Volver a ver el Bosque: ¿quién teme al lobo feroz?

Publicado: 3 abril 2009 en Cine
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Suelo poner a mis alumnos El Bosque (2004) de Night Syamalan para que vean cómo es posible controlar una sociedad sin recurso a otra cosa más que el miedo. Algo tan visceral, tan atávico como el miedo es muy fácil de provocar, más si tu víctima es alguien a quien has condicionado  desde su más tierna infancia. No hacen falta fusiles ni soldados, unos disfraces y un poco de imaginación son suficientes para mantener aislado del mundo actual un poblado del siglo XIX.

¿Puedes controlar el mundo sólo con el miedo?

Leí bastantes críticas negativas sobre la película. Parece que se esperaba mucho de este jóven director y el resultado no fue suficientemente fino para los más exigentes. Yo me acabé por creer a los críticos y no le di más importancia a la película que para que los chavales se entretuvieran un rato y sacaran dos o tres ideas. Sin embargo, cuando he vuelto a verla esta vez me ha parecido una gran cinta.

En primer lugar por lo bonita que es. Hay cierto preciosismo en su fotografía, un virtuoso montaje, una magnífica ambientación acompañada de una música maravillosa (llena de retorcidos violines) que genera un desasosiego constante, una sensación de inquietud, de amenaza que te hace estar pegado al asiento durante toda la peli.  Ese verde paisaje, tan bello como tétrico, de praderas mecidas por un inquietante viento y árboles de ramas retorcidas propias del romanticismo de Caspar Friedrich. Y esos colores: el amarillo cobarde de los habitantes de la aldea y el rojo sangriento de “aquellos de los que no hablamos”. Rojo sangre pero también rojo pasión. El rojo de la preciosa historia de amor entre Lucius Hunt (Joaquín Pohenix) y la hermosísima Ivy Walker (Bryce Dallas Howard. Una chica ciega que está destinada a guíar a la comunidad, que ve mucho más lejos que los demás), un amor tan fuerte que acabará por vencer al miedo (esta será la moraleja final. El amor entre un chico que apenas habla y una ciega vence a todos los demonios).  Y el rojo de las manos del retrasado Noah Percy (Adrien Brody) después de cometer su crimen (A veces la inocencia puede ser perversa. Siempre nos han vendido la idea del buen salvaje que es corrompido por la sociedad… ¿No es más normal lo contrario: la inocencia amoral que se hace moral con la civilización? ¿O es que Noah no es tan amoral como podría parecer sino que, en el fondo, es inmoral? Se dice muchas veces en la película que es posible que los demonios no ataquen a aquellos que son inocentes… ¿no será la presunta inocencia el auténtico demonio?). El rojo de la evidente alusión a la universal fábula recogida por Perrault: la caperuza, amarilla esta vez, de Ivy siendo perseguida por el lobo en una colorista escena previa al desenlace (un final que da un giro que te deja con la boca abierta).

Bryce Dallas Howard es la caperucita amarilla de Syamalan

También trata el tema de la huida. En el fondo, nuestros demonios no están fuera, no están más allá de las fronteras del hogar seguro, sino dentro de nosotros (en la película, incluso en un lugar físico: unas cajas que todos los miembros del consejo guardan). Así que no puedes huir de ellos, pues ellos van contigo. El dolor acabará por salir a la luz, la violencia del mundo de la que querían escapar hace acto de presencia y hace dudar al lúcido Edward Walker (William Hurt) del sentido de mantener esa utopía aislacionista (¿Cuántas veces pasa que algo acaba por perder el sentido por el que nació? ¿No es esa la historia del comunismo?). ¿Permitir la muerte de Lucius con tal de salvar la aldea? ¿El fin justifica los medios?. Hicieron un juramento antes de llegar al bosque… ¿Se puede romper un juramento cuando las razones por las que se hizo han perido su razón de ser?

Para terminar voy a citar literalmente este fragmento, que es lo que le cuenta Edward a Ivy antes de enseñarle lo que hay dentro de la cabaña “a la que no debemos ir”.

“- Dime Ivy, ¿qué sabes de tu abuelo?

– Era el hombre más acaudalado de la ciudad.

– Ya lo creo. Tenía un don para eso. Si le daban un dolar, en menos de dos semanas, lo multiplicaba por cinco. Tú no conoces el dinero. No forma parte de la vida de la aldea. El dinero puede ser algo perverso, puede envilecer el corazón de los hombres, de hombres buenos. Mi padre no lo comprendía. A pesar de sus dones no sabía juzgar el fondo de las personas. Tu abuelo era un buen hombre. Su risa se oía a tres casas de distancia. Solía cogerme la mano como yo cojo la tuya. Me enseñó a ser fuerte y me demostró su amor, y me dijo que guiara cuando otros se limitan a seguir. Tu abuelo James Walker murió mientras dormía. Un hombre le disparó a la cabeza mientras soñaba. Te cuento todo esto para que comprendas algunos de los motivos de mis actos… y de los actos de los demás. Tú eres fuerte Avy, tú guías mientras otros siguen, ves luz cuando sólo hay oscuridad. Confío en ti, confío en ti más que en los demás.

– Gracias padre.

– Avy, ¿sabes donde estamos?

– En la vieja cabaña a donde no podemos ir.

– Sí.

– Avy.

–  Sí, padre.

– Haz lo posible por no gritar.”



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comentarios
  1. Me ha alegrado mucho esta entrada, porque soy otro defensor de “El bosque” y también la uso en clase con idéntico fin. Es magnífica para ilustrar cómo los intentos de crear comunidades éticas aisladas del mundo están llamadas al fracaso. De hecho, es mi favorita de Shyamalan. Supongo que tras “El sexto sentido” o “Señales” muchos esperaban una cinta de terror y juzgaron “El bosque” como tal, cuando en realidad se trata de otra cosa, y ciertas convenciones de género sólo son un vehículo para contar una historia sobre hombres y mujeres que huyen del mundo y de la sociedad.

  2. Hola Pascual.

    Otra cinta que trata sobre comunidades éticas aisladas condenadas al fracaso es La Playa (2000) de Danny Boyle, con Leonardo Di Caprio de protagonista. Me gusta mucho menos que El Bosque pero es más cercana a los adolescentes.

    Un saludo.

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