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Queremos unirnos a la exitosa iniciativa propuesta por Javi Peláez desde su Aldea Irreductible con el humor, también irreductible, de Forges:






Desde La Aldea Irreductible ha surgido una propuesta para protestar por la reducción del presupuesto destinado a financiar las propuestas en I+D en un 37%. La propuesta consiste en que el día 7 de Octubre cualquiera que tenga un Blog escriba un post aportando sus razones en contra de la reducción presupuestaria. El ingenioso logo que abandera la propuesta es éste:

Desde La Máquina de Von Neumann creemos que es un deber unirse a esta iniciativa y animamos a todos los bloggeros y no bloggeros a unirse a ella.
El asunto más candente de la inevitable entrada del Espacio Europeo de Educación Superior, comúnmente conocido como Plan Bolonia, es la financiación. Hasta ahora la educación universitaria en España había corrido a cargo del Estado, había sido principalmente pública. A partir de su implantación en el 2010, la financiación tendrá que venir de la misma Universidad. Como no creo que el peso económico caiga exclusivamente sobre el pobre alumno, el dinero provendrá de la empresa privada. Parece que si queremos una educación de calidad, con tutorías individualizadas y nuevas tecnologías, necesitamos mucho más dinero (por cierto, yo se lo quitaría a Defensa, cuyo porcentaje es del 2,79% sobre el total del PGE frente al 1,96% a Educación según los datos del 2008). El Estado ya tiene bastante, que lo pague la empresa. Además, es más que evidente que la Universidad necesita una reforma. Por citar algún dato concreto, la actual forma de selección del profesorado es, como todo el mundo sabe, vergonzosa. Bien, ¿cuál es el problema?
Si la empresa paga, pondrá sus condiciones. La empresa querrá recuperar su dinero (nadie da duros por tres pesetas y menos éstos que, por algo son ricos) por lo que exigirá que en la Universidad se formen futuros profesionales para ella. Un filólogo, un historiador, un filósofo, un lingüista, etc. no tienen ninguna utilidad para una empresa por lo que ya estamos con lo de siempre, ¿no saldrán las humanidades muy perjudicadas con Bolonia? Si yo soy el dueño de una fábrica de motores de camión no voy a dar un duro porque formen expertos en latín…

Pero es que el asunto puede mirarse desde otra perspectiva. Uno se tiene que ganar la vida. Te guste el sistema o no, lo que hay es que tienes que trabajar a cambio de un salario y tu trabajo ha de ser útil a alguien para que considere que ha de pagarte. A mí me encantaría que me pagaran por leer libros y ser el hombre más culto del mundo pero, desgraciadamente, he de realizar un trabajo útil para que se me pague. Entonces, ¿por qué la gente va a estar tantos años estudiando un carrera si sabe que va a ir al paro de cabeza? ¿No va siendo hora de que se de una cura de realismo y el personal aprenda que hay que aprender una profesión? ¿No debería la Universidad centrarse en la generación de profesionales en función de las demandas sociales y dejar de ser una factoría de fabricar parados? Parece que una Universidad ajena a lo que la sociedad pide es absurda (claro, que habría que precisar qué entendemos por demandas sociales, ya que la sociedad podría pedir a gritos un nivel cultural más alto).
Y este es el debate: ¿la Universidad ha de ser un lugar en donde se genere cultura (por lo que las humanidades tendrían un papel importante en ella) o en donde se generen profesionales en función de la demanda de éstos que haga el mercado?
Muchos afirman que se pueden llegar a puntos medios y que la cosa no irá a tanto. Hay que tener en cuenta que las facultades caras son las de ciencias (más productivas para el mercado) y las de letras son baratas (Aristóteles enseñaba a sus alumnos paseando por un patio), por lo que, a pesar de que la financiación irá sobre todo a las primeras, las segundas seguirán existiendo.
Otro tema es el de los famosos masters. Las carreras pasarán a llamarse grados, tendrán cuatro años de duración en España (en otros países tendrán otra duración. Por ejemplo en Italia duran sólo tres) y podrán ser continuadas por un master (cuyo precio oscilará entre los 1000 y los 6000 euros). A fortiori, todo el mundo hará los masters ya que la competitividad ocasionará que quien no lo tenga no pueda trabajar. Para pagar el master se han pensado unas becas-préstamo que consisten en lo siguiente: se te concede un préstamo a un interés del 0% a una duración de quince años. Finalizado este plazo, si no se alcanza una renta anual de 22.000 euros, el préstamo no se devuelve. Las condiciones no están mal pero antes eran becas a fondo perdido y ahora el caso es que un estudiante se encuentra que antes de enfrentarse a las hipotéca y a la letra del coche cuando empiece a trabajar, mucho antes de ello, ya tiene un préstamo a su nombre… No obstante, el Secretario de Estado de Universidades, Màrius Rubiralta, ha afirmado que estos préstamos no eliminarán las becas, es más, según él, habrá más. Pero también, si observamos lo que pasó en Gran Bretaña, donde desde hace veinte años había un sistema mixto de becas y préstamos, a día de hoy, ya sólo hay préstamos. ¿No nos pasará lo mismo?
A mí todo esto me recuerda a cuando entró la LOGSE. Todo el mundo estaba de acuerdo en que había que cambiar la enseñanza pero, al final, la falta de financiación entre muchas otras cosas, acabó con nuestro nefasto sistema educativo actual. Pero en fin, seamos optimistas ya que no podemos hacer otra cosa.
Da igual lo que os paráis la cara, Bolonia saldrá sí o sí. ¿Desde cuándo una manifestación ha cambiado algo?

