Las apariencias engañan o de la primera ontología de Occidente

Publicado: 29 septiembre 2009 en Filosofía general, Teoría de la percepción, Teoría del conocimiento
Etiquetas:, , , , , ,

Cuando uno estudia los orígenes de filosofía en la Grecia presocrática, la primera impresión es la de que esos pensadores albergaban cierta ingenuidad, cierto infantilismo de quien, con gran ilusión, empieza por primera vez una gran empresa. Esto es verdad: los presocráticos tienen la frescura del nacimiento de la filosofía y el, muy interesante para el historiador, impulso originario y originador, pero parecen ingenuos, ya anticuados, poco sofisticados.

A mí esta sensación me dura hasta que llego a la figura de Parménides y a su famoso poema. Unas doncellas hijas de Helios llevan al perplejo Parménides a una cueva en donde una misteriosa diosa le revelará la auténtica verdad, la gloriosa aletheia griega. De esta palabra me encanta tanto su sonoridad como su significado: hacer patente lo que está oculto. Y es que una de las grandes aportaciones presocráticas será diferenciar entre apariencia y realidad. Lo que percibimos por los sentidos, lo que nos dice nuestro día a día (nuestra actitud natural en términos de Husserl) no es lo verdadero, no es la auténtica realidad. La verdad está más allá, oculta tras el velo de las apariencias y sólo accesible al auténtico sabio, al filósofo, al amante incondicional de la sabiduría. A partir de Parménides, la realidad será dual, llegando esta postura a su paroxismo en la teoría del conocimiento kantiana. Pero, ¿es esto así? ¿Hay dos realidades paralelas, una verdadera y otra falsa?

La mayoría de los humanos vivimos en la doxa, la mera opinión vulgar, ya que sólo nos quedamos en este mundo de apariencias sin profundizar en él. Esta valoración peyorativa de la opinión subjetiva contrasta con conductas posmodernas tales como “es mi opinión y es tan respetable como cualquier otra”. Parménides se tiraría de los pelos: ¿Cómo que la opinión propia es digna de respeto e igualable a cualquiera? No, sólo un discurso es digno de respeto: el verdadero. ¿Y cuál es ese discurso verdadero? El del pensar, ya que es idéntico al del ser. Tus sentidos sólo pueden darte opinión, pero tu razón puede hacer que rompas el velo de lo aparente.

Parménides furioso ante los que escogen el camino del no ser

Mediante una lógica contundente, la Diosa revela a Parménides la primera ontología de la historia de Occidente. Partimos de dos axiomas: en primer lugar, lo que es es y no que no es no puede ser, ni siquiera puede pensarse ni expresarse; y en segundo, es imposible pasar del ser al no ser ni viceversa (principio de conservación de la materia). Si los aceptamos, ¿qué características podrá tener lo que existe?

1. El ser es increado e imperecedero, es decir eterno. Si el ser tuviera un comienzo, antes de él debería haber no ser, lo cual es imposible ya que el no ser no puede ser y, además, en el comienzo el ser tendría que crearse del no ser (creación ex-nihilo), lo cual contradice nuestro segundo axioma. Razonando igual, el ser no puede tener un final.

2. El ser no fue jamás ni será, ya que es ahora. Si el ser hubiera sido, al ser ahora en el presente ya no sería lo que era en el pasado, y si el ser será, cuando sea en el futuro habrá dejado de ser lo que era en el presente y en el pasado, por lo que el ser deja de ser algo para ser otra cosa, lo cual introduce no ser y eso es imposible. El ser ha de ser actualidad pura, el ser no es que sea sino que está siendo. Esta intuición es tremendamente interesante puesto que sitúa la existencia fuera del tiempo.

3.  El ser es indivisible y homogéneo. Si pudiéramos dividirlo en partes, unas partes no serían las otras, lo cual constituye una inadmisible introducción del no ser.  Tampoco acepta la diferencia, ya que lo diferente expresa que no se es igual a otro, lo cual introduce de nuevo el no ser.

4. Todo está lleno de ser. Si no fuera así, existiría el no ser, lo cual es absurdo. Del mismo modo el ser es continuo, sin aceptar cualquier discontinuidad de no ser.

