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La última adquisición para mi jardín casero ha sido un Cyclamen persicum. Es una planta delicada provista de unas bonitas hojas de forma acorazonada pintadas en dos tonalidades de verdes y de unas coloridas flores violetas que duran (o pueden durar, crucemos los dedos) todo el invierno.

Pero lo más curioso es la estrategia evolutiva de esta planta para la polinización. Muchas fanerógamas utilizan sus colores y estructura floral para atraer insectos y que éstos trasladen su polen (la orquídea es la más espectacular)  mientras que otras confían en el viento o en la lluvia para su transporte. Pero lo que realmente era más fácil es la estrategia del cyclamen: utiliza la fuerza de la gravedad. Así, sencillamente, su cáliz apunta hacia abajo mientras que sus pétalos apuntan hacia arriba (parecen flores punkys) . El polen cae sin más sin tener que esperar al abejorro de turno… ¿Cómo no se le ocurrió a ninguna flor antes?

El cyclamen maneja bien la ley de la gravedad

Una concepción dogmática y absolutista del desarrollo de la ciencia tiende a ver las teorías científicas como algo terminado, estático, inamovible; como si el científico que las idea las generara  en un tiempo pero luego las dejara acabadas para siempre (O ni siquiera eso, el mito de Newton y la manzana es una muestra de falsa idea de cómo nace una teoría científica. Los Principia de Newton no son fruto de un “manzanazo” sino de años de dura investigación). Así, si hablamos de paradigmas, solemos entender el paradigma aristotélico, el newtoniano y el einsteniano como tres grandes totems, corpus de doctrinas perfectamente ensambladas. Cuando empezaron a caer, uno imagina que una serie de evidencias experimentales corroyeron sus cimientos hasta que se derrumbaron de una sola vez como un edificio al ser demolido. Parece que uno se acuesta aristotélico y a la mañana siguiente ya es newtoniano.

Nada más lejos de la realidad. La ciencia, cuando es buena ciencia, se caracteriza por lo móvil. Una buena idea no es la idea que se queda en el trono de la verdad nada más pensarse; una buena idea genera inmediatamente líneas de investigación que vuelven constantemente a revisarla; una buena idea es una visión de futuro, más valiosa por lo que abre que por las soluciones que da. Esa es la diferencia entre la ciencia viva y la ciencia muerta (o la religión).

La teoría de Darwin abrió un marco nuevo de hipótesis y contrahipótesis, de tesis y refutaciones

Y, precisamente, desde el Blog Memecio nos llega un claro ejemplo de ciencia viva. El Origen de las especies de Charles Darwin se gestó durante unos veinte años (imaginemos las vueltas que dieron las ideas en la cabeza de Darwin durante tanto tiempo) y luego tuvo nueve ediciones en las que se corrigieron y matizaron un montón de tesis. El especialista en visualización de datos del MIT Ben Fry (en su Web podréis ver diagramas del código genético, estructura de cromosomas, etc.) nos muestra una visualización de los cambios que Darwin introdujo en las sucesivas ediciones de su gran obra. Además de poder verse los cambios frase por frase, es curioso contemplar como las ediciones aumentan de tamaño (de 140.000 a 190.000 palabras). Y es que Darwin tuvo que responder a muchas objeciones (muchas de ellas bastante lógicas) ya que su pensamiento supuso el comienzo de una gran revolución por lo que, necesariamente, habría de estar inacabado.

Los que argumentan que el darwinismo es una religión autoritaria bien harían en comparar los cambios constantes en el pensamiento de Darwin con la, esta vez sí, quietud totémica de los textos bíblicos. ¿Cuántas veces se ha corregido la Biblia debido a las objeciones planteadas? Sólo quien se cree en posesión de la verdad absoluta no necesita revisarla, sólo quien opera con dogmas y no con hipótesis no necesita pensar sino sólo dar órdenes a su rebaño. En el caso de Darwin, desde luego, la historia no era esa.

Tengo una televisión que hace cosas maravillosas: produce imágenes en movimiento a gran resolución, imágenes que son réplicas exactas de cosas que están pasando a miles de kilómetros, muchas veces en riguroso directo. Mi televisión capta ondas invisibles que viajan por el aire y las transforma en preciosos paisajes a todo color.  Es una cosa alucinante que hubiera hecho que Isaac Newton se cagara en los pantalones si la viera. Es la cima de la evolución tecnológica, fruto de verdaderos diseñadores inteligentes. Sin embargo, cuando algo tan maravilloso se estropea, se avería sin que exista el modo de repararlo… ¿a dónde se van las imágenes en color que producía? ¿A dónde va ese sonido envolvente de tan grande calidad? ¿Dónde estarán sus más de doscientos canales?¿A dónde van las películas que compartí con ella? ¿Dónde estarán la final de la Eurocopa o el festival de Eurovisión?

