En las míticas conferencias de Dartmouth, los pioneros de la IA pronosticaron que en unos pocos años tendríamos seres mecánicos con las mismas características que el ser humano. Alan Turing, Marvin Minsky o John McCarthy pensaban que las computadoras tendrían conducta inteligente e incluso consciencia y emociones en unas décadas. Desde la filosofía, pronto se lanzó una feroz crítica a estas pretensiones: John Searle, Herbert Dreyfus, Joseph Weizenbaum o Margaret Boden se apresuraron en mostrar los problemas filosóficos existentes tras tales pretensiones. Filósofos e ingenieros se enzarzaron en una ardua polémica (bueno, más bien sólo filósofos con filósofos. Los ingenieros siguieron trabajando como si la filosofía no existiera, cosa que han hecho siempre). En la actualidad parece que los filósofos han ganado la partida ya que, a parte de que sus ataques fueron bastante certeros en algunos casos (es muy famoso el argumento de la habitación china de Searle) y a que es más fácil destruir que construir, las promesas de Dartmouth están aún muy lejos de conseguirse.

Jaron Lanier ha revitalizado la polémica en un reciente artículo en donde acusa a estas exageradas pretensiones de la AI de ser la nueva ideología de moda, la nueva pseudoreligión que acompaña nefastamente el desarrollo de las ciencias de la computación provocando, según Lanier, una mala comprensión de las mismas y de lo que es realmente el hombre.

Son ciertas las pretensiones mesiánicas de muchos tecnofílicos. Hemos leído con cierta frecuencia fabulaciones como que podremos descargar nuestra mente en ordenadores consiguiendo la inmortalidad o, de modo apocalíptico, que acabaremos siendo esclavizados o exterminados por beligerantes máquinas futuristas. El gran guru de la IA, Raymond Kurzweil habla con total naturalidad de la singularidad tecnológica, momento histórico en el cual las máquinas serán tan superiores al ser humano actual que nos es imposible establecer cualquier tipo de predicción del futuro desde ese momento. Leo en El hombre mecánico de Hans Moravec:

Lo que nos espera no es el olvido, sino un futuro que, desde nuestra ventajosa situación actual, se puede describir con las palabras “posbiológico” o, mejor aún, “sobrenatural”. En este mundo, la marea del cambio cultural ha barrido al género humano y lo ha sustituido por su progenie artificial. Las consecuencias finales todavía nos resultan desconocidas, aunque muchos de los pasos intermedios no sólo son predecibles sino que ya se han dado. En la actualidad, nuestras máquinas son todavía creaciones simples que precisan los cuidados maternales y la atención constante de todos los recién nacidos. Y no se puede decir que merezcan el calificativo de “inteligentes”. Pero en el curso de un siglo madurarán, se convertirán en seres tan complejos como nosotros y, finalmente, en entes que trascenderán todo lo que conocemos, de los que nos podremos sentir orgullosos y considerarlos nuestros propios descendientes.

Nótese que Moravec no duda en hablar de la futura generación de máquinas inteligentes como seres sobrenaturales como si no pasara nada. Y es que la advertencia de Lanier es muy cierta:

1. Que en una ciencia se introduzcan elementos propios de las religiones es en sí nefasto. La ciencia ha de huir del ethos de la religión, no acercarse a él. La predicción salvajemente especulativa sin base empírica (a lo sumo apoyada en una discutible ley de Moore) nos recuerda a la espera cristiana de la segunda llegada de Dios.  No dejemos que vicios que ya creíamos superados vuelvan a introducirse en la ciencia.

2. Ésto sólo a causado que se cancele la financiación de interesantes proyectos en AI debido a lo irreal de sus objetivos. Si en vez de prometer replicas de humanos habláramos sólo de sistemas expertos que sirven de ayuda profesional seguro que los mecenas verían la gran utilidad de estos ingenios sin defraudarse por no encontrarse con HAL 9000.