El Dominical publica una entrevista al co-director del yacimiento arqueológico de Atapuerca Juan Luis Arsuaga, quien en el debate sobre ciencia y religión parece situarse en la postura de los dos magisterios de Jay Gould. Transferimos aquí algunos fragmentos literales:
“La prehistoria, en el antiguo EGB, se despachaba en un par de clases. ¿Eso está cambiando?
Debe cambiar, porque la prehistoria no sólo es interesante porque la gente tallara piedras o aprendiera a dominar el fuego. Es interesante, sobre todo, porque es el registro de nuestra evolución biológica y somos producto de eso. Darwin tenía razón. Eso es lo importante. No estamos aquí porque un agente sobrenatural nos haya creado.
[la teoría de la evolución ha tenido tanto éxito] Tanto que la religión también quiere adaptar la teoría a su negocio y habla de un diseño inteligente.
Ah, claro, porque nunca ha digerido la Teoría de la Evolución. Aún me pregunto si han digerido el hecho de que la Tierra no sea el centro del universo.
¿Se puede ser científico y tener fuertes convicciones religiosas?
Hay quien dice que son dos pensamientos irreconciliables. Sin embargo, tampoco faltan quienes piensan que se pueden compartir porque atañen a enseñanzas diferentes. Si la religión, en su magisterio, habla del mundo material o del origen del hombre o del universo… no es una voz que deba considerarse, eso está clarísimo. Ahora bien, si su magisterio se refiere a aspectos filosóficos o morales o a la búsqueda de la felicidad pues, bueno, eso ya es otra cosa.
¿Cree que en Europa, al contrario de lo que ocurre en EEUU, el debate sobre Creacionismo y Evolución está superado?
¡Qué va! No estará superado jamás. Aquí en España, nunca había habido debate porque se imparten las dos enseñanzas. En España, el profesor de Biología llega a la clase y explica la Evolución; y después entra el profesor de Religión y explica la Creación. Y esto es la avanzada Europa. En la fanática América lo que pasa es que no se puede explicar Religión.
¿Ah, no?
Pues no. Allí la Religión se aprende en la sinagoga, en la mezquita o en la parroquia, no en el instituto. Ésta es la raíz del debate en EE UU: como no hay asignatura de Religión, lo que pretendían los defensores de esos cuentos del diseño inteligente es enseñar eso en la clase de Biología. En los juicios que ha habido lo que se discutía era si eso era religión o no. Porque si es religión (y parece claro que lo es), debe quedar fuera de las aulas, no se puede dar en la escuela.”
Leyendo un texto de Juan Mantovani he tenido que sentirme avergonzado y entonar un consabido “¿Cómo no he pensado en esto antes?”. Haciendo un análisis de los distintos modelos educativos existentes, el famoso pedagogo argentino, nos habla de lo que entiende como “educación como preparación”. Este modelo sostiene que hay que educar a los alumnos para que alcancen un objetivo ulterior, una meta situada al final o, incluso, fuera del mismo proceso educativo. Solemos decir que educamos para que “alcancen su madurez”, “sean unos buenos ciudadanos” o “se incorporen como miembros efectivos a la sociedad”. Les exigimos que se preparen para un futuro siempre incierto y peligroso (necesita preparación… sin ella estás perdido. No puedes llegar a la vida adulta como si nada). ¿Es efectiva esta forma de educar?
En principio, el alumno no tiene las necesidades que nosotros pretendemos llenar. No necesitan comprender la historia del siglo XIX. En su día a día no tienen necesidad alguna de saber quién es Napoleón. Es curioso como el profesor de historia se indigna del poco interés que muestran. ¡Pues claro! ¿Cómo van a mostrar interés si para ellos Napoleón no tiene ningún significado? Quizá lo tenga en un futuro pero en su estricto presente no lo tiene. ¿Cómo conseguir entonces que aprendan? Con sucedáneos: sustituimos el premio del “valor del conocimiento en sí mismo” con otros premios (una buena calificación, por ejemplo) o con castigos. Si los alumnos pudieran comprender el valor que por sí mismo tiene el hecho de saber quién era Napoleón no haría falta premiarlos o castigarlos. Y lo gracioso es que ellos ni siquiera entienden por qué son castigados… ¿Me castigan por no aprenderme algo que en mi vida no tiene sentido alguno?
¿Qué conseguimos entonces con este modelo educativo?
1. Negamos el presente del alumno. Con esta exigencia de futuro, de conseguir una meta, inculcamos unas necesidades artificiales al chico y le negamos, o no tratamos, las que realmente tiene. Estamos siempre diciéndoles: “El día de mañana os vais a enterar” (como si el futuro fuera terrible) y ellos nos debería responder “¿Y qué pasa con nuestro día de hoy?”
2. Exigimos un futuro en el mismo presente (lo cual es imposible por definición). Nos quejamos de que los alumnos no guarden silencio en clase, hagan gamberradas, digan estupideces, estén más preocupados en la última teleserie de moda que en los contenidos de nuestras materias… Pero, ¿acaso podrían hacer otra cosa? ¡Son niños y los niños hacen lo propio de su edad! Si se comportaran como adultos no serían niños (y según nuestra “educación como preparación” no haría falta educarlos), y es imposible, antinatural diría yo, ver a un niño comportándose como un adulto. Nuestra exigencia es imposible.
Hay que comprender que cada época de la vida tiene unas necesidades y unos significados diferentes. La educación debería conseguir no negar el presente en pos del futuro, sino hacer que se viva el presente en su máxima intensidad. Deberíamos atender las necesidades naturales propias de cada edad en vez de crear otras artificiales. Sólo así conseguiríamos que el alumno se interesara por nuestras clases, porque realmente resolveríamos problemas reales, significativos para ellos.