5. El ser es inmóvil. Si cambia de lugar, aparte de que el “espacio” en donde se mueve ha de ser de no-ser, ya no sería el que era antes en el lugar que abandonó. De nuevo aparece el inaceptable no ser.El problema de la posibilidad del movimiento será bellamente expresado en las paradójas de Zenón.

¿Cómo es posible que el ser tenga estas características cuando lo que nos parece es todo lo contrario? ¿No es la realidad plural, cambiante (el panta rei de Heráclito), llena de entes efímeros y perecederos, repleta de partes, discontinuidades y diferencias? Sí, pero esa es la realidad de la doxa, de los ignorantes que sólo saben ver con los ojos. Tenemos un instrumento, la razón, que bien usada nos hace conocer la auténtica verdad, la que está detrás de todo, la del sabio.

A pesar de que la ontología de Parménides representa una flagrante confusión de los usos copulativo y atributivo del verbo ser y que, a fin de cuentas, no deja de parecer, a pesar de todo, extravagante, no tenemos que buscar mucho para encontrarle actualidad. Si pensamos en, por ejemplo, la teoría de supercuerdas, en alguna de sus versiones hace falta una realidad de hasta 26 dimensiones… ¿cómo es posible una realidad de tantas dimensiones cuando parece evidente que la nuestra sólo tiene tres? Porque las matemáticas superan el velo de las apariencias para llegar a lo que está más allá. ¿Cómo es posible que, según Einstein, el tiempo cambie según el movimiento? ¿No parece fuera de toda duda que todos vivimos en el mismo presente? Las apariencias engañan.

Anuncios
comentarios
  1. José Manuel dice:

    Las teorías de cuerdas o supercuerdas corren el riesgo de convertirse en pseudociencia. Es imposible la comprobación experimental de sus predicciones. Hay premios Nobel que ya lo han advertido.

  2. Hola José Manuel.

    Sí, tienes toda la razón. Muchas teorías, sobre todo en física y cosmología, son terriblemente extravagantes.¿Es verdad que hay muchos universos? ¿El gato de Schrödinger está vivo o muerto?

    La teoría de supercuerdas únicamente multiplica las dimensiones para que “cuadren” los cálculos matemáticos. ¿Es lícito “traicionar” todo nuestro sentido común en pro de la elegancia matemática? Del mismo modo… ¿cómo haces un experimento en, digamos, once dimensiones? No obstante, creo que lo más lógico es esperar, dar tiempo a que la teoría avance y ver hasta donde puede llegar. A fin de cuentas, es lo mejor que tenemos a día de hoy.

  3. Por lo menos la teoría de cuerdas tiene coherencia lógico-matemática. La relatividad tiene, además, una validación empírica. Estas dos cosas les faltaron a aquellos filósofos, pero es perdonable, por alguna parte había que empezar.

    Lo malo es cuántos hoy en día se permiten decir cosas del mundo sin lo uno ni lo otro, quedándose sólo con discursos metafísicos, que por complicados y sofisticados que parezcan, no pasan de ser este tipo de pensamiento primitivo como el de Parménides. Y no solo eso, creen estar por encima de los que hace tiempo han superado ese estado y saber más del mundo que los que sí hacen descubrimientos.

    Esta es una de las cosas que más me sorprende al discutir con gente aparentemente inteligente, pero enredada en metafísicas a cual más extraña.

  4. Adolfo dice:

    No conozco de la teoría de cuerdas más que el “por dónde va”, pero creo recordar que todavía no es una teoría plenamente formada y que aún hay muchas cosas que no encajan.

    “Por lo menos la teoría de cuerdas tiene coherencia lógico-matemática. La relatividad tiene, además, una validación empírica”
    Sí, claro, pero la teoría de la relatividad no encaja con la física cuántica, y eso es lo que se pretende solventar con la teoría de cuerdas.

    La cuestión de si es ciencia o no, a mí me parece clarísimo: es ciencia, al igual que lo son las matemáticas. Pero no sé hasta qué punto puede llamarse “física”, puesto que aunque pretende dar una explicación de la realidad, no hay ningún tipo de aserción empírica que permita acreditarla. Es un enorme artilugio matemático que intenta explicar cómo se comporta el mundo, pero que no nos proporciona ninguna forma de falsearlo.

