Volver a ver Alguien voló sobre el nido del cuco

Publicado: 30 octubre 2010 en Ética y moral, Cine, Sociología
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Randle Patrick McMurphy es un delincuente de poca monta al que le gusta el juego y las mujeres. Es algo violento y ha violado a varias mujeres, lo cual lleva a que un juez le obligue a ingresar en un psiquiátrico. Él está encantado ya que es una forma de librarse de la cárcel, pero pronto se da cuenta de que su libertad está en manos de los doctores que regentan la institución, concretamente de la enfermera Ratched (una de las mejores malas de la historia del cine. Bravo por Louise Fletcher). Con su mirada gélida, controla con férrea autoridad el anodino y mortalmente monótono tempo del psiquiátrico. El personaje de McMurphy, que representará los valores vitales (libertad, espontaneidad, hedonismo), no se querrá dejar dominar y eso pronto le traerá problemas.

En esta memorable escena, en una de esas “terapéuticas” reuniones la enfermera muestra que allí no hay ninguna democracia. Ella manda y la rutina “cuidadosamente planificada” no va a cambiarse de ninguna forma. A pesar de ello, la genialidad de McMurphy hace acto de presencia narrando un imaginado el partido de baseball, dando a esos pobres diablos un pedacito de auténtica vida. Eso es lo que sabe hacer mejor: regalar vida a los moribundos reclusos. En otras escenas secuestra un autobús y se lleva a los supuestos locos a pescar, u organiza una gran fiesta en el centro cerca del final.

Y es que el interminable debate que trata de marcar la línea entre la cordura y la locura está latente en toda la cinta. McMurphy les increpa preguntándoles si es que verdaderamente se creen que están locos, – No más que cualquiera de las personas que viven ahí fuera – continua. Si comparamos a la enfermera Ratched con cualquiera de los internos, seguramente que no nos habría extrañado verla sentada como un recluso más: ¿no es más patológica su obsesión por el orden y su autoritarismo despiadado que lo que les pasa a los demás? Si nuestra sociedad se define por quienes excluye… ¿no debería haber una nietzscheana inversión de los valores? ¿No deberíamos estar los de fuera dentro y los de dentro fuera?

En la secuencia clave de la película McMurphy puede escapar, la ventana está abierta y puede marcharse a Canadá, puede escapar con el Gran Jefe y salir, al fin, de ese ingrato manicomio. Entonces la cámara se centra en su cara. Primerísimo primer plano de varios segundos en el que sólo se ve la expresividad de Jack Nicholson. El espectador sabe que ese momento es importante. McMurphy no se va, y esa decisión desencadenará su perdición. El Gran Jefe decía que su padre era muy fuerte, parecido a McMurphy, y esa fuerza, ese exceso de vida, este ser un auténtico superhombre nietzscheano, fue lo que acabó con él. Demasiada vida puede matar, ¿o es que McMurphy entendió, en el último momento, que su mundo ya no estaba allí fuera sino dentro de esa casa de locos? ¿Comprendió que el mundo de afuera era mucho más cruel y esclavizador que el mismo psiquiátrico?

Cuando muere, el héroe se convierte en leyenda. Ese es su trágico sino. Ha de morir, ha de sacrificarse para que su espíritu quede entre los demás como ideal. Randle MacMurphy, el héroe de la vida, el rey de los locos. Si hiciéramos un ranking de las mejores películas de la historia yo situaría One flew over the cucko’s nest, sin duda, entre las veinte mejores.

PD: Siento que estos días he actualizado poco el blog y es debido a que he estado bastante más liado de lo normal. Desgraciadamente, la semana que viene me voy de excursión con los mocosos alumnos a los Pirineos (que no nos pase nada), por lo que no actualizaré el blog ni autorizaré comentarios. Pero no preocuparse, cuando vuelva esto volverá a ponerse en marcha.

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comentarios
  1. Inma Gutiérrez dice:

    Curiosas casualidades. Ayer vi, después de al menos 15 años, Birdy que me vino a la memoria inopinada e inexplicablemente hace unos días. Alan Parker demuestra casi más que en Alguien voló…su interés por las enfermedades mentales o por quienes, según la medicina convencional y la uniformadora sociedad, las padecen. Me pareció que sigue teniendo cosas que decir. Un saludo y…¡que no te pase nada!

  2. Hola Inma:

    Pues Birdy no la he visto, así que tomo nota.

    Y gracias, espero que todo salga bien.

    Un saludo.

