La concepción y la glándula pineal

Publicado: 10 abril 2009 en Ética y moral, Ciencia y religión
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Y Dios dotó al óvulo fecundado de alma y lo llamo ser humano...

Justo ahora, y no antes, ya tenemos un ser humano en todo su esplendor. En este mismo instante (que paradójicamente puede durar más de diez horas) Dios dota de alma al ser humano. Segundos antes, cuando el espermatozide ganador aún no había llegado, todavía no había ser humano, sin embargo, cuando se mezclan los cromosomas de los gametos, en esa magnífica fusión de núcleos, ahí, en ese mismo instante y lugar y no antes ni después ni en otro lado, aparece Dios y pone el alma, lo humano y lo divino realizan su baile cósmico y Dios crea al hombre a su imagen y semejanza. Un segundo después, si desunes a esta feliz pareja, estarás cometiendo un sanguinario asesinato, equiparable a matar a tu primo de treinta años de edad.

Este tipo de razonamiento me recuerda al problemático dilema con que se encontró Descartes en su metafísica. Con su infalible método, el bueno de Descartes había descubierto que el Universo estaba compuesto por tres substancias (todos sabemos que las substancias se definen, entre otras cosas, por no depender de otra cosa diferente a ellas para existir): Yo, Dios y Mundo. El yo se identificaba como el alma (principio espiritual, inmaterial, que constituye lo que soy: mis pensamientos, sentimientos, recuerdos, etc.) mientras que el mundo era la res extensa (material, mecánica, cuantificable…). Y Descartes pensó: cuando yo decido mover mi dedo hacia arriba estoy “comunicando” dos substancias. Con mi alma (inmaterial) decido mover mi cuerpo (material)… ¿Cómo es posible que algo inmaterial pueda interactuar con algo material?

Descartes lo solucionó apelando a la famosa glándula pineal: un lugar en el cerebro en el que lo material y lo espiritual se funden cual óvulo y espermatozoide. La verdad es que aquí Descartes no fue tan metódico como en otras partes de su razonamiento. Hoy sabemos que la glándula pineal es la epífisis (no confundir con la hipófisis), encargada de algo tan mundano como es  segregar melatonina.

El caso es que la concepción es la nueva glándula pineal de los cristianos. Si la glándula era el punto de encuentro entre lo humano y lo divino, lo espiritual y lo material en el espacio, la concepción lo es en el tiempo. Parece como si fuera necesario postular una puerta que ponga en contacto ambos mundos, un lugar o un tiempo mágico, sagrado, inviolable, que ha de ser protegido por la misma ley.

Evidentemente, esto es una arbitrariedad: ¿Por qué en la concepción y no un segundo antes o un segundo después? La Iglesia contesta: porque aquí comienza un proceso, surge una continuidad de vida que seguirá hasta la muerte de la persona en su vejez. Mentira. El proceso de procreación humana comienza mucho antes… ¿O es que puede nacer un niño sin mantener relaciones sexuales? (Ah, es verdad, es que para los cristianos sí, que la Virgen era virgen. Perdón) ¿O también se puede tener un niño sin haber gestado previamente los espermatozoides o los óvulos? Además, el continuo de vida es mucho anterior, no surge en la concepción. El óvulo y los espermatozoides están vivos también. Es más, el continuo de vida se ha mantenido desde el surgimiento de la vida misma en la sopa primitiva de Oparin. La concepción no es más que una fase más (y no la primera) de un porceso biológico y los cristianos le han dado una importancia sobrenatural que no tiene, al igual que el desafortunado Descartes con su célebre glándula.

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comentarios
  1. Lo que no sabes (o tal vez sí) es que un cura ha descubierto una demostración excelente, pero el margen de este comentario es demasiado pequeño para que la demostración quepa en él. La dejó en el Otto Neurath y la reproduzco y comento en mi blog:

    http://todoloqueseaverdad.blogspot.com/2009/04/al-monte-se-va-con-botas-el-ser-y-la.html

    El problema, yo creo, viene de que el ser humano ha empezado a pensar antes de tener los instrumentos adecuados para el trabajo científico. Así que ha desarrollado una metafísica (en realidad una por cada autor) antes que una física o una biología. La mayoría de los conceptos de la metafísica están totalmente desligados de la realidad. Se establecen dicotomías, definiciones y propiedades que la realidad se ha encargado de desdecir. Esto no le importa a quien ya ha desarrollado un prejuicio ideológico, filosófico o religioso sobre el asunto.

  2. Sí, ya había leído tu post y participé durante un breve tiempo en esa conversación.

    El señor cura se defendía como gato panza arriba, ja, ja. Los argumentos que utiliza son los de siempre: el neotomismo. Llevan desde el Siglo XIII con la misma historia: iuxnaturalismo, aristotelismo, antimodernidad, antiilustración… Luego cogieron un poquito de fenomenología y un poquito de personalismo pero ni eso… neotomismo, neotomismo y neotomismo. Ahora hablan mucho de Leonardo Polo (Hegel y Husserl). La Iglesia avanza a la misma velocidad socialmente que filosóficamente.

    No obstante, yo no soy tan antimetafísico como tú o como Jesús. Sí que creo que muchos de los que se dedican a la metafísica se equivocan en seguir ciertos caminos haciendo cosas que ya no tienen sentido. Empero, creo que hay otras formas de hacer metafísica que no han muerto y que son incluso necesarias. Lo que hay que hacer es una renovación de la metafísica y a esta gente pues no le van bien las renovaciones.

    Un saludo.

  3. Alejandro dice:

    Puestos a renovarnos… ¿qué tal si dejamos ya el prejuicio de que el antiabortismo es una tesis de naturaleza religiosa?
    Y puestos a hacer experimentos mentales: ¿por qué no partes de ese “primo de treinta años de edad” y, retrocediendo hacia atrás, nos dices cuándo podemos matarlo? Sin necesidad de hacer metafísica sobre qué es y qué no es “persona”, estaría bien saber el momento en que podemos eliminar ese organismo, ya que hay que hacer una ley sobre ello.
    Por último, en ese diálogo que estableces con eso que llamas “la Iglesia” (y a la que haces decir lo que te parece), el argumento que usas es falaz, porque cambias interesadamente la expresión “proceso de desarrollo del ser humano” por “proceso de procreación humana”, que obviamente es anterior y no está aquí en juego.

  4. Hola Alejandro. ¿Alejandro Vidal o José Gil Llorca?

    1. Nadie ha dicho que el antiabortismo sea una tesis de naturaleza religiosa. Aquí sólo ataco el argumento de la concepción como crítica al aborto, tesis que no sé si habrá sido propuesta desde otros lares (supongo que se referirá a antiabortistas previos al Cristianismo como Hipócrates de Cos), pero que hasta mí ha llegado por fuentes religiosas. ¿No son curas esos que vemos en las manifestaciones por la tele? A lo mejor mis sentidos me engañan, ya me lo dijo usted (o José).

    2. Sólo, y únicamente, defiendo que el argumento de la concepción (y otros de los que aún no he hablado) no me parece válido (es más, me parece ridículo). No sé cuando mi primo que ahora tiene 30 años comenzó a ser un ser humano, únicamente pongo en duda que fuera en el momento de la concepción.

    3. Hay que legislar aquí y ahora, efectivamente. Mi postura ante eso es que una ley de plazos como la que antes había me parece razonable. No es perfecta, como cualquier ley que pone fechas (por ejemplo, eso de que a partir de los 18 ya eres adulto es arbitrario. ¿Con 17 años y 364 días eres todavía un crío y, a la mañana siguiente, eres lo suficientemente maduro para votar?). ¿Con 11 semanas y seis días no es un ser humano y con 12 ya sí? No lo sé. Pero el caso es que dadas las posturas enfrentadas y la disparidad de opiniones, me parece algo razonable. Y hablando de legislar: ¿Pondría usted la misma pena a una madre que aborta con la píldora del día después que a mí, que he decidido pegarle un tiro a mi primo de treinta años?

    4. Esa Iglesia a la que le hago decir lo que yo quiero tiene nombre: Se llama José Gil Llorca, sacerdote murciano. Utilizaste (o utilizó) el argumento de la continuidad de la vida debatiendo en el Otto Neurath, creo que con un tal Sota.

    5. Vale, cambiemos el nombre: Proceso de desarrollo de un ser humano. Bien, usted sabrá que todas las células de un ser humano tienen en su núcleo (menos los hematíes) el código genético codificado en los nucleótidos de las cadenas de ADN. Bien, la mitad de ese ADN viene del padre y la otra de la madre. Ahora mismo yo, en mis testículos estoy generando espermatozoides (en cada uno de ellos va una mitad diferente de uno de mis hijos en potencia). Mientras tanto, en los ovarios de mi novia pasa lo mismo (perdóneme Padre si mantenemos relaciones sexuales antes del matrimonio). Es decir, la mitad de lo que puede ser nuestro hijo ya está generada antes de llegar a la fecundación. Las instrucciones de cómo fabricar un ser humano ya están en mis testículos y en sus ovarios mucho antes de la divina concepción. ¿Por qué aquí no hablamos ya de ser humano? En la concepción sólo tenemos una fusión de núcleos, un entrecruzamiento genético de moléculas que ya habían sido generadas mucho. ¿Por qué no hablamos de ser humano, por ejemplo, en el anidamiento? Además sabiendo que la mayoría de los óvulos fecundados no anidan y, por lo tanto, esos “seres humanos” mueren trágicamente. Si hablamos de ser humano en el anidamiento tenemos más probabilidades de que el embarazo prosiga y no morirían tantos pobres “seres humanos”.

    6. Hasta aquí he expuesto lo que afirmo. Ahora me gustaría saber lo que afirma usted desde su doctrina para que no me diga que me invento lo que dice la Iglesia. ¿Cuándo exactamente pone Dios el alma en todo este proceso? ¿En la concepción? ¿Ese alma que ya posee la blástula con sus 64 células qué es? ¿O cuando la puso en el proceso evolutivo? ¿El homo habilis tenía alma? ¿Acaso el neanderthal? Supongo que los caminos del Señor son inescrutables y me dirá que no lo sabe. Vale, no quiero meterme en más cuestiones de ese tipo porque ya supondrá usted que mi opinión sobre sus creencias es bastante negativa y tendríamos muchos temas de los que debatir largo y tendido.

    7. Y una última y capciosa pregunta. Por escribir este Blog y defender la antigua ley del aborto… ¿voy a ir al infierno?

    Un saludo.

  5. Alejandro dice:

    A ver..

    En primer lugar, no sé con quién me confundes. Si pinchas sobre mi nombre, verás que escribo sin ningún anonimato, que soy profesor de filosofía (no cura, desde luego) y que todo lo que escribo en Internet lo firmo con mi nombre. De ahí que tampoco pueda hablar en nombre de la Iglesia, actividad por la que no tengo el menor interés.

    Como ya imaginaba, te niegas a decirme en qué momento dejamos de considerar al primo de 30 años una persona y lo sumergimos en la indiferencia moral de los “nucleótidos”. A mí me parece una cuestión lo suficientemente importante para que la aclaren quienes están tan convencidos de que la vida humana no empieza con la concepción, como tú defiendes, y desde luego me parece un chiste de mal gusto que compares el derecho a vivir con la mayoría de edad legal.

    En lugar de entrar en este debate, mezclas mis afirmaciones con todos los tópicos posibles en este asunto y me encasillas en el recuadro que has ideado para colocar allí a gente como yo (aunque mi postura es muy matizada, a-religiosa, y -creo- moderada), sin atender a LO QUE estoy diciendo, y poderme reprochar lo que supones que yo defiendo (¡alma, Señor, e infierno incluído!). Y por si todo esto fuera poco, pretendes escandalizar a no sé quién hablándonos de tus relaciones extramatrimoniales. Por favor… Me parece impropio de un filósofo.

  6. Perdón, siento haberle confundido. Como hablé de la renovación de la Iglesia y usted comenzó su post con un “puestos a renovarnos…” pensé que usted era un cura con el que he debatido alguna vez.

    Y perdón por contarle chistes de mal gusto, hacer cosas impropias de un filósofo (ya me explicará usted qué es lo propio y lo impropio de un filósofo. Llevo años dedicándome a esto y no lo tengo muy claro) y por no ser lo suficientemente subversivo para escandalizarlo.

    Me cuesta un poco responder a su post debido a que leyéndolo un par de veces no encuentro apenas nada que refutar o confirmar. Valoraciones, afirmaciones difusas… un poquito de ad hominem. En fin, lo propio de un metafísico de los de toda la vida. Veamos:

    “Como ya imaginaba, te niegas a…”: una presunción muy fácil. Seguramente muy pocos intelectuales en el mundo se atreven a datar el momento en el que ya podemos hablar de un ser humano, o si el problema hay que tratarlo desde este enfoque (menos sus amigos cristianos entre los cuales a usted no incluyo ya que es a-religioso y moderado).

    “A mí me parece una cuestión lo suficientemente importante….”: una valoración. Es complejo refutar juicios de valor.

    “Me parece un chiste de mal gusto….”: Nueva valoración, y una clara falacia ad hominem. No se expone la crítica al argumento, sólo se lo descalifica sin más. Además, en su Blog tiene un post titulado No nato en el que usted afirma literalmente:

    “Pero sin ese argumento, estamos necesariamente en el ámbito de lo arbitrario: tres o cinco meses, cinco meses u ocho. ¿Cómo decidir?”

    Vaya, me parece que lo que usted dice es exactamente lo mismo que yo estoy afirmando. Parece que a los dos nos gusta hacer chistes de mal gusto.

    “Mezclas mis afirmaciones con todos los tópicos posibles en este asunto…”: Afirmación intencionadamente difusa: dígame en qué punto mezclo sus afirmaciones y, por favor, dígame cuáles son los tópicos posibles en este asunto, más, si los he tocado todos.