3. Al contrario que la mayoría de los filósofos, yo no encuentro contradicción alguna a la posibilidad de que puedan crearse seres artificiales que tengan formas de consciencia e, incluso, poseer emociones. Sin embargo, reconozco tanto que podría haberla y aún no la conocemos, como que aún estamos lejísimos de conseguirlo. Seguramente que el modelo computacional actual no es el adecuado para representar el pensamiento humano (o, simplemente, es todavía muy sencillo) y nuestra tecnología es tan pobre que no da ni para hacer predicciones a corto plazo de lo que podríamos conseguir en el campo de la computación; más aún cuando su avance está sujeto a los devenires propios de cualquier progreso histórico: la economía, los cambios socio-culturales, las modas… e incluso los caprichos de ese extraño ser que se resiste tanto a ser replicado al que llamamos hombre.

 

Véase El Bushido de HAL

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comentarios
  1. Alejandro dice:

    ¿Sabes? Concuerdo contigo. Las pretenciones irreales han dañado mucho el campo. Se han vendido unas ideas fantásticas que están lejos de los que podríamos conseguir. Si en lugar de eso se hicieran cosas más “mundanas”, otro gallo nos cantaría. Sería muy intersante dale otra oportunidad a los Sistemas Expertos (más “aterrizados”, claro) y mostrar que la disciplina sí tiene cosas que aportar y que no todo es una espesa niebla posthumana.

  2. Alejo Urzass dice:

    ¿Para qué iba a necesitar un robot las emociones? Me resulta parecido a plantear que también desarrollen el hábito de fumar, o el colon irritable. Quizá, quién sabe. ¿Y robots participando en Gran Hermano?
    Tengo la impresión de que sucede lo contrario, en vez de robots humanizados, son los científicos quienes cada día parecen más robóticos.

  3. Hola, encontré esta página navegando por internet, la cual encuentro muy interesante. Me gustó mucho la forma como tratas los temas. Es un gusto y un placer poder leerte.

    Enlacé esta web desde mi blog, el cual te invito a visitar:
    http://www.reflexiones-irreverentes.blogspot.com

    Tal vez mis últimos post te interesen. Sigue adelante, vas muy bien.

    Saludos

  4. Alejandro:

    Así es. Totalmente de acuerdo.

    Alejo:

    Hay muchos ingenieros que ya siguen tu idea: construir robots en función de la utilidad para la que se la requiera en vez de intentar imitar a un ser humano (de hecho el ordenador desde el que lees esto es una máquina que no intenta imitar al hombre). Muchos hablan de formas de inteligencia no humanas. Quizá en vez de copiarnos deberíamos hacer otra cosa que, al menos, no fuera a Gran Hermano… 🙂

    Profanatumbas:

    Voy a leer tu blog. Ya te contaré.

    Un saludo.

  5. Alejandro dice:

    Re: Espero algún día hacer algo en esa área. Un granito de arena. 🙂

  6. Antonio dice:

    Coincido plenamente.
    Si llegamos a crear máquinas equivalentes o mejores que el ser humano en 10 o 100 años no lo sé. Pero antes o después lo haremos. Eso sí, estamos aún muy lejos. Hay que interpretar la devoción de los seguidores de la IA como simple propaganda (nadie va a enviar humanos a Marte, pero hablar de ello da dinero).
    Aunque no lo parezca, los ordenadores hacen las cosas al estilo humano. Cualquier operación que realice un ordenador la puede hacer un humano con papel y lápiz, aunque quizá tarde milenios en acabar. Los ordenadores los programan humanos y responden a esquemas humanos.
    Un saludo.

  7. Antonio:

    El problema está en que esa propaganda se ha vuelto muchas veces en contra de sus amos. Si yo prometo a mi financiador que le voy a hacer un Terminator, y luego sólo consigo hacer un cacharro que persiga una luz… se acabó el money. Si, por el contrario, prometo lo que puedo (que en AI creo que no es poco), la cosa iría mejor. No ha habido otra disciplina más dañada por su propaganda que la AI.

