Sobre demos y kratos

Publicado: 1 junio 2011 en Filosofía política
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En estos días, paradójicos donde los haya, en los que miles de personas en las calles exigen más democracia a la vez que la derecha se hace con un poder omnímodo, bien estaría enriquecer la comprensión y la reflexión de lo que realmente es un sistema democrático. Por eso voy a hacer una serie de entradas dedicadas a mostrar algunas de las problemáticas más interesantes en torno a esta forma de gobierno.

La democracia dista mucho de ser un sistema perfecto, teniendo un montón de problemas de muy difícil, quizá imposible, solución; problemas además que, llevados a sus máximas consecuencias nos muestran lo paradójico del sistema: quizá el mejor de todos pero, a la vez, esencialmente imposible de llevar a cabo. Hoy mostraremos dos de estas cuestiones:

1. El problema de la representación. En España somos 47 millones de personas. Si partimos de que cada persona es única e irrepetible y que, por ende, su forma de pensar será igualmente exclusiva, para tener una total representación en el parlamento harían falta 47 millones de escaños, es decir, una democracia absolutamente directa. Las dificultades materiales de organizar algo así son más que obvias pero a ellas se les suma el hecho de que un sistema así sería prácticamente ingobernable. Pensemos en cómo poner de acuerdo a 47 millones de personas para sacar adelante unos presupuestos generales, teniendo en cuenta, además que la inmensa mayoría de esas personas no son especialistas en nada que tenga que ver con la economía. Parece muy lógico entonces delegar en representantes (viendo además que, en política, seguramente no hay 47 millones de formas de gobernar. Podemos resumir), pero el problema está en que, cuanto menor sea el número de ellos, tanta menor será la representación de la diversidad de opiniones de la totalidad de la población.  El extremo lo tenemos en el bipartidismo, cuando sólo dos ideologías, sólo dos formas de entender y de hacer política han de representar a 47 millones de ciudadanos. La representación en este caso es muy baja (lo cual es muy grave: nos gobierna gente que hace las cosas de un modo muy diferente a como las haríamos nosotros, ergo no nos gobernamos a nosotros mismos, ergo no hay democracia real). Pero, y aquí reside la paradoja, los sistemas bipartidistas son muy estables, son fáciles de gobernar ya que el ejecutivo mantiene una coherencia determinada y se le deja hacer políticas en esa línea. Un sistema más consultivo o asambleario sería mucho más incoherente e inestable.

Conclusión: cuanta más representación más ingobernabilidad y cuanto menos representación más gobernabilidad. Por eso cuando los acampados de Sol piden una democracia más directa o, por ejemplo, las famosas listas abiertas, conseguirían un sistema más representativo pero quizá menos gobernable.

2. El problema de los expertos. Así lo explico en clase: supongamos que se nos rompe el televisor y entre todos nosotros (somos treinta en clase) tenemos que decidir democráticamente qué es lo que le ha pasado. ¿Se ha roto la fuente de alimentación, el plasma, algún circuito interno…? Entre todos reflexionamos y luego votamos. La cuestión es: ¿No sería más sensato consultar a un experto, a un técnico en reparación de televisiones en este caso, que votarlo en asamblea? En quién confiaríamos más: ¿en una asamblea de diletantes que han votado o en un especialista? La respuesta parece fácil: así planteado un sistema tecnocrático sería superior a uno democrático. Podríamos objetar que los votantes pueden informarse, pueden consultar a especialistas antes de votar, de modo que una asamblea de votantes informados sería tan fiable como la opinión de un único especialista. Es cierto, y de aquí la imprescindible tesis de que un sistema democrático será tanto mejor cuanto más formados estén sus ciudadanos. Educación y democracia tienen que ir de la mano (Me preguntó qué tipo de democracia tenemos entonces en España con casi un 40% de fracaso escolar o qué tipos de democracia pueden surgir en países africanos con altísimos indices de analfabetismo). Sin embargo, y aquí reside la paradoja, aunque una asamblea informada pueda tomar decisiones tan fiables como las de los expertos, ¿por qué perder el tiempo realizando la votación? ¿Por qué no, simplemente, dejar todo en manos de expertos?

Además, el problema de los expertos puede conjugarse con el de la representación. Si pensamos que en una población dada el número de expertos constituye siempre una minoría, cuanta más representación tengamos menor importancia tendrá su voto (ya que se diluirá entre los de la mayoría de diletantes) y viceversa: cuanto mayor peso tenga la decisión de los expertos menor representación tendremos todos los demás. ¿Es compatible la democracia con la toma racional de decisiones? Pensemos en el ejemplo de estas elecciones: ¿ha sido racional castigar al PSOE con independencia de la calidad del gobierno en ayuntamientos y comunidades autónomas? ¿No nos hemos cargado a buenos alcaldes y concejales por el hecho de castigar a un partido por su mala gestión nacional? ¿No hubiera sido más lógico esperar a las nacionales para cambiar de gobierno? ¿Ha sido entonces racional el votante?

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comentarios
  1. Adolfo dice:

    Lo que planteas son carencias de los sistemas democráticos. Se podría gobernas (y gobernar muy bien) en ausencia de democracia, pero en ese caso que no lo llamen democracia.

