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Agua en la luna

Según observan tres naves espaciales (la Chandrayaan 1 – sobre todo ésta -, la Deep Impact y la Cassini) y publican en la Science tres grupos de científicos independientes, hay hidroxilo (OH) y/o agua (H2O) en la luna. La presencia del número tres es interesante (triangulación como garantía de veracidad, triada hegeliana y Santísima Trinidad… Este descubrimiento va a ser la leche).

No obstante, que nadie se vaya a flipar demasiado. En la luna hay moléculas de agua que interactúan con las de roca y polvo (nada de lagos ni océanos, ni siquiera un miserable charquito). Según Larry Taylor de la Universidad de Tennesse “Si tienes un metro cúbico de suelo lunar y pudieses estrujarlo obtendrías un litro de agua”, aunque según otras versiones haría falta ordeñar hectáreas de luna para obtener ese litro. La luna sigue siendo el desierto que era y la presencia de selenitas sigue siendo extremadamente improbable.

¿Pero no trajimos muestras lunares cuando estuvimos allí y su análisis mostró que no había agua alguna? Es que su análisis sí mostró la posibilidad pero se pensó que los contenedores de roca lunar habían sido contaminados recibiendo aire terrestre… ¡Vaya! Otra certeza que se va a la porra ad hoc. Los relativistas estarán muy contentos. Ayer no, hoy sí.

Aquí os dejo unas los enlaces a las noticias de los principales periódicos sobre el tema:

El Mundo

El PAIS

Público

El Periódico

¿Y si llegáramos al final del Universo? ¿Qué habría más allá? La pregunta encierra cierta paradoja: si hubiera algo más ya no estaríamos en el fin del Universo y si fuera el fin del Universo… ¿Cómo estaría demarcado? ¿Con un muro infranqueable? ¿Y qué habría detrás de ese muro? Pensar en un Universo finito va en contra de nuestra intuitiva idea de espacio, que lo entiende siempre como infinito. No podemos nunca imaginar un objeto sin enmarcarlo en un espacio tridimensional que “lo envuelva”. Así, no podemos imaginar nuestro Universo sin ese espacio infinito.

¿Qué hay después de la esfera de las estrellas fijas?

En la imagen tenemos la intuición medieval de qué hay más allá de la última frontera. Para un intelectual del Siglo XIII la cosa estaba clara: lo divino. La grandeza de Dios se mostraba en donde las explicaciones del hombre se quedaban cortas. La paradoja de la infinitud se solucionaba situando a Dios en ese límite impensable. Si atravesamos el décimo cielo del universo aristotélico, la última esfera de éter donde están incrustadas como puntos luminosos todas las estrellas, encontramos el Paraíso.

Desde La Aldea Irreductible nos llega un precioso vídeo en HD en donde podemos observar lo más cerca que el telescopio Hubble ha estado de los confines del Universo.  Realmente, es asombroso pensar que habrá más allá.

Una de las cosas que más me cuesta entender de mi gremio, los filósofos, es  cómo es posible que el tema del Origen del Universo haya dejado de ser un problema filosófico, dejándoselo con exclusividad a astrofísicos y cosmólogos… No comprendo el hecho de que no aparezcan títulos en las librerías que se titulen “El concepto de inflación cósmica en el segundo Hawking” o “La expansión del Universo desde una perspectiva fenomenológica”. En fin, síntomas del anquilosamiento de una noble disciplina que necesita una tremenda renovación.  En pro de poner un granito de arena en solucionar este problema voy a hablar de una de las teorías cosmológicas más sorprendentes y atrevidas de la actualidad: la teoría de los universos múltiples.

