La inversión del asno de Buridan

Publicado: 3 julio 2009 en Ética y moral, Sociología
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¿Puedes elegir racionalmente entre dos opciones idénticas?

El Asno de Buridan se jactaba de tomar todas sus decisiones desde un profundo análisis racional. Un día, teniendo mucha hambre, se encontró ante un dilema. En el establo donde vivía, el granjero había dejado dos montones de heno. Nuestro asno comenzó con su análisis racional para decidir por cuál de los dos montones empezar a comer. Pero, los dos parecían iguales: pesaban lo mismo, tenían el heno igual de fresco y estaban formados por trigo, avena y cebada en la misma proporción. ¿Cuál elegir? El asno pensó y pensó y, al no tener ninguna razón para elegir uno u otro, no pudo elegir ninguno y murió de hambre.

Esta manida historieta puede interpretarse como que en toda decisión hay una parte no racional, un riesgo a asumir o un salto de fe. Durante mucho tiempo se ha utilizado para trazar los límites de las decisión racional. Y hasta cierto punto tiene razón. Por mucho que planifiques una acción existirán aspectos que no controles, imprevistos, incertidumbre, por lo que toda acción tiene una parte de apuesta, de asunción de riesgos. Para actuar hay que ser valiente, lo cual no nos tiene que llevar a aceptar un irracionalismo total. Pero este no es el problema.

El tema es que en la sociedad actual vivimos en una inversión del asno de Buridan. No es el caso que tenemos que elegir entre dos opciones y la racionalidad nos es insuficiente, sino que tenemos un inmenso abanico de opciones a nuestra disposición y escaso análisis racional en la toma de decisiones. El problema no está en si la decisión racional tiene límites, el problema está en el nulo uso de la racionalidad. Vivimos en una época en la que se enfatizan los criterios de elección no racionales: “Haz lo que el corazón te pida”, “Sé tú mismo”, “Elije por amor”, “Déjate llevar por tu intuición”

Ortega y Gasset decía que vivimos en una época en la que la técnica abre el campo de la posibilidad hasta cumbres inauditas, a la vez que el campo de los fines, del qué queremos, está más vaciado que nunca. La crisis de valores ha arrastrado o  se ha convertido en una crisis de racionalidad (o viceversa), en una quiebra de la razón. Miles de opciones, miles de alternativas y  elecciones emocionales… ¿Hay algo más peligroso?

Muchas alternativas y poca racionalidad

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comentarios
  1. Gonzalo Toca dice:

    Hola Santiago,

    Déjame que te haga tres reflexiones:

    1) Desde mi punto de vista, la sensación de irracionalidad tiene que ver con la transición entre la sociedad abierta y la cerrada. Ya no hay funciones vitalicias, ni conocemos al productor de lo que consumimos, ni la economía está planificada. Coincido plenamente con las conclusiones de Popper y Hayek en este sentido.

    2) Esto ha tenido su reflejo en esta crisis económica: se ha destruido uno de los consensos académicos que parecían intocables (aunque ahora dicen muchos estudiosos que nunca lo compartieron)… el mercado ya no es la suma de las elecciones racionales de sus agentes. A esto lo llaman los nuevos expertos, la falacia de la composición.

    Tu blog es estupendo y lo voy a añadir al blogroll,

    Gonzalo

    http://cisnesnegros.wordpress.com/

  2. Saludos. Apenas conocí tu blog y me está pareciendo muy interesante.

    No seas malito, ponme en tu blogroll. Acabo de inaugurar mi blog.

    Por ahí tengo una fabulita sobre el asno de Buridán (mejor dicho, sobre 5 asnos de B). Hoy la reviso y mañana la pego.

    wg

  3. CSPR dice:

    Si las posibilidades de elección se reducen a dos, la probabilidad de acierto es del 50 por 100. Abre un ampli abanico y evitarás que la gente acierte. Esa política me la conozco, jeje.
    Buen post.
    Saludos.

