Huxley y la selección natural

Publicado: 13 marzo 2009 en Evolución
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Thomas H. Huxley nos explica de manera magistral lo que significó para Darwin el concepto de selección natural mediante dos clarificadores ejemplos: una metáfora bélica para ver esa terrible lucha por la vida de la que hablaba Malthus y otra sobre abejorros y ratones para ver diferentes niveles de presión selectiva.

“Recuerdo haber leído una descripción de la famosa retirada de las tropas napoleónicas de Moscú. Cansadas, extenuadas, deshechas, las tropas acabaron encontrándose ante un gran río, en el que sólo quedaba un puente para que pasase todo el ejército, desorganizado y desmoralizado. En tales condiciones, la lucha debe haber sido terrible, preocupándose cada uno sólo de sí mismo, destrozándose en las largas filas, pasando por encima del cuerpo de sus compañeros. El autor de esta descripción, que fue uno de los pocos afortunados que logró pasar, en comparación con los miles que quedaron del otro lado del río o que fueron arrojados a la corriente, atribuyó su salvación al hecho que vio un hombre de gran talla – un coracero con un grueso capote azul – que se abría camino entre la muchedumbre, y tuvo la necesaria presencia de ánimo como para aferrarse a su capote y no soltarlo. Escribe lo siguiente: “Me aferré a su abrigo, a pesar de sus insultos, los empujones y las patadas; después, cuando vio que no lograba desprenderse de mí, me suplicó que le dejase marchar, o no podría ni ayudarme a mí, ni tampoco salvarse él. Continué asido a él, y no abandoné mi presa hasta que acabó por sacarme fuera del gentío.” Como veis, si así puede decirse, se trata de un caso de salvación selectiva, y su éxito dependía de la robusta tela del capote del coracero. En la naturaleza sucede lo mismo: cada especie tiene su puente de Bereziná. Debe combatir para abrirse camino, luchando contra las otras especies; y cuando se halla a punto de verse superada, puede suceder que la probabilidad más reducida – quizás, por ejemplo, una diferencia de color, la diferencia más minúscula – haga trastocar el equilibrio en un sentido o en otro […]. Para mostraros cómo pueden actuar de manera indirecta los agentes selectivos naturales, acabaré esta lección poniendo de manifiesto un caso, entre los más curiosos de su género, descrito por Darwin: es el caso del abejorro. Se ha advertido que los abejorros son mucho más frecuentes en las proximidades de las ciudades que en campo abierto, y ésta es la razón: el abejorro construye sus nidos, en los que almacena la miel y deposita los huebos que darán lugar a las larvas. Los ratones de campo son muy aficionados a la miel y a las larvas, y por lo tanto, en campo abierto, donde abundan los ratones de campo, los abejorros se ven muy acosados. En cambio, en los alrededores de las ciudades hay muchos gatos que cazan ratones, y cuantos más gatos hay que coman ratones, habrá menos ratones que ataquen los nidos de los abejorros. Los gatos, por lo tanto, son ayudantes indirectos de los abejorros. Remontándolons un paso más, cabe decir que las viejas solteronas son amigas indirectas de los abejorros y enemigas indirectas de los ratones de campo, ya que mantienen a los gatos que se comen a los ratones. Este ejemplo quizá quite un poco de seriedad a nuestra exposición, pero ya se me ha escapado y con él concluyo mis palabras.”

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