Las drogas de Occidente

Publicado: 14 febrero 2011 en Sociología
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Creo que nunca he tomado más de cinco tazas al día [de café], aunque conozco casos de cafetómanos inveterados, capaces de beber litros, que sin duda dependen de seguir manteniendo esos niveles de administración para no caer en el colapso psíquico de quienes consumen estimulantes compulsivamente. Calculando que la cafeína posee unas diez veces menos actividad que la cocaína, y que el litro de café concentrado equivale a unos 10 gramos de cafeína, esas personas están consumiendo al día dosis equivalentes a un gramo de cocaína, cantidad poco compatible con la salud de casi nadie.

Me pregunto qué pasaría en Occidente si se estableciese una ley seca para el café, pongamos, durante una semana. Sería sumamente interesante comprobar cómo afectaría a la bolsa, a la tasa de suicidios, productividad, bajas laborales… ¡a cualquier indicador de conducta humana! Y si queréis leer algo sobre el alcohol:

Junto con temblores y convulsiones, el delirio alcohólico produce un estado de completa desorientación mental al que acompañana alucinaciones muy vivas, de naturaleza terrorífica casi siempre. Esta situación se prolonga día y noche, a veces durante una semana entera, produciendo un deterioro mental importante e irreversible en el 67% de los casos. La tasa de mortalidad ronda el 30%, y la recaída es regla en casi la mitad de quienes llegan a padecerlo; con todo, la supervivencia es infrecuente después del tercer síndrome. […] Sin embargo, muy rara vez se consideran las reacciones de abstinencia a drogas legales; al contrario, el hombre de la calle vive tranquilo pensando que lo pavoroso es el “mono” del adicto a opiáceos.

Antonio Escohotado, Aprendiendo de las drogas

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comentarios
  1. Alejandro Vukasovic dice:

    Yo bebía más de un litro de café al día… Bueno estoy tratando de dejarlo, pero vuelvo. xD

  2. ¡¡¡Más de un litro de café!!! Bueno, pero sería poco concentrado, ¿no? Madre mía, ¡drogadicto! ¡Enfermo! 😀

  3. Adolfo dice:

    Yo tomo bastante café al día, dos o tres generalmente, siempre solo, muy largo y sin azúcar. No obstante, soy totalmente inmune a la cafeína: no me produce ningún efecto y más de una vez me he tomado dos cafés antes de irme a la cama para después dormir como un lirón. También ha habido temporadas en las que he estado semanas sin probar el café y no he tenido ningún problema.
    Puro placer, ya veis.

    Lo del alcohol, me hace mucha gracia cuando hablo con gente de cierta edad que tienen un miedo atroz a las drogas ilegales pero que consideran lo más normal del mundo beber un chupito (o incluso tomarse diazepam para dormir bien!!).
    Hace unos 20 años, cuando no había tratamientos de desintoxicación maduros, la forma de desintoxicar a los enfermos de heroína consistía en provocar la abstinencia a la droga: se le encerraba al enfermo en una habitación sin proporcionarle más que té durante 15 días. El enfermo tenía alucinaciones y lo pasaba fatal, pero sobrevivía al trance. Ese tipo de desintoxicación no se podría hacer con el alcohol porque su abstinencia provoca la muerte del adicto en un alto porcentaje de los casos. ¿Cuál es la droga “dura”?

    saludos,
    Adolfo

  4. Hola Adolfo:

    ¿Inmune al café? Mira a ver si eres inmune a más cosas… ¡A lo mejor eres un superhéroe!

    La idea es esa: es la sociedad la que decide qué drogas son moralmente aceptables y cuáles no, y no basándose en criterios de perjuicios para la salud, sino en cosas como la tradición, la cultura o la costumbre. ¿Te imaginas una cultura donde la heroína estuviese bien vista y la cerveza no? Pues podría ser.

    Un saludo.

  5. Alejo Urzass dice:

    ¿Pero a qué llamamos drogas? ¿Dinero, televisión? ¿El sexo? ¿El amor? ¿Un chuletón de vaca? ¿Tener vacaciones no es una droga (ya que provoca síndrome de abstinencia, que nos es recordado cada 1 de septiembre)? ¿El trabajo? ¿El juego?
    (¡Qué cansancio me produce la falsa moral mezclada con la salud pública!)

  6. Adolfo dice:

    Santiago, no imagines que tal cultura existe:

    como todos sabéis, en Afganistán se produce muchísimo opio, buena parte del cual es utilizado por las mafias para producir heroína e introducirla en occidente. No obstante, las infusiones de opio son un anestésico muy usado por la población, y no sólo para fines médicos. Si no tienes otra cosa que comer, pues te tomas una infusión de opio y así se pasa mejor el hambre.
    Evidentemente la cerveza es totalmente demoníaca y contraria a la ley de Ala et al.

    saludos,
    Adolfo

  7. Masgüel dice:

    “la sociedad la que decide qué drogas son moralmente aceptables y cuáles no, y no basándose en criterios de perjuicios para la salud, sino en cosas como la tradición, la cultura o la costumbre.”