  4. irichc dice:

    “Por esto el caso que se cita del asno de Buridán, colocado entre dos prados, igualmente inclinado hacia el uno que hacia el otro, es una ficción que no puede tener lugar en el universo, aunque M. Bayle sea de otra opinión. Es cierto que si el caso fuera posible, sería preciso decir que el asno se dejaría morir de hambre; pero en el fondo, la cuestión recae sobre lo imposible, a no ser que Dios lo produjera adrede. Porque el universo no puede ser partido al medio por un plano tirado desde el centro del asno, cortándole verticalmente en el sentido de su longitud, de suerte que todo sea igual y semejante de uno y otro lado como una elipse o cualquiera figura en un plano, de las que yo llamo arfidextras, es partida de este modo en dos por medio de una línea recta que pase por el centro. Porque ni las partes del universo, ni las vísceras del animal son semejantes, ni están igualmente situadas por ambos lados en este plano vertical. Habrá, pues, siempre muchas cosas en el asno y fuera del asno, aunque no nos aparezcan, que le inclinarán y le determinarán a ir a un lado más bien que al otro. Y aunque el hombre sea libre, lo cual no es el asno, nunca deja de ser muy cierto, por la misma razón, que en el hombre el caso de un perfecto equilibrio entre dos partidos es imposible, y que un ángel o, por lo menos, Dios podría dar razón siempre de la resolución que el hombre ha tomado, designando una causa o una razón inclinante que le ha llevado verdaderamente a adoptarla, aunque esta razón sería muchas veces complicada e inconcebible para nosotros, porque el encadenamiento de las causas que se ligan las unas a las otras va muy allá.”

    Leibniz, Ensayos de Teodicea.

  5. Carlos S dice:

    Siguiendo la línea de tu post que entiendo sólo se monta el el famoso asno para señalar los “peligros” contemporáneos de las llamadas al comportamiento irracional, “vuelvo” a insistir en que se ponga la mirada crítica en la “levedad” (postmodernista) con que se alzan esos “slogans” aparentemente “emocionales” o “volitivos”. El origen de esta proliferación no la veo en los abismos del debate filosófico ni como parte por tanto de una renuncia a la racionalidad en favor de la emocionalidad, etc. Simplemente… es márketing. Simplemente… se agitan para “orientar” a la gente (o intentarlo) hacia lo más sencillo y que al hacerlo tengan un “argumento” que les sirva de apoyo. “Haz lo que te diga el corazón” en realidad quiere dar un “apoyo deudoideológico” a quien “elija” una opción “imaginaria” que antes se ha hecho pasar por “buena”.
    Y así…
    En ese fenómeno deberíamos, a mi criterio, echar una mirada, porque ahí está el peligro de lo que se viene. El peligro o la sociedad humana del futuro… que a muchos no nos gusta nada aunque sea la que mejor sirviese para que la humanidad se siga reproduciendo ampliamente…
    Un saludo.

  6. El asno, si está indiferente entre uno y otro montón de cereales, lo tiene fácil. Le basta con echar una moneda al aire y jugárselo a cara o cruz. Esto es consecuente con las dos premisas de su comportamiento, la indiferencia entre los dos montones y a necesidad de tomar una decisión.

  7. Hola a todos.

    Gonzalo:

    Recuerdo en la facultad cuando mis compañeros de clase y yo nos reíamos de las teorías de la decisión racional de ciertas escuelas sociológicas y económicas. Desde la filosofía llevamos milenios intentando definir racionalidad y van a llegar cuatro economistas a hacer predicciones en función a conceptos mal planteados la mayoría de las veces.

    William:

    Mucha suerte con tu nuevo Blog. Cuando esté algo más crecidito lo añado.

    CSPR:

    Ja, ja. Buena aportación. Mantén al pueblo confuso entre miles de opciones y lo tendrás dominado.

    Irichc:

    Bonito texto. Me gusta cuando dice que no se puede partir en dos el Universo porque ni las mitades de éste ni las vísceras del asno serían iguales. Es evidente que un evento tal que cuenta el asno es imposible. Siempre habrá una elección mejor que otra.

