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Y Dios dotó al óvulo fecundado de alma y lo llamo ser humano...

Justo ahora, y no antes, ya tenemos un ser humano en todo su esplendor. En este mismo instante (que paradójicamente puede durar más de diez horas) Dios dota de alma al ser humano. Segundos antes, cuando el espermatozide ganador aún no había llegado, todavía no había ser humano, sin embargo, cuando se mezclan los cromosomas de los gametos, en esa magnífica fusión de núcleos, ahí, en ese mismo instante y lugar y no antes ni después ni en otro lado, aparece Dios y pone el alma, lo humano y lo divino realizan su baile cósmico y Dios crea al hombre a su imagen y semejanza. Un segundo después, si desunes a esta feliz pareja, estarás cometiendo un sanguinario asesinato, equiparable a matar a tu primo de treinta años de edad.

Este tipo de razonamiento me recuerda al problemático dilema con que se encontró Descartes en su metafísica. Con su infalible método, el bueno de Descartes había descubierto que el Universo estaba compuesto por tres substancias (todos sabemos que las substancias se definen, entre otras cosas, por no depender de otra cosa diferente a ellas para existir): Yo, Dios y Mundo. El yo se identificaba como el alma (principio espiritual, inmaterial, que constituye lo que soy: mis pensamientos, sentimientos, recuerdos, etc.) mientras que el mundo era la res extensa (material, mecánica, cuantificable…). Y Descartes pensó: cuando yo decido mover mi dedo hacia arriba estoy “comunicando” dos substancias. Con mi alma (inmaterial) decido mover mi cuerpo (material)… ¿Cómo es posible que algo inmaterial pueda interactuar con algo material?

Descartes lo solucionó apelando a la famosa glándula pineal: un lugar en el cerebro en el que lo material y lo espiritual se funden cual óvulo y espermatozoide. La verdad es que aquí Descartes no fue tan metódico como en otras partes de su razonamiento. Hoy sabemos que la glándula pineal es la epífisis (no confundir con la hipófisis), encargada de algo tan mundano como es  segregar melatonina.

El caso es que la concepción es la nueva glándula pineal de los cristianos. Si la glándula era el punto de encuentro entre lo humano y lo divino, lo espiritual y lo material en el espacio, la concepción lo es en el tiempo. Parece como si fuera necesario postular una puerta que ponga en contacto ambos mundos, un lugar o un tiempo mágico, sagrado, inviolable, que ha de ser protegido por la misma ley.

Evidentemente, esto es una arbitrariedad: ¿Por qué en la concepción y no un segundo antes o un segundo después? La Iglesia contesta: porque aquí comienza un proceso, surge una continuidad de vida que seguirá hasta la muerte de la persona en su vejez. Mentira. El proceso de procreación humana comienza mucho antes… ¿O es que puede nacer un niño sin mantener relaciones sexuales? (Ah, es verdad, es que para los cristianos sí, que la Virgen era virgen. Perdón) ¿O también se puede tener un niño sin haber gestado previamente los espermatozoides o los óvulos? Además, el continuo de vida es mucho anterior, no surge en la concepción. El óvulo y los espermatozoides están vivos también. Es más, el continuo de vida se ha mantenido desde el surgimiento de la vida misma en la sopa primitiva de Oparin. La concepción no es más que una fase más (y no la primera) de un porceso biológico y los cristianos le han dado una importancia sobrenatural que no tiene, al igual que el desafortunado Descartes con su célebre glándula.

Estatua de Hume en EdimburgoSiempre me ha resultado curioso como los planteamientos filosóficos que pretendieron ser más estrictamente realistas, en el sentido de partir exclusivamente de la experiencia, sin inventarse nada, como los de Ockham o Hume, acaban en cierto escepticismo.  Por el bando contrario, otras menos cuidadosas, acaban en posturas más dogmáticas como las de Descartes o Leibniz, por seguir en la misma época.

Desde que me lo explicaron por primera vez en el instituto, he tenido una cierta debilidad por David Hume. Su famosa crítica al principio de causalidad me parece una idea tan fantástica como simple… ¿cómo todo el mundo había sido tan sumamente dogmático de no darse cuenta de algo tan evidente? ¿Cómo era posible que Santo Tomás no se diera cuenta de que es imposible deducir desde los efectos alguna característica de la causa? Para los profanos en el tema o para los que quieran repensar esto, voy a explicarlo tal y como lo hago en clase.

Cuando observamos un fenómeno causal, del tipo que digamos  “El fenónomeno A es causa de B”, lo único que realmente percibimos es:

a) Una contigüidad entre el fenómeno causa y el efecto: A y B siempre se dan juntos en el tiempo, no separados por una distancia temporal considerable. Ej.: nada más encender el fuego sale humo.

b) Una prioridad de la causa sobre el efecto: percibimos que A siempre va antes que B. Ej.: el fuego va antes que el humo.

c) Una unión constante entre la causa y el efecto: siempre que percibo A percibo B. Ej.: siempre que percibo fuego hay humo.

La clave está en lo siguiente: unión constante no quiere decir conexión necesaria. Nuestro entendimiento tiende a crear expectativas de futuro cuando ve dos fenómenos que se dan parejos en el tiempo. Si cada vez que he visto fuego he visto salir humo, tiendo a pensar que, en un futuro, cada vez que vea fuego, veré humo. Sí, pero el único fundamento de tal expectativa sólo reside en la costumbre: como hasta ahora ha pasado esto, pienso que en un futuro pasará lo mismo… ¡pero ese es mi único fundamento! La costumbre nunca puede expresar necesidad lógica: que algo haya pasado así hasta ahora, no quiere decir que vaya a pasar así siempre.

Bertrand Russell expresaba muy bien esta crítica en su cuento del pavo inductivo: supongamos que tenemos un pavo muy inteligente que vive en una granja. Es muy curioso y quiere entender cómo funciona su mundo. Apunta cuidadosamente las cosas que le suceden todos los días e infiere leyes por inducción. Así, comprueba que todos los días el granjero le echa comida a las 9, de lo que infiere inductivamente que “Todos los días como a las 9″. El pavo cree en sus leyes y las eleva al rango de ciencia. Así vive tranquilo en su ordenado y estable mundo. Sin embargo, la víspera de Navidad, el granjero no vino ni con la comida ni con el agua, sino con un hacha. Las leyes inductivas de nuestro desdichado pavo jamás hubieran podido  predecir algo así.

Conclusión: nuestras leyes científicas están basadas en el principio de causalidad por lo que, como hemos visto, no podemos decir que se cumpliran de modo necesario en el futuro. Pudiera ser que mañana cambiara el orden del Cosmos y las cosas cambiaran radicalmente. ¿Y si mañana dejara de funcionar la ley de la gravedad? Sería un serio problema, pero no podemos decir con necesidad lógica que no pudiera ocurrir.

He metido a los que creo que son más importantes viendo sus descubrimientos e influencia histórica. No he metido artistas (pintores, arquitectos, escultores)  porque he pensado que al crear arte no crearon directamente teorías (si bien muchos de ellos lo hicieron) y aquí quiero preguntar por quién es el teórico más grande  de todos los tiempos. Perdonadme por las terribles omisiones que he cometido. Son todos los que están pero no están todos los que son.

La encuesta estará abierta hasta el 31 de Diciembre del 2009.

El Maquinista


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