Crucifijos públicos y crucifijos institucionales

Publicado: 10 diciembre 2009 en Ética y moral, Ciencia y religión, Filosofía política
Etiquetas:, , ,

Es sumamente esclaredora la distinción que hace Pascual entre espacios públicos y espacios institucionales.

El espacio público ha de entenderse como el lugar en el que cualquier persona pueda expresar libremente su opinión o creencia sobre cualquier tema (siempre que esa opinión no dañe a otros: no toleraremos a los intolerantes).  Una procesión de Semana Santa, la cabalgata del día del orgullo gay o la manifestación por la defensa del chorizo de cantimpalo son legítimas en tanto que manifestaciones expresadas en espacios públicos (si bien cabrían debates sobre, hasta que punto,  las determinadas creencias son tolerantes o no con otras creencias).

Sin embargo, el espacio institucional es distinto. Unos juzgados, un colegio o un hospital son instituciones que, como tales, representan al Estado y, por lo tanto, han de expresar los valores del mismo. No creo que estos espacios deban representar una neutralidad valorativa ya que, hasta cierto punto, es imposible (el vacío simbólico ya es un símbolo) y porque no creo que el estado deba ser neutro, por lo menos en muchos aspectos. Nuestro Estado es aconfesional, lo cual no quiere decir que esté en contra de cualquier religión, sino todo lo contrario: que las protege a todas  (habitualmente de sí mismas. Los ilustrados que defendieron el laicismo no eran mayoritariamente ateos). El hecho de que en un colegio público las aulas estén presididas por crucifijos expresaría que esa institución representa los valores cristianos, por lo que iría en contra de la aconfesionalidad del Estado. Un colegio debe expresar la protección de cualquier confensión religiosa, no  la preferencia ninguna en particular; y un colegio ha de expresar la separación entre Iglesia y Estado propios del laicismo.

Y es que hay que dejar claro que el laicismo es la mejor herramienta para garantizar la libertad religiosa, la expresión pública de cualquier religión. El laicismo no elimina las religiones sino que las protege a las unas de las otras (más que del ateísmo) y a los demás de todas ellas.

Los espacios institucionales deben expresar las reglas del juego, los valores que han posibilitado el Estado de Derecho, lo que todos tenemos en común (el proyecto común que  es cualquier sistema político legítimo) y no lo que nos diferencia. De éste modo, parece deseable que en un aula estén presentes cosas como una Constitución o la Carta de los Derechos Humanos, un poster del Congreso de los Diputados o de Gandhi, etc. porque eso es lo que realmente representa el Estado y, por lo tanto, sus instituciones. En este sentido, el espacio público será un lugar para la expresión de la diferencia y el institucional para la expresión de la igualdad.

¿Qué pasaría con los colegios e institutos concertados? El dilema está en que, al ser parcialmente públicos, deberían también representar, al menos en parte, el laicismo estatal. ¿Deberían entonces quitar los crucifijos de sus aulas? No, debido a esa parte privada que no tiene por qué representar al Estado. En su ideario, un colegio concertado nunca podrá ir en contra de los principios institucionales que lo hicieron posible (nunca se podría ir en contra de los Derechos Humanos o de los valores democráticos, por ejemplo), pero sí podrá mantener una determinada línea ideológica. De este modo se garantiza el derecho de los padres a que sus hijos reciban una educación en los valores que a ellos les plazcan sin que por ello se dañe el laicismo institucional.

