Lo público y lo económico

Publicado: 5 septiembre 2011 en Economía, Filosofía política
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Una de las principales razones por las que me siento feliz de ser profesor es que soy un funcionario público. Esto quiere decir, fundamentalmente, que trabajo para servir a los demás, trabajo en pro de toda la sociedad, lo cual es muy distinto a ser un trabajador en una empresa privada. Yo no trabajo para hacerme rico ni para hacer ricos a otros, que suele ser el sentido último del que trabaja por cuenta ajena. Por eso no creo en las políticas liberales que pretenden minimizar las funciones y el alcance del Estado, convirtiéndonos a todos en miembros de productivas empresas. Por eso no creo en la derecha (y no entiendo cómo cualquier funcionario puede votarles).

No entiendo por qué cada vez más ámbitos de la realidad deban estar regidos por las leyes de la oferta y la demanda. Y, desde luego, ámbitos como la educación y la sanidad deberían permanecer intocables al capital. ¿Qué pensaríamos si cosas como la amistad o la familia estuvieran reguladas por los mercados? ¿En qué se convierte el amor cuando en él interviene el dinero? En prostitución. Esto no quiere decir que haya que demonizar a los empresarios o al sistema económico. El capitalismo ha traído prosperidad y bienestar. Crear una empresa e intentar ganar mucho dinero no tiene por qué ser malo. Lo que sí es malo es que el interés económico alargue sus tentáculos a facetas de la realidad que no le corresponden. Está muy bien que una empresa fabrique iphones, pero no que manipule las mentes de los niños o decida quién tiene derecho o no a un trasplante de corazón. Y, con certera evidencia, está muy, pero que muy mal que las empresas determinen las decisiones políticas. La política es otro espacio público que, desgraciadamente, ha sido invadido por lo económico. Es curioso como en pleno siglo XXI hayamos dejado cómo algo tan impredecible e incontrolable como la bolsa, determine las decisiones de nuestros líderes, hoy menos poderosos que nunca. Hemos creado un sistema en que los hombres no gobiernan, sino unos fenómenos complicados y abstractos cuyo comportamiento es desconocido hasta para nuestros premios nobeles en economía. El hombre ya no es dueño de sí mismo.

Por eso, en estos días malditos de austeridades y motosierras hay que defender más que nunca el espacio público. Tenemos que impedir que lo público retroceda pues dudo mucho que lo que hoy perdamos, y que costó mucho conseguir, vaya a recuperarse más adelante. Yo podría entender que las rebajas en los presupuestos para educación, la reducción y congelación de mi sueldo y las dos horas más de trabajo no remunerado que parece que me van a colar, fueran medidas necesarias sin las que vamos a pique (aunque me cuesta mucho creerme que son absolutamente necesarias y que no hay más opciones), pero cuando veo que las grandes fortunas no se tocan (nuestros ricos no están por imitar a sus colegas norteamericanos) y que esta crisis la vamos a pagar las clases medias y bajas… no me creo la historia. Y es que no entiendo por qué una crisis generada en lo económico tenga que solucionarse mediante el retroceso de lo público o, con más precisión, no entiendo cómo hemos dejado que lo económico interfiera así en lo público. No puedo entender cómo una arriesgada inversión de un dirigente de un banco tenga algo que ver con la educación de nuestros hijos, no puedo concebir que haya algún tipo de conexión causal entre esas dos cosas. Nuestro sistema es manifiestamente absurdo.

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comentarios
  1. José Manuel dice:

    Yo no trabajo para hacerme rico ni para hacer ricos a otros, que suele ser el sentido último del que trabaja por cuenta ajena.
    Hombre, Santiago, los que trabajan por cuenta ajena o propia, trabajarán seguramente para ganarse el sustento. En última instancia, para sobrevivir. Que haya gente que se haga rico, pues sí. Poca.

