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Fuente: Blog de Art Futura
El japonés Makoto Yabuki nos muestra lo que podría ser el sueño de un supercomputador…
Véase otra visión de los sueños de los androides
Fuente: Blog de Art Futura
¿Por qué siempre la misma fachada? ¿No es aburrido ver siempre el mismo edificio enfrente de casa? Es más, ¿por qué el edificio habría de quedarse quieto? ¿No es más interesante que las ventanas cambien de lugar, que el dintel se fragmente y vuelva a reconstruirse en unos segundos o que un montón de pelotas caigan del cielo y boten a lo largo del muro? Además, si vivimos en una sociedad en la que todo cambia muy deprisa… ¿no debería la arquitectura no quedarse atrás? Pero, ¿cómo superar la quietud marmórea de sus estructuras? Entrando en la era digital.
Me gustan las estéticas figuraciones en las que imaginamos a vulnerables robots experimentar inocentemente con sentimientos humanos. Curiosamente serán esos sentimientos los que los hagan vulnerables, los que hagan que sintamos empatía por ellos. Que mi ordenador juegue mucho mejor que yo al ajedrez no me produce simpatía alguna, no lo percibo como más humano porque haga algo que sólo los humanos podemos hacer (más bien lo contrario, que siempre he tenido mal perder), pero si veo un extraño engendro mecánico seducido por las falsas promesas de la televisión siento lástima por él.
Lo que produce empatía no es necesariamente ver lo que tenemos en común, sino ver solamente una serie de caracteres concretos. En mi mente hay una serie de dispositivos que se activan ante unos estímulos, y el estímulo que hace que se active la empatía es ver emociones en otros. Parece como si la emoción se transmitiera por mímesis, formando cadenas de seres emocionados.
Se ha subrayado mucho el carácter privado de lo emocional: mi emoción es mía, sólo la siento yo, forma parte de mi irreductible y acorazado mundo interior. Pero, quizá se nos ha escapado su carácter más social: mi emoción es mía pero sólo se desencadena cuando me la causan otros. La curiosa hipótesis de James-Lange “No lloro porque me da pena, sino que me da pena porque lloro” debería ser matizarla añadiendo “No lloro porque me da pena, sino que me da pena porque lloran otros”.
¿o quizá Andy Huang lo que critica es que no es conveniente para la máquina pretender asemejarse al hombre? Siempre hemos pensado en las máquinas como en emuladoras, copias que acaban por superar al original humano, pero, ¿no es más interesante pensar en unas máquinas que siguen una evolución al margen de simularnos? Cada vez que oigo pronósticos que dicen que dentro de 20, 50 o 100 años tendremos máquinas con consciencia o más inteligentes que el hombre me tiro de los pelos: ¿es que acaso sabemos bien lo que es la mente humana para poder copiarla? ¿No son acaso esas promesas infundadas las que desprestigian las investigaciones en AI? Quizá las máquinas deban seguir su propio camino y tener sus propias emociones, quizá muy diferentes a las humanas.
Fuente: Blog de Art Futura
Tenemos un robot que bota pelotas a velocidades supersónicas:
Una rata robótica que ve con sus bigotes:
Otros que se lo pasan bien jugando al béisbol:
Éste nos ganaría jugando al billar:
Robots que se pican por quién corre más:
Mejor ir en bici…
El de Toyota que toca el violín…
Pero mejor tocar con amigos:
Éste resuelve el cubo de Rubik:
Los de Sony bailan a lo Locomía:
Si queremos una cocina domótica…
Hasta tenemos un robot pez:
Y sus amigos, robots medusa:
Y hasta llegamos a que hagan cosas tan humanas como tener un tropezón:
Fuente: Blog de Art futura
El 25 de Noviembre de 2006 tuvo lugar el primero de los seis enfrentamientos entre el campeón del mundo de ajedrez, el gran maestro ruso Vladimir Kramnik y el computador de la empresa alemana Chessbase, Deep Fritz. La apuesta era la siguiente: Kramnik cobraba automáticamente por jugar medio millón de dolares y podría doblar esa cifra si ganaba en el cómputo: un millón de dólares por seguir demostrando que los seres humanos somos mejores que nuestras creaciones digitales. No era la primera vez que se encontraban. Ya en el año 2002 empataron en Bahrein. Habían pasado cuatro años y un computador mejora muy deprisa. ¿Vencería esta vez la máquina al hombre? Veamos a los dos púgiles:
Vladimir Kramnik: era el candidato idóneo para esta prueba ya que no es un jugador agresivo y temerario como pudiera ser el actual líder de la FIDE VeselinTopalov o el valiente Viswanathan Anand. Kramnik es calmado, frío, conservador. Alguien que más que a ganar juega a no perder (sobre todo si juega con negras), jugador teórico, lógico y sistemático antes que intuitivo o fogoso. Según Kasparov, representa el triunfo del pragmatismo de mercado en el ajedrez mezclado con la tenacidad de Karpov. Con estas características no había nadie mejor que él para vencer a Deep Fritz. Aquí tenéis algunas de sus mejores partidas.