    Sí, los ordenadores hacen cosas al estilo humano porque son un fruto del ser humano. Simplemente me refería a que muchos ingenieros no intentan tanto emular al hombre como que sus inventos hagan lo que tienen que hacer con independencia de que se parezcan o no a un ser humano. Evidentemente, un ordenador es algo muy humano en el sentido que no es más que “matemáticas andantes”, pero en su diseño, está pensado para ser útil al realizar ciertas tareas, no en ser cada vez más humano… ¿o es que los humanos tenemos ratón? 🙂

    Lo guay sería, como dice Kurzweil cuando se flipa, cuando rompamos esta objeción (que ya hizo lady Ada Lovelace): el ordenador sólo hace lo que su programador le dice que haga. De hecho, ya tenemos cosas parecidas: los algoritmos evolutivos. Aprenden y llegan a resultados no previstos inicialmente por el programador. Cuando potenciemos el aprendizaje a niveles superiores, llegará un momento en el que la máquina podría incluso reprogramarse (sería como un ingeniero genético humano para sí mismo), haciéndose y haciendo nuevas máquinas superiores a las que su creador humano podría pensar. He aquí la singularidad tecnológica.

    Pero, en fin, precisamente, estas flipadas son las que denuncio. Están bien para soñar y divertirnos, pero no para vender sistemas expertos o cámaras de fotos con fuzzy logic.

    Un saludete.

  8. Antonio dice:

    Santiago, plenamente de acuerdo en todo.
    Respecto de los algoritmos inteligentes, las redes neurales (de ordenador), los sistemas expertos, la inteligencia artificial etc. Creo que tras muchos años el resultado es 0. los programas pueden ser más o menos complicados y parecer sorprendentes, pero no conozco un solo caso en el que se modifiquen. Seguimos con la más clásica Máquina de von Newmann.

  9. […] Léase Alabada sea su divinidad robótica. […]

  10. Nico dice:

    Hombre Antonio, tampoco que es que se haya avanzado 0 en el campo de la AI. El problema es que entre las películas y los científicos-vendedores de AI nos han prometido “catedrales” (véase un símil) cuando a nivel teórico no hemos desarrollado todavía ni la trigonometría. Para que os hagais una idea, todavía se discute cuantos tipos de negaciones manejamos los humanos en nuestros razonamientos. Si todavía no sabemos como funciona nuestra inteligencia cómo vamos a crear una artificial.

    PD: no se si alguien me leerá, ya lleva este tema parado 3 meses pero … me apetecía aportar mi granito.

  11. Hola Nico:

    Llegas algo tarde, je, je. Completamente de acuerdo contigo. Y lo lamento mucho… ¡Moriremos sin poder tener una conversación como ésta con un robot!

    Por cierto, ¿cuántos tipos de negaciones manejamos los hombres en nuestros razonamientos?

  12. Nico dice:

    Santiago, pues he llegado a escuchar que existen hasta 7 tipos diferentes de negaciones (acorde a la manera de inferir enunciados negados). De todas formas, todavía no existe un consenso entre investigadores sobre dicho número.

    Yo trabajo principalmente con dos: Negación por defecto (o negación por fallo) y negación fuerte (o por inferencia directa). En lenguaje coloquial, la diferencia entre ambas es la siguiente: Uno niega por defecto un enunciado cuando no se tiene información sobre lo que se enuncia. Un ejemplo típico es el de los cuernos, “mi mujer no me es infiel porque no tengo información acerca de su infidelidad”; no se que me es infiel y por lo tanto me es fiel. Uno niega algo de manera fuerte, si la conclusión proviene de una cierta información o conocimiento. Otro ejemplo, “no me gusta el pimiento crudo porque lo he probado y se como sabe”; para inferir que no me gusta, necesito conocer su sabor.

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