El cosmólogo soviético de la Universidad de Tufts Alexander Vilenkin piensa que más allá de lo que consideramos Universo observable, existen otros universos, infinitud de universos que tuvieron sus propios big bangs (ríanse ustedes de la navaja de Ockham y de eso de no multiplicar los entes sin necesidad). Así mismo, esos universos se encuentran dentro de otros Universos siguiendo un patrón fractal, como si de un juego de muñecas rusas se tratara. Los universos son como burbujas “flotando” en lo que se denomina falso vacío. Así, tendríamos universos dentro de universos hasta llegar al falso vacío primigenio, del cual habrían surgido los primeros big bangs.

¿Y qué es el falso vacío? El vacío surge de quitar toda las partículas y toda la radiación de un espacio concreto. Siguiendo la concepción espacial de Newton, en la que el espacio es el gran continente de la materia, los físicos pensaban que ese espacio concreto tendría una densidad energética cero, es decir, que estaría realmente vacío. Sin embargo, Vilenkin desmiente eso afirmando que el vacío no está realmente vacío (es diferente de la nada. Llore señor Parménides), sino que tiene presión y puede estar en diferentes estados energéticos. Podrían existir vacíos con unas densidades energéticas muy altas (estos son propiamente, los falsos vacíos) que tendrían unas propiedades físicas algo extrañas: cada centímetro cúbico tendría una masa equivalente a la Luna, gravedad repulsiva y una alta inestabilidad que los hace decaer en vacíos con densidades energéticas más bajas. Al decaer, el falso vacío genera un enorme excedente energético que se transforma en partículas y radiación (he aquí la creación de nuestro Universo). Además, este falso vacío y su “antigravedad” o fuerza de repulsión explicaría el periodo de inflación cósmica inmediatamente posterior al Big Bang.

Multiverso: infinitos universos unos dentro de otros

El número de universos generado en este Multiverso es infinito, pero no los sucesos que en él pueden ocurrir. De ese modo la teoría del eterno retorno de Nietzsche puede tener sentido. Si el número es infinito pero los eventos que ocurren no, necesariamente, todas las posibilidades se darán y se repetirán… ¡infinitas veces! Mi vida se está viviendo exactamente igual a como la vivo yo ahora en infinitos universos paralelos. Pero es más, no sólo hay infinitos santiagos tecleando este mismo texto en sus ordenadores, sino que hay infinitos santiagos que no lo están haciendo porque escriben otro sobre salvar las ballenas, el estado de la economía o veinte formas de hacer una pipirrana… Desde luego, creernos el centro del Universo deja definitivamente de tener sentido. El Cosmos en su totalidad es un lugar donde se dan una y otra vez todas las posibilidades posibles… ¿Alguien puede descifrar esto?

Véase también: La noción de campo ha de sustituir a la de materia o En contra del materialismo (III)

O el capítulo 33 de Redes, o Una conferencia que dio Vilenkin para la Fundación Banco Santander

Zeus era un mujeriego y, en perfecta simetría cósmica, Hera era muy celosa. El rey del Olimpo bajaba constantemente a la Tierra en busca de carne de doncella. En una de sus correrías sedujo a Alcmena mientras su marido estaba ausente, haciéndose pasar precisamente por él (Era astuto este Zeus, Dios mucho más humano que otros por cierto, con mucha menos mala leche que aquel del Antiguo Testamento). De allí nació Heracles (más conocido por su nombre romano Hércules), héroe trabajador donde los hubiere. Pues bien, Hera no quería amamantar a un niño que no era hijo suyo (al que llamaron concretamente Heracles para ver si la descabreaban) pero un día, Zeus se lo puso en el regazo para que mamara mientras ella dormía. Al despertarse, lo quitó furiosa de su pecho  y, al hacerlo, un poco de leche cayó y se esparció por el Universo. Será la Vía Láctea.

