La guía de la experiencia

Publicado: 7 marzo 2010 en Ciencia y religión
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Por todos es reconocido, dice el docto prelado, que la autoridad de la Sagrada Escritura o de la Tradición se funda tan sólo en el testimonio de los apóstoles, que fueron testigos presenciales de los milagros de nuestro Salvador, por los cuales probó su divina misión. Por tanto, nuestra evidencia de la verdad de la religión cristiana es aún menor que la evidencia de la verdad de nuestros sentidos […] Sería contradecir la experiencia, cuando la Sagrada Escritura, así como la Tradición en la que se supone que se funda, no tienen a su favor una evidencia como la de la experiencia sensible.

[…] Nada es tan oportuno como un argumento concluyente de esta clase, que, por lo menos, debe hacer callar al fanatismo y superstición más arrogantes y librarnos de sus impertinentes acechanzas.

[…] Pero es un milagro que un hombre muerto vuelva a la vida, pues esto no se ha observado en ningún país o época. Ha de haber, por tanto, una experiencia uniforme contra todo acontecimiento milagroso, pues de lo contrario, tal acontecimiento no merecería ese hombre. Y como una experiencia uniforme equivale a una prueba, aquí no hay una prueba directa y completa, derivada de la naturaleza del hecho, en contra de la existencia de cualquier milagro; n puede destruirse aquella prueba, ni el milagro puede hacerse creíble, sino por una prueba contraria que sea superior.

La simple consecuencia es (y trátase de una máxima general digna de nuestra atención) “que ningún testimonio es suficiente para establecer un milagro, a no ser que el testimonio sea tal que su falsedad fuera más milagrosa que el hecho que intenta establecer; e incluso en este caso hay una destrucción mutua de argumentos, y el superior sólo nos da una seguridad adecuada al grado de fuerza que queda después de deducir el inferior”

[…] Pues, en primer lugar, no se puede encontrar en toda la historia ningún milagro atestiguado por un número suficiente de hombres de tan incuestionable buen sentido, educación y conocimientos como para salvarnos de cualquier equivocación a su respecto; de una integridad tan indudable como para considerarlos allende de toda sospecha de pretender engañar a otros; de crédito y reputación tales entre la humanidad como para tener mucho que perder en el caso de ser cogidos en una falsedad, y, al mismo tiempo, afirmando hechos realzados tan públicamente y en una parte tan conocida del mundo como para hacer inevitable el descubrimiento de su falsedad. Todas esas circunstancias son necesarias para darnos una seguridad total en el testimonio de los hombres.

[…] En conjunto, entonces, parece que ningún testimonio de un milagro ha venido a ser una probabilidad, mucho menos que una prueba y que, incluso suponiendo que equivaliera a una demostración, se opondría a otra demostración, derivada de la misma naturaleza del hecho de queremos establecer. Sólo la experiencia confiere autoridad al testimonio humano y es la misma experiencia la que nos asegura de las leyes de la naturaleza. […] ningún testimonio humano puede tener tanta fuerza como para demostrar un milagro y convertirlo en fundamento justo de cualquier sistema de religión.

David Hume, Investigación sobre el conocimiento humano. Sección 10

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comentarios
  1. Jesús Cañizares Sánchez dice:

    Muy bueno, me encanta todo lo relacionado con la filosofía, y, cómo no, estoy completamente de acuerdo con todo lo que dice Hume aquí, aunque claro, sólo faltaría que yo, un simple estudiante de primero de bachillerato, intentara refutar lo que dice este gran pensador, jejee. Hume era uno de los grandes representantes del empirismo, ¿no?. Me encantaría tener tiempo para leer muchas cosas de filosofía que me gustan, pero hay muchas más asignaturas que me roban todo el tiempo… Gracias por divulgar tan interesante artículo!

  2. Hola Jesús:

    Me alegro de que te guste. Sí, Hume es uno de los máximos exponentes del empirismo junto con Locke o Berkeley.

    Pero nada, tú a empollar que esta semana es terrible.

    Un saludo.

