El genio maligno

Publicado: 14 octubre 2011 en Filosofía general
Etiquetas:, ,

Yo era un mal estudiante. Las distintas asignaturas no me decían nada. La fascinación que ahora siento al ver la elegancia de una ecuación o la indescrifable complejidad de la maquinaria celular no se daba en mí en absoluto. Perseguir chicas o emborracharme me parecían actividades mucho más interesantes que sentarme a leer (y aún hoy en día, casi siempre, me lo siguen pareciendo). Afortunadamente, la historia de mi vida dio un giro cuando conocí la filosofía. De repente me pareció que, por fin, alguien se había parado a pensar sobre las cosas realmente importantes. No hacer logaritmos ni descifrar el latín, sino preguntarse por si la vida tiene sentido o no, o si hay un Dios allí arriba. La asignatura de historia de filosofía del antiguo COU me supo a poco y me marché a la facultad en busca de respuestas.

Respuestas, eso era lo importante. Quería aprender a vivir, quería tomarme mi vida en serio, y para ello necesitaba saber muchas cosas, tener muchas respuestas. Ingenuo de mí, pensaba que habría algún filósofo que habría encontrado alguna, creía que alguien habría dado en el blanco y me regalaría, tras una tarde de placentera lectura, el auténtico sentido de la vida. Pronto quedé decepcionado. Ni la más brillante inteligencia de la humanidad había conseguido aproximarse, ni un millón de años luz, a alguna conclusión ante tan peliagudas cuestiones. Había muchas más preguntas que respuestas y, encima, los filósofos presumían de ser mejores en crear problemas que en solucionarnos. ¡Estaba estudiando el arte de crear preguntas sin solución por excelencia!

Esto me hizo preguntarme, y me lo sigue haciendo, qué sentido tiene tan extraña labor. Cada sistema filosófico, cada gran corriente o escuela que estudio constituye una nueva derrota, una nueva decepción de la razón humana. Pero lo curioso es ver como el hombre, cual Sísifo furioso, continúa obstinado sin rendirse, generando, a cada generación, una nueva hornada de esperanzas truncadas. Entonces me pregunto (usando mi habilidad de filósofo), en días oscuros como hoy, qué sentido tiene que yo me dedique a esto. Si genios sin igual como Aristóteles o Newton no consiguieron solucionar, a fin de cuentas, nada, ¿qué diablos voy a hacer yo? Y cuando veo los miles de artículos y libros que se publican a diario me pregunto qué sentido tiene que yo haga lo mismo, añadiendo unas páginas más de fracaso a este universal holocausto que es la cultura occidental.

Descartes se equivocaba. Nunca pudo superar su hipótesis del genio maligno. Si hay un Dios está claro que nos ha condenado, ha huido llevándose con él todos los secretos. La caja de Pandora no guardaba nada ni nadie comió jamás una fruta del árbol del conocimiento. Nunca obtendremos ninguna respuesta. ¿De qué vale esta búsqueda perpetua?

Perdonadme, hoy es un día oscuro.

Anuncios
comentarios
  1. José Manuel dice:

    Bueno, tú mismo te has respondido al principio, Santiago: con el descubrimiento de la actividad filosófica hallaste una fascinación que tiene un valor por sí mismo. De repente cobró sentido la búsqueda del sentido. La filosofía, como el pensamiento mismo, es una actividad fascinante que no pierde valor porque no halle respuestas definitivas. Tampoco las encuentra la ciencia, por otra parte. Es una búsqueda que nos define como caminantes que se admiran de lo que ven. Da sentido porque enseña a mirar al mundo con asombro y atención. A mí me parece una de las mejores cosas a las que podemos dedicarnos, porque nos salva de no perder la fascinación por la realidad, cosa que hoy es difícil de encontrar. Desde el punto de vista filosófico, el mundo es un lugar fascinante porque es incomprensible, y da lugar a infinidad de respuestas y especulaciones. El mundo no es ningún lugar misterioso para el adolescente aburrido al que no se le ha encendido esa admiración que ya nunca más se apaga. Es una pena ver cómo esas mentes tan jóvenes ya se comportan como si fueran ancianas, y no le ven ningún misterio a lo que nos rodea. La búsqueda tiene un valor en sí misma, yo creo.
    Te felicito, esto es un gran post!

  2. Alejandro P. dice:

    Hay preguntas que ya desde el principio se sabe que no tienen respuesta, o mejor dicho, que podrían tener tantas respuestas como personas o escuelas filosóficas han existido. Precisamente preguntas como el sentido de la vida son de esas, pero no considero vanos los esfuerzos de aquellos que han tratado de responderlas porque sus respuestas, aun no conteniendo ningún tipo de verdad absoluta pueden inspirar a otra mucha gente cambiando su forma de ver el mundo o de sentirse a sí mismos.
    Y me atrevería a decir que incluso algunas de las preguntas sin respuesta de la filosofía son claves para tratar de construir una sociedad mejor, por ejemplo respuestas concernientes a la ética, a la política, etc.
    Nuestra cultura occidental actual podrá parecer un holocausto en algunos momentos, pero con eso y con todo creo que es mucho mejor que la mayoría de las culturas del pasado.
    Un saludo.

  3. José Manuel dice:

    Santiago, el error de la filosofía de salón es querer ir demasiado lejos sin los conocimientos empíricos, es decir, sin la ciencia. La ciencia, sí da pequeñas respuestas, no es tan ambiciosa como la filosofía (quien mucho abarca, poca aprieta, dice un refrán comprobable y de mecánica newtoniana). No obstante, sin las preguntas pertinentes, nunca hubiera habido ciencia. La filosofía debe estar por delante de la ciencia, pero no demasiado lejos; de lo contrario se encuentra como a primer experimento dicen ha viajado el neutrino desde el CERN a Gran Lasso: sin luz y sin sombra.