¿La religión debe seguir siendo una asignatura en los colegios públicos? No como se ha impartido hasta ahora. Es evidente que para entender la historia de Occidente es muy necesario tener conocimientos de cristianismo, pero no ser creyente. Una historia de las religiones o una historia del cristianismo podría ser deseable, pero no una Religión Católica impartida como religión verdadera. Sin embargo, siendo un país de mayoría católica… ¿no sería antidemocrático prohibir lo que es deseo de la mayoría de los padres para sus hijos? Aquí entraría el debate acerca de los límites de la democracia: ¿sería legítimo exterminar a los judíos si elegimos hacerlo democráticamente? Aunque la elección de los padres sea democrática, estamos yendo contra el laicismo como uno de los principios que consolidaron el sistema democrático como tal. Yo creo que es muy peligroso tocar las reglas del juego (y más tomar decisiones contra ellas), por lo que sólo debería hacerse con un consenso muy solido. Así, romper con el laicismo institucional del sistema educativo dando la asignatura de Religión Católica como religión verdadera debería hacerse tras un consenso casi unánime de todas las fuerzas políticas y sociales (consenso que no existe hoy en día a pesar de que la asignatura se imparte).

Anuncios
comentarios
  1. Adolfo dice:

    ¡¡Bravo!!

    Esto es lo más sensato que he leído sobre el tema en las últimas semanas. Estoy casi de acuerdo con todo.

    Estoy de acuerdo en que es legítimo prohibir los crucifijos en escuelas públicas, pero no en las concertadas. También estoy de acuerdo con que si se quiere tocar la asignatura de religión sería necesario un consenso social enorme.

    Pero ¿realmente es necesario tocarla? No creo que ahí se enseñe que la religión católica es la única o la mejor, sino que se enseñan valores morales. Valores que, no lo olvidemos, no corresponde enseñar al estado.

    A lo que voy es que se debe garantizar la libertad de los padres en la educación moral de los niños. Se puede enseñar qué es la Constitución, pero no se debe decir si es buena o mala (respetando, por supuesto, la libertad de cátedra).

  2. Gracias Adolfo.

    Pero discordamos en respecto a lo que es la asignatura de Religión Católica. Yo la estudié en el colegio y allí rezábamos el Padre Nuestro (lo cual no sólo es enseñar valores, sino que existe un único Dios con tales y cuales características). Yo creo que nunca debió enseñarse así en los colegios, si bien, como ya he dicho, es un error desterrar todo conocimiento religioso de allí. La religión enseñada como religión verdadera ha de enseñarse en las parroquias, grupos de catequesis o en cualquier lugar, pero no en nombre del Estado.

    Y con respecto a la enseñanza en valores es, hasta cierto punto inevitable. Queriendo o sin querer, en mis clases transmito unos valores (por ejemplo, que el conocimiento o el esfuerzo por estudiar son buenos ya son valores). Así que ya que no podemos evitarlo, por lo menos, transmitamos valores que todo el mundo consideraría como buenos (no creo que nadie ponga en duda que los Derechos Humanos sean buenos) y que, además, posibilitan que existan todos los demas valores (los valores democráticos). En este sentido sí que hay que dar una visión positiva de la constitución o de la democracia como tal. No obstante, estoy de acuerdo en que hay que minimizar la función educadora (en cuanto a valores) del Estado.

    El problema es cuando los padres no tienen ni idea de qué valores transmitir o no quieren o no pueden transmitirlos, y entonces sobrecargan al Estado con ese papel (y a los docentes en concreto).

    Un saludo.

  3. Manu dice:

    Coincido en que has expuesto unos razonamientos muy lógicos, que deberían ser tenidos en cuenta por nuestros legisladores.

    Te felicito por ello.

    (Y por esa cortinilla tan coqueta que despierta mis bajos instintos y mi pesadez más reiterativa ;-D)

  4. friedrich dice:

    Una argumentación muy sólida. Sin embargo, hay que hacer un matiz. España no es un estado laico, sino aconfesional, con lo que, nos guste o no, se compromete a establecer compromisos de colaboración con la Iglesia Católica tal y como contempla la Constitución. Confundir ambos términos (laico y aconfesional) es una tergiversación muy hábil.

    No creo que queden muchos crucifijos en colegios públicos, ni se rece en clases como con Don Matías, pero de ahí a imponer laicidad en colegios concertados, se da un paso hacia el intervencionismo. Uno más.

