El sombrero creacionista

Publicado: 23 abril 2009 en Evolución
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Cuenta Darwin en su Autobiografía que un cierto día, en su más tierna infancia…

“Cuando llegué a la escuela debía ser un niño muy simplón. Un día un chico llamado Garnett me llevó a una pastelería, donde compró unos pasteles que no pagó, pues el tendero le fiaba. Al salir le pregunté por qué no había pagado y me respondió al instante: ¿Por qué? ¿Es que no sabes que mi tío legó a la ciudad una gran suma de dinero a condición de que todos los tenderos entregasen a cualquiera que llevase su viejo sombrero y lo moviese de una determinada manera lo que esa persona les pidiera y sin cobrarle nada a cambio?. Y entonces me enseñó cómo tenía que moverlo. Entró a continuación en otra tienda donde le fiaban y pidió un artículo de poco valor, movió el sombrero de la manera adecuada y, naturalmente, lo consiguió sin pagarlo. Al salir me dijo: Mira, si te apetece entrar en esa pastelería (qué bien recuerdo dónde estaba), te prestaré mi sombrero y podrás tener lo que quieras con sólo moverlo de la manera correcta. Acepté de buen grado la generosa oferta, entré, pedí unos pasteles, moví el viejo sombrero y saliendo estaba de la tienda cuando el tendero se precipitó sobre mí, de modo que los pasteles cayeron al suelo, yo salí corriendo como si me fuera la vida en ello y me quedé pasmado cuando mi falso amigo Garnett me recibió riendo a carcajadas”

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comentarios
  1. friedrich dice:

    Hay multitud de ejemplos de personajes ilustres que durante su infancia o juventud adolecían de cierta ingenuidad. Se me ocurre ahora el ejemplo de Einstein.

    No creo que deba tener mucha relación esa aparente ingenuidad con la estulticia, sino con el contexto en el que se haya desarrollado su personalidad. (ejemplo de padres hiperprotectores, falta de autoestima o inseguridad)

    Resulta curioso que del listillo de la historia, el tal Garnett, no haya trascendido nada más.

    Un saludo.

  2. Claro, no vayamos a pensar que Darwin era estúpido. Sin embargo lo que sí se puede comprobar leyendo su autobiografía es que era un señorito, un niño de papá muy consciente de que no necesitaba estudiar para ganarse la vida porque la fortuna de su padre estaba asegurada. Así, se dedicaba principalmente a la caza y a cualquier actividad ociosa (el mismo reconoce en algunos momentos beber más de la cuenta al juntarse en la Universidad con alumnos licenciosos), siendo un estudiante mediocre. Fue sólo la curiosidad y la pasión por comprender el mundo natural lo que consiguieron que Darwin fuera el gran naturalista que fue.

    Un cordial saludo.

  3. tay dice:

    Una historia genial, gracias por compartirla.

  4. […] Esta entrada continua a: El sombrero creacionista […]

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