De utilitate scientiarum

Publicado: 18 enero 2011 en Ética y moral, Filosofía de la ciencia
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Durante los últimos cuarenta años, los mayores esfuerzos realizados en la ciencia pura se han concentrado en campos extraordinariamente esotéricos que están lejos de todo contacto con los problemas cotidianos. La física de partículas, la física de bajas temperaturas y la astronomía extragaláctica son ejemplos de esa ciencia pura que se va cada vez más lejos de sus orígenes. El trabajo intensivo en esos campos de la ciencia no hace un gran daño o un gran bien ni a los ricos ni a los pobres. El principal beneficio social que proporciona la ciencia pura en campos esotéricos es servir como programa de ayuda para los científicos y los ingenieros.

Al mismo tiempo, los mayores esfuerzos realizados en las ciencias aplicadas se han concentrado en productos que se puedan vender a cambio de elevados beneficios. Como es de esperar que los ricos puedan pagar más que los pobres por los nuevos productos, la ciencia aplicada dirigida al mercado dará habitualmente como resultado la invención de juguetes para los ricos. El ordenador portátil y el teléfono móvil son los últimos juguetes de modo. Ahora que una gran parte de los empleos altamente remunerados se anuncian en Internet, las personas excluidas de la red están también excluidas del acceso al mundo laboral. El fracaso de la ciencia durante las últimas décadas en cuanto a producir ventajas para los pobres se debe a dos factores que funcionan de manera combinada: los científicos puros se han alejado más que nunca de las necesidades materiales de la humanidad, y las ciencias aplicadas se encuentran cada vez más vinculadas al beneficio inmediato.

Freeman Dyson, El científico rebelde

Unas cuantas líneas antes, Dyson explica lo que significa que una ciencia tenga utilidad social, citando una definición dada por el genial matemático Godfried Harold Hardy:

Se dice que una ciencia es útil si su desarrollo tiende a acentuar las desigualdades existentes en la distribución de la riqueza o promueve de una forma más directa la destrucción de la vida humana.

Tan tétrica definición fue escrita en el contexto de la segunda guerra mundial  por lo que, quizá, “promover de una forma más directa la destrucción de la vida humana” no es hoy tan aplicable como entonces (¿o sí?), pero el hecho de su tendencia a acentuar desigualdades parece algo intrínseco a todo desarrollo científico: aquel que posea tal o cual ingenio tecnológico tendrá una ventaja sobre los demás, y tal o cual ingenio será mejor cuanto más ventajoso sea para su poseedor. El empresario quiere, justamente, ventajas sobre sus competidores. Capitalismo y ciencia se llevan bien, tanto más cuando cada vez es más caro hacer ciencia. ¿Necesidad de una revisión ética de los fines de la ciencia? ¿O necesidad de una revisión ética del sistema económico-político?

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comentarios
  1. Interesante, muy interesante propuesta.
    Puede que el problema resida en una desavenencia destructiva entre ciencia y teleología, o incluso la filosofía. El conocimiento científico genera poder, pero la decisión sobre lo que se hace con ese poder y cuales son los mecanismos para su control no están en manos de la ciencia. En cierto modo se podría decir que el poder del conocimiento está controlado por el instinto.

  2. Alejandro Vukasovic dice:

    Me pregunto si esta enfoque (lograr un alto impacto en un corto plazo) nos traerá algún dolor de cabeza en el futuro, pues algunas ramas de la ciencia de poco “impacto” serán poco “financiadas”… Me recuerda el chiste de los sismólogos… Les llaman una vez que el terremoto ya pasó, pero como ya pasó no son de “utilidad”, entonces les dicen “adiós”… ¡Es hilarante!

  3. Camino:

    Así es. La ciencia está controlada por no científicos, por los vaivenes socio-políticos de los tiempos; y parece que en estos tiempos los problemas del mundo no son una prioridad ni para la política ni para la economía.

    Alejandro:

    Jaja. Pues si el criterio es el “impacto” imagina cuánto nos llaman a los filósofos…

    Un saludo.

