Distorsiones cognitivas

Publicado: 19 septiembre 2011 en Filosofía de la mente
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El pilar fundamental en el que se basa la actual psicología cognitiva a la hora de tratar patologías es curiosamente sencillo: todos los sentimientos negativos que producen la patología son fruto de pensamientos disfuncionales. Hay un modo normal, funcional, de interpretar lo que nos sucede, y el individuo enfermo se sale de esa normalidad, distorsiona su visión del mundo, y eso le crea malestar emocional. Lo importante no será lo que realmente te sucede, sino tu forma de pensar lo que te sucede. Las creencias cobran vital importancia para mantener una adecuada salud mental. Además, existe una lógica de la disfunción, unos patrones de distorsión comunes que la mayoría de los mortales solemos seguir. Nuestra forma de dañarnos a nosotros mismos, de terminar acabando enfermos, no es aleatoria o impredecible, sino que sigue pautas muy claras. ¿Cuáles son las distorsiones cognitivas más habituales? El psicólogo cognitivo David D. Burns nos ofrece unas cuantas (en total son 10. Os ofrezco las cinco primeras y las otras cinco en un próximo post):

1. Pensamiento todo-o-nada: evaluamos las cualidades personales recurriendo a categorías extremas. Por ejemplo, ante un fracaso solemos decirnos cosas como “No valgo para nada” o “Soy un desastre”. El error cognitivo es evidente: por fracasar en una cosa no somos malos en todo lo demás. Generalizamos injustificadamente.

2. Generalización excesiva: tenemos a pensar que algo que ha ocurrido una vez, sera la regla que regirá el futuro. Por ejemplo, si hemos hecho el ridículo en una reunión social, tendemos a pensar que en toda reunión social volverá a pasar lo mismo. De un caso negativo, generalizamos de nuevo injustificadamente que todos los demás casos serán iguales.

3. Filtro mental: nos fijamos en un detalle negativo de una situación y olvidamos todo lo demás. Es común justificar que no hay esperanza en la humanidad por el hecho de que haya guerras o pobreza. Al hacerlo se están ignorando todas las cosas buenas que ha hecho el hombre.

4. Descalificación de lo positivo: se rechazan los aspectos positivos pensando que no cuentan por alguna u otra razón. He oído a muchas personas argumentar que hacer cosas buenas por los demás no tiene demasiado sentido ya que al final todos moriremos o que la vida no tiene sentido si no se hacen grandes cosas (como la mayoría de nosotros no somos Napoleón o Einstein y la mayoría de las cosas buenas que hacemos son poco importantes en comparación con el destino global de la humanidad, nuestras vidas no tendrían sentido alguno). Evidentemente, algo bueno es algo bueno con independencia de su importancia.

5. Conclusiones apresuradas: interpretamos la realidad sin que existan hechos suficientes que respalden nuestras afirmaciones. Aquí Burns habla de dos tipos principales:

a) Lectura de pensamiento: pensamos que los demás piensan mal de nosotros sin preocuparnos en verificar nuestra afirmación. Es muy común decir “Piensan que soy un imbécil” o “Les caigo mal” sin comprobar que, en la inmensa mayoría de las veces, la realidad es muy distinta. Yo me he llevado muchas sorpresas en este sentido, simplemente, parándome a hablar honestamente con los demás.

b) El error del adivino: damos como un hecho incuestionable una predicción futura negativa. Decimos “Si voy haré el ridículo” o “Es imposible que sea capaz”. Solución: verifica, verás que las cosas nunca salen tan mal como uno cree.

En vista de estas distorsiones, la terapia cognitiva consiste en entrenarnos para combatirlas y conseguir tener una interpretación más realista y funcional de la realidad. Es algo tremendamente simple, pero no conozco terapia más eficaz y más adecuada a nuestra realidad mental. Acompañada con medicación en los casos más graves (antidepresivos y antiansiolíticos) parece demostrarse como el modo más efectivo para combatir la enfermedad mental, además del más respaldado por la ciencia moderna. Así que si tienes problemas mentales y piensas en acudir a un psicólogo, no te dejes tratar por cualquiera sino que acude a un psicólogo cognitivo. ¿Qué diríamos si para tratarnos de una gripe, el médico de turno no siguiera las últimas tendencias y los descubrimientos médicos más actuales? Y sobra decir, desde luego, lo absurdo de acudir a remedios tradiciones, psicoanálisis, homeopatías y demás brebajes, propios de las pseudociencias.

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