La ilusión del yo como yuxtaposición

Publicado: 17 marzo 2010 en Teoría de la percepción, Teoría del conocimiento
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Seguimos con las trasnochadas lecturas de Hume:

“Por mi parte, cuando entro más íntimamente en lo que llamo mí mismo (myself), siempre tropiezo con alguna percepción particular, de calor o frío, luz o sombra, amor u odio, dolor o placer. En ningún momento puedo nunca cogerme a mí mismo sin una percepción, y nunca puedo observar nada excepto la percepción. Cuando desaparecen mis percepciones por algún tiempo, como cuando estoy profundamente, durante tal tiempo estoy insensible a mí mismo, y puede en verdad decirse que no existo”

Tratado sobre la naturaleza humana, libro I

La tradición hablaba del alma, de la mente humana como de aquello que permanecía en el cambio.  Desde que yo era un bebé, todas las moléculas de mi cuerpo han cambiado, sin embargo, yo tengo la idea de seguir siendo yo mismo desde entonces, ¿por qué? Porque mi yo es una substantia, algo que subyace por debajo de la realidad cambiante (una forma, una ousía). Además, mi yo es ese teatro cartesiano, ese lugar donde se dan todas mis ideas y percepciones, aquel “sitio” donde pienso, siento o creo. Mi yo es algo de naturaleza invariable, indivisible, idéntico a sí mismo, que “acompaña”, que “está en el trasfondo de todo lo que ocurre en mi mente”. Al ser inmutable e indivisible, es inmaterial (ya que todo lo material es extenso y nadie puede medir un pensamiento) por lo que su inmortalidad parece una consecuencia lógica de todo esto.

Que Hume ponga en duda la existencia del yo debido a que no tenemos ninguna impresión de él no es lo más interesante (a pesar de que de por sí dé mucho que hablar), sino su crítica a la yuxtaposición cartesiana entre res cogitans y res extensa, entre cuerpo y alma. Todo lo que consideramos dentro de nuestro mundo material se define por su extensión, por tener longitud, es decir, por ser divisible en partes. Sin embargo, nuestra mente no es extensa, no tiene ninguna cualidad espacial (¿alguien puede decir cuántos centímetros mide la soledad?). Para decir el lugar de cualquier objeto tenemos que tener un sistema de referencia (otro objeto) a partir del cual situar el primero. Así decimos que la taza está a la derecha del cazo. Sin embargo, cuando decimos que el ser humano es un compuesto de cuerpo y alma, estamos yuxtaponiendo dos cosas que, previamente, hemos definido como categorialmente diferentes. ¿Cómo va a estar la mente JUNTO al cuerpo?. Así prosigue Hume:

“Y esto es lo que evidentemente ocurre con todas nuestras percepciones y objetos, excepto los de la vista y el tacto. Una reflexión moral no puede estar situada a la derecha o a la izquierda de una pasión, ni puede un olor o un sonido tener figura circular o cuadrada”

El error de Descartes consistió en concebir la mente como algo SIMILAR al cuerpo, yuxtaponible a él, por lo que dotó a la mente con propiedades mecánicas (las propiedades del universo galileano recién nacido). Así, su res cogitans tenía que ser la causa eficiente de los movimientos del cuerpo. Sin fuerzas a distancia, necesitaba algo así como que el alma “empujara” al cuerpo para iniciar el movimiento.

Este grave error continúa afianzado con mucha fuerza en el memorandum colectivo (además de por Descartes, por el Cristianismo y su otro mundo prometido. Lo siento, tenía que decirlo) y hace que nos cueste mucho plantear teorías de la mente libres de sesgos dualistas o no causales (como la wittgensteiniana, de la que hablaremos en próximos posts… ¿no parece revolucionaria la idea de que nuestra mente NO SEA LA CAUSA de nuestros actos? Próximamente…).

Ver también El yo no es un comandante, es un farsante

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comentarios
  1. yack dice:

    Este viejo problema se puede replantear en términos de información. Tenemos un robot sofisticado capaz de alcanzar un objetivo previamente fijado. Por ejemplo, organizar un almacén en base a ciertos criterios de tipo general.