No soy técnico ni ingeniero, así que no tengo ni idea de cómo el sustrato electrónico de mi tele produce esas imágenes y sonidos inmateriales. Encuentro la relación causal pero no comprendo la causa eficiente… ¿cómo produce mi tele esas imágenes tan magníficas? Mi conocimiento no lo puede explicar y esa incertidumbre me deja preplejo (la Grandeza del Misterio). Pero no puede ser que algo tan maravilloso se quede en la nada, en el vacío de la existencia. ¿Cómo puede acabar siempre mal la vida de cada tele? ¿No podrían las teles funcionar para siempre? Es injusto. Es más, podríamos preguntarnos ¿qué había antes de la televisión? ¿Será el mismo vacío que después? Mi tele fue una gran tele, nunca ser averió y siempre estuvo allí cuando la necesité.  No se merece acabar así… No puedo soportar su ausencia… ¿Habrá ido a un lugar mucho mejor? Las imágenes eran inmateriales por lo que seguro que pueden sobrevivir sin el soporte electrónico… ¿Podré volver a reencontrarme con ella y volver a ver House los martes por la noche? ¿O quizá se reencarne en las nuevas teles que salen de la fábrica?  La verdad es que ninguna televisión ha vuelto del más allá para contárnoslo por lo que creo que no lo sabremos nunca.

Esta entrada continua: ¿Qué hay después de la muerte?

Empecemos por algunas citas:

“Podemos por tanto considerar la materia como constituida por las regiones de espacio en las cuales el campo es extremadamente intenso… En este nuevo tipo de física no hay lugar para campo y materia, pues el campo es la única realidad” (las negritas son mías).

Ésto lo dijo Albert Einstein (Citado por M. Capek en The Philosophical impact of Contemporary Physics. Pág. 319).

Otra de Hermann Weyl:

“Según la teoría del campo de la materia, una partícula material tal como un electrón es simplemente una pequeña zona de un campo eléctrico, dentro de la cual la fuerza del campo asume valores enormemente altos, indicando que una energía comparativamente muy grande está concentrada en un espacio muy pequeño. Tal nudo de energía, que de ningún modo se presenta claramente delineado contra el resto del campo, se propaga a través del espacio vacío como una onda de agua sobre la superficie de un lago; no existe una sustancia de la que pueda decirse que el electrón está compuesto en cada momento” (Las negritas son mías. En Philosophy of Mathematics and Natural Sciencie. Pág. 171)

Y acabamos con una del físico austríaco Walter Thirring (citado en El Tao de la física de Fritjof Capra. Pág. 294)

“La física teórica moderna… nos ha hecho pensar sobre la esencia de la materia en un contexto diferente. Ha llevado nuestra atención de lo visible – las partículas – a la entidad subyacente: el campo. La presencia de la materia es simplemente una perturbación del estado perfecto del campo en un lugar dado; algo accidental, casi podría decirse que es simplemente una “mancha”. Por consiguiente, no existen leyes sencillas que describan las fuerzas que actúan entre las partículas elementales… Tanto el orden como la simetría deberán buscarse en el campo subyacente” (las negritas son mías).

Cuando Newton enunció su teoría de la gravitación universal, pronto se dió cuenta de un gran problema. La fuerza de la gravedad interactúa de forma instantánea. Pero si, por ejemplo, el sol, que está a ocho minutos luz de la tierra, y ejerce su fuerza gravitacional sobre ella de modo instantáneo… ¡¡¡ La fuerza de la gravedad viaja a una velocidad infinita !!! Eso no podía ser, era absurdo. Entonces Faraday, en sus estudios sobre electricidad, introduce la noción de campo, que luego utilizarán Maxwell, para hablar de electromagnetismo y Einstein para hablar de gravitación.

La noción de campo sustituye a la de materia

¿Qué es un campo? Supongamos que tenemos dos cuerpos que interaccionan entre sí, ejerciendo cada cada uno de ellos una fuerza sobre el otro. Si vamos situando el segundo cuerpo en distintas posiciones alrededor del primero, actuará en cada caso una fuerza distinta sobre él. Ésto sólo se comprende admitiendo que cada punto del espacio alrededor del primer cuerpo, está dotado de cierta propiedad, creada por éste, que hace que al colocar allí un segundo cuerpo, actúa sobre él una fuerza. A esta propiedad la llamamos campo. Esta noción, como hemos visto en las citas, nos tiene que hacer abandonar nuestra visión clásica de la materia y, por ende, del materialismo. Materia ha de entenderse como alta intensidad energética de campo, no ya como cuerpo, objeto u extensión (a modo cartesiano, como despliegue tridimensional) y, como ya no es casi necesario mencionar, alejarla de nociones como “solidez”, “dureza” o “indivisibilidad”, ni tampoco como “lo que puedo tocar o ver” (hay que eliminar toda relación con los sentidos) o “lo que me rodea” (cayendo en subjetivismo). ¿Qué más consecuencias pueden sacarse de esta nueva concepción de la materia o de este posmaterialismo?

a) No cabe la división entre continente y contenido propia del mecanicismo newtoniano. Newton habló del espacio y del tiempo como los dos continentes absolutos en los que acaecía todo o en dónde estaba toda la materia existente (sus sensorium dei). Ahora sabemos que el espacio y el tiempo son inseparables de sus contenidos. El espacio se curva o alabea en función de la presencia de masa y el tiempo se adelanta o retrasa en función de la velocidad.