  3. sergi dice:

    Je, je, ¿intentando retomar algunos temas? Me siento interpelado por tan enjundioso texto… sobre todo después de haber abandonado por falta de tiempo (¡que no de interés!) la conversación en el último post que derivó hacia estos asuntos.

    Sigo sin tiempo para un concienzudo intercambio, pero al vuelo trato de escribir tres cuestiones básicas que se me plantean de entrada:

    1) Qué significa “autoridad” en el texto (“que la AUTORIDAD de la Sagrada Escritura o de la Tradición se funda TAN SOLO en el testimonio de los apóstoles”)?

    O, apuntando al mismo problema: lo que al Dr. Tillotson le parece que “Por todos es reconocido…”, ¿es realmente objeto de ese consenso? ¿De verdad que existe unanimidad sobre esa única vía de fundamentación?

    Bueno, ya se ve que no me parece una premisa evidente, supongo que por razones vinculadas con la siguiente cuestión:

    2) ¿Qué significa, en general, “estar fundado”? ¿En qué consiste la “validez”? ¿Nos sirve para reconocer la consistencia de un conjunto de proposiciones (cualesquiera que sean su objeto) siempre el mismo criterio?

    Obviamente, esto conecta con la pregunta: ¿Qué clase de validez o fundamentación pretende tener un “sistema de religión”?

    En tercer lugar, otro tópico de la interpretación humeana:

    3) ¿El texto sirve para justificar un escepticismo o una postura atea? O, lo que quizás incluso sería más interesante: ¿se desdibuja esa frontera en el pensamiento de Hume?

    ¡Un saludo! Y disculpas por avanzado por mi no-respuesta… Para mí también resulta terrible esta semana y la que viene… ¡y la otra! Menos mal que la superstición sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo nos regala después unas vacaciones 😉

  4. Peri dice:

    Leyendo “Cuentos breves y extraordinarios” (Borges y Bioy Casares) me encuentro con:
    “DE LA MODERACIÓN EN LOS MILAGROS:
    Parece que Bertrand Russell recordaba siempre la anécdota de Anatole France en Lourdes; al ver en la gruta amontonadas muletas y anteojos, France preguntó: –¿Cómo? ¿y no hay piernas artificiales?”
    Saludos

  5. Sergi:

    1) ¿En qué más se apoya la autoridad de las Sagradas escrituras aparte que en el testimonio que un grupo de personas nos dejaron escrito en una serie de libros? ¿Qué otra prueba o razón posees para creer en ellas y no en la Odisea de Homero?

    2) ¿Por qué un “sistema de religión” iba a fundamentar su validez en algo diferentes a cualquier otro sistema de creencias? ¿Por qué para creer en que los objetos caen para abajo utilizo unos criterios y para creer en que Jesucristo era Dios he de utilizar otros? Y, en el caso de que lo hubiere, ¿cuál es el criterio especial para fundamentar la creencia en Jesús?

    3) Este texto, poniéndonos estrictos, sólo vale para criticar el cristianismo o cualquier religión que hable de lo sobrenatural basándose en testimonios (¿alguna no lo hace así?).

    Un saludo y que la Semana Santa llegue ya. Yo me convertiría si con ello me librara de corregir tanto examen.

    Peri:

    Jaja. Muy bueno. Qué le vamos hacer, los milagros tienen sus límites.

    Un saludo.

  6. sergi dice:

    Santiago, no te voy a seguir el juego…

    ¡No me contestas ni una de las preguntas que te planteaba! Aunque me sirve la excusa de los exámenes (me resulta dolorosamente familiar xD). O que esas preguntas no requieren un comment, sino un libro para poder ser contestadas.

    Pero si esas preguntas no tienen respuesta clara, los argumentos expuestos quedan en el aire.

  7. Sergi:

    Creía que con mis nuevas preguntas te estaba respondiendo (a lo mejor no te he entendido bien), pero, si quieres, te lo diré de otra manera:

    1) Si no hay un consenso sobre en qué basar la autoridad de las Sagradas Escrituras… ¿dime tú en qué otras razones se fundamenta esa autoridad?