  5. Hola Friedrich:

    Buena apreciación. Es cierto que aconfesionalidad no es lo mismo que laicismo en el matiz de de la posibilidad estatal de establecer colaboraciones con los distintos credos (en la Constitución, concretamente, con la Iglesia Católica), pero es que en ningún momento he hablado de legalidad (Constitución), sino de legitimidad (lo que debería hacerse).

    Mi argumento se basa en el hecho de que la laicidad garantiza la convivencia pacífica entre los diferentes credos, principio necesario para todo estado democrático que se precie. La aconfesionalidad, sería insuficiente en el sentido en que da prevalencia a una religión sobre las otras. Sólo un Estado plenamente laico, en el que se de un división estricta entre Iglesia y Estado, podrá salvaguardar las diferentes creencias. Hacia allí es donde nuestros legisladores han de mirar.

    Y con respecto a los colegios concertados, han de representar el laicismo estatal en la medida en que son subvencionados por el estado, pero sólo como planteamiento político que da cabida a las distintas religiones. En el post afirmo que los colegios concertados pueden tener la línea ideológica que quieran, siempre que no rompan esas reglas del juego (actitudes antidemocráticas, negación de la separación de poderes, etc.).

    He subrayado también, respondiendo a Adolfo, (contentando a los neocon como tú 😉 ) que el papel del Estado en la cuestión de la educación en valores debe ser la mínima posible.

  6. Hugo dice:

    “No obstante, estoy de acuerdo en que hay que minimizar la función educadora (en cuanto a valores) del Estado.”

    Humm… no sé, no sé. ¿Sabes qué? Yo quitaba “Educación para la ciudadanía” y ponía en su lugar “Ciencia y escepticismo”. Eso sí que sería verdadera educación para el ciudadano 😛

  7. Hola Hugo:

    Es muy curioso como dando tantas asignaturas científicas durante tantas y tantas horas lectivas no se haya conseguido cambiar la mentalidad de los alumnos. ¿Cómo es posible que un alumno que da tres o cuatro horas de física semanales consulte todos los días el horóscopo? Es sorprendente.

    La razón es que creo que esas asignaturas se imparten muy, muy mal: contenidos asépticos, nada llamativos para el alumno, absolutamente alejados de su vida diaria… No se da la historia de los descubrimientos científicos ni se sabe nada de la vida de sus artífices (a los que se podría mostrar como ejemplos vitales). Te dicen, toma, las leyes de Newton, apréndete la fórmula y aplícala en este tipo de problemas. No hay ninguna reflexión acerca de la ciencia… ¿cómo se va a despertar así el sentido crítico del científico?

    “Ciencia y escepticismo” debería ser un contenido trasversal que se introduce a través de todas las asignaturas (y no sólo de las de ciencias) al igual que tendría que haber sido “Educación para la ciudadanía”.

  8. Hugo dice:

    Muy cierto eso último que dices. Debí haberlo expresado de esa manera. Más atinada que la mía, jeje. Va más a la raíz.

    Un saludo.

  9. manuel dice:

    Santiago, sobre las bajas en las religiones ¿eres mas partidario de las nulidades bautismales que de las apostasías o las excomuniones?

  10. Adolfo dice:

    La cuestión hay que hilarla muy fina, pero puede ser peligroso partir de una premisa de “los padres no saben qué valores educar a sus hijos”, porque de ahí puede acabarse en una ilustración amarga (hay quienes sí saben qué valores, por lo tanto que eduquen ellos) o en un totalitarismo férreo (los valores del estado o del partido son buenos, los demás malos).

    Yo prefiero creer que los padres tienen la suficiente madurez y son ellos quienes deben decidir directamente sobre la educación moral de sus hijos. O al menos, siempre deberían tener la opción de una objeción de conciencia y que a sus hijos no se les inculquen ciertas cuestiones. No todo el mundo estamos de acuerdo con la Constitución.

