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Todo el mundo sabe que no fue Dios sino una máquina de Von Neumann, nuestro divino auto-replicador en el caldo primitivo…

El japonés Makoto Yabuki nos muestra lo que podría ser el sueño de un supercomputador…

Véase otra visión de los sueños de los androides

Fuente: Blog de Art Futura

¿Por qué siempre la misma fachada? ¿No es aburrido ver siempre el mismo edificio enfrente de casa? Es más, ¿por qué el edificio habría de quedarse quieto? ¿No es más interesante que las ventanas cambien de lugar, que el dintel se fragmente y vuelva a reconstruirse en unos segundos o que un montón de pelotas caigan del cielo y boten a lo largo del muro? Además, si vivimos en una sociedad en la que todo cambia muy deprisa… ¿no debería la arquitectura no quedarse atrás? Pero, ¿cómo superar la quietud  marmórea de sus estructuras? Entrando en la era digital.

Los artrópodos son el filo más exitoso de todo el reino animal. Hay catalogadas cerca de un millón de especies (frente a las menos de 6.000 de mamíferos o a la triste única perteneciente al género homo. La evolución mima más a los insectos que a los humanos) constituyendo las tres cuartas partes de los animales existentes en la actualidad. Parece que ese cuerpo dividido en segmentos metamerizados con simetría bilateral (extraño capricho de la naturaleza premiar a los simétricos), esos versátiles apéndices articulados  y ese exoesqueleto quitinoso (que la armadura vaya por fuera en vez de por dentro tiene el inconveniente de que para crecer hay que romperla. De ahí las diversas mudas y metamorfosis por las que pasan) son herramientas perfectas de supervivencia.

En ellos se ha dado una perfecta conjunción entre eficacia biológica y belleza. ¿A quién le parecen los insectos repugnantes? Seguro que después de ver las fotos del polaco Igor Siwanowicz los vemos de otro modo.

Brahmaea Certhia Caterpillar

Un bellísimo camuflaje

Mantis Orquídea

Una bella oruga

La feroz mantis abre sus garras antes de atacar

¿No tiene cierta cara de velocidad?

Más fotografías de Siwanowicz aquí. Fuente: Blog Pasa la vida.

La película comienza como un western. Un campesino francés se lava la cara en una palancana mientras, a lo lejos, se ve que por un camino vienen soldados alemanes. Mientras tanto suena Para Elisa mezclado con música de guitarra española. Uno de los alemanes es el cazajudíos Hans Landa (Christoph Waltz), el cínico e inteligente malo malísimo, cuyo personaje te mantendrá en suspense durante el resto de la cinta (no se lo pierdan fumando en pipa o comiendo pastel).

Hans Landa es de los mejores malos de los últimos tiempos

Esteticismo absoluto. El medio es el mensaje o el cine por el cine. Pescadilla que se muerde la cola en su autocomplacencia: cine que sólo pretende homenajearse a sí mismo, sin salir de sí, sin apuntar a nada más. Es como un envoltorio que sólo contiene dentro de sí más y más envoltorios. Milimétricamente construida, palabra por palabra, enfoque por enfoque. Todo para mantenerte pegado al asiento durante sus 153 minutos de duración, pero sólo y únicamente para eso (que no es poco desde luego). Homenaje pero también parodia. Personajes pretendidamente sobreactuados, exagerados, caricaturas de sí mismos, de su profesión y de sus  mismos personajes (¿personajes interpretando a personajes?), que sueltan una chorrada en el momento más tenso o solemne, que combinan diálogos inteligentes con estupideces pueriles. Superflua, banal, frívola, una tontería, una broma, una niñería de un friki como es Tarantino.  Película sofista, retórica, como un truco de magia sin más. Sin embargo seria, trabajada, inteligente, complicada en sentido cinematográfico, bien resuelta a todos los niveles, virtuosa, técnica, deleite de estudiantes de cine. Y paradójica en ese sentido: ¿tanto para qué?