    Es decir, que quizá lleguemos a plantear un mundo de 11 dimensiones para explicar todos los fenómenos que ocurren en nuestro mundo de tres dimensiones, pero no por ello el mundo va a tener 11 dimensiones, seguirá teniendo tres. No creo que sea una teoría que explique la realidad, sino cómo se comporta ésta.

  5. Héctor M dice:

    Me gustó el post aunque, de normal, los filósofos griegos me empalaguen 😦

    Ahora bien, no puedo evitar comentar un punto que has mencionado:
    A partir de Parménides, la realidad será dual, llegando esta postura a su paroxismo en la teoría del conocimiento kantiana.

    No creo que los idealismos multipliquen las realidades antes bien, son las únicas que la respetan tal cual es.

    Sólo, por definición, puede existir una realidad que es la que percibimos pero cuando la mentamos o aprehendemos de forma verbal, cuando la diseccionamos y categorizamos, nos puede pasar como con las fronteras, o sea, que sean arbitrarias. Un poco a la manera de de la enciclopedia china de Borges, que es precisamente lo que quería ilustrar el argentino.

    El idealista, pues, es el único que dice que las fronteras son arbitrarias, flatus vocis. Por ejemplo, dirá que cuando alguien muestra un perro a otro, no está mostrando un pedacito de realidad llamada perro, sino coordinando sus conductas frente a la realidad con el otro mediante ese coordinador de conductas que es el lenguaje pues, al fin y al cabo, el aprendizaje grosso modo no es más que la adquisición de una respuesta conductual debido a un estímulo ambiental.

    Es más bien el realista, el que mulitiplica siempre los entes y nos dice que nuestras percepciones indivualizadas de un perro se remiten a un universal perro auténticamente real que existe además del que estamos singularmente percibiendo. No en vano, sólo los idealistas no sufren al tratar de explicar el principio de individuación.

    Si te fijas, más allá de la teoría de supercuerdas, la teoría científica más aceptada para explicar por qué el ser y la nada, es la hipótesis de Tegmark que viene a decir que lo auténticamente real son las estructuras. Dime si eso no es multiplicar las realidades, el decir que tú y yo somos reales pero además también lo son las estructuras matemáticas, y los átomos que crean y etc…

    En suma, el idealista habla de una sóla realidad auténtica de la que no se puede hablar aunque sí interactuar con ella. El resto, cree que las realidades se construyen a golpe de palabra.

  6. José Manuel dice:

    Pero si la matemática es un concepto abstracto inventado… A Max tegmark se le ha ido la pinza. ¿Cómo se comprueba empíricamente las estructuras como entes matemáticos? Creo que como las ideas eternas de Platón.

    Por otro lado, la teoría M -teoría sobrevalorada donde las haya- postula la existencia de 10^500 universos posibles, lo que es conocido como el “fenómeno de paisaje”. Puede que el encaje matemático sea elegante, pero, como dice un físico teórico español, la elegancia para las vestimentas de los sastres, no para la física…

  7. Hola a todos:

    José Luis:

    Es ya famosa en la red tu serie “Al monte se va con botas”. Efectivamente, muchas filosofías que tratan de pasar por conocimientos serios y rigurosos están “bastante descalzas”. Hace un tiempo asistí a la comunicación de una profesora que hablaba sobre Heidegger y Aristóteles y el infinito omniabarcador y omniabarcante… Al escucharla me preguntaba… ¿sobre qué enunciados observacionales se basa lo que dice está mujer? ¿Qué axiomas maneja y en base a qué lógica los desarrolla? ¿Define con claros referentes sus conceptos? ¿No estará mezclando categorías lingüísticas? Ninguna respuesta me dejaba lugar a dudas: era charlatanería, más o menos inteligente, ingeniosa o emotiva, pero charlatanería.

    Adolfo:

    Es cierto de que muchas cosas no encajan, ni siquiera en la misma teoría de la relatividad (con más de un Siglo de antigüedad). Y es que hay que perder la idea de que las grandes teorías son “un todo perfecto”. No ha existido paradigma alguno que en un momento histórico no tuviera “baches” o problemas de diversa índole: cosas que no explicaban bien, datos experimentales en contra, pobreza de respaldo experimental o mucho experimento y poca teoría para explicarlo…

    El problema de las supercuerdas es que, a su escasa base experimental, se une que dicen cosas que… en fin, algo extrañas ; siendo su gran virtud la elegancia matemática que, lógicamente, no es sinónimo de verdad.