    “me encasillas en el recuadro que has ideado para colocar a gente como yo…”: en esto le doy la razón. Pensaba que hablaba con un cura con el que ya he hablado y como tal lo trate. No volverá a ocurrir. Por supuesto espero que usted tendrá la cortesía de no encasillarme en alguien que se ha inventado un recuadro para colocar allí a gente como usted. Al no hacerlo, evidentemente, no comete un prejuicio. Sólo lo cometo yo.

    “Sin atender a LO QUE estoy diciendo”: creo que fui bastante cuidadoso en, punto por punto, responder a sus afirmaciones. Volviendo a leer su post no veo asunto que no tratara. Por favor, si descuidé algún punto clave de su sutil argumentación hágamelo saber.

    “Por favor… Me parece impropio de un filósofo”: un ad hominem sin más misterio.

    Sin desgraciadamente poder decir mucho más, si no me da material de argumentación, no podré tener el placer de discutir con usted.

    Un saludo.

  7. Alejandro dice:

    Hola, Santiago:

    Para que no me tache de falaz por utilizar expresiones como “chiste de mal gusto” o “impropio de un filósofo”, seré más preciso y responderé punto por punto:

    La “mayoría de edad” no es una propiedad ni física ni moral de la persona, sino una condición jurídica para ejercer ciertos derechos civiles (derecho al voto, responsabilidad penal, etc.). Por eso fijarla es una decisión relativamente arbitraria, que hay que tomar en atención a determinadas circunstancias (sociales, psicológicas, etc.). Ser un individuo de la especie “homo sapiens” es, por el contrario, algo bastante preciso: si te has formado en el útero de una hembra de dicha especie, es bastante probable que tú también lo seas. La cuestión ahora es decidir en qué momento de su desarrollo, un individuo de esa especie carece del derecho a la vida que les reconocemos, de modo incondicional, a otros individuos de esa misma especie en un momento posterior de su desarrollo, y por qué. Mientras no haya una respuesta satisfactoria, lo más razonable me parece a mí una ley de supuestos, que no convierte el aborto en un derecho, que no niega lo que es (eliminación de una vida humana), sino que simplemente lo despenaliza en atención a determinadas circunstancias (circunstancias dolorosas y complejas que no pueden ser ignoradas).

    2. Usted no quiere tratar este asunto desde el enfoque que yo le planteo, no porque el problema no debamos tratarlo “desde ese enfoque”, o porque yo sea un “metafísico de toda la vida” como “mis amigos cristianos”, sino porque “ese enfoque” pone al abortismo en un callejón sin salida, en el que se abren todas las puertas de la arbitrariedad y la relativización de los derechos humanos. Y creo haber explicado por qué: dado que todos le reconocemos el derecho a la vida a un señor de treinta años, debemos tener un criterio racional para poder decir “en este momento todavía no tiene ese derecho”. Y si ese criterio es arbitrario (como parece deducirse de su comparación con la mayoría de edad), entonces no puedo tachar a los demás de “fundamentalistas” por tener “otro” criterio. Y de ahí las preguntas de mi blog: ¿cómo decidir? ¿por qué tres meses y no cinco u ocho? Supongo que sabrá que hay abortistas que defienden el “derecho a decidir” hasta el momento del parto. Y supongo que sabrá que, a lo largo de la historia, se ha practicado el “aborto postpartum”. ¿Por qué no? Perdone que insista: si se trata de una cuestión arbitraria, ¿en atención a qué argumento critica usted a quienes proponen la concepción como el inicio de la vida? ¿no tienen el mismo derecho que usted a proponer arbitrariedades? O ¿en atención a qué argumento critica –si lo hace– a quien defiende el aborto 1 minuto antes del nacimiento?

    3. Y por último, me pregunta usted con qué tópicos ha mezclado mis afirmaciones. Ya se lo he dicho, con tópicos de la índole siguiente: cuándo pone Dios el alma, si el homo habilis la tenía, si va a ir usted al infierno, o si los caminos del Señor son inescrutables. En fin, ese tipo de cosas que usted ha supuesto en mí y que, ya que le molesta que le diga que me encasilla, tendré que suponer que se deben a un ejercicio fallido de telepatía.

  8. Hola Alejandro.

    Bien, alguna razón ya veo.

    1. Estoy de acuerdo, con algunas matizaciones, con lo que usted afirma en su primer párrafo largo.

    2. Pues va a ser que no.

    Primer argumento:
    La arbitrariedad no va en términos absolutos. Lo explicaré con lógica borrosa. Un óvulo fecundado o una mórula con 70 horas de vida y 16 divisiones celulares no es un ser humano (a pesar de que en un futuro vaya a serlo, no tiene ninguna de las características que, propiamente, se le atribuyen a un ser humano. Lo siento pero el ser en potencia no me vale). Sin embargo, conforme avanza el embarazo, ese organismo va ganando propiedades que lo van convirtiendo poco a poco en un ser humano. Por ejemplo, un ser humano pleno de 30 años tiene sistema nervioso, pues cuando el embrión lo tenga, ya es más humano que si no lo tuviera. Así, utilizando lógica borrosa podremos decir que tenemos un ser humano al 30, 40, 50% (Dios mío, ¡¡¡está hablando a percentiles de lo humano!!! ¡¡¡qué desfachatez!!!). Si operamos bajo el supuesto de que cuando la humanidad supere el 50% estamos suficientemente ante lo humano como para penar legalmente su eliminación, nos encontraremos con dos conjuntos con una intersección borrosa difícil de legislar (¿doce semanas? ¿catorce?). Así, la arbitrariedad se da en ese conjunto intersección, no en todo lo largo del embarazo (Igual que la mayoría de edad. Nadie diría que un niño de seis meses es adulto ni que un anciano de 74 años es menor de edad). Dicho de otro modo: un óvulo fecundado no es un ser humano al 100% por mucho que vaya a serlo, por lo que eliminarlo no ha de ser delito de ningún tipo, y un bebé recién nacido sí lo es por lo que eliminarlo sí ha de ser delito. Entonces, sus amigos cristianos cometen un error al situar la aparición del ser humano en la fecundación ya que en ese momento no estamos ni siquiera en el conjunto intersección. Que quiere que le diga, me resisto mucho a pensar que una chica que se toma una píldora del día después esté cometiendo un crimen.

    Segundo argumento:
    Ni yo ni nadie tiene claro cuándo estamos hablando de un ser humano sujeto a derechos. Nadie menos la Iglesia. Si embargo, ya que hay que legislar, hay que poner una fecha, y el Estado propone una. Esa fecha, como la de mayoría de edad, es algo arbitraria. Pero una cosa es la ley, que tiene que haber una sea buena o no, y otra cosa es lo que se argumente. La Iglesia afirma, taxativamente, corríjame si me equivoco usted que sabe de tópicos, que el ser humano aparece con la fecundación y que, por lo tanto, el sujeto de derechos humanos. ¿¿¿Cómo sabe eso??? De eso iba mi post y esa es mi gran pregunta. Defender o no el aborto o poner fechas ha venido de modo colateral.

    3. Es gracioso esto de los tópicos. A día de hoy, en todas las parroquias (y digo en todas) se repiten una y otra vez esos tópicos que, según usted, hacen impropio al filósofo que los toca. A día de hoy, sus amigos cristianos, siguen hablando del infierno, siguen hablando de las virtudes de la virginidad en los cursos prematrimoniales, y en fin, siguen hablando de la existencia de un principio espiritual llamado alma que tiene todo ser humano (y por lo tanto una mórula y quiero que me expliquen si un habilis)… No sé, si me equivoco, y realmente, a día de hoy, no se dicen estas cosas, corríjame por favor se lo pido, y entonces, gustosamente, no las criticaré y me sentiré mejor por vivir en un mundo en donde nos hemos liberado de grandes mentiras.

    Un saludo.

  9. Alejandro dice:

    Hola, Santiago:

    Su primer argumento sólo me da la razón, aunque todo es sumamente “borroso”, efectivamente. A su concepción “porcentual” de lo humano no se la puede acusar de “metafísica”, desde luego, aunque se parece a la metafísica en que es bastante divertida. Lástima que el derecho a la vida no pueda aplicarse porcentualmente también, en cuyo caso a un embrión 17% humano le correspondería un 17% de derecho a vivir.

    No dudo que su propuesta sea seria, pero me parece que cae en una nueva falacia. Ésta consiste en identificar, a priori, “humano” con “adulto”, y a partir de ahí resulta muy fácil señalar que al embrión le falta “tanto por ciento” de humanidad, cuando en realidad lo que le faltan son las características de un adulto. Se lo explicaré con un ejemplo: un bebé no es menos “humano” por no ver, no hablar, no tener dientes, no andar, ni controlar los esfínteres (características humanas todas ellas). Creo que debemos ser más nominalistas en este tema: un renacuajo no es una rana, sin duda, siempre que no olvidemos que “renacuajo” y “rana” son el mismo ser en un proceso de transformación para el que esos conceptos necesariamente son meras herramientas lingüísticas, y no hacen referencia a dos seres realmente distintos.

    Usted afirma: “Si operamos bajo el supuesto de que cuando la humanidad supere el 50% estamos suficientemente ante lo humano, etc.”. Volveré a lanzar la pregunta: ¿con qué derecho operaríamos bajo ese supuesto? ¿por qué no otro supuesto? ¿por qué el suyo es “razonable” y los otros “fanáticos” e “irracionales”? ¿por qué el 50 % y no el 40 o el 60? Para la mayoría de edad es fácil aplicar la “lógica difusa”: al fin y al cabo, se trata de ver aproximadamente en qué margen de edad una persona empieza a tener responsabilidad, sentido común, criterio, etc. Son características psicológicas más o menos objetivas. Pero para el derecho a la vida, ¿cuál es el criterio? ¿el corazón? ¿el sistema nervioso? ¿por qué? ¿por qué no cualquier otra cosa, cualquier otro rasgo? Su planteamiento presenta como un hecho racional lo que no es más que un supuesto injustificado basado en una consideración arbitraria.

    En cuanto a lo demás: perdóneme si le estropeo el juego de andar peleando con la Iglesia, que siempre es divertido. Le repetiré que, cualesquiera que sean mis creencias o increencias, usted no tiene derecho a suponerlas en mí en el marco de una discusión estrictamente ética. Y lo que yo le digo es que la tesis según la cual la vida humana comienza en la concepción no es una tesis religiosa (que es de lo que iba su post), sino que se basa en la consideración que yo le he propuesto en términos estrictamente filosóficos (imposibilidad de encontrar “saltos” en el desarrollo progresivo del nuevo organismo), que me parece más racional que la que usted propone (porcentajes de humanidad aumentando para reclamar el derecho a la vida), y que es más racional porque escoge para datar el origen de la vida humana un momento antes del cual el material genético no se encuentra plenamente presente en un solo organismo que ha comenzado un proceso unitario que acabará dando lugar, si nada se lo impide, a una persona adulta.

  10. Alejandro:

    Un cigoto no es un alguien a quien se pueda matar (es un algo, una célula a la que se puede matar) sino un plan de acción que está en el ADN, una máquina para leer este plan (ARN y ribosomas) y para llevarlo a cabo (toda la química celular), pero no el material para desarrollar el plan (lo pondrá la madre). Puedes llamar individuo o ser humano al cigoto, pero eso no lo hará más igual a las personas que son sujetos de derechos humanos. El proceso de no ser alguien consciente o pensante a serlo es gradual. Este proceso comienza en el albor de los tiempos, pero sin ir tan lejos podemos comenzar cuando una pareja se hacen novios, tienen relaciones sexuales un determinado día, se juntan un espermatozoide y el óvulo, se produce un cigoto, se divide en varios o sigue siendo único, se produce un embrión, el embrión anida en el útero, se desarrolla un cerebro, se diferencian células en neuronas, se producen sinapsis, se producen más sinapsis, se producen un montón más de sinapsis, se producen una increíble cantidad de sinapsis,… y al cabo de un par de años el niño empieza a decir mamá. Al principio no hay nada pensante (desde luego no antes de las primeras sinapsis), luego pasamos de la complejidad de un mosquito a la de una persona sin saber exactamente en qué momento estamos dónde. Una prudencia exageradísima nos lleva, como mucho, al momento de las primeras sinapsis, no a la formación del cigoto. Actitudes más sensatas no llegarían tan lejos. Antes de eso, hablar de matar a una potencialidad tiene tanto sentido como hablar de matar a un gemelo idéntico que no se llegó a desarrollar.

  11. Alejandro dice:

    José Luis: no veo que aporta salvo nuevamente la afirmación dogmática de lo que a ustedes les parecen hechos, pero que en realidad se basan en supuestos injustificados: “un cigoto no es un alguien (…) sino un plan de acción”, etc. Me parece, por lo demás, impresentable que pretenda hacerme creer que el desarrollo embrionario y el comienzo de una relación de pareja forman parte del mismo proceso. Forman parte de la misma “historia”, sin duda, pero las relaciones sexuales de los novios no constituyen un organismo y el cigoto sí. Presenta usted tesis que nadie discute (“el material lo pondrá la madre”: claro, y en el bebé también, o “el proceso de no ser alguien consciente a serlo es gradual” ¡no me diga! ¡y yo que pensaba que era Dios que nos toca con su varita mágica!) Les he planteado una argumentación, que ni usted ni Santiago entran a rebatir. Bien. No insistiré más.

  12. Sí que entraré a debatir, no he tenido tiempo. Esta noche respondo sin falta.

  13. friedrich dice:

    Si por concepción entendemos la fecundación de un óvulo por parte de un espermatozoide, implica el surgimiento de un código genético único e irrepetible. Ese código genético que te ha configurado, que ha delimitado tu condición fisica y mental. Ese código genetico es condición necesaria para la gestación de un ser humano. Por supuesto, no es condición suficiente.

    Si deliberadamente impides la gestación (que no es lo mismo que impedir la concepción) creo que es éticamente reprochable. Al existir condición suficiente para vivir, estás privando del derecho a la vida. No creo que tenga nada que ver con ninguna religión.

    Otra cosa es que la Iglesia Católica sea de las pocas instituciones que no cambian de opinión a modo de veleta.