  2. Hugo dice:

    Desde un planteamiento más radical, no en el sentido peyorativo sino en el sentido etimológico del término, propongo no dividir la esfera social en dos partes, lo público (estatal) por un lado y lo económico (libre mercado) por otro. Hagámoslo todo democráticamente público. Sin Estado y sin dinero (aka anarcocomunismo).

    Un saludo (^_^)

  3. Adolfo dice:

    Santiago, estoy de acuerdo con mucho de lo que dices pero quisiera hacer algunos matices:

    – Como ya te ha dicho José Manuel, hay muchos empleados privados que no quieren hacer rico a nadie, sino ganarse su jornal. Imagínate que hubieras querido ser carpintero en vez de profesor, dificilmente podrías haber sido funcionario. Pero podrías tener tu carpintería privada, trabajar normalmente y tener un sueldo razonable sin engañar a nadie ¿no?

    – No sé a qué llamas “derecha”, porque ahora en España es difícil distinguir las políticas de los dos grandes partidos. Si te refieres al PP, está claro que hay muchísimos funcionarios que los votan y pueden encontrar 1000 razones. Yo no las comparto, pero son comprensibles.

    – Por último, piensa que por acción u omisión la clase media también somos bastante culpables. Hace unos años parecíamos gilipollas los que no nos endeudábamos hasta las cejas. Una pareja de un camarero y una dependienta del Carrefour que se preciase tenía que comprarse un piso de 300.000 euros, un BMW y darse un viaje alrededor del mundo. No se daban cuenta de que con su consumo estaban votando por un sistema piramidal y apoyando una situación que se dirigía al descalabro que tenemos hoy en día. Ahí estaba su voto, el de verdad, y no en una urna cada cuatro años.

    Por otro lado, plenamente de acuerdo en que la sanidad y la educación deberían ser 100% ajenas a los mercados.

    Un saludo,
    Adolfo

  4. Que la economía gobierne nuestras vidas no es un fenómeno precisamente novedoso: lleva ocurriendo unos cuantos miles de años. Los mismos que se llevan oyendo amargas y sentidas quejas al respecto. Y tampoco, por descontado, tiene nada de nuevo el hecho de que el poder político tenga una capacidad de influencia limitada en la marcha de la economía. Como dijo Borges refieriéndose a su antepasado: “Le tocaron, como a todos los hombres, malos tiempos en los que vivir.”

    http://antoniolopezpelaez.com

  5. JL Salgado dice:

    No solamente la sanidad y la educación, sino todo aquello cuyo valor es superior al coste, como el agua, la bio-diversidad, las semillas y variedades autóctonas, … lo que en general podríamos titular como valores. Deberíamos dejar a lo económico aquello cuyo precio sea superior a valor, como la joyería, la tecnología, … estableciendo una clara diferenciación entre lo público y lo privado.

  6. José Manuel:

    A lo que me refería es que el trabajo de un funcionario público, que también trabaja para ganarse su sustento, revierte en el bien de toda la sociedad: los profesores educan, los médicos curan, administración gestiona todo, etc. Por el contrario, el trabajo de un empleado de la privada no tiene por qué revertir en el bien común, sino que más bien obedece a los intereses particulares de los dueños de las empresas. Por eso creo que, por lo general, el trabajo de un funcionario público tiene una dignidad del que carece el de la privada.

    Hugo:

    Tú vas demasiado lejos para mí. Yo me conformo con una socialdemocracia que tenga, al menos, algo de realidad: división de poderes, soberanía popular, imperio de la ley, etc.

    Adolfo:

    – Ser carpintero está bien, no tiene por qué tener nada malo. Sólo digo que el funcionario público tiene un plus más de dignidad, en el sentido en que su trabajo es servir a los demás.

    – Sí, el PSOE hace políticas tan liberales como el PP. En los últimos tiempos, lo mismo son. Pero sigo pensando que si uno es funcionario, le conviene más la izquierda ya que ésta siempre (o, por lo menos es lo que suele decir) defiende el trabajo público mientras que la derecha pretende privatizar todo.