b) La vieja noción de vacío queda invalidada. El espacio entendido como vacío entre objetos ya no es válido. El materialismo mecanicista entendía el vacío como esa ausencia de materia, ese no-ser en el que habitaban los objetos materiales. Ese no-ser ira imperturbable, el ser material no podía interactuar con él. Hoy sabemos que podemos curvar el espacio, es decir, que el “espacio vacío” no es un no-ser, sino que tiene entidad. Precisamente la noción de campo es similar a la noción de espacio vacío y tiene entidad ontológica.

c) La geometría del espacio cobra vital importancia. El mecanicismo pensaba en un espacio infinito tridimensional. Ahora sabemos que el espacio puede variar su geometría, teniendo esto importantes consecuencias para sus “contenidos”. La geodésica (línea más corta en unir dos puntos) es muy distinta en un plano que en una esfera. Las geometrías no euclídeas sustituyen a la geometría plana de Euclides. La nueva física hace que cambiemos radicalmente nuestra visión del espacio.

He metido a los que creo que son más importantes viendo sus descubrimientos e influencia histórica. No he metido artistas (pintores, arquitectos, escultores)  porque he pensado que al crear arte no crearon directamente teorías (si bien muchos de ellos lo hicieron) y aquí quiero preguntar por quién es el teórico más grande  de todos los tiempos. Perdonadme por las terribles omisiones que he cometido. Son todos los que están pero no están todos los que son.

La encuesta estará abierta hasta el 31 de Diciembre del 2009.

Universo aristotélico

Cabe Recordar que el año 2009 es el año internacional de la astronomía. Así que aprovechemos esta oportunidad para repensar nuestra imágen del universo. Aquí tenemos el viejo cosmos geocéntrico aristotélico. Estaba dividido en dos regiones (sublunar y supralunar) en la que regían leyes bien diferentes (una zona imperfecta, corrupta, material, “humana”; y otra celestial, etérea, perfecta). Los planetas estaban engarzados en esferas de un material trasparente denominado éter. La última esfera, era opaca y en ella estaban las estrellas que no eran más que puntos luminosos en la negrura del límite del universo. Más allá, el motor inmóvil, acto puro que mueve todo el universo sin moverse a sí mismo, causa incausada, principio y fundamento de todo.

Esta explicación dominó gran parte de la historia pues, aunque las predicciones que de aquí pudieron sacarse eran lógicamente erróneas, era una gran teoría que explicaba casi todo de una forma bastante razonable (aunque ahora nos pueda parece absurdo). Ptolomeo se las tuvo que ver negras para hacer encajar un cosmos así con las observaciones astronómicas que cada vez iban siendo más precisas.

El universo según el joven Kepler

En la imagen vemos la concepción del universo del joven Johannes Kepler. Consiste en ir introduciendo los sólidos platónicos unos dentro de otros como si de muñecas rusas se tratasen. Este imaginativo cosmos está aún más lejos de la experiencia que el aristotélico y, simplemente, obedece a exagerar el neoplatonismo matematizante propio de la Revolución Científica. Tycho Brahe, un genio de la observación, vio que la obra de Kepler no tenía ni píes ni cabeza, pero tomó debida cuenta de que Kepler era un gran matemático y lo hizo su discípulo. Con las precisas observaciones de Brahe, Kepler formuló sus famosas tres leyes que, a la postre, servirían para que Newton formulase su ley de gravitación universal.

El cosmos copernicano

Será Nicolás Copérnico el primer astrónomo moderno que defenderá el heliocentrismo. Sí amigos, si ponemos el sol en el centro, ya no hacen falta tantos epiciclos y deferentes para que las predicciones cuadren. Pero… ¿la tierra se mueve? Eso parece ¿Cómo es posible que así sea y no nos percatemos de ello? Galileo Galilei sacará a la luz su principio de relatividad: si viajas en un tren no hay forma de saber si tú eres el que te mueves o tú estas quieto y es el universo el que así lo hace. La inquisición, lógicamente, le obligará a retractarse.

La Pequena Nube de Magallanes

Desde la época de estos primeros pioneros del universo ha llovido mucho. Ahora tenemos radiotelescopios que alcanzan a ver más allá de lo que jamás hubiera soñado Newton. Sabemos que el Universo observable tiene una longitud de unos 46.500 millones de años luz desde la tierra y una antigüedad de unos 13.500 millones de años (algo más que lo que los defensores de la Bilbia afirmaban). Sobre su origen, forma y destino todavía no tenemos demasiada seguridad y hay teorías para todos los gustos: Big Bang, Big Cruch, expansión permanente, universo cíclico, universo infinito, universos múltiples… Estudiar el cosmos ha sido desde siempre uno de los campos favoritos del ser humano. Así que, esperemos a una noche clara, cojamos nuestro telescopio y nuestro termo de café y salgamos al campo a contemplar el cielo como ya casi nunca hacemos: ver el cielo límpio de la contaminación lumínica de las ciudades. Es uno de los espectáculos más maravillosos que pueden contemplarse y, además, es gratuito, como todo lo que merece la pena.

El Maquinista


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