La escena en la taberna jugando a las cartas es memorable

A mí me ha gustado y creo que eso es un cumplido hacia mí mismo, pues muestra que me gusta el cine.

Torre de Babel de Pieter Brueghel

Es curioso como el Dios del Antiguo Testamento imparte justicia entre sus súbditos. Podemos leer en el Génesis el capítulo dedicado a la Torre de Babel:

“Dijeron después: “Vamos a edificarnos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo, y hagámonos un nombre famoso, para no dispersarnos sobre la faz de toda la tierra”. Bajó Yahveh a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres, y se dijo Yahveh: “He aquí que todos ellos forman un solo pueblo y hablan un solo lenguaje, si esto es sólo el comienzo de su empresa, ya nada les impedirá alcanzar lo que se propongan. Bajemos pues y confundamos allí su lenguaje para que no se entiendan entre sí”. Desde aquel lugar los dispersó Yahveh por la faz de toda la tierra, y cesaron de edificar la ciudad. Por eso se llamó Babel, porque alló confundió Yahveh el habla de toda la tierra, y de allí los dispersó por la superficie de toda la tierra”

Aquí, todo historiador serio, sólo vería un poco elaborado mito para explicar la diversidad de lenguajes. Todas las culturas primitivas inventaban mitos para explicar todo lo que les rodeaba. La mitología griega tiene multitud de ellos para explicar prácticamente todo lo que existe (en este sentido es mucho más rica que la mitología cristiana). Los hebreos de hace treinta siglos creían explicar por qué los seres humanos hablamos diferentes lenguas de esta manera.  La lingüística moderna explica este fenómeno mucho mejor, no hay más que hablar, asunto zanjado.

Sin embargo, un hermeneuta inspirado, hombre de bien y temeroso de Dios, vería aquí una demostración de justicia divina. El hombre es vanidoso, soberbio, y se cree superior a Dios. Entonces construye una torre como muestra de su soberbia y Dios, en su infinita justicia, lo castiga. ¡Qué grande que es Yahveh!

Bien, en primer lugar, me cuesta entender este pasaje como un buen ejemplo moral. Los hombres intentan una gran hazaña y Dios los castiga por ello con la única razón de que hay que evitar que consigan lo que se propongan. Es más, toda la humanidad colaborando, trabajando junta para hacer algo grande y Dios la castiga por ello. ¿La moraleja sería que no intentes hacer grandes cosas en equipo ya que Dios te castigará?  Pues parece que los arquitectos de las catedrales góticas no leyeron muy bien este pasaje…

Y también parece que todos los participantes del Proyecto Apolo no leyeron la Biblia (gracias a Dios). No sólo hemos construido torres que llegan al cielo, sino que hemos hecho aeronaves que lo han cruzado, han llegado al espacio y han aterrizado en la luna. El 21 de julio de 1969, cuando Neil Armstrong pisó la Luna, Yahveh no debería estar demasiado contento.

Aldrin y la Máquina de Von Neumann

Solemos decir que la tradición occidental se nutre de dos grandes tradiciones: la cultura greco-romana y la judeocristiana. Realizar un análisis que pondere que hay de positivo y de negativo en cada una de ellas es harto difícil, habiendo ejemplos de todas las índoles. En nombre de valores como la libertad, la democracia o incluso la paz o los derechos del hombre, se han hecho atrocidades de todo tipo; y, en nombre de ideales menos dignos como podría ser la propia gloria personal o la más pura ambición se pintó la Capilla Sixtina o se construyeron las Pirámides.