    – Estoy de acuerdo en que las clases medias y bajas tienen una parte importante de culpa en todo esto, pero no toda. Todas las medidas les están afectando a ellas y yo todavía no he visto ninguna reforma legal que “castigue” de algún modo a los directivos de los bancos.

    Un saludo.

    Antonio:

    Así es y más triste parece. No sólo hemos dejado todo en manos de una incontrolable economía, sino que lo hemos hecho desde hace mucho tiempo. ¿No aprendemos ya la lección?

    Salgado:

    Efectivamente. He hablado de la sanidad y la educación como los límites que nunca se deberían cruzar, pero claro está, hay muchísimas cosas que no deberían tener que ver con la economía. Yo defendería que todo lo que reflejan los derechos humanos debería ser garantizable por ley: vivienda, trabajo, alimento, el medioambiente, etc. Pero es que estamos tan, tan lejos…

  7. Alejandro P. dice:

    En general comparto el punto de vista expresado en el post, excepto este párrafo:
    “La política es otro espacio público que, desgraciadamente, ha sido invadido por lo económico. Es curioso como en pleno siglo XXI hayamos dejado cómo algo tan impredecible e incontrolable como la bolsa, determine las decisiones de nuestros líderes, hoy menos poderosos que nunca. Hemos creado un sistema en que los hombres no gobiernan, sino unos fenómenos complicados y abstractos cuyo comportamiento es desconocido hasta para nuestros premios nobeles en economía. El hombre ya no es dueño de sí mismo.”
    La política casi siempre ha ido de la mano de lo económico. Hace ya muchos años que las grandes empresas influyen y mucho en la política.
    En cuanto a la bolsa, no es un ente desconocido hasta para los premios nobel. El funcionamiento está claro, lo cual no implica que sea predecible (y menos en el corto plazo). Por eso mismo, varios premios nobel llevaron a la quiebra un fondo de inversión, pero no porque no comprendieran cómo funciona el mercado.
    Se han repetido hasta la saciedad en medios de comunicación frases como “La tiranía de los mercados”, “Los ataques de los especuladores” cuando la prima de riesgo española (o de otro país se disparaba). Pero el hecho es que cuando esto sucede es porque los inversores no se fían de la deuda de esos paises y prefieren comprar la de otros. Las caídas en los bonos tienen una razón nada oscura detrás y es la falta de interés comprador. El mercado no es un monstruo descontrolado con alma propia. No es más que la suma de las decisiones de todos los inversores.
    Nuestro sistema económico hace que los gobiernos dependan de financiación externa, y ésta se obtiene recurriendo a los mercados. Por lo tanto o hay un cambio profundísimo que no acierto a imaginar, o seguiremos dependiendo de ellos como ha venido siendo habitual desde que existe el capitalismo.

  8. Alejandro:

    Completamente de acuerdo. Hay un error desde cierto pensamiento de izquierdas que concibe los mercados como un monstruo que devora todo sin sujetarse a lógica alguna. Esto es cierto. Sin embargo, si aceptamos que en la economía hay un gran factor no sujeto a predicción o de predicción muy difícil y si aceptamos que los mercados influyen fuertemente en la política, tendremos que aceptar que dejamos que nos gobierne algo impredecible, lo cual no hace más que confirmar la tremenda estupidez humana.

    Yo tenía la esperanza de que esta crisis terminara con verdaderos y profundos cambios en las estructuras económicas y políticas. Pero no, parece que la cosa terminará con un refuerzo de las políticas neoliberales. Paradójicamente es posible que nos espere una nueva era Reagan.

  9. Alonso dice:

    Una eterna discusión sujeta a los matices y puntos de vista de cada quién.
    El fallo de este abordamiento, es que no se vé que los sistemas están compuestos por hombres (seres humanos en general, no se me mal interprete), y por lo tanto sujetos a sus codicias, deseos, ilusiones, ideales, enfermedades, educación, sensibilidad, historia, etc.
    En México por ejemplo, yo no he visto un cambio constitucional en materia de trabajo, el trabajo debe cubrir: alimentación, educación, vestido, vivienda, etc. Una constitución mayormente social y sin embargo en la práctica incumplida o solo parcialmente respetada. ¿Quienes la deben llevar a la práctica?
    Igualmente en el lado privado, los empresarios fundamentalmente necesitan trabajadores saludables, felices, preparados, necesitan una infraestructura social (física) ordenada y sana. ¿Cuantos empresarios concientizan este hecho?
    De uno y otro lado están las personas, fundamentalmente. Lo público y lo privado son formas, métodos, nó es la esencia.