    Saludos.

  14. Alejandro:

    Efectivamente, a mí también me parece una lástima que el derecho a la vida no pueda establecerse porcentualmente. De aquí que toda ley tenga un punto de arbitrariedad. Ya he dicho que la ley del aborto previa a la que se va a aprobar me parecía únicamente razonable, no perfecta.

    No identifico arbitrariamente edad adulta con humanidad. Creo que nuestra ética se basa en la capacidad de reconocimiento de lo humano (lo que se parece a un homo sapiens adulto). El bien y el mal no existen sustancialmente, son sólo reacciones psicológicas ante determinadas actuaciones. Nos parece terrible matar a mi primo de 30 años porque en él reconocemos plenamente lo humano, nos da pena matar a un ratoncito porque se parece un poquito a nosotros y no nos produce nada matar un insecto. Como creo que las normas morales y también las leyes (algunas) han de fundarse en función de este emotivismo moral, por eso eliminar a algo que no se parece en nada a un humano (0%, un óvulo fecundado) no debe tratarse como delito. Un bebé tendría un alto porcentaje de humanidad pero menos que un adulto pleno, sí.

    Con esto solucionamos el famoso dilema ético de si usted ha de elegir entre salvar a una mujer de treinta años o a un frasco con un millón de embriones congelados… ¿a quién salvaría? A la mujer sin la menor duda, se parece mucho a lo humano.

    El supuesto de poner el 50% como límite no es tampoco absolutamente arbitrario (aunque parezca muy artificioso es pura lógica). Cuando hablamos de 51% de humano y de 49% no humano es cuando estamos ante algo que es más humano que no humano. Si aceptáramos como humano a algo que tuviera un 2% de humano, aceptaríamos como humano a cualquier cosa, un ratón por ejemplo. De todos modos eso es lo de menos. Para rebatir el argumento de la concepción, que es de los que se trata, es que tenemos un óvulo fecundado, algo muy, muy poco humano.

    Y vuelvo a insistir en que en la concepción no comienza nada con una entidad diferente tal que podamos decir que, a partir de aquí hay algo muy diferente a antes. Es una fase más de un proceso como cualquier otra. Además, cuando se divide en más sub-fases. ¿Cuándo hablamos de ser humano? ¿Cuando el espermatozoide ha atravesado el citoplasma del óvulo? ¿Cuándo comienza el entrecruzamiento? ¿Cuándo termina? ¿En la primera división celular?

    Afirmar que la fecundación es el principio de algo porque es el momento en el que el material genético se encuentra en un único organismo no es decir nada. En primer lugar porque tener el código genético entero en una célula no es privilegio del óvulo fecundado sino de todas las células de mi cuerpo (sacarte sangre sería entonces un genocidio). Y en segundo lugar porque no podemos decir ni si quiera que a partir de aquí se garantiza la unicidad del individuo. Hasta 14 días después de la fecundación pueden darse casos de que el óvulo se divida dando lugar a mellizos o trillizos. Incluso puede ocurrir lo contrario, que unos mellizos se fusionen y vuelvan a ser uno en lo que se llama quimera tetragamética. ¿No decía usted que este proceso unitario acabaría dando lugar, si nada se lo impide, a una persona adulta? Pues puede dar lugar a dos o a tres. Situar el momento de la antropofanía en la difusa fecundación hace que no respetemos la individualidad de lo humano. Ni la individualidad, ni si quiera el ser único e irrepetible, rasgos propios de lo humano. Si aborto con seis días de embarazo… ¿a cuántos seres humanos he matado?

    Friedrich:

    ¿Al matar a un organismo con código genético estás privando del derecho a la vida a quién?

    Estoy de acuerdo contigo: la Iglesia Católica es de las pocas instituciones que no cambian de opinión como una veleta. La metáfora de su cambio de opinión sería más bien la de un monolito de dura piedra.

  15. Alejandro dice:

    Por fin aparece lo que había detrás de todo esto: el emotivismo. Aunque sería intenso y largo discutirlo a fondo, el emotivismo moral fue suficientemente refutado por Kant y por la historia. Lo refuta la necesidad de establecer por medio de la razón aquello que puede ser reconocido como bueno con independencia de los afectos (volubles e incontrolables) de los sujetos morales. Y lo refutan (incluso a un nivel meramente pragmático) todos los seres humanos muertos a lo largo de los siglos a manos de quienes no “sentían pena” por ellos ni les reconocían “humanidad”. Yo no puedo aceptar que las razones por las que reconocemos el derecho a la vida se reduzcan a la “pena” que nos dan hombres, ratones e insectos. Y en todo caso, si de emociones se trata, no veo por qué la “pena” que siente usted por su primo de 30 años es mayor, más “racional” y más “lógica” que la que siento yo al ver el montón de miembros seccionados en que termina generalmente un aborto.

    A usted le parece que “un bebé tendría un alto porcentaje de humanidad pero menos que un adulto pleno”. Yo pienso, por el contrario, que la indefensión y debilidad de un bebé lo convierten en objeto de suma atención, respeto y protección por parte de la comunidad humana a la que pertenece. Y le aseguro –ya que le gusta teorizar en frío sobre dilemas morales– que si tuviera que elegir entre salvar la vida de un hombre de 30 años o la de un bebé, elegiría salvar la de este último sin la más mínima duda.

    Y siguiendo con situaciones imaginarias para apreciar de cerca la naturaleza de su emotivismo moral: supongamos un observador neutral (un alienígena, por ejemplo) que no sabe nada de nuestra especie. Contempla un bebé humano (perdón: 80% humano, ¿o 90?), un hombre anciano y un orangután. El niño, diminuto, carente de pelo, yace callado. El hombre y el orangután, peludos, emiten sonidos, andan de un lado a otro, etc. Si a ese observador neutral se le diesen las premisas de su emotivismo tal y como las ha expuesto usted aquí, ¿no cree que concluiría que el peludo hombre anciano pertenece a la misma especie que el orangután o que, en todo caso, se le parece lo suficiente como para provocar los afectos que lo hacen a uno merecedor del derecho a la vida en un grado superior al bebé? ¿Le parece a usted que esto es serio?

    Lo demás se lo resumo, porque esto empieza a extenderse demasiado para una entrada de blog: que la elección del 50% de humanidad (por cierto, ¿cómo se mide eso?) le parezca a usted de “pura lógica”, da una idea del tipo de lógica que usa usted, esto es, “personal e intransferible”; y por último, no creo que sea importante si el desarrollo del cigoto concluye en gemelos o cuatrillizos, se trata de vida humana, en singular o plural. Usted sabe perfectamente que la concepción da lugar a un proceso de naturaleza completamente singular, que no puede compararse a ninguno de los rocambolescos casos que nos propone, y que el desarrollo natural (sí, natural, es decir: no afectado por ningún artificio) y unitario (es decir, sin saltos) es un ser humano adulto (o los que sean). Cosa que no ocurre con sus espermatozoides ni mucho menos con el afecto de una pareja paseando en el parque. Usted se niega a ver, y eso es una realidad científica por mucho que le duela, que un cigoto 2% humano es infinitamente más “humano” que un ratón, por la sencilla razón de que ya contiene todo el material genético necesario para desarrollar en sí mismo todo aquello que lo convertirá un día en un adulto.

  16. friedrich dice:

    Puede ser que nuestra ética se base en el reconocimiento de lo humano, muy interesante tu razonamiento. Es por eso que en el caso que nos ocupa la detección de una minusvalía permite la interrupción del embarazo.

    Pero yendo un poco más allá, ¿en qué plazo debería un aborto ser ético? Creo que eres muy hábil evadiendo la situación de tu primo de 30 años. Si a mí me lo preguntarán me plantearía a partir de qué momento mi primo era viable como ser humano.

    Volviendo al tema de la Iglesia, rechazan el aborto con independencia de plazos porque, en su opinión, desde el momento de la concepción hay vida, y por supuesto el hombre no tiene la potestad para decidir sobre la vida de ningún ser humano.

    En cambio yo creo que el debate sobre el aborto va mucho más allá de lo que pueda pensar la Iglesia, tanto su jerarquía como sus bases, que no suele coincidir por cierto.

    Si me rebates lo de la concepción con que el óvulo fecundado te parece poco humano, me quedo sin argumentos. Si añades que a partir de un óvulo fecundado pueden surgir uno o varios fetos, tampoco te lo puedo negar. Sin embargo puesto que la concepción es el momento en el que se crea el código genético único e irrepetible no me parece ético que alguien decida sobre si esa vida ha de seguir o no.

    Por otra parte no compares el hecho de que el material genético se encuentre en una célula de tu sangre a si se encuentra en el cigoto primigenio. Sobre todo porque de ese cigoto surgirá un ser humano como tú y como yo. Y si se aborta NUNCA podrá existir ese ser humano

    De todas formas creo que no todo el mundo puede interiorizar la importancia del cigoto de cara a un futuro ser humano.

    Un saludo.

    PD: Muy interesante tu blog.

  17. Que yo sepa Kant intentó, pero no pudo hacer lo que pretendía porque, que yo sepa, Kant no nos ha dejado un código moral basado en la razón que cualquier ser racional acepte al leerlo con cuidado.

    En cualquier caso, no creo que el problema del aborto dependa de esto. El problema es si un cigoto es ya una persona, y no lo es. Eliminando el cigoto no se elimina a ningún ser con un mínimo de consciencia. No hay víctima, no hay daño. Esta situación se mantiene mientras no haya neuronas que formen un mínimo sistema nervioso.

    El código genético único e irrepetible no es ni necesario ni suficiente para nada. Uno que sea repetible daría lugar a un ser humano tan respetable como el irrepetible. El código es sólo un plano para hacer un cuerpo y, en él, un sistema nervioso. No hay una consciencia en un limbo esperando el cuerpo en que entrar. Surge o no surge si hay un desarrollo. Si no surge porque este desarrollo se interrumpe antes de que exista estamos en la misma situación que todas las que no surgen porque no se dan las casi infinitas combinaciones de códigos genéticos posibles, solo unas pocas.

  18. Alejandro:

    Vaya por Dios, tampoco le gusta el emotivismo moral. Como usted comprenderá la afirmación de que Kant ¡¡¡y la historia!!! lo refutaron es algo bastante opinable (¿la historia puede refutar algo? Ah, un metafísico, lo olvidaba).La crítica que usted realiza es a un emotivismo bufo y tontorrón, fabricado por usted a su medida. Los afectos no son algo tan voluble ni caprichoso ni se reducen al sentimiento de “pena” ante lo que se parece a nosotros (hay muchos más sentimientos). Los sentimientos morales son bastante más complejos y el aparato psíquico que los produce también, pero como comprenderá no voy a exponer aquí una descripción pormenorizada del emotivismo (porque sería un post bastante largo). Supongo que usted conocerá un poco de lo que va el emotivismo (por eso de que es profesor) y sabrá honestamente que no es algo tan sencillo. El problema de no buscar lo bueno dentro de la psicología humana es que hay que buscarlo fuera… y fuera uno tiene que inventárselo.

    Cuando comenta el “montón de miembros seccionados en el que normalmente termina un aborto” está siendo demagógico. La ley actual prohíbe el aborto posterior a las doce semanas. Un embrión de once semanas no ha llegado a la organogénesis y apenas tiene despegadas las extremidades, pesa unos cinco gramos y mide unos cinco centímetros. Las imágenes que las campañas eclesiásticas en las que se ven carnicerías son de fetos de mucho más de doce semanas, es decir, de abortos penados por la ley. Jamás he defendido eso.

    Yo no tengo muy claro si salvaría al bebé o a mi primo (más cuando es mi primo, ja, ja). La indefensión y debilidad del bebé provocan SENTIMIENTOS en nosotros que podrían volcar la balanza a su favor. Como ve, el emotivismo es más complejo y no se reduce a sólo al sentimiento de reconocer la humanidad.

    Respecto al ejemplo del orangután… aquí sí que usted me ha dejado frío… ¡¡¡y después pide seriedad!!! Primero: si el marciano no es subnormal, después de un análisis algo más exhaustivo descubrirá que el bebé y el hombre son de la misma especie (esto sólo muestra que su situación imaginaria podría estar algo más currada). Segundo: el marciano sólo sentiría afecto (si sigue los patrones humanos) al reconocer “la marcianidad”, por lo que el hombre, el orangután y el bebé le merecerían la misma estima. Y tercero (y con esto voy al grano): si el marciano sintiera más estima por el orangután que el bebé se debe a un error en el reconocimiento de lo humano. Esto no hace que matar a un orangután sea más grave que matar a un bebé, sólo se debe a que nos hemos equivocado al reconocerlo. Si, por ejemplo, me ofrecen un robot con una apariencia idéntica a un bebé, a mi me parecería grave matarlo pero no porque piense que los robots son más valiosos, sino porque me han engañado.

    En referencia a mi lógica personal e intransferible, da la impresión que no ha entendido mi argumento (no diferencia la dificultad de porcentualizar lo humano con el supuesto del 50%), pero no voy a explicarlo de nuevo. Simplemente dejaré de hablar de percentiles ya que, según parece, eso sí le escandaliza, no como mis relaciones prematrimoniales.

    Con respecto a lo que usted dice de que no es importante si se trata de uno, dos o tres embriones ya que se trata de vida humana en singular o en plural… a mí si me parece… Si es un delito (¿No estábamos hablando que de lo que se trata es de legislar?) no es lo mismo matar a una, dos o tres personas…

    Además, esto parece contradecirse con lo de que el desarrollo embrionario es un proceso completamente singular… ¿pero no decimos que es posible la vida humana en plural? Ah, es que según usted tener gemelos es un caso absolutamente rocambolesco propio de mi lógica personal e intransferible.

    Con lo de la evidencia científica: si usted identifica lo humano con el código genético, efectivamente, un embrión es infinitamente más humano que un ratón, el problema es que un leucocito, una plaqueta y una neurona también lo son y matarlos no nos parece delito.

    Friedrich:

    Gracias por lo del Blog. Ahora mismo le respondo.