    Carlos:

    Sí, tienes razón en el sentido de que esos eslóganes son fruto del marketing. Se vende más detergente apelando a las emociones que a la racionalidad (más cuando además pretendes engañar al comprador), esa es la esencia de la retórica desde los sofistas. Sin embargo, la debilidad de la razón acompaña muy bien al asunto. El consumidor toma decisiones imbéciles, irracionales, pero como toda persona, ha de encontrar justificación, sentido en lo que hace para no entrar en disonancia cognitiva. Entonces busca en la razón pero antes de que llegue a ella, el publicista le dice: no, no vayas a la razón, no hace falta, tu obrar imbécil está bien, es lo correcto. El mercado legitima el obrar gilipollesco, lo justifica, y la razón está tan débil y tan vilipendiada que no se defiende, que no tiene la suficiente fuerza para responder al ataque.

    José Luis:

    Sí, evidentemente, hay soluciones racionales al problema. De hecho, no es racional morirse de hambre por no poder elegir entre dos montones de heno. El cuento es sólo una advertencia sobre la utopía de una vida absolutamente racional.

    Un cordial saludo a todos.

  8. Gonzalo Toca dice:

    Hola Santiago,

    Tres comentarios a lo que dices:

    1) Popper no era economista y, cuando Hayek se refería a esto, lo hacía en calidad de experto en el pensamiento político liberal.

    2) Me resulta curioso (y divertido) comprobar la superficialidad de los prejuicios que existen entre los economistas y los que se dedican a la filosofía. En este caso tú no eres una excepción.

    3) El tono que empleas en tus respuestas me resulta arrogante y, por ese motivo, no entraré más en este blog y tampoco lo referiré en mi página.

    Un saludo,

    Gonzalo.

  9. Gonzalo:

    No, perdona si te ha parecido eso. Creo que no has interpretado bien mi respuesta o no me he explicado bien (más bien lo segundo). No pretendía ponerte ninguna objeción, ya que estoy básicamente de acuerdo con lo que has dicho. Mi respuesta sólo pretendía completar tu segunda reflexión, no criticarte a ti (ni si quiera a Popper o a Von Hayek). Quería sólo criticar ciertas posturas que exageran la racionalidad del comportamiento de los agentes (completando tu “el mercado es la suma de las decisiones racionales de los agentes” de la teoría económica clásica). Por ejemplo, la actual teoría de juegos aplicada a tantos campos, es genial, pero no creo que represente correctamente lo que pasa en el mercado o en unas elecciones. Es un modelo ideal, formal más que real.

    Nada más. Siento que te haya parecido así, te repito que no era mi intención ser arrogante. Leyendo de nuevo mi respuesta entiendo tu enfado, debí ser más claro en lo que me refería. Te pido disculpas y espero que sigas entrando en el Blog cuando te apetezca y aportes cuantas reflexiones quieras.

    Un saludo.

  10. Carlos S dice:

    El lenguaje “marketiniano” es casi todo el lenguaje dominante, incluido el polñitico por descontado y hasta el científico a veces (lease Gould, v.g.).

    La “necesidad de racionalidad” es “real” sin duda, y un tema a mi criterio muy importante (y cada vez más en la medida en que “avanzo” en mis “investigaciones”). Justo estoy en la escritura de una entrada ad hoc. Tal vez deje entrever cosas un tanto chocantes para esa “necesidad” que acaba en “racionalismo” y “seudo-racionalidad” bastante “vergonzosa” en tanto “todos” se sienten “obligados” a sostener.

  11. Carlos:

    Habrá que leer tu entrada entonces.

    Un saludo.

  12. Santiago:

    La racionalidad en economía y en teoría de la decisión tiene dos vertientes. Primero significa tener preferencias no contradictorias (completas y transitivas) y, segundo, no ir en contra de ellas. Punto pelota. Con eso se llega bastante lejos. No impide tener preferencias altruistas, por ejemplo.

