¿Sabes enderezar tus orejas?

Publicado: 12 julio 2009 en Antropología, Evolución
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Siempre he pensado que somos unos organismos muy feos. Si una raza extraterrestre nos observara seguro que no nos catalogaría en el top 10 de hermosura cósmica. Somos asimétricos, irregulares, blanduchos,  rodeados de pelos, sudorosos, llenos de vísceras malolientes… Suelo pensar en las manos, nuestra gran superadaptación, como en lo peor: diez dedos de distintas longitudes que no pueden girarse de modo independiente… parecen amorfos, raquíticos y huesudos tentáculos que se mueven velozmente como patas de cucaracha. Pero si uno observa aun más, encuentra el órgano horrendo y deforme por excelencia: las orejas, esos dos buñuelos arrugados que se abren como alas de coleóptero en algunos desafortunados individuos a los que denominamos como orejas de soplillo. No podría ser de otra manera, las orejas son chapuzas evolutivas, órganos rudimentarios. Darwin nos lo cuenta en El Origen del hombre:

“Los músculos que sirven para mover el aparato externo del oído, y los músculos especiales que determinan los movimientos de las distintas partes pertenecientes al sistema paniculoso, se presentan en estado rudimentario en el hombre. En su desarrollo, o a lo menos en sus funciones, ofrecen variaciones frecuentes. He tenido ocasión de ver un individuo que podía mover hacia delante sus orejas, y otro que podría echarlas hacia atrás. La facultad de enderezar las orejas y moverlas en distintos sentidos, presta indudablemente grandes servicios a muchos animales, que pueden así conocer el punto por donde les amenaza algún peligro, pero nunca he oído hablar de hombre alguno dotado de la facultad de enderezar las orejas, único movimiento que le pudiera ser útil. Toda la parte externa de la oreja, en forma de concha, puede ser considerada como un rudimento, lo propio de los diversos repliegues y prominencias que en los animales inferiores las sostienen y refuerzan, cuando está tiesa, sin aumentar en mucho su peso. Las orejas de los chimpancés y orangutanes son sumamente parecidas a las del hombre, y los guardianes del jardín zoológico de Londres me han asegurado que estos animales no las mueven ni las enderezan nunca; por lo tanto, consideradas en cuanto a sus funciones, se hallan en el mismo estado rudimentario que en el hombre. No sabemos decir por qué estos animales, como los antepasados del hombre, han perdido la facultad de enderezar las orejas. Es posible, aunque esta idea satisface por completo, que poco expuestos al peligro, a consecuencia de su costumbre de vivir en los árboles, y de su fuerza, hayan movido con poca frecuencia las orejas durante un largo periodo, perdiendo la facultad de hacerlo”.

A pesar de que la explicación del porqué de nuestras atrofiadas orejas es lamarckiana, da para pensar un par de ideas. Habitualmente tenemos la impresión del diseño acabado en todo organismo que observamos. Parece que todo en nuestro cuerpo tiene una función clara y delimitada, que está completo, no faltándole ni sobrándole  nada. Pues no, hay que intentar comprender nuestro organismo como un conjunto en el que muchas piezas están inacabadas (si no todas si lo pensamos a nivel absoluto), son rudimentarias. Nuestro cuerpo está “a medio hacer”, y el hecho de no poder mover nuestras feas orejas es una prueba más de ello.

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comentarios
  1. leo dice:

    tengo las orejas como posillo megustaria saber que tengo que hacer

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