    2) Yo es que creo que no hay que irse a un debate profundo sobre el sentido de esos términos para zanjar esta cuestión (si nos ponemos así ninguna cuestión sería discutible). En mi vida cotidiana entiendo muy bien lo que significa validez o estar fundado cuando alguien me cuenta cualquier cosa. La proposición “Mi primo vino está tarde a mi casa” es válida en tanto que mi primo vino esta tarde a mi casa. En este sentido “Cristo resucitó” será válida o estará fundamentada en tanto que ocurriera el hecho de que Cristo resucitara. ¿Cómo sé que Cristo resucitó? Por un testimonio. ¿Cuáles son las condiciones de validez de un testimonio? Hume las explica bien.

    3) Hume llega a un escepticismo casi absoluto, pero de este texto no se desprende tanto. Sólo, si nos limitamos al texto aisladamente, se nos viene a decir que si tenemos dos proposiciones, una contrastada por la experiencia y otra basada en un testimonio, ambas contradictorias, elijamos la contrastada por la experiencia. Volvemos a lo de antes, ¿en qué más se fundamenta el cristianismo que en el testimonio?

    Espero haberte respondido, si no, clarifícame más tus preguntas.

  8. sergi dice:

    Hola Santiago,

    disculpa: seguramente he sido demasiado categórico con lo de que no me respondías a mis preguntas…

    Lo que ocurre es que toda la discusión se basa, me parece, en un concepto que no tengo claro, que es el primero por el que te pregunto, y que queda sin definir: “autoridad”. Necesitaría saber de qué estamos hablando.

    Por ello, aunque entiendo tu comentario (“no hay que irse a un debate profundo sobre el sentido de esos términos para zanjar esta cuestión (si nos ponemos así ninguna cuestión sería discutible)”, creo que en este punto es necesario.

    Yo no sé en qué se fundamenta la religión, pero entiendo que reconducir el asunto a la contrastabilidad de determinadas aseveraciones es problemático. Seguramente funciona con el ejemplo que utilizas “Cristo resucitó”, pero no veo claro como se contrasta algo como “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. El creyente que utiliza las escrituras para orientar su existencia utiliza determinadas exhortaciones o imágenes para comprenderse a sí mismo y a los otros (y no, básicamente, aseveraciones de hecho). ¿Qué clase de contrastación empírica hay que buscar en una parábola? ¿Habría que ir a ver qué sucede con los granos de mostaza en función del terreno en el que caen?

    Me gusta la comparación con Homero. También me serviría con la bruja Lola. ¿Por qué me sirven más los textos de Homero que uno de la bruja Lola para comprender la naturaleza humana? ¿Porque unos están más fundamentados que los otros? ¿En qué sentido? Seguro que tiene que ver con la capacidad de ambos de explicarnos coherentemente nuestro mundo, el mundo del que tenemos experiencia… De ahí al atajo “Mi primo vino esta tarde a mi casa” va un trecho. Ese criterio no me permite distinguir entre Homero y la bruja Lola (doy por supuesto que no son lo mismo).

    Insisto en que me parece que los argumentos del texto se basan en a) un concepto poco claro de “autoridad”, b) en una reducción del de “estar fundado” y c) en una dieta unilateral de ejemplos. Si afirmo que la religión cristiana se funda en los milagros y que estos no pueden demostrarse (simplificando el argumento), me cargo a la religión cristiana. Pero el punto de partida es mucho afirmar…

    No te costará encontrar autores que sostengan que el cristianismo no se sostiene sobre testimonios de milagros sino sobre la coherencia interna de su propuesta ética o antropológica. Interpretar la propia existencia en coordenadas cristianas podría ser, así, entender al ser humano como un ser finito capaz de trascenderse a sí mismo a través de la capacidad de amar. Y, como colofón crítico, se añade: estas coordenadas de interpretación no son demostrables con absoluta certeza, sino que implican una apuesta, un salto al vacío, un ejercicio de fe. En lugar de una propuesta dogmática, tendríamos un ejercicio de fe precisamente porque la razón reconoce sus propios límites (Kant, Jaspers). Todo lo cual no implica arbitrariedad, ceguera o impermeabilizar el discurso de la crítica, sino asumir que no existen certezas absolutas en relación a los criterios para orientar la propia existencia.