    Héctor:

    Magníficamente traído el planteamiento de Tegmark, viene al tema como anillo al dedo. No obstante, me parece la típica figura “guay” de la ciencia. Otro que se va a forrar vendiendo libros. Se apunta a todas las posturas arriesgadas: interpretación subjetivista de la ecuación de Schrödinger, Everett, universos múltiples paralelos y superpuestos… y ya culmina en el platonismo matematizante absoluto… No me creo que, como bien sugiere el entrevistador, yo y todo lo que me rodea seamos un conjunto de ecuaciones.

    Con respecto al idealismo y al realismo, vamos a aclarar términos. Yo entiendo el idealismo como un subjetivismo, al estilo de Fichte (la teoría de Tegmark, sería una forma de idealismo) y el realismo como un objetivismo: la realidad es independiente del sujeto y, lo que percibimos, es más o menos real. En otro post que hablamos yo afirmaba defender un cierto tipo de realismo.

    No obstante creo que tú estás entendiendo el realismo en términos clásicos, encuadrándolo en el problema de los Universales. Aristóteles sería realista ya que los conceptos son para él reales mientras que Ockham no sería realista ya que para él son sólo flatus vocis, fronteras arbitrarias. En este sentido estoy de acuerdo contigo y no sería realista. La “perroidad” no tiene existencia fuera de mi mente.

    Las estructuras matemáticas son construcciones de la mente que pueden ser utilizadas para crear modelos, simulaciones, copias del mundo real. Si emulan bien la realidad en el sentido en el que hacen predicciones correctas, diremos que son verdaderas, pero no que son reales. Lo único real es el mundo “exterior”, un único mundo cuya verdad, aunque difícil, no está “detrás de él” o sea esencialmente incognoscible a lo kantiano.

    Mi realismo, más que parecerse al aristotélico va en otra línea: delante de mí está mi portátil y creo que aunque no lo perciba exactamente tal y como es, la afirmación “Mi portatil está delante de mí” es básicamente verdadera. Simplemente, apuesto por el sentido común dentro de tanta extravagancia. Sin embargo, el idealismo, espero hablar de lo mismo que tú, afirma que el mundo es un producto del sujeto, y yo no acabo por creerme esto.

    José Manuel:

    Por cierto, mi declaración de hacienda tiene una tremenda elegancia matemática… Le diré al inspector que eso no significa nada… 😉

  8. Héctor M dice:

    Santiago,

    No sé si nos desviamos del tema pero es que me resulta muy interesante.

    Dices:
    Las estructuras matemáticas (…) Si emulan bien la realidad en el sentido en el que hacen predicciones correctas, diremos que son verdaderas, pero no que son reales.

    ¡Narices! Estoy totalmente de acuerdo pero si verdaderamente firmas esa frase tuya entonces yo creo que eres (o tienes maneras de) idealista XDDD

    Bueno antes que nada, aclaremos dónde estamos. Dices:
    el idealismo, espero hablar de lo mismo que tú, afirma que el mundo es un producto del sujeto, y yo no acabo por creerme esto.

    Sí, estamos en lo mismo. Yo, en concreto, soy un constructivista radical. No asimliamos el mundo, lo re-creamos.

    Dices:
    la afirmación “Mi portatil está delante de mí” es básicamente verdadera.

    Supongo que entiendes la verdad en el sentido adecuacionista. Bien pero ¿cómo sabes que has hecho la traducción correcta entre el lenguaje fenómenico y el modélico/científico?