    Eso era cierto para las sociedades tradicionales. En nuestra sociedad industrial de consumo de masas, además del peso de la tradición cultural hay grupos de interés que se benefician de la situación de ilegalidad de determinados productos. Muchas drogas sintéticas de cuño reciente pasan a las listas de sustancias controladas en cuanto las autoridades detectan que se está haciendo un uso lúdico de las mismas. Su toxicidad es lo menos importante al tomar esa decisión. Una nueva droga legal puede erosionar los beneficios de la industria de las bebidas alcohólicas mientras que siendo ilegal su precio puede ascender abusivamente y antes o después todo ese dinero termina blanqueado e invertido en empresas legales.

    Lo bueno del asunto es que la prohibición del comercio con ciertas drogas fue y es una política estadounidense. Ese país todavía juega la baza más importante para terminar con la prohibición (después de la derrota por los pelos de la Proposición 19 en California parece que las próximas elecciones presidenciales en 2012 pueden convertirse en ocasión más propicia para derribar el naipe que sostiene el castillo). Decía que lo bueno es que la prohibición sea una política estadounidense porque EEUU está perdiendo la hegemonía a nivel mundial y el día menos pensado, Brasil, India o México decide que no necesita permiso de EEUU para abolir una política nefasta y deja de adherirse a la Convención Internacional sobre Estupefacientes.

    P.D. Cuando siendo mozo quería robarle horas al sueño, en lugar de café tomaba Durbitan, que son cápsulas de cafeína pura para no destrozarme el estómago con las cenizas del tueste de las semillas de café. Ya no me gustan los estimulantes pero si un día me quiero quitar la modorra de encima, tomo 50 mg de modafinilo, menos tóxico y adictivo que la antetamina. Por temporadas (porque inhibe el recuerdo del sueño), fumo marihuana a diario. En palabras de Escohotado: “Como fármaco recreativo, la marihuana tiene pocos iguales. Su mínima toxocidad, el hecho de que basta interrumpir uno o dos días el consumo para borrar tolerancias, la baratura del producto en comparación con otras drogas y, fundamentalmente, el cuadro de efectos subjetivos probables en reuniones de pocas o muchas personas, son factores de peso a la hora de decidirse por ella. Promociona actitudes lúdicas, a la vez que formas de ahondar la comunicación, y todo ello dentro de disposiciones desinhibidoras especiales, donde no se produce ni el derrumbamiento de la autocrítica (al estilo de la borrachera etílica) ni la sobreexcitación derivada de estimulantes muy activos, con una inevitable tendencia a la rigidez. El inconveniente principal son los malos rollos -casi siempre de tipo paranoide- que pueden hacer presa en algún contertulio. Sin embargo, estos episodios quedan reducidos al mínimo entre usuarios avezados, y se desvanecen fácilmente cuando los demás prestan a esa persona el apoyo debido.” Y no produce resaca, añado.

  8. Masgüel dice:

    Intro de “Pineapple Express”. Muy divertida:

  9. Pero bueno, va a resultar que todos los tertulianos habituales sois una panda de drogatas. Ahora saldrá Yack diciendo que para él, los cartones de LSD son como lacasitos.

    Mi experiencia con las drogas ha sido residual, reducida en la actualidad al café (en dosis muy inferiores a las de Alejandro) y al whisky findesemanero (llevo más de dos años sin fumar mis dos cajetillas diarias que me metía “pal” pecho). En la Universidad fumaba hachís y marihuana esporádicamente, aunque nunca me atrajeron demasiado. Me daban sueño más que otra cosa. Algo más tarde probé la cocaína, pero tampoco me llamó demasiado la atención. Un poco de euforia, mucha energía, pero nada que me hiciera perseguir su uso continuado. Lo que sí fue revolucionario para mí fue el día que probé una pastilla de éxtasis. La gama de sensaciones que tuve esa noche fue alucinante. Siempre he dicho que ya podría tocare el Euromillón siete veces seguidas que no sería ni una centésima lo feliz que fui en las horas que duraron sus efectos. Santísismos receptores sinápticos de placer… Luego sentí miedo, temor de que la cosa me gustara demasiado y no probé más drogas duras.