    Por ejemplo, ahora resulta que hay que educar a los alumnos en cuestiones de género de forma explícita, tanto en educación primaria como en secundaria y en educación superior. ¡Pero bueno! No me veo yo en clase explicando a unos alumnos el protocolo IP y metiendo cuñas para educarles en valores de igualdad entre hombres y mujeres. Además, ¿y si en mi casa somos felices estando mi mujer limpiando la casa y yo tumbado viendo la tele? ¿tiene que entrar el Estado a decirme en la escuela que eso no está bien? Y si yo opino que a rumanos, chinos y negros no deberíamos darles ni agua ¿tiene que decirle el Estado a mi hijo lo contrario?

    Que nadie me malinterprete, yo estoy plenamente convencido de la igualdad entre hombres y mujeres, al igual que entre caucásicos, chinos, rumanos y negros.

  11. PIERRE AGGE SOBRE LOS NO LUGARES
    BUENO EL ESPACIO PUBLICO O LUGAR PUBLICO PERMITE EXPRESAR CADA PENSAR QUE HACE A LA DIFERENCIA
    LO INSTITUCIONAL ES FACTICO Y SE DEBEN AL REGLAMENTO
    AGGE EN LOS “NO LUGARES” EXPRESA JUSTAMENTE QUE LA DIVERSIDAD NO ES SINONIMO DE LIBRE ALBEDRIO.-
    EXPRESAR O COMUNICAR NO SIGNIFICA ESTAR EN ACUERDO
    Y LOS NO LUGARES PARTE DE QUE EL HOMNIBUS UN PARQUE
    UNA PLAZA,etc,etc no implica propio y en eso yo hago lo que quiero.-

  12. Manuel:

    Creo que no es necesaria ninguna baja más que no creer y punto. Como la creencia no posee ningún valor legal, no es necesario ningún acto pues todos ellos serían simplemente simbólicos. Yo he sido bautizado pero no soy cristiano porque no creo en el cristianismo. Con eso ha de bastar. Si la Iglesia me cuenta entre sus filas a la hora de buscar influencias políticas está falseando la realidad al igualar creyente a bautizado. Por el hecho de que mediante una apostasía o una nulidad bautismal, me borre absolutamente del catolicismo no implica que no pudieran falsear los datos de otras formas para contarme nuevamente en su séquito.

    Es como si yo ahora fundara una religión a la que llamo “santiaguismo” y digo que todo el mundo, aunque no lo sepa ni quiera serlo, es seguidor del “santiaguismo” y sólo puede borrarse dándome 100 euros… ¿tiene algún sentido darme los 100 euros? No, pues lo mismo tiene cualquier acto que siga las reglas eclesiásticas para salirte de la Iglesia.

    Adolfo:

    No parto de la premisa de que los padres no saben qué valores transmitir a sus hijos. Es evidente que hay padres muy buenos que tienen ideas muy claras sobre como educar a sus hijos. Lo que es un hecho es que debido a muchas causas (fundamentalmente la incorporación de la mujer al trabajo), los padres no pueden atender a sus hijos como antes. En este sentido se pretende hacer que el Estado supla esta carencia educativa de los padres.

    Y difiero mucho en el hecho de que el Estado no le pueda decir a tu hijo que a chinos, negros y rumanos hay que tratarlos con respeto. Entonces, según tú, ¿no hay ningunos límites que se les deba poner a los padres a la hora de educar a sus hijos? Yo puedo decir a mi hijo que asesinar es bueno y ¿nadie podría decirme que lo que estoy haciendo es malo? No, como digo, el Estado SÓLO le dirá a tu hijo las reglas del juego necesarias para que todas las opiniones (menos las intolerantes) quepan en la sociedad. Luego tú, como padre, podrás decirle que crea en Jesús, Alá o Zoroastro o que es mejor el Betis que el Sevilla. Hay que ponerle límites al Estado pero también límites a los padres.

