailer se ve claramente la referencia) y supera la razón ilustrada de la psicología cognitiva del protagonista (pretendidamente antifreudiana); una naturaleza viva, guiada por una intencionalidad intrínseca que se mantiene oculta y que se expresa siempre mediante símbolos que hay que descifrar (es lo opuesto a la naturaleza geométrica de Galileo que, aunque hay que descifrarla, cuando se consigue, es más clara que al principio. Las matemáticas son más reales que lo real). En términos psicoanalíticos, es la naturaleza del ello: onírica, arracional (o como mínimo, con una lógica distinta a la racional), instintiva, animal, atemporal y sin espacio delimitado.

La naturaleza romántica de Antichrist rodea a Willem Defoe

Por lo demás, la cinta es pura provocación (lo cual creo que es más que suficiente para verla. Creemos  que  hemos visto tanto que ya nada nos impresiona. Von Trier nos hará salir del error): sexo explícito, eyaculaciones sangrientas, una autocliterectomía vista con todo lujo de detalles, un zorrillo que se come sus propias tripas… Es probable que la película no guste, pero seguro que impactará.

El Maquinista


( Perfil de Facebook de Santiago Sánchez-Migallón )
Twitter Button from twitbuttons.com
Red de blogs Ateos
The Out Campaign: Scarlet Letter of Atheism

Watch videos at Vodpod and other videos from this collection.
TOP Bitacoras.com para España
BlogESfera Directorio de Blogs Hispanos - Agrega tu Blog
Add to Technorati Favorites
Votame
Blogalaxia
Top Blogs castilla-la-mancha
Ranking de blogs de España
Creative Commons License
.