  10. Masgüel dice:

    A mí la magia del éxtasis me duró seis sesiones. Desde entonces para mí es igual que la anfetamina. Aproximadamente cada año le doy otra oportunidad pero ni con piracetam ni con 5-htp. La última vez lo intenté en combinación con GHB. Fue una speed ball muy curiosa pero en cuanto a empatía, cero patatero. Ya no me interesa. Coincido en que las primeras dosis son de amor incondicional a todo lo que alcancen las llemas de los dedos.

    A mí la marihuana me sigue interesando porque aún me descubre nuevas sensaciones, viejos recuerdos y facetas de mí mismo que desconocía. Por ejemplo, últimamente me ayuda a analizar los sentimientos como sensaciones corporales. No son otra cosa, pero cuesta hacerse un mapa mental de las tensiones musculares involucradas. Entre la oferta de drogas lúdicas me parece la mejor opción, pero no es la droga perfecta. Para mí es una droga dificil. A veces su faceta alucinógena pega especialmente duro y como suele ir acompañada de una bajada brusca de la tensión arterial, no resulta agradable.

    No perdamos la esperanza. El soma de Huxley puede estar a la vuelta de la esquina. La síntesis de nuevas moléculas psicoactivas está dando sus primeros pasos. Ya he probado varios de estos “research chemicals” y entre que su potencia suele ser brutal (tuve que comprar una báscula con precisión 0’001 g para medir la dosis) y que no se conoce su toxicidad, acojona. Ya peino canas y no estoy para los sustos del país de las maravillas.

  11. Masgüel… desconocía esta faceta tuya de alquimista… ¡Y experimentando contigo mismo! Yo no podría, soy bastante hipocondríaco. Enseguida pensaría que me está dando una palo cardíaco.

    Recuerdo que cuando probé el éxtasis (cuyas proporciones químicas ignoro. Sabía que era un éxtasis porque me lo dijo quién me lo vendió, que igual me podría haber vendido paracetamoles), la sensación fundamental fue, aparte de una felicidad plena, la empatía absoluta. Estaba en una discoteca y salté a la pista de bailé donde me puse a hablar con todo el mundo… ¡hasta me lié con una tía! También me parecía que mi mente fluía con mucha rapidez y con gran lucidez, aunque creo que eso era más ilusión que verdad.

    Y sí, yo también pienso que en futuro el soma será una realidad. Estoy seguro de que llegará un momento en que podamos decir que eso de sentirse bajo de ánimo fue cosa del pasado. Y aparte de estos paraísos artificiales creo que incluso podrán diseñarse químicas que puedan ejercer fuerte control conductual. Por ejemplo, imagina píldoras que te hagan sentirte muy bondadoso o especialmente resuelto y decidido para afrontar una tarea… El futuro es químico.

  12. Masgüel dice:

    “imagina píldoras que te hagan sentirte muy bondadoso o especialmente resuelto y decidido para afrontar una tarea… El futuro es químico.”

    El hombre lleva usando drogas para esos propósitos desde que hay noticia. Lo excepcional es esta cruzada prohibicionista, no por casualidad coincidente con el ascenso de las grandes corporaciones de la industria petroquímica y farmacéutica. Lo que nos permite la síntesis química es disponer de moléculas que no existen en la naturaleza, pero su mecanismo de interacción con nuestros receptores sinápticos, su neurotoxicidad y sus efectos subjetivos no corresponde a los químicos averiguarlo, sino a los neurólogos en el primer caso y a psiconautas echaos palante en el segundo. Por ejemplo el éxtasis se sintetizó a princios del siglo XX, pero tuvieron que pasar sesenta años para que llegara un químico, Alexander Shulgin, que además de ponerse a sintetizar feniletilaminas, se las metía pal cuerpo y descubriera sus efectos. Una de las nefastas consecuencias de la desaparición de las culturas de recolectores es que conocen multitud de usos para los recursos vegetales de su entorno. De nada sirve a las compañías farmacéuticas mandar investigadores a la caza de principios activos a las selvas tropicales si no saben para qué narices puedan servir.

  13. Alejandro Vukasovic dice:

    Mi vocación de alquimista fue mucho más reducida que la de Masgüel… 🙂

  14. Masgüel dice:

    “nunca he tomado drogas ilegales por cuestiones éticas ¿qué se financia con el dinero que gasto en esas drogas?”

    No todos los consumidores de drogas ilegales se abastecen del producto controlado por las mafias. Yo también procuro evitarlas aunque confieso que para probar algunas he tenido que recurrir a camellos poco recomendables. En todo caso lo importante es darse cuenta de que si el mercado de ciertas drogas está en manos de mafias es precisamente por la absurda política que las hizo ilegales.

  15. He borrado el comentario de Adolfo por petición propia suya en el mismo comentario.

    Saludos, drogatas.

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