    Juan:

    Mientras no mejores tu gramática será imposible que debata contigo ya que no entiendo nada de lo que dices.

  13. yack dice:

    Yo el problema lo veo así:
    Vivimos en un gran manicomio (España) y la mayoría de los locos creen que la Tierra es plana, y enseñan en las escuelas que es peligroso acercarse a los confines de los océanos, pues los que se aventuren a hacerlo, podrían ser absorbidos por las cataratas del fin del mundo.
    Luego están los que creen que vivimos en un mundo hueco y que el Sol está en el centro, y enseñan en las escuelas que no debemos lanzar cohetes porque podemos impactar a los antípodas situados detrás del Sol. Por último están los que creen que la Tierra es un planeta redondo que orbita en torno al Sol.
    Más que discutir cómo compaginar a todos los locos para que puedan convivir pacíficamente en las escuelas, habría que decidir de una vez por todas quien está loco y quien cuerdo, y dejar a los cuerdos que tomen las riendas del manicomio.
    El problema está en que esa decisión ha de tomarse por consenso, y ya sabemos que en las democracias la verdad se decide por mayoría y tanto valen los votos de los locos (que son mayoría) como los de los cuerdos.
    Otra cuestión, y ahí estaría de acuerdo con Santiago, es que para evitar un motín y que alguien pueda salir lastimado, deban hacerse estos cambios gradualmente, y simulando que se respetan todas las locuras por igual. Hoy se quitan los crucifijos de las escuelas, mañana se reduce el horario de religión y así sucesivamente hasta que todos los locos, en la consumación de los tiempos, acaben creyendo mayoritariamente que la Tierra es redonda y orbita en torno al Sol.
    Saludos.

  14. Yack, tan polémico como siempre:

    Dices:

    “El problema está en que esa decisión ha de tomarse por consenso”

    Ver eso como problema me parece peligroso. Yo más bien lo veo como solución. Yo no sé si soy uno de los locos o si soy de los cuerdos, por lo tanto mejor que sean las urnas las que decidan. En la política no pasa lo mismo que en la ciencia (donde no hay lugar para votar si el átomo es de una manera u otra), ya que aquí hay cuestiones de valores.

    Un saludo.

  15. yack dice:

    Santiago, no estoy muy seguro de que la religión sea sólo una cuestión de valores. La religión católica, que es la única que conozco, afirma categóricamente que Jesucristo era Dios y resucitó. Y no sólo eso, sino que cuando muramos, seremos eternamente felices en el paraíso, si somos buenos, al estilo que manda la santa madre iglesia católica.

    Y no creo que debería enseñarse en la escuela una falsedad de envergadura cósmica que se refiere simultáneamente a las dos mayores expectativas humanas: la felicidad y la inmortalidad.

    Tenemos la ciencia para advertirnos sobre la falsedad de esta teoría y es una irresponsabilidad recurrir a las urnas para decidir si se perpetua o no el error de generación en generación, inoculando el virus de la creencia irracional en los receptivos cerebros de los niños aprovechándose de que confían en sus profesores y en las buenas intenciones de los adultos para enseñarles la verdad.

    Saludos.

  16. Yack:

    Sí, sí, estoy absolutamente de acuerdo en que gran parte del contenido de todas las religiones es plenamente falso (¿cuántas veces lo habré dicho en el blog?). Pero, ¿eso implica que podamos prohibir que la gente crea en ellas? Recuerda la expresión de Voltaire: “Odio todo lo que dices pero luchare a muerte por tu derecho a decirlo”.

    Creo que hay que diferenciar el ámbito del ser (del que nos habla la ciencia) del deber ser (del que nos habla la ética o la política). Y la política lo que debe hacer, entre otras cosas, es garantizar la paz social, para lo que debe respetar tanto a los grupos que llevan razón como a los que no.

    Es que si no, ¿para qué la democracia?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s