  10. Alvaro A. dice:

    Siento que mi primera intervención sea negativa; sobre todo cuando en general suelo estar bastante de acuerdo con tus opiniones.

    Simplemente no considero que un funcionario público tenga un plus de dignidad sobre uno privado. Un profesor de escuela pública no sirve más a la sociedad que uno de colegio privado. Los dos trabajan por un sueldo, la diferencia está en quién le paga el sueldo. En un caso es un empresario que a su vez ha cobrado al paciente, en otro es el Estado que ha recaudado impuestos a los ciudadanos. Ninguno de los dos trabajaría sin cobrar, eso sería voluntariado y en ese caso si estaríamos hablando de “servicio” a la sociedad.

    Otra cosa es la cuestión del beneficio empresarial, el Estado no busca un beneficio, el empresario si, en la mayoría de los casos. Recuerdo el caso del “pocero malo” y el “pocero bueno”. Ambos empresarios, pero con objetivos de beneficio diferentes. ¿Tiene un plus de dignidad el albañil que trabaja para el “pocero bueno”, o simplemente hace su trabajo por un sueldo?

    Saludos.

  11. Qué desafortunado, Santiago, lo del plus de dignidad del funcionario. Ahí no has estado precisamente sembrado. Y además sigues erre que erre… Si me aceptas un consejo, te diré que cuando uno se ve metido en un agujero no es una buena idea ponerse a cavar.

    http://antoniolopezpelaez.com

  12. Ya l dijeron Barón en el ’89 “Vamiros y Banqueros” http://youtu.be/bRT4jV7tN2I

  13. Rechina la idea de que el funcionario tenga un plus de dignidad. Normal, viendo la inquina generalizada de toda la sociedad contra el funcionariado, entendiéndolo habitualmente como un vago con dos meses de vacaciones. Es una pena.

    Pensemos, por ejemplo, en un fabricante de misiles y en un investigador que busca encontrar la cura del cáncer. Ambos ganan dinero y no harían su trabajo si no cobraran pero, ¿cuál de los dos trabajos puede tener un plus de dignidad sobre el otro?

    Y otro ejemplo, el del político es uno de los trabajos más dignos que pueden existir, pues el político es el encargado de llevar a la práctica el bien común, es un servidor de todos los demás. Desgraciadamente este encargo suele olvidarse muy pronto.

    Álvaro:

    El albañil que trabaja para el “pocero bueno” es más digno. Ambos trabajan por el sueldo, pero el fruto del trabajo de uno es mejor éticamente hablando.

  14. Alvaro A. dice:

    He trabajado muchos años en una empresa privada, ahora soy empleado público. No me siento más digno (ni menos) por ello. Ni entonces pensaba en el dinero que ganarían los accionistas ni ahora pienso en una supuesta superioridad moral de mi trabajo. En ambos casos intento hacer lo que sé lo mejor posible. Cuando en el futuro privaticen (como es previsible) mi empresa, no sentiré que mi trabajo es menos digno por ello, porque los clientes seguirán recibiendo un servicio que tendrá que funcionar.

    Hablando de educación, quiero creer que el objetivo de un profesor de la privada es que sus alumnos se formen con éxito como personas y ciudadanos, el mismo que el de un profesor de la pública. Perdería dignidad como profesor aquel que cambiase ese objetivo por otro del tipo “inculcar una determinada ideología”. Esa amenaza, por cierto, la he podido comprobar tanto en centros privados como en centros públicos. Un buen profesor debe ser inmune a esas presiones, que a mi entender afectan mucho más a la dignidad que el hecho de quien pague la nómina.