Deep Fritz: era capaz de procesar nueve millones de posiciones por segundo. Uno esperaría encontrarse a un mastodonte como, por ejemplo, su homólogo Deep Blue de IBM, pero en vez de eso uno ve poco más que lo que tenemos en la fotografía: no se necesita más que la potencia de un Pentium III para tener una fuerza bruta suficiente para derrotar al campeón del mundo. Y es que hoy en día no hace falta demasiado. A mí no deja de maravillarme como en mi Nintendo DS, el juego de ajedrez Chessmaster, que apenas ocupa 30 megas de memoria y que usa el pequeño procesador de la DS (de 32 bits y 66 Mhz), juega a un nivel Elo de 1850, es decir, mejor que cualquier persona inteligente que no esté entrenada seria y prolongadamente en el juego. Y, por supuesto, el juego Fritz 10, que es el que tengo en mi ordenador, será invencible para mí y para el 99,9% de la población mundial, hasta el fin de nuestras vidas.

Primera partida: tablas
Segunda partida: gana Deep Fritz por error intantil de Kramnik. Aquí ocurre otra cosa interesante. Hay muchos que no se creyeron esto. ¿Cómo era posible que Kramnik, digno sucesor de Kasparov, no viera un mate en uno? Y es que las máquinas también nos superan en otra cosa: la honestidad. En esta competición había en juego intereses económicos de peso: la venta de videojuegos, la posibilidad de una lucrativa revancha… Yo no sé lo que realmente pasó, pero sí estoy seguro de que la realmente inocente en este asunto era Deep Fritz, la única que no se puede dejar llevar por las bajas pasiones humanas.
Tercera partida: tablas.
Cuarta partida: tablas.
Quinta partida: tablas.
Sexta partida: gana Deep Fritz
Aquí tenéis las seis partidas visualizadas y con sus respectivas crónicas (muy breves por cierto) por parte de EL PAÍS
Aquí podéis comprar la versión multiprocesador del programa que venció al campeón del mundo por unos 120 euros.
En la actualidad, el mejor programa informático de ajedrez se llama Rybka con un Elo ponderado en 3150 (A julio de este año, el jugador humano con mayor Elo según la clasificación de la FIDE era Topalov con 2813… ¡la máquina tiene la friolera de 337 puntos más!). Sin embargo, Rybka perdió sorprendentemente contra el número 28 del mundo Vladim Milov. Quizá el hombre tenga aún cierta esperanza, yo creo que no, e incluso me atrevería a pronosticar que dentro de unas décadas el ajedrez habrá sido agotado por las computadoras. Lamentablemente, el número de jugadas, aunque sea astronómico, no es infinito.
Éste era el título de la novela de Philip K. Dick en la que se basó Ridley Scott para su maravillosa Blade Runner. Y es que si construimos superordenadores a nuestra imagen y semejanza, éstos acabarán por soñar. ¿Qué soñará un robot? ¿Soñará con cascadas de unos y ceros?
Desde el maravilloso Blog A desgana nos llega el intento del artista norteamericano Brian Despain de describir el mundo onírico de los robots. Parece ser que no sueñan con ovejas eléctricas, pero sí con gnomos o peras.




Muchas más en la Web del mismo Despain.