No obstante, por hacer un comentario en estos días en los que se estrena Ágora de Amenabar, voy a recordar un bonito texto de Jeremías (10, 3-5):

“Porque las costumbres de los gentiles son vanidad: un madero del bosque obra de manos del maestro que con hacha lo cortó, con plata lo embellece, con clavos y a martillazos se lo sujeta para que no se menee. Son como espantajos de pepinar, que ni hablan. Tienen que ser transportados, porque no andan. No les tengáis miedo, que no hacen ni bien ni mal”

Con esta afirmación, apología sin duda de la tolerancia y el respeto entre religiones y muestra clara de apertura de miras sobre otras culturas, Jeremías se refería al arte  mesopotámico en concreto, pero sus frases fueron aplicadas por las comunidades cristianas a todo el arte pagano posterior. Así, cuando el cristianismo fue en ascenso, se pensó que era un deber piadoso destruir toda estatua de esos falsos ídolos. ¿No os habéis preguntado alguna vez por qué conservamos tan pocas estatuas del arte de la Grecia Clásica y, las pocas que tenemos, son copias posteriores? Porque las pocas que hemos conservado de la destrucción son las  copias que encargaron los romanos o las originales que sustrajeron para decorar sus jardines como si fueran souvenirs (como los ingleses con los frisos del Partenón y demás obras de saqueo). Todo lo demás, las múltiples esculturas y edificaciones de Fidias, Praxíteles, Mirón, Lisipo, Policleto o Ictino entre tantos otros, esos “espantajos de pepinar” de Jeremías, perdidas para siempre en el olvido. Y es que, ¿no era esto una consecuencia lógica de la vulgaridad y el chabacanismo del Cristianismo primitivo? ¿No es propio de una cultura inferior, bárbara, ser incapaz de apreciar la belleza y el arte?

Ruinas de Delfos


Lo sublime es grandioso, de dimensiones gigantescas en comparación con la escala humana. Me gustan estos paisajes que evocan futuros apocalípticos quizá totalitarios, amenazantes, sombríos, inhóspitos, poco humanos. Quizá salidos de una pesadilla de Orwell, expresan un futuro geométrico, pero un geométrico sublime, tan sublime que en él no hay ningún hombre sino a lo sumo huellas de lo que fue.  Da la impresión de que todo el mundo, si es que quedó alguien vivo, salió pitando de allí. Pero la atmósfera es inquietante: ¿no aparecerá en cualquier momento alguien con una lanza, flechas y un cañón de fotones?

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Más en su Web

Éste era el título de la novela de Philip K. Dick en la que se basó Ridley Scott para su maravillosa Blade Runner. Y es que si construimos superordenadores a nuestra imagen y semejanza, éstos acabarán por soñar. ¿Qué soñará un robot? ¿Soñará con cascadas de unos y ceros?

Desde el maravilloso Blog A desgana nos llega el intento del artista norteamericano Brian Despain de describir el mundo onírico de los robots. Parece ser que no sueñan con ovejas eléctricas, pero sí con gnomos o peras.

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talktin

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Muchas más en la Web del mismo Despain.

El ojo humano está preparado para ver unas determinadas longitudes de onda (de unos 400 a 700 nanómetros). Los rayos X tienen una longitud de menos de un nanómetro, por lo que permanecen invisibles a nuestra mirada.  Gracias a los descubrimientos de Wilhelm Röntgen quien, el 22 de Diciembre de 1895 realizaba la primera radiografía de la historia, sabemos como es contemplar una realidad de esa longitud de onda.  Sería también realmente interesante  preguntarse cómo será la realidad de otras secciones del espectro electromagnético, por ejemplo, las microondas  (de unos cuantos centímetros) o las ondas de radio (que llegan a varios kilómetros)… ¿Podríamos ver el 105.5 de la frecuencia modulada? ¿Podríamos ver “volando” a nuestro alrededor La rosa de los vientos de Onda Cero?

El fotógrafo británico Nick Veasey ha dado un toque artístico a los descubrimientos de Röntgen, extrapolando la radiología a objetos más allá del cuerpo humano. Aquí tenéis algunos ejemplos.

Ipod de Nick Veasey

Un autobus según Nick Veasey

Avión de pasajeros según Nick Veasey

Más en su Página Web.

El Maquinista


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