La democracia llega a la ciencia

Publicado: 31 enero 2009 en Filosofía de la ciencia
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Paul Feyerabend decia que "en ciencia todo vale"Uno de los libros que más disfruté leyendo en mis años universitarios fue el Tratado contra el método de Paul K. Feyerabend. Con una prosa magnífica se recogían los argumentos más contundentes en contra de la presumida objetividad de la ciencia. Siguiendo la línea abierta por Kuhn (no hay posibilidad de elección racional entre dos paradigmas en conflicto) o Lakatos (los experimentos cruciales no sirven para tirar una teoría pues siempre podemos lanzar infinitas hipótesis ad hoc), radicaliza la situación para llegar a su anarquismo epistemológico coronado con la polémica donde las haya “En ciencia todo vale”.  La ciencia acababa por ser una institución de poder en la que “verdad” era aquello que las autoridades deciden. Para luchar contra ello, y en consecuencia lógica de una postura anarquista, proponía, y esto parece ya pasarse bastante de rosca, decidir democráticamente lo que se considera conocimiento y lo que no.

Fuera bromas, la postura de Feyerabend es pretendidamente radical (ya Bunge lo tachó de ser el enfant terrible de la filosofía de la ciencia y le dedicó algunas perlitas) y sofística (como el mismo Feyerabend reconoce en alguna ocasión), no obstante que baja a la ciencia de su pedestal de absoluto testaferro del saber (en tiempos de positivismo es necesario). Popper ya nos los advirtió, hay que ser críticos hasta con la crítica. No sólo denunciar los pseudosaberes, sino buscarlos dentro de nuestras teorías más consolidadas.

Pues bien, parece ser que algunos se han tomado en serio a Feyerabend y nos proponen que elijamos democráticamente el próximo descubrimiento del telescopio Hubble.  ¿Es que se puede elegir democráticamente un descubrimiento? Ja, ja. No amigos, se puede elegir democráticamente una línea de investigación (está bien que los contribuyentes elijan si con su dinero se investigan nuevos tipos de misiles intercontinentales o la cura del cáncer) pero no los descubrimientos científicos.

Hay que tener cuidado con no extrapolar la democracia como mejor sistema político posible, hasta la fecha, con el mejor sistema para todo. Si mis clases en el instituto funcionaran democráticamente, yo y mis alumnos estaríamos todo el día “comiendo chuches” y “jugando al pillo-pillo”. No, una clase ha de parecerse un poquito a una dictadura porque si no no podría funcionar. Igual ha de pasar con la ciencia: la verdad es dictatorial por definición. No se elige, se impone. ¡ Y qué gran placer  cuando a alguien se le impone un gran descubrimiento!

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