    Me explico y déjame que te cite una parábola de Quine que últimamente la cito mucho para unas discusiones también ontológicas y antológicas que he tenido: Hablo de Gagavi

    Un aborigen señala un conejo dice “gagavai” y el colonialista cree que habla de un “conejo”. Como idealista pienso que hay una realidad única idéntica para ambos pero nombrada de modo diferente porque cada uno la nombra desde su lenguaje: uno de ellos lo llama “gagavai” y el otro “conejo” pero lo que dice el idealista es que no existen ni los “gagavai”s ni los “conejo” sino algo existente para ambos pero nombrado de diferente modo. Ahora bien, no sabemos si la categorización de la realidad hecha por el aborigen con la palabra “gagavai” se circuncribe únicamente a lo que nosotros llamamos conejo (habría entonces isomorfismo entre nuestros lenguajes) o bien puede ser que se refiera a una pata del conejo, a un conejo corriendo, a un etc. y como sabemos que una definición ostensiva presupone un uso del lenguaje previo y como sólo es desde nuesto lenguaje (neurobiología) desde donde realizamos nuestras ontologías entonces no podemos establecer un referente con el aborigen extraterrestre con el que establecer un lenguaje/ontología objetivamente válido. Estamos en el relativismo ontológico. Nuestras verdades/ontologías son válidas para nosotros pero nunca podemos asegurar su objetiva validez.

    De hecho cuando decimos “conejo” no estamos creyendo en la conejeidad sino que la postulamos para nuestra comunicación pero bien pudiera ser que el aborigen no entendiera que existan conejos pues él es como Funes el Memorioso.

    Precisamente por esto, he mezclado aposta el realismo aristótelico con el tuyo pues creo que hay una conexión: tu, cualquier, realismo implica el de Aristóteles.

    Si dices que estás frente al ordenador te entiendo pero porque, y en la medida en que, soy humano. Tu verdad no tiene más alcance aunque tu realidad vivida es absoluta.

    A ver si te animas a escribir un post del tema 😉

  9. Héctor:

    Una cosa es percibir y otra hablar sobre el mundo. Defiendo el realismo en el sentido en el que creo que lo que percibo es más o menos real. Si la humanidad entera dejara de existir, mi portátil seguiría allí de un modo parecido a como yo lo percibo.

    Ahora, otra cosa es cuando yo hablo de mi portátil. La palabra portátil, para mí tiene un referente que a lo mejor no es el mismo para ti (puedes pensar en algo “plegable” en vez de en un ordenador, por ejemplo), pero esto no implica que el portátil tal y como lo percibimos no esté allí o no sea el mismo para los dos. Quizá yo no pueda establecer un lenguaje ontológico para comunicarme con un extraterrestre, pero eso no quitaría nada de realidad a mi portátil.

    Creo que el constructivismo confunde realidad con lenguaje. Cuando Plutón no había sido descubierto y nadie hablaba de él, no por ello Plutón no existía.

  10. Carlos S dice:

    Desarrollar un discurso alternativo (alternativo al racionalismo de la Ciencia) que ya quedó más que planteado por Nietzsche, parece poco productivo y algo de difícil de sintetizar. Por eso sólo pondré en el tapete dos simples precisiones y la invitación a pensar en ello (y a quedarse, seguramente, sin dar con una re-solución): en primer lugar: cuando se habla de “la verdad” en los discursos filosóficos se habla aprioristicamente de “la verdad oculta”, es decir, se presupone su supuesta existencia y su supuesta ocultación detrás de la apariencia. ¿O no es así, es decir: tiene alguien y por qué y de qué manera la certeza de que “sea realmente” así? En este punto, lo más que me atrevo a deducir es que ese “apriorismo” refleja una “situación” humana, una “necesidad” nacida de una “sensación”, un “invento” (lo es todo apriorismo, ¿o no?) para rellenar de algún modo una “incertidumbre” insoluble; repito: insoluble (¿o alguien me dirá cómo se resuelve… “absolutamente”, “certificadamente”, etc., con “derecho” de “legitimidad”). Esa “verdad” que se supone “oculrta” tras “la apariencia” no es la de que lo que tenemos delante “no exista”, no tenga “realidad”, porque esto debemos aceptarlo como verdad obvia en tanto nuestras sensaciones y pensamiento “sufren” su interactividad, lo que hace esa conclusión “indiscutible” o puramente “retórica”, apta para la ficción literaria, etc., pero no para moverse por el mundo y responder (¡responder!, esta es para mí la condición y el condicionante) a la dinámica propia, a lo que somos, y a la del mundo “exterior” tal como lo discriminamos. Esa “Verdad” sería pues La Esencia “profunda” que tanto nos gustaría que existiera y tanto nos gustaría conocer (si existiera).