    Hay dos vertientes en cualquier teoría social, la descriptiva y la normativa. Muchas discusiones provienen de su confusión. Un ejemplo extremo y de una ciencia no social: los seres humanos multiplicamos muy mal de memoria. Eso es descriptivo. La tabla de multiplicar nos dice los resultados de las multiplicaciones si aceptamos los axiomas de la teoría de los números.

    La teoría de la decisión suele ser normativa. No le echemos en cara que no sea descriptiva cuando no lo intenta.

  13. Gonzalo Toca dice:

    Disculpas aceptadas Santiago. Ahora entiendo mejor tu respuesta.

    Creo que puede ser de tu interés la razón por la que muchos economistas admiran a Von Neumann:

    http://en.wikipedia.org/wiki/Expected_utility_hypothesis

    Un saludo y nos leemos por aquí. Como es natural estás invitado también a mi blog: http://cisnesnegros.wordpress.com/

    Gonzalo.

  14. José Luis:

    Sí, la teoría de decisión racional y la teoría de juegos, en cuanto a teorías matemáticas que intentan buscar soluciones a problemas de decisión, están en el campo del deber ser, y, por lo tanto, no son descriptivas. Te recomiendo “La evolución de la cooperación” de Robert Axelrod (si no lo has leído ya claro). Si te gusta el dilema del prisionero, aquí lo tendrás en todo su esplendor.

    Sin embargo, sí que han pretendido ser descriptivas en múltiples ocasiones. Y en este caso, a mi juicio, creo que en teoría económica se ha exagerado la racionalidad de los individuos a la hora de tomar decisiones. Si miras en cualquier manual de economía se suele definir al agente económico como a aquel individuo racional que pretende maximizar beneficios y se suelen describir sus actuaciones siguiendo patrones algorítmicos. Aquí te dejo un enlace donde se critica la teoría de la decisión racional.

  15. Gonzalo Toca dice:

    Hola a Santi y a José Luis,

    El libro que mejor refleja la historia de las ideas racionalistas e irracionalistas sobre el mercado es “The Myth of the Rational Market”. Si os interesan los detalles de las dos escuelas, ése es vuestro libro.

    En segundo lugar, dejarme añadir dos matices a vuestro debate:

    1) Es importante que tengáis en cuenta que “decisión racional” en filosofía y en economía no es lo mismo. Los sistemas filosóficos se refieren a la razón humana en su más amplia expresión y los modelos económicos parten de unas premisas que simplifican voluntariamente la realidad. En economía la clave es ser predictivo y en filosofía, entre otras cosas, ser congruente.

    2) Por otro lado, recordad que la decisión racional en economía es algo más que no contradecirse, poder elegir y ser consecuentes con la opción que hemos elegido. Un ejemplo muy célebre que sintetiza su complejidad es el de Milton Friedman y la mesa de billar: los jugadores no conocen las teorías físicas que hay detrás de sus movimientos, pero las aplican igualmente en sus cálculos de utilidad y terminan beneficiándose de ellas.

    Un saludo,

    Gonzalo.

  16. Santiago, Gonzalo:

    La teoría de la decisión, la teoría de los juegos y la teoría económica funcionan bien cuando el sujeto es experto en el problema de decisión, juego o mecanismo económico en el que está. Ahí lo normativo funciona bastante bien como descriptivo.

    En la mayoría de los mercados (competitivos, monopolistas,…), sin ser expertos, la mayoría de las teorías económicas también funcionan bien como descriptivas. En situaciones complicadas como decisiones donde hace falta muchos cálculos o en que se mezclan distintas consideraciones emocionales, o en mecanismos complejos como algunos mercados especializados, la teoría no funciona muy bien. Pero, por lo menos en los mercados especializados, se contratan asesores que sí conocen el tema y acaban funcionando como dice la teoría (p.e., pasó en las subastas del espectro electromagnético en telecomunicaciones en los países en que así se hizo).

