En busca de la vida eterna (II). Los genes letales de Sir Peter Medawar

Publicado: 27 mayo 2009 en Ética y moral, Ciencia y religión, Evolución
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Una de las consecuencias, quizá menos explicitadas, de la peligrosa idea de Darwin es que convirtió la muerte en un hecho biológico más. Hasta entonces, no perteneciendo el hombre al reino animal (o, como mínimo, siendo un animal abismalmente diferente a los demás, un “salto ontológico” que diría Juan Pablo II) su muerte era considerada como un hecho irreversible, un paso al otro mundo sólo tratable desde la religión o la metafísica. Entonces Darwin nos acercó al mundo animal, a la zoología y, por lo tanto, a la biología, a la medicina, a la química orgánica.  Y en ese mundo, fuera del de espíritus y fantasmas, con todo puede experimentarse. La muerte pasa a ser un hecho científico y cómo tal debe explicarse, y así lo intento un brillante fisiólogo británico  (Su teoría tal como la  voy a contar a continuación es la que explica Dawkins en el capítulo III de El gen egoísta. Así que, como siempre, si queréis leerla mucho mejor narrada que aquí remitiros al original).

Peter Medawar (1915-1987) pensaba, al igual que Dawkins, que la selección natural se aplica a nivel génico, es decir, que los agentes de la evolución no son ni los ecosistemas, ni las especies ni aún los individuos, sólo los genes. Los genes son los auténticos protagonistas de la evolución. Pues bien, entre estos genes que van pasando su inmortal información de generación en generación desde tiempos remotos, existen los llamados genes letales, cuya nociva labor consiste en matar a su hospedador cuando algún indicador químico les haga activarse. Así mismo, existen también genes semiletales, los qué simplemente debilitan a su hospedador. Pero, ¿cómo han sobrevivido estos genes malvados a la selección natural? ¿Cómo va a ser una ventaja evolutiva matar el cuerpo en donde viajas y, en consecuencia, suicidarte?

Cromosoma equipado con genes letales

Estos genes podrían pasar de generación en generación si se activan después de que el individuo portador haya dejado descendencia. Cuando ya has tenido hijos y no vales para nada más que para acaparar recursos, es lógico que te suicides en pro de la supervivencia de los genes de tus hijos. Este sería el sentido último de la muerte: aumentar las posibilidades de supervivencia de tus familiares, ya que la única finalidad de todo nuestro organismo biológico es servir de transporte seguro a nuestros genes hasta que se “monten” en otro organismo.

Sin embargo, ahora lo sabemos. Hemos tomado conciencia de que la muerte no es algo necesario. Mis hijos puedan sobrevivir pefectamente a pesar de que yo no me suicide.  La muerte ha perdido su función evolutiva y ya no nos es útil, acabemos con ella. Siguiendo las ideas de Medawar,  tenemos dos grandes métodos para ampliar nuestra longevidad:

1. Retrasar la edad de procreación: si los genes letales y semiletales sólo se activan después de que el portador tiene descendientes, retrasando la edad media de procreación (por un drástico imperativo legal, por ejemplo), se activarían más tarde y, tras unas cuantas generaciones, ganaríamos años de vida.

2. Hacer “creer” a los genes que somos más jóvenes: los genes letales han de activarse por la presencia o ausencia de una determinada serie de compuestos químicos. El estudio empezaría por investigar qué sustancias están presentes o ausentes en cuerpos ancianos que estén presentes o ausentes en cuerpos jóvenes. Presumiblemente, esas sustancias activarían o inhibirían los genes letales, y ya sólo sería cuestión de suministrarlas o neutralizarlas.

Aún estamos muy lejos de conseguir nada parecido, pero el solo poder pensar que no existe contradicción alguna en su posibilidad ya es inquietante. Si pudiéramos vencer a la muerte… ¿Qué pasaría con las religiones que prometen un más allá? ¿Cómo se organizarían las sociedades con individuos siempre jóvenes?  ¿Controlaríamos la natalidad para evitar superpoblación? ¿Cómo sería la mente de un humano que hubiera vivido dos mil años? ¿Cuál sería su forma de vida sabiendo que tiene toda la eternidad por delante? ¿Viviríamos con menos intensidad cada momento como afirma Punset?

Esta entrada continua: En busca de la vida eterna y está relacionado con El Doctor Frankenstein soviético

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comentarios
  1. Información Bitacoras.com…

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  3. […] En busca de la vida eterna y su secuela.  También Los invasores […]

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