  3. yack dice:

    El viejo tema de quiénes son los que realmente están locos, si los de fuera o los de dentro de la reja, es como preguntar quién tiene la dosis de insulina correcta, los diabéticos o los no diabéticos.

    Como siempre, estas cuestiones filosóficas se resuelven fácilmente dejando que la naturaleza siga su curso, que al fin y al cabo es la que nos ha diseñado y la encargada de eliminar a todo aquel que se salga del programa previsto y deje de funcionar según las especificaciones del fabricante. Los diabéticos, ni no se les inyecta insulina, enferman y los auténticos locos, si se les suelta, acaban haciéndose daño o haciendo daño a los demás y a sí mismos. El loco padece una enfermedad objetiva que impide el funcionamiento correcto de su cerebro y esa enfermedad suele tener un nombre, unos síntomas y un tratamiento, no siempre efectivo.

    Por lo general, en los países libres y civilizados hay muy pocos cuerdos en el manicomio, si es que hay alguno. Para compensar, en la calle hay un porcentaje alarmante de locos, ya sea para reducir gastos, ya sea para concederles el estatus de “cuerdos” como cuando se le deja pasar de curso a un mal estudiante, y así se le convierte en un buen estudiante. La sociedad progresista ha llegado a creer que negando la realidad, se la puede transformar sin limitaciones y uno de sus mayores logros es acabar con los locos, negando o cuestionando la locura.

    Saludos.

  4. Una cuestión muy puntual.

    Suelo usar esta película como recurso didáctico en Psicología y Filosofía desde hace años. La he visto muchas veces doblada al español y, efectivamente, en la entrevista del psiquiatra jefe con Nicholson se da a entender que está preso por violación.

    Sin embargo, en la versión original la realidad es otra. Está preso por haber mantenido relaciones sexuales con una menor de 16, un santo comparado con el Sr. Dragó. Luego su expediente se complica por peleas dentro de la cárcel.

    La tragedia del protagonista adquiere más sentido si sabemos que está condenado injustamente.

    No me explico una diferencia tan grande entre el doblaje y el original.

    Un saludo.

  5. Tanto la película de marras como el libro en que se basa -escrito por el inefable Ken Kessey- son, en mi modesta opinión, un muestrario de los tópicos más acartonados y sonrojantes del pseudoprogresismo de los años sesenta y setenta. Cualquiera que haya tenido la desgracia -sí: la desgracia- de que alguien cercano a él padeciera una enfermedad mental grave sabe que la locura es algo real. Muy real. Y que, como bien apunta Yack, negarla, cuestionarla o frivolizar con ella no hace que desaparezca. Mal que les pese a muchos. O a casi todos.

    http://www.antoniolopezpelaez.com

  6. yack dice:

    Totalmente de acuerdo Antonio. Yo he visto la locura desde muy cerca y conozco el sufrimiento para el enfermo y su entorno familiar.

    Otro error en el que se suele caer con inexplicable persistencia es considerar a las películas y novelas como fuentes válidas de conocimientos, pruebas y demostraciones.

    Una película o una novela sólo es una historieta que, en el mejor de los casos, puede servir para despertar nuestro interés o nuestra imaginación sobre un tema. Nunca puede tomarse como fuente fiable o probatoria de nada que no sea las intenciones o creencias de su autor.

    De la misma forma que el guionista resucita a los muertos o hace levitar a los protagonistas, puede endilgarte una teoría demencial, hábilmente trenzada con las imágenes y las emociones que suscitan.

    Saludos.

  7. Antonio y Jack:

    Sabéis lo que os digo… qué tenéis toda la razón. La idea de negar la realidad de la locura (y, por ende, de la misma razón) proponiéndola como una construcción social, fruto del stablishment gubernamental, por supuesto, autoritario y fascistoide, es algo muy propio de la filosofía posmoderna en auge en los hippies 60. Contra esa filosofía, precisamente, se combate en este Blog.

    Sin embargo, en defensa de la película diré dos cosas:

    1. Cinematográficamente no es sólo muy buena, es excelente. No retiro que está entre las veinte mejores películas de la historia. Sus interpretaciones o la banda sonora son de matrícula de honor.

    2. Su temática, si bien ha envejecido mal, tuvo mucho sentido en esos años. Recordemos la era Reagan o el Thatcherismo en la plenitud de los 80. La franckfurtiana lucha contra la autoridad tuvo su razón, aunque ahora nos parezca trasnochada.

    Eugenio:

    Gracias por la puntualización. Es cierto que hace más trágica la situación del protagonista.

    Un saludo.

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