    La democracia EXIGE una cultura y un interés por parte del pueblo para que éste pueda elegir de forma consciente y madura. Si no estamos dispuestos a asumirlo, entonces olvidémonos de la democracia y pasemos a otra forma de gobierno.

    saludos,
    Adolfo

  2. JL Salgado dice:

    Ergo, el número de representantes debería ser proporcional a la población, cosa que parece equitativa, pero …, el reparto se hace de acuerdo a los votantes, cosa que es absurda.
    El número de representantes debería ser proporcional al número de votantes y no a la población total.
    Así, cuando participa un 66% de la población deberían nombrase representantes al 66% de los elegidos, con lo que nos ahorraríamos una buena parte en sueldos, cuando decidimos no votar, también nos ahorramos representantes.
    Saludos

  3. Hola Adolfo:

    Sí, a veces lo que pasa es que tenemos los líderes que nos merecemos. Cuando el desinterés y la apatía política reinan, normal que gobierne cualquiera. Lo curioso es que esta vez no ha sido así: la gente ha salido a la calle, pero los resultados electorales han sido extraños.

    Hola Salgado:

    Se ha hablado de la propuesta de voto en blanco escaño vacío, la cual sería complicada si pensamos, por ejemplo, en que el escaño vacío obtuviera mayoría absoluta… Tu propuesta es interesante. ¿Por qué hacen falta los 350 diputados? ¿Por qué ese número y no otro más bajo? Y, efectivamente, ¿por qué no un número de representantes proporcional a los votantes y no a la totalidad de la población? Es que además parece injusto. Si yo no he votado o he votado en blanco, ¿por qué tiene que haber alguien representándome si, precisamente, no quiero que me represente nadie?

    Saludos.

  4. Dice Santiago: “En estos días, paradójicos donde los haya, en los que miles de personas en las calles exigen más democracia a la vez que la derecha se hace con un poder omnímodo…” Pues un servidor no ve la paradoja por ninguna parte. A menos, claro, que se considere que la derecha, per se, es menos democrática que la izquierda. Con lo cual ya estamos como siempre.

    http://antoniolopezpelaez.com

  5. Antonio:

    Principalmente me refería no a una, sino a dos paradojas:

    1. Los acampados manifiestan una fuerte tendencia anti-neoliberal a la vez que el partido neo-liberal por antonomasia arrasa en las urnas.

    2. Los acampados pujaban por la ruptura del bipartidismo mientras que las urnas han dado un paso atrás en ese sentido: monopartidismo. Tenemos para muchos años de mayoría absoluta del PP.

  6. Ambas cosas sólo resultan paradójicas si, y sólo si, uno previamente se había autoconvencido de que los indignados verdaderamente representaban a la sociedad española. Ya sé que eso es lo que ellos proclamaban y siguen proclamando, pero me asombra que alguien pueda llegar a creérselo.

    http://antoniolopezpelaez.com

  7. Para tu asombro yo pensaba que el encabronamiento ante la negligencia de la clase política y el sector financiero era algo común a la mayoría de la población. Y lo sigo pensando. Entonces me sigue pareciendo paradójico que la Cospedal, y lo que representa, vaya a gobernar Castilla-La Mancha con mayoría absoluta. Me hubiera parecido menos paradójico una mayor abstención y un mayor crecimiento de los partidos minoritarios.

  8. Álex dice:

    “para tener una total representación en el parlamento harían falta 47 millones de escaños, es decir, una democracia absolutamente directa.”

    Un parlamento o una asamblea con 47 millones de personas decidiendo es imposible, pero es que creo que nadie pide eso.

    Podría plantearse la posibilidad de asambleas ciudadanas locales, donde es más fácil tomar decisiones, pero federadas a nivel regional y nacional mediante delegados que se limitaran a administrar y coordinar las resoluciones de estas, no más (mandato imperativo). Es decir, no serían representantes en el sentido de políticos profesionales que hablan y deciden en nombre de la ciudadanía.

    “supongamos que se nos rompe el televisor y entre todos nosotros (somos treinta en clase) tenemos que decidir democráticamente qué es lo que le ha pasado. ¿Se ha roto la fuente de alimentación, el plasma, algún circuito interno…? Entre todos reflexionamos y luego votamos. La cuestión es: ¿No sería más sensato consultar a un experto, a un técnico en reparación de televisiones en este caso, que votarlo en asamblea?”

    Creo que puede que se esté confundiendo la política con la técnica. El qué le ha pasado al televisor y el cómo arreglarlo es una cuestión técnica y recae, por tanto, en los técnicos. Pero la decisión de si debe arreglarse o no, o dársele importancia si quiera, es, por así decirlo, una cuestión política, algo que concierne a aquellos que se ven afectados por esta.

    Nuestros representantes políticos no deciden, por ejemplo, la manera en que debe construirse un puente ni tampoco lo construyen. Sólo deciden, en dado caso, si ha de construirse o no.

    Pues bien, me parece que cuando se habla de una democracia directa se habla de que las decisiones pasen de estar en manos de un reducido grupo de políticos profesionales a manos de aquellos que se ven afectados por tales.

    Saludos.

  9. Álex:

    Es cierto, el ideal es conseguir una democracia más real eliminando todos los intermediarios posibles y realizando asambleas a diversos niveles. El problema está, tal y como nos muestra la historia de la democracia, en que cuando hay demasiadas partes pactando, es muy complejo llegar a acuerdos y, por eso, no son muy eficaces para la toma de decisiones. Las primeras democracias de la modernidad fueron sistemas parlamentarios en las que había que poner de acuerdo a muchas facciones con intereses distintos. No duraron mucho.

    Y con respecto al problema de los expertos vuelves a tener razón, es el ideal a seguir, pero insisto en que es difícil. Es magnífico que quienes son afectados por las leyes sean los que decidan sobre ellas, pero piensa, por ejemplo, en la economía. Yo no tengo ni idea de macroeconomía pero mi país tiene que tomar decisiones en esa línea… ¿No necesitaremos un experto? En muchas ocasiones política y técnica son lo mismo. De hecho, la política económica ha de ser una técnica y, precisamente, ahora estamos como estamos, por tomar malas decisiones técnicas (a parte de otras muchas ya ni técnicas ni no técnicas sino fraudulentas).

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