  19. Friedrich:

    ¿En qué plazo debería se ético el aborto? Ya he expuesto que es difícil de decidir con exactitud debido a la borrosidad del concepto humanidad. A mí me parece que a las doce semanas (aunque yo lo situaría quizá antes, sobre las diez) es algo razonable. Todavía hablaríamos de embrión y no de feto (y no es una cuestión solamente de nombres sino de desarrollo). No obstante, reconozco que esto es bastante discutible.

    Con respecto a la Iglesia tienes razón, este debate va mucho más allá de lo que diga su jerarquía. Cualquiera puede estar a favor o en contra con independencia de sus creencias religiosas.

    El argumento que utilizas, hablar de que en la concepción se genera un código genético único e irrepetible tiene el problema que bien ha expresado José Luis: dos gemelos idénticos tienen el mismo ADN y no por no ser únicos e irrepetibles podemos matarlos.

    Dices: si se interrumpe ese embarazo, ese ser único nunca habría nacido. Sí, pero es que cada vez que yo decido no tener relaciones sexuales con la intención de tener hijos, estoy causando que seres únicos e irrepetibles no nazcan.

    Un saludo y, de nuevo, gracias por el Blog.

  20. friedrich dice:

    Nada mas lejos de mi intención está promover la procreación.
    Mi insistencia en los términos único e irrepetible resultaron para mí un argumento por el cual hizo replantearme mi anterior postura proabortista (en los términos que fija la actual ley del 85).
    En cualquier caso, más alla de las posturas éticas que cada uno pueda tener, creo que se deben respetar las distintas sensibilidades a la hora de legislar, y donde la anterior ley (salvo ciertos vacíos) si que encontraba un cierto equilibrio.

    Por otra parte el hecho de abrir ahora el debate sobre el aborto no se corresponde con una demanda social, sino como un intento de desviar la atención. Pero eso es ya otra historia.

    Saludos

  21. Alejandro dice:

    Santiago:

    Para que no me tenga por alguien tan tonto como el marciano “subnormal”, le confesaré que, efectivamente, conozco un poco el emotivismo, y a Kant lo suficientemente como para haberle dedicado una tercera parte de mi tesis doctoral. Y sí, ha refutado el emotivismo, pero no vamos a entrar ahí. En todo caso, yo he criticado el emotivismo tal y como usted lo ha presentado (mi comentario dice: “las premisas de su emotivismo tal y como las ha expuesto usted aquí”), basado en la “pena” que provoca “lo que parece humano”, porque no me voy a poner ahora a discutir con Hume. Cuando hablé de la historia, me cuidé de añadir entre paréntesis “incluso a un nivel meramente pragmático”. Cuando la historia muestra que determinadas ideologías han tenido consecuencias devastadoras en todo aquello que consideramos valioso, “refuta” esa teoría a un nivel pragmático, sí, como algo que no deberíamos repetir si queremos evitar las consecuencias conocidas.

    Si yo puedo decir -a priori, fuera de la situación real- que salvaría al bebé y no al hombre adulto, puedo decirlo en virtud de una consideración racional (porque los sentimientos que tendré en ese momento los desconozco, como usted reconoce), según la cual un niño indefenso, que apenas ha tenido ocasión de vivir, requiere más ayuda que uno adulto y es más merecedor de mi auxilio (no porque tenga “más” o “menos” derecho a la vida, que lo tiene igual). Por otra parte, ateniéndome a su argumentación: ¿por qué habría de darme “más pena” si parece “menos humano” que el adulto? ¿no habíamos quedado en que el bebé era, según sus propias palabras, “menos humano que un adulto”?

    Usted sigue empeñado en llamarme “metafísico”, aun cuando es usted el que afirma, en otra entrada, que no está en contra de la metafísica, sino que propugna una nueva. No sé si servirá de algo decirlo de nuevo, porque a usted le encanta usar ese término como insulto, pero mi postura es absolutamente ajena a cualquier consideración esencialista. Lo que afirmo es que el cigoto y el ser humano constituyen el desarrollo de una misma “cosa”, como el renacuajo y la rana, que no son dos entidades distintas, sino un mismo organismo en proceso de desarrollo. Y dado que a esa “cosa” en un estado avanzado de desarrollo le reconocemos “humanidad” (por las razones que sean, da igual), es inconsistente negársela en un estado anterior. Y que, por tanto, situar el principio de la humanidad en la concepción es una postura absolutamente legítima, y más razonable que su hegelianismo porcentual, en el que la humanidad se va manifestando en etapas.

    Mi ejemplo del “marciano” pretendía ser una caricatura, nada más, en una discusión que se pone demasiado seria (quizá innecesariamente, dado que parece que ambos estamos relativamente de acuerdo en el asunto de la ley). Trataba de explicar (veo que inútilmente, porque usted se aferra al aspecto ridículo del ejemplo) que hacer depender el derecho a la vida de la “semejanza con el hombre adulto” conllevaría todo tipo de paradojas. Como la que usted mismo presenta, según la cual si el observador objetivo “sintiera más estima por el orangután que el bebé se debe a un error en el reconocimiento de lo humano”. ¿Cómo? ¿Pero no era el sentimiento justamente el criterio? ¿Ahora es necesario, además, el “reconocimiento de lo humano”? ¿Y cómo se hace eso al margen del sentimiento? ¿Reconociendo la “naturaleza humana” para después tener derecho a sentimientos no erróneos? Fíjese: se acerca usted solo a la metafísica…

    ¿Me llama a mí demagógico? ¿Y lo dice después de comparar un bote de embriones con un hombre de 30 años? Y además, ¿qué me cuenta otra vez de la Iglesia? Me parece obsesivo. Pero bueno, para no quedarme en el tu quoque, le respondo: en la actual ley, se puede abortar hasta la semana 22 si hay riesgo de taras en el feto, y sin límite de tiempo cuando existe riesgo para la salud de la madre. Como usted sabe, éste último es el supuesto al que se acogen la mayoría de los abortos practicados en España, en concreto el riesgo psicológico. Puede consultar usted cualquier página de información proabortista y verá los plazos y métodos que se plantean. No hace falta ver las fotos de “las campañas eclesiásticas”. Así que no es ni ilegal ni extraño que un aborto acabe en un montón de miembros seccionados. Y, ya que quiere usted situarse en un horizonte emotivista, no es nada ilegítimo que a mí me de pena porque reconozca a un ser humano muerto.

  22. Alejandro:

    Comenzamos bien, con un ad autoritas o ad verecundiam. El hecho que usted haya dedicado un cuarto, un tercio o su tesis doctoral entera a Kant no implica que lo que usted afirme sobre él sea correcto. Argumentar así es propio de la escolástica medieval. Con la historia… ¿Está sugiriendo que el nazismo actuó guiado por el emotismo moral? Yo, si tuviera que decir algo, hablaría más bien de voluntarismo pero, en cualquier caso, esto es una interpretación histórica, esta vez, bastante opinable y no creo que debamos meternos en eso.

    Con respecto al bebé y el adulto, no tengo ningún problema en no poder decidir a priori a quién salvaría. No veo a dónde quiere llegar. Efectivamente, tendré que tener un sentimiento para saber que algo está bien o mal y antes de tenerlo no puedo juzgar. Sin embargo, en el caso del bebé no hay problema, yo ya he tenido sentimientos de ternura antes, por lo que puedo decidir si está bien o mal eliminar al bebé. Y, como ya le he dicho antes, la única norma moral que surge del emotivismo no es “no dañes a lo que se parezca a ti” ya que no sólo tenemos sentimientos ante reconocer lo humano. La ternura ante la contemplación de la indefensión o la fragilidad también es un sentimiento que podría hacer inclinar la balanza a pesar de estar ante algo que reconozco como menos humano que a un adulto. Pero ante lo que no tengo sentimientos de ningún tipo es ante un óvulo recién fecundado.

    Con respecto a mi acusación de metafísico es que, permítame que le diga, si no acepta el emotivismo moral, a fin de cuentas, acabará por aceptar algún sesgo metafísico igual que, como usted bien sabrá ya que ha dedicado un tercio de su tesis a ello, le acabó por pasar a Kant, aunque sea “a modo de postulado”.

    Y, vuelvo a insistir, en el momento de la fecundación no comienza nada tal que podamos decir que sea lo suficientemente diferente para decir que, a partir de aquí, es delito eliminarlo. Le pongo un ejemplo de otro posible comienzo especial: El anidamiento, que sucede once días después, es también un momento crucial en el embarazo ya que aquí el embrión se implanta en el endometrio y comienza a alimentarse. En este momento se habla en términos biológicos del COMIENZO de la gestación (puede consultar cualquier enciclopedia). ¿Por qué no hablar de inicio aquí?

    Y por si vuelve con el argumento de la unicidad o individualidad que surge con la fecundación, vuelvo a decirle que pueden nacer gemelos univitelinos (no es un ejemplo rocambolesco, supongo que usted conocerá a alguna pareja de gemelos idénticos).

    Con el afortunado caso imaginario del orangután no me he aferrado sólo a lo ridículo del ejemplo. Le he puesto tres argumentos (reconozco que el primero era burla). Bueno, voy a centrarme en lo que usted parece objetarme. Me dice literalmente:

    “Como la que usted mismo presenta, según la cual si el observador objetivo “sintiera más estima por el orangután que el bebé se debe a un error en el reconocimiento de lo humano”. ¿Cómo? ¿Pero no era el sentimiento justamente el criterio? ¿Ahora es necesario, además, el “reconocimiento de lo humano”? ¿Y cómo se hace eso al margen del sentimiento? ¿Reconociendo la “naturaleza humana” para después tener derecho a sentimientos no erróneos? Fíjese: se acerca usted solo a la metafísica…”

    Vamos a ver, el sentimiento lo tendrá que causar algo, ¿no? Yo digo que la causa del sentimiento es el reconocimiento de lo humano. Eso causa el sentimiento que será el criterio ético en última instancia. ¿O es que pueden darse sentimientos sin causa? Si al reconocer lo humano no le acompañara sentimiento alguno, no querríamos proteger legalmente lo humano. Igual que cuando yo reconozco al lobo feroz siento miedo.¿Tendré que reconocer qué es el lobo feroz? Y no estoy hablando de ninguna naturaleza humana de tipo místico o sustancialista, estoy hablando de lo humano como lo que produce en mí empatía, compasión, etc. al reconocer a un miembro de mi misma especie. Igual que al ver un pastel me entra hambre. ¿Eso hace hablar de la “pasteloidad” como esencia metafísica de lo real?

    Estoy completamente seguro de que el vídeo o foto en la que usted vio a un feto descuartizado provenía de alguna campaña eclesiástica. Pero, vale, no le hablaré más de sus amigos cristianos que ya veo que le irrita. Estoy de acuerdo con usted en que el supuesto del aborto terapeútico el riesgo psicológico constituye el vacío legal que, jugando con la ambigüedad de lo que es algo psicológico, constituye el “coladero” por el que se practican la mayoría de los abortos, lo cual podría paliarse clarificando tal ambigüedad o, directamente, negando el supuesto de riesgo psicológico. Y efectivamente, otra cosa que yo corregiría de la ley es la posibilidad de llegar a la semana 22 en casos de aborto eugenésico (de terapeútico no). Un síndrome de Down con 20 semanas es demasiado humano para poder eliminarlo sin más. Yo corregiría la ley en este aspecto si bien aquí también entra el problema de las posibilidades técnicas de diagnóstico de malformaciones a tiempo.

  23. Alejandro dice:

    Estimado Santiago:

    1. Nunca hubiera hecho referencia a mi trabajo de investigación si usted no hubiese empezado su comentario ironizando sobre mi conocimiento del tema (“por eso de que es usted es profesor”, etc.). Que yo haya investigado ese tema no prueba que tenga razón, desde luego, pero sí que lo conozco. Si leyese lo que escribo con el ánimo de hacernos entender, en lugar de buscar resquicios por todas partes para contraatacar a propósito de cualquier cosa, esta conversación sería más fructífera. Le pasa como con la Iglesia, el marciano, las fotos, etc.: utiliza cualquier asunto colateral para mantener su tono ofensivo. Lamento que siga por esa línea.

    2. Como no sabe a dónde quiero ir a parar con lo del bebé y el adulto, trataré de explicarme mejor: usted ha dicho que la empatía es mayor cuanto mayor es el parecido con lo humano. Dado que usted ha afirmado que un bebé es menos humano que un adulto, lo que se sigue de ahí es que el bebé es objeto de menor empatía y que, llevado esto al ejemplo que poníamos, lo normal sería salvar al adulto. Pero como esto no es así, sino que, por lo general, nos esforzamos más en proteger a los niños que a los adultos y nos da más pena ver a un niño muerto que a un adulto, algo debe fallar en las premisas. Y ahí es donde quería ir a parar.

    3. Breve paréntesis: en mi anterior entrada olvidé corregir un malentendido del que sin duda soy responsable: cuando yo mencionaba los “ejemplos rocambolescos” me refería a lo de las relaciones de pareja, las relaciones sexuales, etc., como parte del proceso de creación de vida humana, no al tema de los gemelos. Y al respecto le contesto: en lo que toca a la cuestión de si se trata de vida humana, me da igual que se terminen formando dos o tres individuos. El ciclo de la vida humana implica esa etapa, como otras, ya que mientras más atrás en el tiempo, más indefinición: hubo un momento en que no se sabía si íbamos a ser niño o niña, si tendríamos algún tipo de deficiencia o tara, y hubo un momento en que no se sabía si seríamos uno, dos o tres. Su puntualización, haciendo ver que no es lo mismo matar a una persona que a dos o tres, resulta aquí innecesaria, puesto que el embrión y el cigoto constituyen un momento singular del ser humano, con sus propias características. No tiene sentido preguntarse si se mata a uno o a dos hombres: no se mata a un feto o a un adulto, que tienen otros rasgos; se mata un cigoto humano. Y eso es lo que hay que legislar. Pero creo que el tema de la legislación lo habíamos dejado al margen.