Tintoretto pinta El origen de la Vía Lactea

Nosotros, la Tierra, nos encontramos en un lugar periférico de esta galaxia, en el llamado brazo de Orión. Si el centro del Universo fuera el centro de la Vía Láctea, aún así estaríamos a unos 30.000 años luz de él (Perdóneme mi querido Aristóteles, pero no somos el centro de nada, sólo un diminuto planeta perdido en un lugar remoto). Nuestro sistema solar, viajando a unos 270 Km/s tarda unos 225 millones de años en dar una vuelta completa a su luminoso centro.  Y la Vía Láctea sólo es una galaxia más. Junto con Andrómeda, las Nubes de Magallanes y otras, forman lo que se denomina el Grupo Local que, a su vez, orbitan alrededor del gran cúmulo de galaxias de Virgo.

Es curioso pensar en todo lo que nos movemos estando aparentemente quietos. Ahora mismo, sentado en el sofá de mi casa, me muevo a algo menos de 1650 km/h (serían exactamente esos si estuviera en el ecuador) con respecto al eje terrestre (el movimiento de rotación de la tierra), a 29,5 Km/s respecto al sol (movimiento de traslación), a 270 Km/s respecto al centro de la Vía Láctea, y vete tú a saber a cuánto con respecto al centro del gran cúmulo de Virgo y, vete a saber aún más, con respecto de Virgo con otros sistemas… A esas velocidades tan increíbles… ¡Y yo me creo que estoy quieto! ¿Tenemos un sistema perceptivo mal dotado para las velocidades? O, siendo coherentes con la selección natural, ¿no captamos nada de esas velocidades porque son evolutivamente irrelevantes? Me inclino a pensar que así es. Las únicas velocidades que nos interesa captar son las propias que ocurrirán en nuestra vida: unos pocos kilómetros por hora.

Otra cosa que llama la atención es la forma de la Vía Láctea, esa preciosa espiral barrada. ¿Por qué esta geometría? Gravedad, amigos. Las galaxias no giran como discos compactos, sino que las partes que están en el centro (más pesado) giran con más velocidad que las que están en la periferia (más ligera). Es la segunda ley de Kepler: el radio que une el centro del sistema solar con cualquiera de sus planetas (aplicable a cualquier objeto y al centro sobre el que orbita) barre áreas iguales en tiempos iguales. Cuanto más te acercas al centro, menos área que barrer y, por lo tanto, más velocidad.

La Vía Lactea

Esta imagen de Urano parece dar la razón a mi querido Aristóteles. El Universo está dividido en dos grandes zonas: la sublunar y la supralunar. La sublunar, que va desde el centro de la Tierra hasta la Luna, está llena de desorden, de movimiento, de carencias… de imperfección a fin de cuentas (es nuestro mundo. Ya Nietzsche se quejaba con razón del poco amor por  él que ha tenido la filosofía occidental) . Por el contrario, el mundo supralunar, más allá de la esfera de la luna, está lleno de perfección, armonía, orden y quietud. El movimiento expresa imperfección, expresa tener que ir a algún lado porque careces de algo. Por eso en el mundo supralunar apenas hay movimiento. Sus entes son cada vez más y más perfectos, hasta llegar al motor inmóvil, causa incausada, acto puro que mueve todo el Universo sin moverse él mismo.

Urano fotografado por la Voyager 2

Urano se ve como una esfera perfecta, como un ente que no puede pertenecer a este mundo. Urano es el dios de los cielos, marido de Rea y rey de los dioses hasta que su hijo, el envidioso Cronos, lo destrona cortándole los testículos (de los cuales nacerá Afrodita como no puede mostrar mejor el cuadro de Botticelli). Y viendo esta imagen uno tiene ganas de darles la razón a los rapsodas griegos. Sin embargo, ellos nunca supieron de su existencia. Urano no se descubrió hasta 1781 por William Herschel (padre de John Herschel, otro grandísimo astrónomo que está enterrado al lado de Darwin). Los griegos pensaban que era una estrella más.