    El “plus de dignidad” del que hablas me recuerda a la casilla de la Iglesia en la declaración de la renta. En nada compromete, no afecta al saldo final, no supone más esfuerzo que un clic de ratón o una cruz a bolígrafo, y sin embargo para mucha gente supone un plus del estilo de “cielo ganado”.

  15. Álvaro:

    La diferencia entre un colegio privado y uno público es que en el público no importa el dinero, sólo importa, en teoría (estamos hablando de situaciones ideales) la educación. Al dueño de un colegio privado puede importarle más tener muchos clientes y que paguen cristianamente que la calidad de la educación que reciban. Ésta última sólo interesará en la medida en que con ella se consigan mayores beneficios. En definitiva, un colegio privado es una empresa hecha para ganar dinero y un colegio público es una institución diseñada para enseñar.

    El colegio privado puede funcionar muy bien y sus profesores ser grandes profesionales, pero el fin último de su trabajo será que el principal accionista se compre un yate más grande.

    Y es que creo que los mismos funcionarios han olvidado lo digno de su misión: ser servidores de todos los demás, trabajar en pro de todos. Un trabajador de la privada también puede conseguir eso, pero insisto, no será su fin último como trabajador.

  16. Alvaro A. dice:

    Santiago, creo que no nos pondremos de acuerdo. Me da la impresión de que confundes la empresa con el empleado. El fin último de un profesor (idealmente) siempre será la educación de sus alumnos, en públicos, en privados, o dando clases particulares a domicilio. Un empresario puede fundar un colegio con diversos objetivos, entre ellos hacerse millonario (iluso…), y para ello contrata recursos: un edificio capaz de alojar el centro sin derrumbarse, un director capaz de hacer funcionar el tinglado, bedeles que mantengan el orden, cocineros que lleven el comedor, profesores que enseñen, etc. A todos ellos no se les pide más que el desempeño correcto de su función. La voluntad de servicio a los demás está en las personas, no en los ‘entes’, lo digo desde una amplia experiencia en ambitos tanto públicos como privados.

    De cualquier forma, te quiero decir que sigo el blog desde hace mucho tiempo, porque me interesan mucho los temas que tratas cinetíficos y filosóficos. Tenemos intereses y visiones muy parecidas en casi todas estas cuestiones. Te felicito calurosamente por el trabajo y espero que mis futuras participaciones sean más conciliadoras.

  17. Álvaro:

    No te preocupes por discrepar. Malo sería que estuvieses siempre de acuerdo conmigo 😉

    Es que al empleado ha de interesarle para quién trabaja. Imaginemos dos ingenieros químicos. Ambos trabajan en el mismo campo, cobran lo mismo y son igual de buenos profesionales. Sin embargo uno trabaja para una farmacéutica para descubrir una cura contra el cáncer, mientras que el otro trabaja para el ejército iraní en busca de una poderosa arma biológica. ¿Cuál de los dos tiene un “plus de dignidad mayor” a pesar de hacer lo mismo?

    En el caso de un profesor de la privada y otro de la pública la diferencia de “dignidad” es menor, ya que quizá los efectos de su trabajo son los mismos, pero hay que tener en cuenta que en ultimísima instancia uno trabaja por dinero (fin último de toda empresa) y otro por el bien de la sociedad (fin último del Estado), aunque en primer término ambos lo hagan por un salario. Esa es la diferencia, poco importante en la práctica laboral de cada uno pero más importante en función del tipo de sociedad que queramos conseguir.

  18. Codearte dice:

    Yo sí estoy de acuerdo con la diferencia ética pública / privada, aunque muchas veces el trabajador privado no tiene la culpa de el ansia de dinero de los accionistas de su empresa. Éticamente, las dos zonas son muy diferentes. Y mas en este mundo donde es imposible que haya ricos sin que haya pobres. La mayor parte de la pobreza de las mayorías es consecuencia directa de la riqueza de las minorías.

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