    4. Lo de la foto y su procedencia es lo de menos. Dado que, en la mayoría de los casos (bajo el supuesto de daño a la madre), el aborto no tiene límite temporal, es obvio que se realizan abortos de fetos bastante formados, ¿no?

    5. Como esto se alarga en cuestiones tangenciales, intentaré ir al grano: nuestra discusión giraba en torno a dos cuestiones. Ante todo (1ª cuestión) si, desde el momento de la concepción, “la cosa” es un ser humano. Para argumentar que no, usted proponía una visión progresiva del surgimiento de lo humano, en virtud de la cual la humanidad es algo que se va adquiriendo progresivamente y que reconocemos empáticamente. Es decir, la humanidad la reconocemos emotivamente a partir del parecido con lo que llamamos habitualmente “ser humano”. Con eso llegábamos (2ª cuestión) al tema del emotivismo. Y lo que yo le replicaba es que eso no es suficiente, porque quizá para usted la “cosa” con sistema nervioso ya sea humana, para otro el corazón, para un tercero los miembros, y para un cuarto simplemente el material genético. (Yo celebro su postura moderada, pero hay abortistas que proponen legalizar el aborto hasta casi antes del parto. Y la cuestión es: ¿en virtud de qué argumento puede usted rechazar el que a esas personas el feto no les cause la empatía necesaria para hacerlo merecedor del derecho a la vida?). Cuando se enfrenta a estas cuestiones, es cuando hace usted la trampa y dice que, para que los afectos sean legítimos, es necesario antes “reconocer lo humano”. De manera que reconozco lo humano porque me produce empatía, pero me produce empatía porque antes (como el miedo al lobo) he reconocido lo humano. De manera que, al cabo de un argumento circular, estamos otra vez como al principio y nos podíamos haber ahorrado el rodeo emotivista.

    6. La postura alternativa que le proponía es la siguiente: dada la imposibilidad de datar objetivamente “lo humano” en el curso de ese desarrollo, es preferible tomar como referencia la concepción, que es el inicio de un ciclo progresivo (insisto: no como los espermatozoides o los leucocitos). A partir de ahí, reconocemos el aborto como un mal. (Porque si no, no veo por qué a usted le parece bien la ley de supuestos: ¿por qué sería necesario aducir algún tipo de supuesto? ¿por qué no un aborto libre mientras el embrión no “parezca lo bastante humano”?). Ahora bien, como vivimos en el mundo y no en un Paraíso, resulta que tenemos que enfrentarnos a dilemas complejos y a situaciones en las que intervienen distintos factores, y que no tenemos una supercalculadora moral para estar seguros de que hacemos el bien. A partir de esa triste y compleja realidad, debemos permitir que la ley abra una puerta al aborto como hecho excepcional en la fase más temprana y en atención a ciertos supuestos límite (desde luego, eliminando la hipócrita alusión a la salud psicológica de la madre, o al menos limitándola mucho). Me parece que este planteamiento mantiene el aborto en los límites de la excepcionalidad, y evita bastantes paradojas.

  24. Hay una imposibilidad de decir dónde empieza la consciencia que nos hace humanos, pero seguro que no empieza antes de que se produzcan las primeras sinapsis neuronales. Llevar el momento hasta la concepción es darle un sentido que no tiene a lo que ocurre entre ese momento y la aparición de los circuitos neuronales.

  25. Estimado Alejandro:

    1. No se me enoje tan deprisa. Un poquito de ironía y de bajada de humos no viene mal a nadie (incluido a mí).

    2. Ante el hecho de que tendamos a proteger más a los bebés que a los adultos volveré a explicárselo otra vez (es la tercera. Le agradecería que leyera mis post con un mínimo detenimiento… tono ofensivo intencionado, ja, ja). Además del sentimiento ante el reconocimiento de lo humano hay otros sentimientos: el miedo, la ira, la alegría, etc., etc., etc. Cuando contemplo un bebé, su indefensión, fragilidad, pequeño tamaño, etc, etc., etc. PROVOCAN EN MÍ OTROS SENTIMIENTOS que pueden causar que yo elija al bebé en vez del adulto (que aunque reconozca su humanidad plena, no me produce ternura).

    3. Cuando habla de que cuánto más atrás vamos en el ciclo de la vida humana más indefinición encontramos. Me está dando la razón… ¿matar a algo indefinido es matar algo? ¿ y cuando llegamos a la definición completa? Con un ser humano adulto, la plenitud de humanidad. Matar a algo que aún no es niño o niña, precisamente no es matar un niño o una niña. Usted dice, no matamos a un hombre, matamos a un embrión o a un feto, y eso es un momento con sus propias características. ¿Pero no decía usted que había que ser más nominalistas y que una rana y un renacuajo son, a fin de cuentas, partes de un continúo? ¿En qué quedamos? ¿Desde la concepción empieza algo con una entidad diferente, o hay fases con características diferentes que requieren diferente consideración? ¿Eso no es precisamente lo que yo le estoy diciendo? Efectivamente, lo que yo digo es que no es lo mismo matar a un adulto que a un embrión, por lo que tanto la consideración moral como legal son diferentes. En el caso de la rana habría que legislar de modo diferente la fase rana y la fase renacuajo.

    4. Es que, precisamente, la procedencia de la foto es lo que yo criticaba (en esas campañas incluso ponen constantemente fotos de niños de dos o tres años). Respecto que ocurran casos de descuartizamiento de fetos, evidentemente, estamos de acuerdo.

    5. No hay ningún círculo vicioso. No reconozco lo humano porque me produce empatía, lo reconozco previamente al sentimiento. Yo estoy programado genéticamente (o también he aprendido, pero el tema de que es innato y que es adquirido va para rato. Yo apuesto con que en la moral hay bastante más innato de lo que pueda creerse) a reaccionar de ciertas maneras ante ciertos estímulos. Uno de ellos es el reconocer la humanidad (cualquier rasgo que me haga saber que estoy ante otro ser humano. Puede ser cualquier cosa: unos ojos, una mano, un riñón…). Si yo veo una foto de una piedra no siento nada pero si veo la de un bebé sí que siento. Primero, está la programación genética o el aprendizaje, luego está el estímulo (reconocer lo humano) y luego está la emoción (base para la regla moral). Así, en último término, el emotivismo ancla sus raíces en la genética y de aquí saca su universalidad. Sería inmoral el aborto post-parto porque los sentimientos hacia los bebés son iguales (o muy parecidos) para todos los seres humanos (supongo que se podría adiestrar a alguien para que fuera un psicópata si Watson tuviera razón, pero no es lo habitual) . Los espartanos, por ejemplo, practicando la eugenesia en el monte Taigeto, eliminaban a los bebés por unas determinadas razones, pero dudo mucho que la madre y que los allí presentes disfrutaran demasiado viendo el acontecimiento.

    6. Reconozco la dificultad de datar objetivamente la aparición de lo humano pero, vuelvo a repetir, no a nivel absoluto. Y creo que por esa dificultad no tenemos ya que aceptar convencionalmente que la concepción es el inicio. Su postura podría ser práctica pero insisto en que no deja de ser una convención. Lo que yo le indico puede tener problemas, pero pretende ser objetivo (en virtud de si se acepta mi perspectiva, claro). Con respecto a los supuestos, estoy a favor del aborto libre en las primeras fases (una mórula no es reconocible como algo humano ni me produce ningún sentimiento). La píldora del día después sería absolutamente legal (según tu perspectiva parece que no). Sin embargo, a partir de aproximadamente las doce, trece semanas, se reconoce lo humano (por ejemplo, ya podemos diferenciar con total claridad el embrión humano del de otros animales) por lo que abortar sería ilegal menos en el caso de ciertos supuestos: para mí sólo sería auténticamente válido el terapéutico en caso de riesgo físico y, si aceptamos el psicológico, con un control muy estricto. El supuesto de aborto ético no sería necesario ya que se abortaría en el periodo de aborto libre. El supuesto eugenésico no sería aceptable si bien tengo la esperanza de que la ciencia proporcione métodos de detección de, por ejemplo, el síndrome de Down con una mayor antelación (lo más rápido que hay hoy en día y que da resultados fiables es el muestreo de vellosidades corionicas que se practica entre la semana 8 y 12 y conlleva cierto riesgo de aborto).

  26. Alejandro dice:

    Cuando uno empieza este tipo de discusiones, sabe que las posibilidades de acuerdo tienden a cero. Y es interesante preguntarse por qué. A veces pienso que se debe a que somos prisioneros de nuestras propias elecciones previas y que no estamos dispuestos a cederlas a algo tan etéreo como un argumento. Como supongo buena fe en mí y en mis interlocutores, y por tanto ánimo de entendernos, acabo por pensar que el problema se debe a que existen dos horizontes de supuestos irreconciliables. Parece ser el caso. Lo intentaré un rato más, no obstante, mientras no terminemos por aburrirnos.

    José Luis: usted afirma taxativamente que “la conciencia nos hace humanos”. Su afirmación es arbitraria y carece de una referencia mesurable (¿sabría definir qué es la conciencia, cómo se la reconoce y cuándo aparece?), pero le agradezco la aportación, porque prueba una vez más lo que trato de hacerle ver a Santiago: cuando uno se empeña en hablar de lo “humano” a partir de la aparición de ciertos rasgos propios del humano adulto, al final cada uno ve lo humano donde le parece. Santiago hablaba del sistema nervioso y usted de la conciencia (que no son exactamente lo mismo ni surgen en el mismo momento). ¿Cómo se pondrían ustedes de acuerdo? ¿Y cómo se pondrían de acuerdo cuando llegue otro y diga “el material genético nos hace humanos”, y otro que diga “los miembros nos hacen humanos”, y otro que diga “el pulgar oponible nos hace humanos”, y otro que diga “el lenguaje nos hace humanos”?

    Santiago:
    1. De acuerdo.
    2. Me lo ha explicado y le he entendido. Usted dice que podemos sentir “otro” sentimiento por el bebé. Pero yo por el bebé sí siento reconocimiento de lo humano. Me da mucha pena ver un indefenso gato empalado, pero ni por asomo tanta como ver a un bebé muerto. No es ternura por “lo indefenso”, sino por el “ser humano indefenso”. Pero a lo que iba: este asunto surgió a partir de la cuestión de en qué nos basamos para reconocer algo como “humano”. Usted me respondió –casi literalmente, está más arriba– que lo hacemos en virtud del sentimiento de parecido con el humano adulto. Yo le replico que nos da más pena un bebé que un humano adulto. Usted responde que hay otros sentimientos (pena ante lo indefenso). Pero estamos en las mismas: ¿en virtud de qué reconocemos lo humano?
    3. No es que le dé la razón. Pero no estoy tan loco como para no ver que un cigoto, un embrión, un feto y un primo de 30 años no son “lo mismo” en el sentido de que no tienen las mismas características: éste tiene sistema nervioso, aquél manos, el otro habla, etc. Faltaría más. Y en virtud de ello se puede legislar de modo distinto, claro, porque las leyes se hacen atendiendo a multitud de factores: nunca he defendido que el aborto deba castigarse igual que un asesinato. Mi perturbación metafísica tampoco me impide ver la diferencia entre un renacuajo y una rana. Lo que digo, tanto en un caso como en otro, es que son la misma cosa, el mismo ser, en un desarrollo sin saltos.
    4. De acuerdo, pues.
    5. Vale, sigo el razonamiento: según entiendo de lo que dice, podemos reconocer (de manera innata o aprendida) lo humano. Pero esto no es así de sencillo: cuando se descubrió América, hubo una seria discusión sobre si debía considerarse humanos a los indios. Y los nazis se convencieron de que los judíos no eran humanos. Y la historia está llena de relatos de negación de la “humanidad” a distintos grupos humanos. Yo tampoco creo que “disfrutaran” el espectáculo, pero dudo mucho que los espartanos sintiesen la más mínima pena por los bebés deformes que tiraban al barranco. Me temo que no podremos saberlo. Lo que sí sabemos es que, con independencia de los sentimientos que les causen los fetos de ocho meses, hay personas que están por la labor de permitir el aborto en ese caso. Y la cuestión es: ¿puede usted llamarlas inmorales por no tener sus mismos sentimientos o, en caso de tenerlos, por no considerarlos criterio moral suficiente? Esa es la debilidad del emotivismo: que, aunque tuviera razón en la cuestión del ORIGEN de los juicios morales, resulta ineficaz para la JUSTIFICACIÓN de los mismos.
    6. A estas alturas de la discusión, casi me conformo con que califique como “una convención más” la identificación entre la concepción y el ser humano: al principio parecía sólo una estupidez fanática ideada por los curas. Aun así, me sigue pareciendo una “convención” que no recurre a una aparición progresiva de lo humano imposible de consensuar, y que no exige justificar nuestra valoración moral en virtud de un sentimiento que, como nos enseñó Hume, nunca puede conducirnos al deber ser.

  27. Alejandro:

    1. Solemos elegir al bebé antes que al adulto porque al sentimiento de reconocimiento de lo humano (si bien el bebé es menos humano) se le unen los otros. Creo que tenemos un instinto de protección de bebés inserto en nuestros genes que se hace más fuerte que el de estar frente a lo humano (véase el instinto maternal de las madres). Lo humano se detecta mediante los mecanismos de reconocimiento que perceptivamente tenemos. Yo estoy viendo una fotografía en la que sólo se ve una forma borrosa (no siento nada) pero poco a poco, la forma va ganando resolución y, de repente, ¡plas! una gestalten completa, mi cerebro identifica que estamos ante la mano de una persona (siento empatía). ¿Cómo aplicar esto al embarazo? La regla es, cuando el organismo que se está gestando nos cause empatía, es decir, cuando nuestro cerebro reconozca lo humano en cualquiera de sus formas. Esto, como bien me objeta usted, crea un conjunto borroso, habría personas a las que les provocaría empatía contemplar un corazón latiendo (a las cinco semanas) o ver moverse los brazos (trece semanas). Sin embargo, como le digo, una mórula no crea ningún tipo de empatía (El ADN como usted dijo literalmente “nos sumerge en la indiferencia moral de los nucleótidos” y no produce empatía alguna) por lo que no podemos condenar a nadie por abortar en los primeros días de embarazo (me parecería injusto hacerlo en base a que nos parece conceptualmente cómodo poner la fecundación como inicio). E igualmente, matar a un feto de seis meses o a un niño ya nacido es siempre condenable puesto que creo que es universal el sentir un sentimiento doloroso a la hora de matar a un crío. Creo en la existencia de universales emocionales de naturaleza innata engarzados en nuestro genoma. Esa es la base objetiva del emotivismo por la que podríamos establecer leyes universales. Pero voy a intentar contestar a su objeción más serie (la dificultad de datar la aparición de lo humano) analizando las fases de desarrollo de un ser humano.