    La segunda cosa igualmente vinculada y sobre lo que parece que pasamos siendo a mi criterio decisiva:

    Parménides es informado de cuál es esa Esencia, esa “Verdad ültima”, por… una diosa. ¡Ajá!, claro, porque ningún hombre es capaz de dar con las respuestas. como ya señaló Nietzsche (no tengo datos aún acerca de si tomándolo de Schopenhauer, pero estoy en ello). Ahora bien: ¿alguien cree posible dar con esa u otra diosa o dios que se lo diga? ¿Alguién duda que Parménides se invenmtó la diosa de atractivo nombre y sin duda engañosa?

    En fin, ahí lo dejo amigos… y a ver si dejamos de separar las conclusiones a las que nos lleva esto de las escaramuzas que “necesitamos” para seguir viviendo y para vivir como vivimos y de lo que vivimos… Y dejamos de hacer… lo que hizo Parménides.

    Un saludo.

  11. Héctor M dice:

    Termino. De verás:

    Si la humanidad entera dejara de existir, mi portátil seguiría allí de un modo parecido a como yo lo percibo..

    Claro, quien negara eso sería solipsista. Es un hombre de paja afirmar que el idealismo lo es.

    Creo que el constructivismo confunde realidad con lenguaje.

    ¡joder! yo creo que es justo lo contrario. Es como cuando dices que las estructuras matemáticas pueden ser verdaderas pero no reales. Correcto, pero, fíjate que lo contrario lo defienden los realistas. Lo de Tegmark es puro platonismo y el platonismo es puro realismo

    Por cierto, lo de verdad desvelada son hombres de paja (tristemente como siempre) mi concepción de la verdad no es adecuacionista y por tano no descubre nada oculto.

    Termino con una nota humorística: Hume dijo que los argumentos de Berkeley no admitían la menor réplica, no causaban la menor convicción XDDD

  12. Santiago:

    Has descubierto mi secreto. Soy famoso, pero la gente todavía no lo sabe. 🙂

    Para mi desmayo, la lectura inaugural en mi Universidad se titulaba “Por qué, de nuevo, metafísica?” Menos mal que me encuentro lejos, en mi sabático.

  13. José Luis:

    ¿Año sabático? ¡Qué envidia malsana!

    Héctor:

    Sí, el realismo que cree en la existencia de cosas como sustancias, valores éticos o entidades matemáticas confunde realidad con lenguaje. Pero es que el idealismo, en el sentido en que la realidad se “crea” a base de conceptos también lo hace.

    Lo que yo digo es que la palabra “perro” no tienen absolutamente nada que ver con un perro real, y la palabra tal no existe sino como algún tipo de conexión químico-eléctrica en mi cerebro que me es muy útil para comunicarme. En esto no me parezco ni a Aristóteles ni a Tagmark.

    Y sí, entiendo la verdad de modo adecuacionista, no entre el lenguaje y la realidad sino entre realidad y aparato perceptivo.

    Carlos:

    Muy freudiano-nietzscheano: ¿será la verdad tan sólo una pulsión de seguridad y estabilidad? ¿una neurosis fruto de trauma o expresión del tótem de la autoridad paterna? ¿Será la verdad la expresión de una voluntad de dominio?

    Te recomiendo, si no lo has leído ya, un capítulo de “El Ocaso de los ídolos” de Nietzsche titulado “Historia de un error”. Allí se hace una historia de la verdad en términos de autoridad absolutamente deliciosa.

    Un saludo

  14. Carlos S dice:

    Froidiano o “psicológico” (que tiene por definición una dimensión individual) tan en mínimos como inadecuado: mi posición no admite esa dimensión como “determinante”. Las cosas decisivas pasan para mí en un plano más complejo. HAy una especie de simplificación necesaria en poner mis conclusiones en el plano psicológico. El fenómeno de la conciencia, humano por antonomasia (aunque ya presente en formas simples en sus ancestros) es para mí un producto de la evolución (en términos amplios), un resultado derivado de resultados anteriores con los que encadena en tanto que consecuencia (y de nuevo debo aclarar antes que se supongan simplicidades: en la concatenación intervienen múltiples hechos, situaciones, resultados que vienen de caminos más o menos independientes, etc.; se trata de un cuadro típico de “complejidad”, de “interacciones”, de pesos diversos y cambiantes, etc.).