    En fin. Tenemos incontables ejemplos de cristianos que no han entendido en estos términos su fe, pero como ya comentamos en otra ocasión, esto no implica que no pueda entenderse el cristianismo (y el fenómeno religioso en general) en otras coordenadas, profundamente antidogmáticas y para nada desconectadas de la posibilidad (y necesidad) de análisis racional.

    Reconducir el asunto a una cuestión fáctica de demostrabilidad de los milagros me parece mucho reconducir. La cuestión no es para un cristiano si Jesús se subió o no a un monte para dar un sermón, sino qué sentido tienen las bienaventuranzas. Eso me parece susceptible de análisis racional… pero no del mismo tipo (o no tan inmediatamente) como el de “mi primo vino esta tarde a mi casa”

    Naturalmente, en este contexto, Homero y la Biblia se sitúan en plano de igualdad. Preferir uno u otro (¿hay que escoger?) depende del rendimiento que le saques. También entiendo que otros busquen lo mismo en la ciencia. Pero yo no tengo claro, por ejemplo, que la ciencia pueda fundamentar la siguiente aseveración: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Por eso entiendo que algunas cuestiones no se diriman de manera absoluta en términos de certeza, sino de apuesta. Y en ese ámbito entiendo que se sitúa (o puede situarse) el mensaje de las religiones.

    Ah, dos cosas más. En esta perspectiva, si Cristo resucitó o no… no es relevante. Por otra parte, esta discusión –sobre los fundamentos (dogmáticos, antidogmáticos) de los criterios para orientar nuestra existencia– no me interesa tan solo en relación a cristianos, sino a cualquiera. Nietzsche ya se encargó de insistir en que bajo la bandera de “Dios” no sólo encontramos a piadosos creyentes, sino también a ateos, laicos y progres… Por eso me interesan especialmente estas cuestiones: no para revitalizar el agonizante cristianismo (que no es mi problema como profesor de filosofía), sino para desacralizar determinados planteamientos dogmáticos…

  9. Sergi:

    Autoridad, en la etimología latina de autoritas viene a significar autor en el sentido de fuente originaria. Y así la utiliza Hume. Recurrir a la autoridad es ir a la fuente originaria para zanjar una cuestión disputada en el medievo. Hume se cuestiona la validez de la autoridad de la Biblia para zanjar disputas, para considerarla la verdad última. Y yo creo que hoy seguimos utilizando así el término cuando decimos “ir a la autoridad competente” o “pregúntaselo al médico que es una autoridad en medicina”. No veo tanta problemática en el término.

    1) Igual que a ti te parece excesivo reducir toda religión a una cuestión de verificación de proposiciones, a mí me parece excesivo reducirla a un conjunto de enseñanzas éticas que se “fundamentan” en “otras coordenadas” diferentes a las empíricas (reducirlo a una cuestión de “estilo de vida”) negando taxativamente toda posibilidad de verificación. Para el Cristianismo, Dios se hizo hombre y vino a la tierra e hizo milagros, resucitó en cuerpo y alma y volverá el día del juicio final… Eso son dogmas, pilares sobre los que se edifica todo lo demás. Si Jesús no resucitó, no era el hijo de Dios… el Cristianismo se derrumba… Ya no tiene sentido obrar como él nos dijo, ya no tiene sentido ese estilo de vida. Por lo tanto, la cuestión de si ocurrieron o no ciertos hechos, es crucial, por lo menos en el cristianismo (la venida de Dios a la tierra une el mundo sobrenatural con el natural).