    1. Papá se fija en mamá, hay un disparo de hormonas. El óvulo, gestado con mucha antelación está en las trompas de falopio y el esperamtozoide afortunado descansa felizmente en las gónadas. El código genético del nuevo ser, aunque separado espacialmente, existe ya. NO HAY SER HUMANO.
    2. Papá y mamá echan un polvete. Los espermatozoides se lanzan en su aventurada carrera luchando contra los espermicidas y el óvulo espera pacientemente su llegada. NO HAY SER HUMANO.
    3. Habitualmente un solo espermazoide traspasa la membrana celular del óvulo y ocurren muchas cosas pero caben destacar la fusión de núcleos y el entrecruzamiento cromosómico. NO HAY SER HUMANO.
    4. Comienza la división celular. El óvulo va descendiendo por la trompa de falopio hasta llegar al útero. NO HAY SER HUMANO.
    5. En un menor porcentaje de casos, el óvulo fecundado anida en la pared del endometrio (aquí es donde se dan la mayoría de los abortos naturales) y puede comenzar a alimentarse. En términos científicos, aquí comienza la gestación. NO HAY SER HUMANO.
    6. Entre los días catorce o dieciséis se forma un esbozo de columna vertebral. El embrión es indistinguible del de cualquier mamífero. NO HAY SER HUMANO.
    7. Sobre las cinco semanas puede distinguirse el corazón, la cabeza tiene ojos y se distinguen perfectamente las extremidades. COMIENZA EL CONJUNTO BORROSO: EMPEZAMOS A VER HUMANIDAD.
    8. Sobre las diez semanas a las trece se distinguen los dedos de las manos y de los píes. El embrión distingue sabores, sus riñones funcionan y sus extremidades comienzan a moverse. EL CONJUNTO BORROSO ESTÁ EN PLENITUD. NO TENEMOS CRITERIO OBJETIVO.
    9. A partir de las trece semanas aproximadamente se ve una clara diferenciación en el embrión. Comienza la organogénesis y se hacen claramente distinguibles los rasgos humanos. Aquí sería imposible distinguir el ya considerado feto humano del de cualquier otro animal. EL CONJUNTO BORROSO ACABA: RECONOCEMOS PLENAMENTE LA HUMANIDAD Y SENTIMOS EMPATÍA.
    10. De aquí hasta el final del embarazo estamos ante algo claramente más humano que no humano y, cada vez, más. Aunque la plenitud de humanidad se de en la madurez, consideramos al feto como alguien plenamente humano en vistas a la ley.

    Con este pesado recorrido he pretendido mostrarle que la dificultad de reconocer lo humano no es tan insuperable. Sólo hablamos de arbitrariedad desde las diez a los trece semanas. Así, la ley actual de doce meses era razonable, aunque una de diez o de trece también lo sería. Igual que tampoco veríamos absurda una ley de mayoría de edad de dieciseis o de veintiún años, pero sí de dos o 74.

    5. La discusión histórica sobre si considerar a los indios como humanos obedecía a otros presupuestos filosóficos, para mí erróneos. Razonando puedes elaborar un pensamiento que te haga negar moralmente tu empatía. Pero como le digo, para mí eso será un error ya que sin emotivismo, o llegamos al relativismo o a aceptar algún “lo bueno” como esencia de la real (veleidad metafísica inaceptable para mí). Insisto en que el emotivismo es la única forma científica de justificar la moral. En otras épocas se equivocaron porque partieron de filosofías equivocados al igual que pensaban que la tierra era el centro del universo o que los griegos eran superiores a los bárbaros por naturaleza.

    6. Mi post inicial afirmaba que la razón de situar la concepción como inicio del ser humano por razones místicas era algo absurdo e irracional. Mi post iba, principalmente, contra el pensamiento cristiano (no porque ese argumento fuera ideada por los curas, sino porque ellos son los que más la defienden. Usted ha hecho lo mismo. Cuando le he hablado de emotivismo moral ha atacado a Hume, ¿a quién sino? Así, yo al criticar la concepción ataco a los curas si bien habrá otras personas, como usted me ha mostrado, que lo defienden por razones no religiosas, pero no es lo habitual). No obstante, estoy dispuesto a que cualquier persona me convenza racionalmente de que la concepción es el inicio. Pero no es el caso. Las razones que usted me ha dado no parecen suficientes. Y como usted no ha utilizado las razones metafísicas de las que yo acuso a los cristianos, efectivamente, su postura no es absurda ni irracional, pero no supera el rango de convención pragmática pues creo que, como ya hemos discutido, en la concepción no ocurre nada tan sumamente diferente a otras fases del embarazo para que podamos hablar de un estatuto especial a partir de él en comparación con otras fases. Además es que ni si quiera creo que sea cómoda conceptualmente porque cae en dos graves problemas:

    1. La falacia del continuo: como es difícil situar fronteras intermedias, tratamos por igual todas las partes del proceso.
    2. El problema de la individualidad: usted argumentaba que, a partir de aquí, se da un proceso individual. Yo ya le argumenté que no por los gemelos o la quimera tetragamética, además de los problemas filosóficos que trae el concepto de individualidad en el embarazo(¿muchas células con función indiferenciada un sólo ser? ¿tiene identidad individual alguien que no es consciente de sí? ¿lo uno o lo múltiple?). Creo que el aborto no ha de tratarse en términos de individuo o pluralidad, y más en fases tempranas donde no hay aún nada claro por la indefinición de la que usted hablaba.

    Y creo que en su última afirmación usted se ha equivocado (o no lo sé, yo no conozco tanto la filosofía de Hume pero me sorprendería). Hume, en su modo de formular la falacia naturalista afirma que mediante la razón no podemos pasar del ser al deber ser, pero desde el sentimiento sí… si no, su postura sería absurda. Hume diría: esto debe ser así porque me agrada y no porque me desagrada.

  28. Alejandro dice:

    Dejaré de lado el hecho de que “la existencia de universales emocionales de naturaleza innata” es una creencia más que cuestionable. Supongamos que fuera cierto y que el origen de nuestros juicios morales tiene una base emocional: ello no es suficiente para justificarlos. Su planteamiento, de ser cierto, implicaría que ni siquiera existe este problema que nos traemos entre manos: si todo el mundo sintiese empatía (en virtud de universales emocionales) por lo que empieza a parecer humano, no tendríamos nada que discutir: bastaría con atenernos a lo que, según usted, todos sentimos (salvo perturbados, fanáticos y psicópatas). Permítame un ejemplo de los míos: siempre se puede (al menos en principio) elaborar una teoría científica que, por medio de descripciones causales, explique por qué a Fulano le ponen los zapatos de tacón y a Mengano los menores. Pero ambos tendrán que justificar con la razón que sus preferencias, basadas en sus propias emociones, son asumibles por los demás. Y en ese empeño Mengano lo tiene bastante difícil. Es decir: que las emociones no nos dan una justificación moral.

    Le agradezco la descripción pormenorizada del proceso, es ilustrativa, aunque creo que no era necesaria. Todo es en líneas generales muy científico, salvo la coletilla “no hay ser humano” que usted añade detrás de cada paso del proceso mientras le parece bien. Pero se trata de un juicio arbitrario y poco significativo. Significa simplemente “a mí me va pareciendo cada vez más un humano adulto”, en virtud de su comparación con la foto que va dejando de ser borrosa (una corrección: es “una Gestalt”). Pero es que es esa valoración la que no es objetiva y está en cuestión. Por ejemplo, a mí el que tenga columna vertebral humana lo hace bastante humano. A usted aún no. Pero al abortista radical ni siguiera se lo parece el que tenga corazón, manos y cerebro, porque lo sigue viendo como una parte de su propio cuerpo de la que quiere disponer. Luego no permite ningún consenso. Luego, ¿de qué sirve?

    Su punto 5 es muy interesante. Sólo dos apuntes. El primero es una pregunta retórica: ¿cree de verdad que las negaciones de lo humano producidas a lo largo de la historia son producto de “ideas” equivocadas y no del simple hecho de que la empatía estaba absolutamente ausente y que no es tan universal como supone? Segundo apunte: es interesante su confesión de que no quiere rechazar el emotivismo para no caer en las garras del diablo: el relativismo o la metafísica. Pero hay otras opciones, como la que yo propongo, aunque no voy a intentar convencerle otra vez. Sigo sin entender por qué no comparte que la concepción supone el inicio de un ser que empieza a desarrollarse desde sí mismo, según un plan genético que se pone en marcha, mientras que las fases anteriores no. Pero bueno, no creo que sirva de nada volver sobre ello. Dejémoslo.

    Añade también que el emotivismo es la única explicación de la moral científicamente sólida. Pero la ciencia sólo puede explicar el origen de la moral, no justificarla. El origen atañe a los hechos (genes, educación, tradiciones…), pero la justificación atañe al deber, a aquello que podemos defender ante los demás haciendo uso de argumentos. Y eso es lo fundamental aquí. Además es lo que nos permite ejercer la crítica y el debate ético. Por eso yo le hablaba de Hume (aunque él es lo de menos ahora): no podemos pasar del ser al deber ser (y, por supuesto, las emociones también forman parte del ser), por eso tuvo que idear un mecanismo de justificación utilitarista, porque el emotivismo sólo basta para explicar el origen.

  29. La cosciencia es difícil de definir e imposible de observar. Lo que no quiere decir que no tengamos maneras de saber cuándo la hay o cuándo no la hay (con alguna zona inconclusa en medio). Los circuitos neuronales y la actividad cerebral son condiciones necesarias para ella. El test de Turing nos permite decir cuándo estamos ante algo-alguien al que podemos atribuir la misma consciencia o capacidad de pensamiento que nos atribuimos a nosotros mismos.

    Nada de lo anterior está presente antes de las simapsis neuronales. No hay nada antes de ello que nos permita hablar de ser humano. Sí, eso quiere decir que no llamo ser humano al embrión. Es un ser y tiene ADN humano y se puede desarrollar en un ser humano, pero no hay en él ninguna consciencia a quien matar. Sí, sin un mínimo de consciencia en el ser no le atribuyo ningún derecho humano. Esto no quiere decir que el embrión no sea valioso por otras razones. Las mujeres que se minimizan sus movimientos tras una inseminación artificial, sin duda lo valoran, pero no cometerán ningún homicidio si, finalmente, hacen algún movimiento brusco, aunque sea de manera intencional, y el embrión no se implanta. Desde luego a nadie en el mundo se le ocurriría pensar tal cosa, por eso a nadie en el mundo le parece este embrión equiparable a un ser humano o a un feto más desarrollado.

  30. Alejandro dice:

    No entiende lo que digo, José Luis. Sin duda se debe a mi torpe manera de expresarme. Lo intentaré de otra forma:
    1. Presentar como un hecho que la conciencia constituye el principio del “ser humano” es un juicio tan arbitrario, tan cuestionable y tan poco fáctico como cualquier otra afirmación, como que nos hacen humanos el corazón, la columna vertebral o el pulgar oponible.
    2. Del hecho de que un “ser” tenga circuitos neuronales no se deduce, ni por asomo, que sea sujeto de derechos y que yo tenga deberes respecto a él.
    3. Y, por último: ¿qué pinta el test de Turing en toda esta historia? No me diga que se lo quiere realizar al embrión…

  31. 1. Uno es libre de llamar ser humano a lo que quiera. Nadie nos manda. Yo propongo que no lo es un cúmulo de células sin circuitos neuronales, e intentaré convencer a mis semejantes de que lo contrario nos lleva a muchas situaciones que todos vemos como absurdas (como que deberíamos lamentar la muerte de embriones no implantados lo mismo que lamentamos los muertos en terremotos).

    2. Yo no he dicho que de “tener circuitos neuronales” se deduce que “sea sujeto de derechos”. He dicho que si no tiene circuitos neuronales yo propongo que no sea sujeto de derechos humanos. Además, en estas condicionales no pongo doble implicación.

    3. El test de Turing está ahí como están los circuitos neuronales y la actividad cerebral porque usted pidió detalles observables sobre la consciencia. No, no se lo quiero realizar al embrión. No en su versión estándar, pero sí podríamos hacerlo en otra versión adecuada a su nivel. P.e., no es distinguible la consciencia de un embrión de ser humano de la consciencia de un huevo recién fertilizado de gallina o de una larva de insecto, la concusión del test es que todas tienen el mismo nivel.

  32. Alejandro:

    Lo que dice José Luis no es tampoco tan arbitrario. Usted parte de un escepticismo absoluto hacia la posiblidad de identificar o de definir lo humano (mientras que, sin embargo, lo tiene claro en cuanto al inicio de un proceso individual).

    Si, por ejemplo, nos vamos a la más vieja, manida y tópica definición de ser humano como animal racional, vemos que se intenta definir lo humano como aquello que nos hace diferentes al resto de los seres. Creo que, más o menos, las capacidades mentales superiores son lo que más nos diferencia. Entonces, cuando, al menos, tenemos el principio de esas capacidades superiores como puede ser la formación de las primeras sinapsis, tenemos esa humanidad. Esto podría ser discutible, pero no es arbitrario. Usted utiliza la arbitrariedad con mucha facilidad, cual cowboy en Rancho Solitario.