    No es psicológico entender que la “presencia” de la conciencia para el propio hombre como entidad viva de lugar a un conflicto que aparece en la “jugada” de Parménides al igual que en toda la filosofía y la ciencia posteriores: a la pregunta de dónde viene y qué poder tiene… se tiende naturalmente o “lógicamente” a pensar que Dios habla en nosotros, etc. Esto fue ya comprobado por estudios neurológicos. Sócrates habla de su demon no por nada, etc. La sensación de certeza y objetividad es igualmente natural. Dios cede su lugar a La Razón (primero… Dios empieza por ser “legitimado” por ella en lugar de la versión tradicionalista previa de La Ley entregada para su cumplimiento… etc.) Esto no es psicológico sino histórico, y se expresa en lo social y no en el individuo como ente aislado. La conciencia, por otra parte, como resultado evolutivo, tiene una función de herramienta para la supervivencia, y permite la aspiración al dominio sobre todo lo demás, otros hombres incluidos. Esto es social y sigue un curso histórico. La idea de “saber o poder hablar con Dios”, de “taner algo que permite ese diálogo o de ser intérprete”, de “ser mejor en pensamiento o habla o escritura o narrativa”, etc., es socialmente utilizado para mejorar la posición social, para legitimar un lugar mejor junto al poder o en el poder, etc. Esto no es psicológico. En fin… las alegorías se ponen en el tapete y a veces ayuan a pensar en la dirección más provechosa para sacar conclusiones no trilladas. Y a veces no. Y también esa dificultad para descubrir nuevas lecturas es social y se inscribe en un rechazo a la propia conciencia del problema. No es “alienación” psicológica ni autismo… sino defensa de posiciones sociales que están muy vinculadas a un discurso. Y una manera entre otras, muy astuta por cierto, consiste en meter las conclusiones en un cajón con etiqueta equivocada. Algo como lo que se hizo de entrada con las muestras del cámbrico que halló Wallace (y que Gould tildó de maliciosidad… para ser malicioso él mismo), valga como ejemplo.

    Gracias por la recomendación. Nietzsche, del que leí varias cosas, repite su discurso desde los veintipico años, y siempre otra repetición será deliciosa y con aportes, pero lo fundamental está dicho y lo cierto es que no pudo llegar todo lo lejos que podemos hoy. Una cosa es reconocer la necesidad humana del Mito (de los mitos) y otra prooner un mito supuestamente “liberador” capaz de conducir al “superhombre”. Sólo pretendo rescatar de quien sea aquello que parece aportar riqueza y coherencia para situarnos… y ¿dónde si no en “la ciudad”, en el día a día? Esto es política y sociedad y eso es lo que me preocupa. No “La Verdad” sino “su problema” y sobretodo su uso y su función… en parte de mentira.

    Y corto porque ya he usado mucho blog ajeno, aunque tal vez no sólo insuficiente sino también inconduscente. En todo caso, espero haber contribuido a mover el avispero.

    Gracias y un saludo.

  15. Héctor M dice:

    Santiago, lo del comentario de la verdad adecuacionista no iba por ti sino para aquellos que han querido leerme como les apetecía.

    Ahora bien, pensándolo mejor, sí que es posible que en última instancia nuestras discrepancias empiecen ahí. Aún estoy comenzando a explorar nuevas alternativas, así que ya te diré
    Y que cosnte que todo empezó porque, no sé si te acuerdas, en una discusión contigo, me preguntaste qué entendía por verdad y me dejaste planchado…

    Saludos (excesivamente) matutines

  16. Carlos:

    Usa el Blog todo lo que quieras. Disculpa si al calificarte como psicologicista haya pecado de simplificador. Yo también entiendo la mente humana como producto de la evolución y, evidentemente, de interacciones de diversa índole, siendo una realidad muy compleja.