La luna vista por Galileo

Esta creencia en la perfección de los planetas quebró con el nacimiento de la ciencia moderna. En noviembre de 1609  Galileo enfocó su primitivo telescopio (de unos modestos veinte aumentos) hacia la luna y descubrió que estaba llena de cráteres, que su superficie no era tan diferente a la del relieve terrestre… ¡que no era perfecta! Observando la línea del terminador lunar comprobó que allí hay montañas tan altas o más que las terrestres. Desgraciadamente, no existe ningún mundo perfecto, no hay ningún paraiso espacial, ninguna morada de los dioses. Existan marcianos, ángeles o motores inmóviles, todos estamos en el mismo Universo y todos estamos afectados por las mismas leyes, condenados irremediablemente a la imperfección.

Si os apetece ver la Estación Espacial Internacional por dentro, su actual comandante, Michael Fincke nos la enseña. Pinchad aquí. El enlace a la página Web de la estación en castellano es éste,  la Web de la NASA sobre la estación  es ésta, y si os apetece dar una vuelta interactiva dentro de la nave pinchar aquí.

Ridiculizaron a Darwin como era su deberEl Vaticano va a honrar la figura de Galileo en una serie de actividades previstas para el año internacional de la astronomía.  El arzobispo Gianfranco Ravasi afirma que los tiempos ya están maduros para una revisión de la figura de Galileo… ¿Ya? No, 362 años después de su muerte… ¿Seguro que las cosas “están ya maduras” para revisar las aportaciones de  Galileo?

En 1992 fue cuando Juan Pablo II rehabilitó la figura de Galileo, once años después de haber creado una comisión para investigar lo que realmente pasó. Es decir, la Iglesia ha tardado 350 años en decir que Galileo llevaba razón… ¡350 años! Bueno, con Darwin pasó algo parecido. No fue hasta 1950 cuando el Papa Pío XII, en su encíclica Humani Generis, dirá que el evolucionismo es compatible con la doctrina católica (91 años después del Origen de las especies). Sin embargo, en el caso de Darwin, el papado se niega a pedir disculpas.

La verdad es que no entiendo por qué la Iglesia ve más peligroso a Galileo que Darwin cuando, en esencia, Darwin no es compatible con el catolicismo. El hecho de que la tierra sea o no el centro del universo sólo contradice unas frases de la Biblia sin importancia doctrinal. No pasa nada por aceptar que Galileo tenía razón. Sin embargo, con Darwin pasa algo bien distinto:

1. El darwinismo ataca de raíz el principio antrópico (el Universo está hecho para el hombre): la selección natural es ciega, el hombre es una especie entre tantas, pudo existir con la misma probabilidad que cualquier otra. El principio antrópico es fundamental para el Cristianismo: Dios creó el mundo para el hombre.

2. El darwinismo postula una causa natural para el hombre. Ya no hace falta una explicación sobrenatural para comprender las singularidades de lo humano. El hombre es explicable desde la naturaleza y no hace falta la mano de Dios para dotarlo de alma.

Creo que estas dos razones son básicas en la doctrina darwinista y no es necesario una exégesis muy profunda para deducirlas. Es lo que se enseña en el instituto. Lógicamente, los creyentes que se toparon con Darwin y Wallace en el siglo XIX reaccionaron airadamente, como buenos cristianos que eran.

El hecho que la Iglesia asuma su compatibilidad tanto con Galileo como con Darwin no es claramente comprensible. ¡Deberían estar intentando que no se impartiera el evolucionismo en los colegios europeos!

Aqui nacen las estrellas...

La infantil imagen que uno tiene del universo no abarca a imaginar cosas más espectacularse que alguna galaxia muy densa o una gran nebulosa… Y de repente, el telescopio Hubble toma estas imágenes en 1995. Son los llamados Pilares de la creación y son unas gigantescas columnas de hidrógeno (gigantescas es poco. La más grande mide unos 9,5 años luz…) de las que surgen glóbulos gaseosos evaporándose. Son tan densas que su interior se contrae gravitacionalmente generando nuevas estrellas (de aquí su nombre). Están en la nebulosa Águila (M16) situada a unos 7.000 años luz de nosotros.  Su estudio puede servir para comprender el nacimiento de nuestro sistema solar.