    Lo que no hace la teoría económica es decir cómo se hace para desarrollar un país pobre ni cómo se hace para adivinar el futuro, aunque sí da unas cuantas pautas de cosas que conviene y de cosas que no.

    Siempre se pueden encontrar ejemplos en que no funcione. Pero los casos en que lo hace son tremendamente importantes. Yo diría que el análisis económico moderno (con la teoría de la decisión y la de los juegos) explica muy bien la mayoría el comportamiento del 70% de la economía. Otro 20% de las decisiones están en manos de los políticos, y ahí hace falta introducir restricciones políticas. Para el 10% restante podríamos necesitar otra teoría que tenga en cuenta la irracionalidad (desde el punto de vista económico) del agente.

    ¡Ojo! No dice que los comportamientos den lugar a algo bueno, sino que, dado el sistema, las decisiones individuales racionales implican tales y tales cosas, aunque estas cosas, agregadas, nos lleven a donde no queremos.

    Cualquier teoría alternativa a la racionalidad estándar debe encontrar que los agentes son consistentes en su irracionalidad para tener algún poder predictivo y ser falsables. Tiene que cumplir, además, que, expuesto a la teoría y conocida su desviación respecto a la estándar, el agente no quiera revisar su decisión. Es decir, la teoría debe sobrevivir a su propia publicación para ser sensata. Esto no es fácil, pero lo están intentando los que se dedican a “behavioral economics” o, incluso, a “neuroeconomics”.

    Gracias a ambos por las referencias. El libro de Axelrod lo leí hace tiempo. La crítica que citas a la elección racional está en la línea de las que llevo conociendo desde hace más de 20 años. El ejemplo de Friedman ilustra, efectivamente, que racionalidad abarca inteligencia para resolver los problemas (algunos autores prefieren separar ambas cosas).

  17. José, Gonzalo:

    Vamos a poner un caso para hacer la cosa divertida:

    Manolo quiere comprarse un coche y en su decisión intervienen los siguientes factores que él mismo nos cuenta:

    1. Tengo 42 años, soy albañil, mi mujer está en paro y tengo cuatro hijos menores de edad a los que mantener.

    2. Mi coche favorito es un Seat 600. Es una elección algo extraña pero es que mi abuelo tenía uno y pienso que comprándolo recordaré los momentos felices que pasé con mi él.

    3. El Seat 600 es ya una reliquia y, por lo tanto, ha duplicado su precio.

    4. Tengo un primo que es peluquero. Él me aconseja que no me compre el Seat 600, sino que, por menos precio, me compre un BMW, coche con muchas mejores prestaciones.

    5. Mi mujer me aconseja que no me compre nada, que ahorre ya que como albañil no tengo un contrato fijo y dado que estamos en crisis pueden despedirme en cualquier momento. No obstante, no me importa mucho. Soy una persona a la que no preocupa el riesgo.

    6. En el concesionario me han ofrecido un Seat 127, coche de la misma época que el 600, por la mitad de precio. No es lo mismo pero le voy cogiendo el gusto a eso de los coches antiguos y el 127 me parece muy bonito.

    7. Mi primo Paco, que es mecánico, me dice que el Seat 600 fue un gran coche, que tenía un gran motor muy resistente.

    8. Y mi primo Luis, contable en Cajasol, me dice que es un gran momento para comprar un coche, que han caído las ventas y los precios están por los suelos.

    ¿Podemos predecir lo que hará Manolo?
    ¿Es muy extraño este caso o todos los días se dan casos parecidos?

  18. Cada decisión individual se hace a su manera, pero al final prevalecen unos cuantos patrones, por ejemplo el de la oferta y la demanda. Esos patrones se pueden modelizar y son predecibles. Se puede predecir (por lo menos cualitativamente) qué pasará si se pone un impuesto aquí, una subvención allá, una cuota del otro lado, un precio mínimo más allá,… Y con esto se puede tener una idea de cómo organizar unas cuantas cosas en la economía.

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