    Bueno, vamos a lo nuestro:

    Claro que existe problema aunque todos sentimos lo mismo ante la presencia de un bebé. Ya le he dicho que la razón es muy creativa y, depende de múltiples factores, podemos utilizarla para negar nuestra empatía. Yo, que estoy a dieta (porque de tanto contestar post sentado en el sofá he echado kilos) y al hacerlo, estoy negando mi hambre por medio de mi razón. De hecho, la historia de la ética, gracias a la influencia griega, ha sido una negación de las emociones mediante la razón (el extremo estaría en el rigorismo de su querido Kant o en las mortificaciones de determinadas prácticas de grupos cristianos). Ya le digo: todo el mundo, de todas las épocas y culturas que no haya sufrido un adiestramiento muy específico y prolongado en contra, tendrá sentimientos terribles a la hora de matar a un bebé. Creo que tanto énfasis en afirmar la diferencia cultural nos ha hecho olvidar esos sentimientos comunes. ¿Usted cree que existen personas en su sano juicio que pueden coger y tirar un bebé monte abajo sin sentir nada? En el ejemplo de los zapatos usted confunde “gusto” con “sentimiento”. Si aceptamos la existencia de sentimientos morales universales, podemos legislar a partir de ellos.

    La coletilla de NO HUMANO detrás de cada fase del proceso no es ni arbitraria ni poco significativa. Vuelvo a repetirle que es que usted parte de un escepticismo absoluto, yo ya diría que dogmático, a la hora de identificar lo humano. Yo ya le he dado una y otra vez mis razones. En fin, sólo responderé a la que me ha objetado esta vez. La columna vertebral es algo propio de todos los cordados, es decir, una grandísima cantidad de especies animales tienen columna vertebral. Así que en el caso de encontrarme dos seres con columna vertebral no podría decir cuál es el humano. Por lo tanto, la columna vertebral no puede ser signo de humanidad.

    Usted dice que no comprende como no acepto la concepción como principio de un ser que empieza a desarrollarse por sí mismo con un ADN propio mientras que en otras fases anteriores no. Ya le he dado varias razones y esto parece ya un diálogo de sordos. Es un mito la importancia que se le ha dado a la concepción (eso es lo que denunciaba yo al principio). Voy a repetirle por última vez mis argumentos:

    1. En la concepción no surge un único ser. Después pueden surgir dos, tres o hasta ocho (no sé en cuántos estará el record), o incluso si han surgido dos, pueden convertirse en uno. Usted dice, eso no importa, yo digo que sí, más cuando se trata de cuándo penar el aborto. No hay delito sin víctima o no es lo mismo una, dos, tres o siete víctimas.

    2. Ese nuevo y “unico” ser no se desarrolla por sí mismo. Se multiplica pero luego se engarza en el endometrio donde recibe todo su alimento. A día de hoy ningún feto es capaz de sobrevivir independientemente de su madre hasta aproximadamente la semana 22 y con incubadora y muchos cuidados médicos. Es decir, aquí entraría la discusión de si ese organismo desarrollándose forma parte de la madre o no.

    3. Por ejemplo, y le pongo otro, a partir de la semana 13 es cuando se deja hablar de embrión y se pasa a hablar de feto. En esta fase se reconocen plenamente los rasgos humanos a simple vista y comienzan a desarrollarse los órganos principales, cerebro incluido… En esta fase hay un salto cualitativo de una cosa a otra. Se da, casi de golpe, un paso de una gran indefinición (no sabemos si es un embrión de humano, de oso o de tortuga) a una gran definición en unos pocos días (nadie que no fuera nuestro marciano subnormal no identificaría que es un ser humano). ¿No sería más lógico hablar aquí de inicio?

    4. En cualquiera de los casos, sin nos ponemos tan escépticos como usted, la concepción es tan arbitraria como cualquiera de los otros inicios propuestos por mí. ¿por qué proteger legalmente a algo que tenga ADN humano y sea “individual”? ¿QUÉ RAZÓN HAY PARA ELLO? Como usted bien le ha respondido a José Luis con respecto a las redes neuronales, le digo con sus mismas palabras: De tener ADN y ser el inicio de un proceso individual” no se deduce, ni por asomo, que sea sujeto de derechos y que yo tenga deberes respecto a él.

    Usted se está centrando en criticar el emotivismo moral sin responder a mis objeciones. Dice que su alternativa no es emotivista pero tampoco superaría la mera arbitrariedad desde sus mismos términos. Si hay arbitrariedad, hay arbitrariedad, no para lo que a usted le convenga.

    José Luis:

    No sé si conoces el argumento de la caja china de Searle para refurar el test de Turing. En cualquier caso es un tema muy interesante. Si tengo tiempo entro en tu Blog y lo debatimos.

  33. Santiago:

    Lo conozco, pero lo debatimos en el blog, que aquí se aparta del tema.

  34. Alejandro dice:

    Bien, José Luis, entonces lo que usted dice es que llama humano a lo que le da la gana y tratará de convencer a la gente de ello. Suerte, pues. Yo trato de llegar a una conclusión racionalmente defendible, no a proponer a los demás que acepten mi propia arbitrariedad (es que me encanta esa palabra) y luego llamarlos idiotas si no la quieren asumir.

    Santiago, esto empieza a ser repetitivo, sí, así que trataré de resumir, por no aburrir(me):

    (Previo a la numeración)

    -Una columna vertebral humana ES una columna vertebral humana, se parezca a la de un pollo o a la de un pingüino. Lo mismo ocurre con una conciencia, que podrá ser la de un perro o la de un ser humano. Pero entonces lo importante no es la columna ni la conciencia, sino el hecho de que es “humana”, es decir, que pertenece a un ser que es “humano”. O sea, a un “ser humano”. Y eso lo determina la ciencia analizando el ADN y constatando que el ser está en un proceso (que nosotros solemos identificar fácilmente en la mujer como “embarazo”) que se distingue sustancialmente del estado de aburrimiento en que se hallan los espermatozoides.

    -A su pregunta: le aseguro que creo con todas mis fuerzas que hay personas en su sano juicio que lanzarían niños contra las rocas sin sentir la más mínima pena, porque nuestras emociones las forjan las culturas, no los genes. Sólo hay que leer Los Salmos, La Odisea, los relatos de los antropólogos en las islas del Pacífico… Pero ese tema lo dejaremos para otra entrada.

    1. El cigoto se encuentra en un momento previo a ser una o veinte personas, por eso la legislación que le corresponde es distinta. Pero eso es una cuestión legal. Aquí hablamos de si es humano, no de si su muerte tiene que ser sancionada como la de un adulto, que ya estamos de acuerdo en que no. Está en su naturaleza de cigoto el no ser todavía uno o dos, igual que en la naturaleza del embrión está el no tener todavía cinco o seis dedos en cada mano.

    2. Claro que se desarrolla por sí mismo. Un espermatozoide no se transforma en nada. Ni el óvulo. Pero un cigoto, sí. Lo que ocurre tras la concepción no es sólo el “plano” de un ser humano, sino el plano “autoconstructor” de un ser humano, el principio de auto-organización de una vida. O sea, un ser humano que comienza su propia formación, por supuesto recibiendo el “material” de la madre (¿de dónde si no?), pero el bebé también, y yo lo recibo de las vacas, los pollos y los cereales.

    3. Arbitrario (perdón), sólo se basa en una apariencia que no es asumida por todos. Por ejemplo, yo no la asumo. Y otros muchos. Le repito: lo que usted empieza a ver no es un “humano” (que es lo que está en cuestión), sino algo cuyos rasgos empiezan a ser similares a los de un adulto.

    4. Sí, la historia de la ética vuelve bastante escéptico. Por eso parto de la imposibilidad de definir lo humano en un momento (puntual o ambiguo) del desarrollo embrionario, porque carecemos de argumentos para ello. ¿Cuál es mi postura? Que “humano” es una determinada forma de vida (científicamente determinable) a la que hemos dotado de derechos (da igual por qué), y esos derechos son aplicables a cualquier tiempo n-1 de su desarrollo hasta que aparezca una entidad que no esté inserta en ese proceso de desarrollo temporal. Por ejemplo, el espermatozoide aventurero.

    No me responde a mis objeciones contra la imposibilidad de justificar desde el emotivismo. Y si me centro en ello es porque es fundamental para que su postura se sostenga.

  35. Llamo humano a lo que me da la gana, exactamente como hace usted. Sólo que yo lo hago de una manera consecuente con las acciones de TODO el mundo, que no hace lo mismo por un cigoto que por un bebé. Usted quiere basarse en la razón, ánimo también, pero no le auguro un feliz término. La razón no le va a decir a qué queremos dar derechos y a qué no. Ya sabe que no se puede deducir una proposición normativa de una positiva. Y de las distinciones descriptivas que pueda hacer la ciencia, el que usted elija una u otra para la tarea normativa de ponerse de acuerdo con sus semejantes para llegar a conclusiones éticas es volver a hacer lo que le de la gana, por usar su expresión.

  36. Buufff y de nuevo…..Vale, venga, para salir de la apatía. Todo lo que le he intentado argumentar es una rotunda gilipollez propia de una mente obsesionada con la Iglesia, con los orangutanes y con marcianos.

    Ahora define usted humano: “determinada forma de vida (científicamente determinable) a la que hemos dotado de derechos (da igual por qué), y esos derechos son aplicables a cualquier tiempo n-1 de su desarrollo hasta que aparezca una entidad que no esté inserta en ese proceso de desarrollo temporal. Por ejemplo, el espermatozoide aventurero”.

    Me hace gracia el da igual por qué ya que esta es la clave del asunto (¿a quién o qué defendemos y por qué?). Usted le decía a José Luis que consideraba humano a lo que le daba la gana por hablarle de sinapsis. Yo le digo: usted está haciendo lo mismo, llama usted humano a lo que le da la gana simplemente para que le salgan las cuentas. ¿A qué se refiere por científicamente determinable? Porque científicamente lo que descubrimos en las fases del embarazo son óvulos, espermatozoides, óvulos fecundados, óvulos anidados, mórulas, blástulas, embriones en diferentes fases y fetos en diferentes fases. No descubrimos algo que lleve el cartel “Ser humano” por mucho que el fin de todo ese proceso sea la aparición de uno.Además tenemos el problema (que también lo tiene mi postura) de que la identificación de todo esto está sujeta al avance tecnológico. Hace unos años no había método científico para diferencian un embrión humano del de un cerdo, por lo que definiríamos humano en función del avence de la tecnología. Sería una definición temporal: ayer no eres humano, hoy sí. ¿POR QUÉ HABRÍAMOS QUE APLICARLE LOS MISMOS DERECHOS A CUALQUIER TIEMPO N-1 cuando además, reconocemos que son tiempos en los que hay cosas muy diferente? Porque a usted le sale de los güevos. ¿POR QUÉ HASTA QUE APAREZCA UNA ENTIDAD QUE NO ESTÉ INSERTA EN ESTE DESARROLLO? Porque a usted le sale de los güevos. Le pongo ejemplos de otros posibles comienzos tan dignos como la concepción… pero nada… La única razón que usted tiene es como bien dice, ante la dificultad de marcar un comienzo de lo humano, usted lo pone en la concepción. En el fondo, y vuelvo a decir, su postura no deja de ser una arbitrariedad que, según usted, facilita las cosas, nada más.

    SITUAR LA APARICIÓN DEL SER HUMANO EN LA CONCEPCIÓN ES UNA ARBITRARIEDAD TAN GRANDE COMO LAS QUE USTED ACUSA.

  37. Alejandro dice:

    Debo ser rematadamente torpe explicándome. Yo llamo “ser humano” al homo sapiens (hasta que aparezca el marciano subnormal no me replantearé este punto), y como todos estamos de acuerdo en que el homo sapiens adulto tiene derecho a la vida, me parece el único punto de partida para este debate. Qué es un homo sapiens es algo que determina la ciencia (véase punto 4). Y por qué ha de tener derechos no lo determina ni Dios. Por eso hay que partir de ESE consenso, que es el único terreno común.

    Lo del tiempo n-1 lo deduzco del hecho de que ese homo sapiens al que concedemos derechos es la misma cosa hoy que ayer, y ayer que anteayer (etc.) hasta el momento en que dejó de ser esa cosa con genoma humano (es decir, del homo sapiens) en proceso de desarrollo y se convirtió en dos cosas (un óvulo y un espermatozoide) que carecen del genoma humano (aunque lo constituyan uniéndose) y que no están transformándose en nada. Y sus ejemplos “tan dignos” de aparición del ser humano no valen porque son grados de un proceso en que hay el mismo ser (no ha sido transducido desde otra dimensión) con el mismo genoma (repito: el del homo sapiens).

    Pero bueno, vale, está claro que esto ya es aburrido y repetitivo.

    Ha tenido momentos de interés, a pesar del tono general. Un saludo a ambos

  38. “Hay que partir de ESE consenso.”

    Esta proposición es normativa, no la puede deducir de ninguna positiva. No está usted usando la razón.

    No es un consenso llamar ser humano (sujeto de derechos) a cualquier ser con genoma de homo sapiens. Yo, por lo menos, le pido actividad cerebral además de genoma. De hecho, si tuviera actividad cerebral importante y genoma no de homo sapiens (si existieran ahora los neardenthal, p.e.) también les daría derechos. Cosas de no tener prejuicios.

  39. Alejandro dice:

    Buff, señor Ferreira, verá… ¿cómo se lo explicaría? Cuando discuto con la gente, suelo partir de aquello en lo que estamos de acuerdo. Así no perdemos el tiempo. No tiene nada de normativo. Usted puede discutirlo si quiere. Pero le adelanto que ya le doy la razón.

    ¿Actividad cerebral importante? Así, los retrasados profundos no son humanos, ¿no? Por lo demás, como no tengo constancia de Neanderthales ni marcianos, me atengo a la realidad. Bastantes problemas éticos tenemos ya en la realidad como para complicarla imaginando mundos posibles.