    2) Los juicios de valor, los imperativos, los futuribles, las preguntas, etc… son enunciados no declarativos y, por lo tanto, no verificables. El lenguaje está lleno de expresiones no susceptibles de ser verificadas. En ese “espacio” se ha inventado un mundo y se ha metido a Dios allí. “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” es un imperativo que se obedece en función de si se apoya o no en otras proposiciones que, a fin de cuentas, sí serán verificables. Jesús me dice que ame al prójimo y yo pregunto por qué he de hacerlo. Jesús me responderá que para ir al Paraíso (Existe un “lugar” x llamado Paraíso o “dentro” de ti hay un x que es inmortal) o para ser feliz (puede darse un estado x en los individuos llamado felicidad). No creo que sean absolutamente separables, la realidad empírica y la realidad religiosa, como si dos substancias cartesianas se trataran. No se puede establecer una religión ajena absolutamente al mundo natural (o, como mínimo, es Cristianismo no lo hace. Y si ahora la hace, son subterfugios de abogado).

    3) Una buena novela puede enseñarme mucho sobre la naturaleza humana, más que un tratado de fisiología o la metafísica de Aristóteles. Pero hay una gran diferencia: la novela es ficción mientras que Aristóteles pretende decirnos verdades. La Odisea puede enseñarme algunas verdades (incluso la Pitonisa Lola puede) pero todos sabemos que Zeus y Apolo no existen, al igual que las velas negras de la Pitonisa no hacen nada. En ese sentido la Pitonisa Lola y Homero son idénticos. Yo no tengo ningún problema en aceptar enseñanzas morales de los Evangelios pero, de ahí a aceptar que eso es Palabra de Dios, va un trecho.

    4) Sí hay que elegir entre Homero o el Cristianismo. Homero te presenta una concepción de la vida basada en la virtud guerrera, la búsqueda de la gloria y la fama, en un mundo hostil sometido al arbitrio caprichoso de unos dioses egoístas, mientras que el Cristianismo te presenta a un Dios bastante diferente. Aceptar una religión u otra es aceptar una cosmovisión muy diferente.

    5) La coherencia ética o antropológica de las Sagradas Escrituras es algo bastante discutible. Las diferencias de perspectiva de los diferentes evangelios es más que patente, así como entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Algo obvio si se entiende la Biblia como un libro normal escrito en muchas épocas diferentes por personas diferentes. La coherencia se la han dado sofisticados pensadores posteriores. Ya lo he dicho en otras discusiones. La Biblia es cutre, pobre, en comparación, por seguir con el ejemplo, con Homero. Me parece mucho más rica, sugerente, bella, humana, la mitología griega que la judía (como a Nietzsche).

    6) Yo soy el primero en aceptar los límites de la razón, pero es que aquí, de nuevo, entra el Dios de los huecos. Cómo mi razón no puede resolver algo, ya metemos un montón de cosas en ese “espacio”. ¿No se ve que constantemente se busca cualquier resquicio en el que la razón no pueda meter sus hocicos para situar a Dios? Antes en las proposiciones no verificables, ahora en los límites de la razón… ¿No parece sospechoso que Dios sea tan ajeno a la razón? ¿No es extraño que Dios actúe como el genio maligno cartesiano ocultándosenos constantemente? La ciencia acepta que no hay certezas, que todo conocimiento es falible, pero no que hagamos apuestas arbitrarias. Tenemos creencias en función que tenemos razones para sostenerlas. Hay casos límite en el que no tenemos las cosas claras y apostamos, pero si ponemos en una balanza las razones para apostar por las religiones existentes o por un agnosticismo o un ateísmo, creo que la balanza se vuelca contundentemente.

  10. sergi dice:

    No sé cuando tendré tiempo para responder, pero que conste en acta que me ha encantado tu respuesta. ¡Cuánto por seguir discutiendo! A ver si hay ocasión…

  11. diego dice:

    Ver para creer …. y si vieras creerias, supongo que si

    pero creer es uan suposición, pero deir si asi es Dios existe es vivirlo.

    que estes bien

    Au revoir, Adio & bye

  12. Hola Diego:

    Muy ambiguo, para variar.

    Un saludo.

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