    ¿Quién mueve al robot? ¿La información que contiene su cerebro positrónico (como diría Asimov) o el hardware. Aunque los dos son necesarios para que el robot funcione, parece lógico afirmar que es la información, es decir el mandato (organizar el almacén) procedente de otra instancia superior (el diseñador de su cerebro positrónico + el programador + el usuario).

    Pero ¿qué es la información? ¿Se puede extraer y medir? La información sólo existe para los seres vivos o artificiales. Es una especie de guía que les conecta con su creador, que los convierte en seres animados.

    Casi se podría decir que la información es el mandato del creador codificado para que pueda interaccionar con un determinado hardware. Y esta definición también valdría para todos los seres vivos que se rigen por la información que regula su funcionamiento, su programa vital, su objetivo.

    Y esa información (su espíritu, en términos metafísicos) procede de su creador, sea este la evolución, una compañía de robótica o alguna entidad organizada que habita en los entresijos del espacio-tiempo o incluso fuera de nuestro universo burbuja.

    Saludos.

  2. Tay dice:

    Muy interesante!

    Respecto a medir el pensamiento, discrepo parcialmente, sí que se puede medir, o al menos en parte.

    Es lógico que no podamos medir la tristeza en centímetros, como tampoco podemos medir el “Sympathy for de Devil” de los Rolling en centímetros, en cambio, medir la tristeza en tiempo se hace mucho más sencillo. Esto se debe a que existen dos facetas del pensamiento, la psicológica y la fenoménica. Una de ellas es accesible, medible, etc. Otra es puramente “experiencial”.

    Yack

    En mi opinión podemos decir que la información procede de la interacción, en los términos en los que la defines parecería que los organismos no son capaces de trabajar con la información del entorno.

    Un saludo

  3. yack dice:

    Tay, no he querido decir eso. Digo que la información sólo existe para los seres vivos y para algunos objetos artificiales.
    Para un robot que organiza un almacén, la disposición del entorno es información crucial para llevar a cabo su programa. Sin embargo, si desconectas el robot, esa información desaparece como tal en la medida en que se desactiva el mandato de la instancia superior.
    No existe información en estado puro, sino que ésta debe formar parte del programa o de los datos que un programa necesita para perseguir el objetivo para cuya consecución ha sido codificado.
    Así que la información puede verse, desde este punto de vista, como la expresión de un mandato proveniente de otro nivel más organizado.
    El nivel de donde proviene, en última instancia, toda la información, es el mecanismo de la selección natural o, al menos, esa es la mejor teoría que tenemos hasta ahora.
    Saludos.

  4. Hector M dice:

    Yo sigo pensando que afirmar desde un yo la ilusión del yo, da lugar a una suerte de paradoja del mentiroso, o sea, una paradoja autorreferencial

  5. Héctor:

    Pero es que, a lo mejor, no ha sido mi yo el que ha afirmado tal ilusión.

  6. yack dice:

    En realidad, todo lo que afirmamos o creemos sólo se puede basar en lo que hay escrito en nuestra mente o, más exactamente, en lo que nuestra conciencia percibe. Y siempre estará basado en una creencia indemostrable: que lo que percibe nuestra conciencia es una representación simbolica de un universo real e independiente de nuestro yo.

    Sin embargo, hay algo que podemos afirmar con absoluta seguridad y es la existencia de nuestra propia conciencia.

    La existencia del observador interior (el yo, la conciencia, etc.) no se puede cuestionar porque es el propio observador quien se hace la pregunta de si existe o no y si no existiese éste, no existiria la pregunta.

    Otra cosa diferente es la conciencia de los demás, que forma parte de las suposiciones indemostrables, pero no así la nuestra. El solipsismo es la única teoría indestructible y coherente con todas las percepciones, aunque por la misma razón, carece de interés práctico y cientifíco.

    Saludos.

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