En fin, yo no dejo de quedarme perplejo pensando en que algo así está por ahí, en el universo… Ni Arthur C. Clarke lo hubiera imaginado.

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Universo aristotélico

Cabe Recordar que el año 2009 es el año internacional de la astronomía. Así que aprovechemos esta oportunidad para repensar nuestra imágen del universo. Aquí tenemos el viejo cosmos geocéntrico aristotélico. Estaba dividido en dos regiones (sublunar y supralunar) en la que regían leyes bien diferentes (una zona imperfecta, corrupta, material, “humana”; y otra celestial, etérea, perfecta). Los planetas estaban engarzados en esferas de un material trasparente denominado éter. La última esfera, era opaca y en ella estaban las estrellas que no eran más que puntos luminosos en la negrura del límite del universo. Más allá, el motor inmóvil, acto puro que mueve todo el universo sin moverse a sí mismo, causa incausada, principio y fundamento de todo.

Esta explicación dominó gran parte de la historia pues, aunque las predicciones que de aquí pudieron sacarse eran lógicamente erróneas, era una gran teoría que explicaba casi todo de una forma bastante razonable (aunque ahora nos pueda parece absurdo). Ptolomeo se las tuvo que ver negras para hacer encajar un cosmos así con las observaciones astronómicas que cada vez iban siendo más precisas.

El universo según el joven Kepler

En la imagen vemos la concepción del universo del joven Johannes Kepler. Consiste en ir introduciendo los sólidos platónicos unos dentro de otros como si de muñecas rusas se tratasen. Este imaginativo cosmos está aún más lejos de la experiencia que el aristotélico y, simplemente, obedece a exagerar el neoplatonismo matematizante propio de la Revolución Científica. Tycho Brahe, un genio de la observación, vio que la obra de Kepler no tenía ni píes ni cabeza, pero tomó debida cuenta de que Kepler era un gran matemático y lo hizo su discípulo. Con las precisas observaciones de Brahe, Kepler formuló sus famosas tres leyes que, a la postre, servirían para que Newton formulase su ley de gravitación universal.

El cosmos copernicano

Será Nicolás Copérnico el primer astrónomo moderno que defenderá el heliocentrismo. Sí amigos, si ponemos el sol en el centro, ya no hacen falta tantos epiciclos y deferentes para que las predicciones cuadren. Pero… ¿la tierra se mueve? Eso parece ¿Cómo es posible que así sea y no nos percatemos de ello? Galileo Galilei sacará a la luz su principio de relatividad: si viajas en un tren no hay forma de saber si tú eres el que te mueves o tú estas quieto y es el universo el que así lo hace. La inquisición, lógicamente, le obligará a retractarse.

La Pequena Nube de Magallanes

Desde la época de estos primeros pioneros del universo ha llovido mucho. Ahora tenemos radiotelescopios que alcanzan a ver más allá de lo que jamás hubiera soñado Newton. Sabemos que el Universo observable tiene una longitud de unos 46.500 millones de años luz desde la tierra y una antigüedad de unos 13.500 millones de años (algo más que lo que los defensores de la Bilbia afirmaban). Sobre su origen, forma y destino todavía no tenemos demasiada seguridad y hay teorías para todos los gustos: Big Bang, Big Cruch, expansión permanente, universo cíclico, universo infinito, universos múltiples… Estudiar el cosmos ha sido desde siempre uno de los campos favoritos del ser humano. Así que, esperemos a una noche clara, cojamos nuestro telescopio y nuestro termo de café y salgamos al campo a contemplar el cielo como ya casi nunca hacemos: ver el cielo límpio de la contaminación lumínica de las ciudades. Es uno de los espectáculos más maravillosos que pueden contemplarse y, además, es gratuito, como todo lo que merece la pena.

El Maquinista


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