  4. Renaissance dice:

    El progreso técnico no crea desigualdad, ni muchísimo menos. Es todo lo contrario, y el argumento que se esgrime en el texto es realmente débil: “los mayores esfuerzos realizados en las ciencias aplicados se han concentrado en productos que se puedan vender a cambio de elevados beneficios.“.

    El fallo está en que la alta tecnología, por regla general, no está en los productos que se venden, sino en los métodos de producción. De hecho, los productos de la tecnología de consumo suele ser poco novedosa (en realidad, hay poca “alta” tecnología en el iphone). Donde sí verás alta tecnología es en la creación y ensamblaje de los microprocesadores, y memorias usb. Hoy dos formas de obtener beneficio: vender caro o reducir costes, lo primero es peligroso porque no sabes si los consumidores van a tragar, lo segundo es una apuesta casi segura. Invertir en la reducción de costes en los procesos de producción aplicando alta tecnología permite abaratar el producto, lo que hace accesible a un mercado mayor (los productos informáticos es casi la mitad de baratos que hace 6 años).

  5. Héctor M. dice:

    Yo creo que esto es como los adelantos tecnológicos de la f1 que primero aparecen allí y luego en los utilitarios. O las innovaciones de la moda de alta costura que primero aparecen allí y luego en los escaparates utilitarios. O las innovaciones artísticas que primero aparecen snob y luego llegan a ambitos más utilitarios…

  6. Buen punto. Alcanzo a ver la dimensión del problema en el sentido de una forma proyectiva del egoismo humano. Este elemento individual del recurso intelectual del hombre en el mercado tiene valor, las ideas se venden en su momento y oportunidad, las patentes del conocimiento tienen historias anecdóticas puesto que los concientes colectivos avanzan en la misma dirección y la diferencia entre un inventor y otro en el registro historico es a veces de horas.

    Sin embargo de la primera mitad del siglo xx a hoy hay una diferencia abismal. Hoy se puede acceder a las patentes de invención depositadas en los bancos de datos y las innovaciones que se pueden hacer en un contexto regional valen para este mercado. Son millones de fórmulas que tuvieron su vigencia y que ahora hacen parte de la estanteria pero con las que se pueden probar valores agregados. Claro que no pensarás en obtener la patente de la Coca Cola porque esa firma se encarga de hacer actualizacion de registros en cada pais donde se vende.

    Saludos y felicidad 2011

  7. Renaissance:

    La desigualdad se crea entre la empresa que tiene esa tecnología que le permite vender más barato y aquellas otras que no la tienen. Alguien se forra (habitualmente una gran empresa, la que puede invertir en tecnología) sin que los más necesitados mejoren, por lo que se abre más la brecha entre ricos y pobres.

    Héctor:

    Así lo creo yo también. Hay que notar que la clase media nunca consigue disponer de la tecnología de vanguardia, sino sólo de una que ya no es innovadora.

    Danilo:

    ¿Se sabe de qué está hecha la Coca-cola?

    Saludos.

  8. Alejandro Vukasovic dice:

    No es algo muy propio de mi citar la Biblia, pero no me pude resistir: “Porque al que tiene se le dará más y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.” Mt, 13, 12.

    ¿Será posible una ciencia “aconfensional”? Que no sea tratada de blasfema, de burguesa y que no esté sujeta a los caprichos del mercado. ¿Será mucho pedir que no esté sujeta a los vaivenes de los poderes de turno o tendremos que resignarnos?

  9. Alejandro:

    ¡Citando aquí la Biblia! ¡Hereje! 😀

    Desgraciada(o afortunada)mente, la ciencia siempre ha sido cosa de élites y en economía lo escaso es lo que tiene valor, lo que la gente codicia, por lo que me temo que la ciencia será siempre algo muy dependiente del poder económico… Pero pensándolo de modo más amplio… ¿qué no depende hoy en día del mercado?

    Un saludo.

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