    La sensación de certeza o de verdad (ya sea revelada por Dios) es natural pero no es arbitraria. Sólo cuando resuelvo el problema matemático aparece esa sensación y no cuando fallo. Esa sensación sólo aparece cuando tengo confianza en mis creencias porque parecen justificadas y no cuando un libro destroza todo lo que yo pensaba. A pesar de que ello me sirva para ascender socialmente (“Yo Platón, yo soy la verdad” dirá Nietzsche en el capítulo que te mencioné), eso no quita que la verdad obedece a algo y no es pura invención o producto social o histórico o mera herramienta de supervivencia. Cuando digo “Mi portátil está delante de mí” siendo que, realmente, mi portátil está delante de mí, ese hecho no puede ser explicado solamente como producto social o histórico, aunque tenga de ello.

    Héctor:

    ¿Te dejé planchado en otra discusión? Lo siento, no lo recuerdo. Y no entiendo a que te refieres por “planchado” (esto de comunicarnos sin gestos ni tonalidad de las frases acaba por ser confuso). ¿Fui maleducado? Es posible, disculpa si fui brusco. A veces mi arrogancia va por delante de mi educación.

    La verdad como redundancia es, como mínimo, muy ingeniosa: decir “Es verdad que p” es lo mismo que decir solamente “p”. No obstante, no es lo mismo. Decir “es verdad que p” es añadir mucho diría yo. En primer lugar decir “p” es una proposición escrita en lenguaje objeto mientras que decir “Es verdad que p” es introducir un nivel de metalenguaje: digo una propiedad del lenguaje objeto “p”, a saber, el “ser verdadero”, es decir, “el hablar con veracidad del mundo”. Das al discurso la propiedad de ser verdadero, propiedad que no tendría por qué tener (a lo mejor es un fragmento de una novela). Todo esto, claro está dentro de una teoría de la verdad como correspondencia o adecuacionista. Si uno cree que todo discurso no tiene “paralelismo alguno” con la realidad…

    Un saludo.

  17. Héctor M dice:

    Y no entiendo a que te refieres por “planchado” (esto de comunicarnos sin gestos ni tonalidad de las frases acaba por ser confuso). ¿Fui maleducado? Es posible, disculpa si fui brusco. A veces mi arrogancia va por delante de mi educación.

    Oh, no, no., quiero decir que me quedé sin palabras, que no supe qué contestarte, vamos, que nunca me había planteado qué es la verdad y desde entonces ando dándole vueltas.

    Por el momento, te veo educado y que conste que conmigo sí que va mi arrogancia por delante de la educación, así que sería el menos indicado, dandose el caso, de criticar.

    Si uno cree que todo discurso no tiene “paralelismo alguno” con la realidad….

    Bueno piensa en el 2ºWittgenstein (que sé que te gusta), que apunta más una concepción de las palabras cóm válidas en función de su uso, que de su significado correspondentista

  18. Héctor:

    Okey. Todo entendido.

    Sí, jaja, Wittgenstein me cae muy bien. Una teoría de la verdad como redundancia encaja bien dentro de un pragmatismo como el de Wittgenstein (que por eso la plantea él, claro). No creas que no me he planteado el pragmatismo como opción (Tengo muy pendiente leer algo de Peirce). Cualquier día de esto que me encuentre más escéptico, me cambio de bando.

  19. Carlos S dice:

    Una simple aclaración (creo que más o menos reiterada): una cosa es para mí la objetividad de los sentidos (por lo del portatil, por ejemplo, que está dentro del conjunto de “interacciones reales” tal como no nos queda sino percibirlas aunque no tengamos otra referencia que el hecho sin dudas capital de que “les pasa también a los otros”) y otra cosa muy diferente es “la verdad” como esencia oculta, como mundo “real” tras la apariencia. Este para mí al menos ha desaparecido con el mundo real, como decía Nietzsche en el texto que me mencionaste y que no recordaba hasta que lo fui a buscar (la crítica a Nietzsche al respecto, je… en otra ocasión).
    El uso social inevitable de “las verdades” en “los discursos” es a su vez Otra Cosa, pero que es lo que les da operatividad, es lo que se pone por encima y lo que a la vez motoriza la “búsqueda” y el “perfeccionamiento” del discurso. Si no, no buscaríamos, tal vez… sólo “contemplaríamos”… Pero no hagas mucho caso de esto último, es una mera hipótesis fantástica socialmente utilizable.
    En fin, creo que nos hemos aproximado…
    Un saludo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s