  40. Y repite otra vez la misma historia…..

    Vaya, y sustituye el emotivismo moral con un consensualismo…

    En fin, sin ánimo ya de que las responda y por pasar el rato, le resumiré lo que creo que es quid del asunto explicándolo mejor. Dice usted Ser humano=homo sapiens. Y aquí hay problemas. ¿Cómo reconocemos a un homo sapines? A uno adulto (ejemplo, estereotipo, ideal regulativo para mí. Protegerlo es de la convención de la que, según usted, partimos) lo tenemos claro, pero a un embrión es más complicado y a un óvulo fecundado más aún (uso identificar como sinónimo del término diferenciar). Cuando observamos un óvulo fecundado vemos que no se parece en nada a un homo sapiens adulto (no tiene extremidades, ni cerebro, ni ojos…). Sólo tiene el ADN en común. Bien, TODAS LAS CÉLULAS de nuestro cuerpo tienen el mismo ADN… ¿Entonces un leucocito es un homo sapiens? NO… ¿pero una mórula sí?… No lo sé. El ADN sólo nos dice que la célula a la que le hemos hecho el análisis PERTENECE a un Homo Sapiens, no que es un Homo Sapiens. Lo repito: El ADN SÓLO NO DICE QUE LA CÉLULA A LA QUE HEMOS HECHO EL ANÁLISIS PERTENECE A UN HOMO SAPIENS, NO QUE ES UN HOMO SAPIENS.

    A esto usted me objetaría, la diferencia entre el óvulo fecundado y el leucocito no está en el ADN sino en que el óvulo va a ser un homo sapiens adulto. Usted dice, ya que al adulto le damos todos los derechos, ¿por qué no al que aún no lo es? Precisamente porque no lo es. Esta es la arbitrariedad de la que yo le acuso. Como el ADN no nos vale para decir que eso es un Homo Sapiens (sólo si eres una parte de él), ¿no habrá que buscar características similares a las que tiene el homo sapiens adulto ya que es a él a quién no dudamos en dar derechos para otorgar a “algo” esos derechos? ¿No es ese el proceder legítimo en vez de dar sin razón alguna los mismos derechos a cada una de las fases por el mero hecho de formar parte de un continuo?

    Yo me baso en la similitud con el ideal al que damos derechos. Usted sólo se basa en el camino por recorrer, y aún reconociendo que en cada fase hay cosas muy distintas, insiste en tratarlas por igual (por lo menos en el derecho a la vida) de modo arbitrario. ¿No es lo arbitrario por definición tratar lo distinto como igual? Yo propongo no quedarnos en las convenciones y tratar de identificar lo que hay en cada momento y, a raíz de eso, legislar. Es problemático, SÍ, pero es más honesto que su postura.

    Bueno, ha sido un placer.

  41. Alejandro dice:

    ¿Ahora soy “consensualista” por querer partir en la conversación de aquello en lo que estamos de acuerdo? Qué cosas… En todo caso, gracias por la sutil invitación a que no responda a sus objeciones. La aceptaré, habida cuenta de lo repetitivo que es todo esto.

    Sólo le diré que si no considero al leucocito un “ser humano”, a pesar de su ADN, es porque (y me da pena el leucocito, eh!) el pobre no es capaz de convertirse en estrella porno, vendedor de cupones o blogger filósofo.

  42. Hay niños que nacen sin cerebro. No son seres humanos. Igual que el cigoto. Los muy retrasados, con consciencia inferior a la de un chimpancé, tampoco tendrían los mismos derechos que un no retrasado (aunque sí les demos derecho a la vida). No me pregunte por el límite, no lo sé. Para lo que nos ocupa (el aborto) sólo hace falta saber cuándo estamos seguros. Cuando no hay cerebro lo estamos.

  43. ¡¡¡Dio mío!!! ¡¡¡Virgen del Camino Seco!!!, y me tachaba a mí de impropio de un filósofo… me ha vuelto a repetir lo mismo sin más…. sin atender ni lo más mínimo a nada de lo que le he dicho durante casi 20 post…

    Última vez que le hago un último apunte.

    Dice que no considera a un leucocito un ser humano porque a pesar de su ADN no va a llegar a ser una estrella porno. De nuevo la importancia del continúo hacia el homo sapiens adulto. Okey makey.

    PROBLEMA: Llamar ser humano a ADN humano + convertirte en un homo sapiens adulto en unos cuantos años es algo ARBITRARIO.

    REPETIMOS para la sordera: SER HUMANO=ADN humano + convertirte en un homo sapiens adulto en unos cuantos años, es llamar humano a lo que a usted le sale de los güevos.

  44. Alejandro dice:

    José Luis: me ahorro el calificativo que me merece su consideración de los retrasados.

    Santiago: yo debo estar sordo, pero usted no sabe leer. Sí le he contestado. Yo no planteo nada arbitrario. Como, al contrario que usted, no me creo capaz de hacer lo que no han hecho todos los filósofos de la moral a lo largo de la historia (definir metafísicamente lo humano, establecer derechos que le son consustanciales, etc.) he querido partir desde el principio de un terreno común, que damos por sentado: EL SER HUMANO NACIDO TIENE DERECHO A LA VIDA. Desde el momento en que estamos de acuerdo, me importa poco si es así PORQUE somos racionales, emocionales, sociales, bípedos o criaturas del Señor. Como estamos de acuerdo en eso, me ahorro la necesidad de justificarlo. Sólo tengo que definir ese sujeto al que adscribimos derechos: y resulta que la cuestión de qué es “HUMANO” lo determina el ADN (que me diferencia de una patata y un mono) y qué es un “SER” humano lo determina el hecho de que yo, por ejemplo, soy el mismo que el niño de la foto cuando tenía 1 año, y que por tanto es el mismo ser en un proceso de evolución. No tengo muchas dificultades en reconocer la diferencia entre una “mano” humana y un ser humano: la primera es una parte de éste y éste posee el principio de su desarrollo y de su evolución. A usted, sin embargo, no le gusta esta obviedad (que se empeña en llamar arbitraria, aunque no es más que la definición de un homo sapiens), porque eso implica tener que partir de ahí, hacer el recorrido hacia atrás, y ya sabe a dónde nos lleva eso.

    Bien. De acuerdo. Como no le gusta, usted plantea una alternativa, tan prometedora que yo leo con suma atención: partir de un horizonte indefinido (espermatozoides, cigoto, embrión) para localizar “el surgimiento de lo humano” de modo aproximativo y gradual. Pero, claro, le surge un problema que yo no tenía: como no sabemos si el objeto en litigio es humano o no, se ve obligado a entrar en la cuestión del origen y la justificación. Yo no tenía necesidad, porque partía de algo que damos por sentado todos. Usted, sin embargo, se aventura en esa tarea titánica. Con un resultado bastante lamentable, como era de esperar (teniendo en cuenta la suerte que ha corrido ese empeño a lo largo de la historia): la justificación no la logra (porque se lo impide la ley de Hume), y el origen lo explica desde una perspectiva emotivista, en virtud de la empatía con lo que parece humano. Cuando le planteo mis objeciones, habla de “otros sentimientos” y de “universales emocionales” que no puede demostrar, negados por cualquier evidencia histórica y etnológica, y que son objeto exclusivo de su fe personal. Con lo cual nos sumerge usted en una aventura a través de toda clase de arbitrariedades, paradojas y contradicciones.

    Y, a pesar de ello, se permite adoptar ese tono soez y soberbio (con “güevos” y Virgen del Camino Seco incluidos), como si yo no hubiera respondido a sus “objeciones” y como si su postura fuese claridad y razón en estado puro. Más bien me parece una dogmática más, como esa de los curas que tanto detesta: la de alguien que tiene más fe en sus propias ideas que habilidad para hacerlas valer.

  45. Alejandro:

    No sé qué le puede parecer mal. Sólo he dicho que los muy retrasados no tienen los mismos derechos. Esto es un hecho en TODAS las sociedades y admitido por TODO el mundo, incluido usted. ¿Acaso tienen derecho al voto? ¿a tener propiedades? ¿a dirigir empresas?

    Por favor, no se ahorre el calificativo que le merece esta merma de derechos de los muy retrasados, me interesa mucho.

  46. Vaya humor… No hay que leer tanta poesía romántica antes de dormir, trastoca los sentimientos.

    Usted no dice que defender a un humano adulto es un punto de partida porque quiera ponerse de acuerdo con sus interlocutores, sino porque si no partimos de este convencionalismo, usted tiene que decir por qué defendemos lo humano. Yo uso la empatía… ¿qué usa usted? ¿Por qué no hay que matar a un homo sapiens adulto? ¿Cómo evade la falacia naturalista?

    Su planteamiento tiene el mismo problema que el mío. Si yo tengo que explicar qué es lo humano para localizarlo, usted también para afirmar que su origen está en la concepción… que es de lo que se trataba, de criticar la concepción como origen indudable.

    Usted dice que es arbitrario apelar a una comparación con un patrón ideal (un homo sapiens adulto) para reconocer lo humano de modo gradual (no tan gradual si observamos bien las fases del embarazo) pero no es arbitrario poner el inicio de lo humano en un punto concreto de un complejo proceso biológico.

    Y luego usted dice: NO, ADN+Rocco Siffredy en potencia (¿le parece soez si cito a un actor porno? Si le ofende no volveré a hacerlo) es la definición obvia de homo sapiens. Y yo vuelvo a repetirle: No, yo creo que los homo sapiens habitualmente tienen brazos, piernas, corazón, hígado, cerebro… A mí me parece también muy obvio que un homo sapiens tenga todas estas cosas ¿o no?, ¿estoy diciendo una estupidez por contradecir lo obvio?

    REPITO: Yo tengo que definir de algún modo lo humano para reconocerlo y decir, ¡Te pillé! mientras que usted también lo ha definido para decir: aquí empieza. Sólo que usted lo pone antes que yo y por otras razones. En el fondo ambos estamos en esa tarea titánica de la metafísica occidental, aunque la mía tiene resultados lamentables, y la suya un éxito rotundo claro (tono soberbio).

    Para no caer en la metafísica (sí, le tengo pánico) utilizo el reconocimiento perceptivo anclado en los genes y la empatía. Usted, sin embargo, apela a la individualidad y a la continuidad de un proceso (términos, por supuesto, nada metafísicos) pero claro, yo soy dogmático y poco hábil por lo que sólo consigo un fracaso terrible.

    Luego utiliza el término ser al modo más clásico posible: substancia. Ser porque soy el mismo ahora que cuando tenía un año… ¿no le suena eso a esencia aristotélica? Todo planteamiento que trate por igual cosas que son diferentes está haciendo trampas (Ockham). Un embrión es muy diferente a un sapiens adulto. Si quiere igualarlos ha de inventarse cosas.

    Y hablando de nuevo de los universales emocionales. Cualquier etnógrafo o historiador negaría tal barbaridad… ¿Cómo he podido estar tan loco para afirmar algo así? Continuando en mi locura… ¿no hay nada común en el sistema límbico de todos los seres humanos del planeta tal que sea similar a la hora de sentir? ¿No tenemos nada en común todos los seres humanos? No sé, el miedo, el deseo sexual, la agresividad… hay mil formas de exteriorizarlas, hay miles de rituales diferentes pero… ¿no cree usted que algo habrá en común? ¿Un mahorí o un masaai no sienten miedo?

  47. Alejandro dice:

    José Luis: usted quiso definir lo humano por la conciencia, yo le hablé de los retrasados y usted me salió con lo de los derechos. Yo veo a un subnormal profundo y lo llamo “ser humano”. Otra cosa son los derechos civiles que pueda o no ejercer: los ciegos tampoco pueden pilotar aviones y no por eso son menos humanos.

    En fin, Santiago, nunca quiero dejar de contestar porque parece una retirada. Pero creo que ya es hora de dejarlo. Alguien tiene que ceder la última palabra y ya está claro que no vamos a ningún lado. En todo caso, y como ya le dije, ha sido interesante discutir con usted (con ustedes). Contra lo que pueda pensarse a raíz de determinadas afirmaciones mías -condicionadas, en todo caso, por el ritmo de la discusión, y dejando al margen los momentos reiterativos- me ha parecido un interlocutor interesante y una conversación en la que han salido muchos temas fundamentales (ya casi no se habla de estas cosas en los debates filosóficos).
    Espero que encontremos más coindicencias en otra entrada.
    Un saludo a los dos

  48. Los derechos es el tema que está encima de la mesa. En particular el derecho o no a la vida de un cigoto o un embrión. Claro que salgo con ello, no podemos obviarlo. Lo que no quiero es hacer una definición de ser humano sin saber para qué va a ser usada, si para definir un tipo de ADN o para dar derechos. Si vamos a dar los mismos derechos a todos los seres humanos, no llamaré ser humano a un cigoto, ni a un niño que nace sin cerebro o con el cerebro totalmente atrofiado. Si la definición va a ser usada para otra cosa, tal vez no tenga problema en llamar ser humano al cigoto, mientras no caigamos en nominalismos posteriores.

    No sé a qué viene lo del ciego. No hablamos de habilidades para distintos oficios, hablamos de derechos civiles. Los ciegos tienen los mismos, los muy retrasados no, que están declarados incapacitados.

  49. noel dice:

    ustedes son unos vivos barbaros hablaba la nota de descartes y la glandula pineal y saltan con el aborto y la maldita retrograda iglesia que no hace nada mas que empobrecer a la gente y hacernos vivir de rodillas ¡¡ y esclavizar gente a su dogma ¡¡

    hablen de ciencia cierta es lo que el mundo espera y desentrañar esta maraña de DONDE VENIMOS LOS HUMANOS HACIA DONDE VAMOS PORQUE TENEMOS CUERPO HAY VIDA EN OTROS PLANETAS EXISTE LA MUERTE FISICA Y MENTAL ? COMO FUNCIONA ? HAY OTRAS REALIDADES ?
    LA TEORIA DE LA RELATIVIDAD Y MILES DE INTRIGANTES MAS

    GRACIAS ¡¡

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