    Según OPERA-CERN, el neutrino, más rápido que Lucky Luke (que disparaba antes que su sombra proyectada). ¡Un neutrino! –¿Quién es?– Toc-toc

    Saludos

  4. José Manuel I:

    Gracias por lo del post.

    Sí, la filosofía o la ciencia o, para mí, casi cualquier rama del saber, son fascinantes. Eso es algo, pero a la vez no es suficiente. Nietzsche decía, citando creo recordar a un sofista llamado Calicles, que la filosofía era sólo un divertimento y que, curiosamente, por eso era para niños. Cuando uno se hace mayor ya no está para juegos, y esa era la sensación que yo quería trasladar. A veces, pienso que todo este ir y venir de libros y papers que hacen los científicos y los filósofos es, en el fondo, un juego infantil, una gran ingenuidad a la que han dado una importancia y una solemnidad inadecuadas.

    Es bueno tener la capacidad de asombrarse ante la realidad, pero sólo del asombro no se vive. O por lo menos a mí no me basta. ¡Quiero asideros en donde agarrarme en la tempestad! Quiero ideas claras y distintas que me permitan posicionarme en algún lado, defender una postura política con convicción o una teoría determinada con cierta seguridad. ¡Y es que sólo tengo dudas y más dudas!

    Alejandro P.:

    Pero el problema sigue en pie: ¿de qué vale estar toda la vida pensando en respuestas que no tienen, casi a priori, solución alguna? Y es que si te adentras bien en el mundo de la filosofía y de la ciencia verás que, al final, prácticamente todas las grandes preguntas están lejos de resolverse. El otro día escuché una conferencia de un biólogo que decía que el problema de qué es la vida en sentido biológico ya estaba prácticamente resuelto. ¡Y una leche va a estar resuelto! Sabemos algunas cosillas, gotas de agua en el océano que decía Newton.

    Hay cosas que la filosofía ha hecho que son buenas. Es cierto que nuestra sociedad es mejor que otras o que se puede mejorar. Podemos reducir la violencia, conseguir un mayor bienestar. Pero, por ejemplo, en filosofía política o en ética pasa como en todo lo demás: todas las posiciones son imperfectas, mentiras a medias. Tanto la izquierda como la derecha tienen virtudes e insuperables defectos. Para el estudioso del tema, lo normal es estar perdido más que tener algo que defender. ¿Defendemos la socialdemocracia o el estado mínimo del liberalismo? ¿El capitalismo o las diversas formas de socialismo? ¡Si es que ya votar entre dos mequetrefes es complejo!

    José Manuel II:

    Una de las cosas que más me gustan de la ciencia es su humildad, su ir poco a poco. Me encanta que un químico se pase años para hablarnos de la composición y funcionamiento de una miserable parte de materia. Es algo que la filosofía tiene que aprender. Sin embargo, estamos en las mismas: ¿Podrá la ciencia resolver las grandes cuestiones? O por lo que a mí respecta: ¿Podrá la ciencia resolverlas antes de que tú y yo estemos muertos? Me temo que no. Seguramente que dentro de cincuenta años habrá más partículas y sabremos más sobre ellas, sabremos que pasó en cero coma 10 elevado a 200 milisengundos después del Big Bang, pero ¿sabremos por qué se creo el universo o qué sentido tiene que exista un ser humano que está ahora leyendo esto en el ordenador?

    Saludos.

  5. Ruben dice:

    Cuando te enamoras encuentras el sentido

  6. Nico dice:

    Santiago,

    hazte esta pregunta: ¿existe algo más bonito que una pregunta sin respuesta? ¿qué implica encontrar una búsqueda eterna? La filosofía es ocio, pero un ocio bonito. Si quieres encontrar algo, en vez de buscar respuestas, has de buscar preguntas.

    Por cierto, esta crisis tuya me recuerda a una muy típica entre investigadores matemáticos … ¿y esto que hago para que sirve?

  7. Alejandro P. dice:

    Santiago:
    Yo no considero que deban estar en el mismo saco a la ciencia y a la filosofía. Los cimientos del conocimiento científico me parecen bastante más sólidos que los de la filosofía. Esto no debe entenderse como una crítica a la filosofía, ya que a lo largo del tiempo, aquello de lo que hemos conseguido tener un conocimiento más exacto se ha desgajado de la filosofía y ha pasado a ser ciencia, de modo que a la filosofía necesariamente le queda la tarea de enfrentarse a las preguntas más peliagudas, de más difícil solución.
    Y si bien la ciencia está muy lejos de responder a todas las preguntas que se le plantean, no puedo aceptar las teorías de los filósofos que no ven ningún progreso en ellas y me parece evidente que sabemos más de lo que sabíamos, aunque lo que es casi seguro es que no va a responder a las grandes preguntas antes de que los que participamos en este blog muramos.
    En cuanto a las ideas claras y distintas que buscas me temo que no existen. Estoy empezando a estudiar filosofía en la UNED y la impresión que tengo como aprendiz recien llegado a esta disciplina es que cualquier sistema filosófico, por ejemplo relativo a la ética o a la política, tiene que remontarse en algún momento a unos axiomas o principios primeros, y estos no son verdades inmutables. Son mis principios que no tienen por qué coincidir con los tuyos. Si no emanan de ninguna divinidad sino del hombre, son particulares de cada uno o de cada sociedad y nunca serán unos asideros universales, sólo mis asideros. Pero reconocer esto ya es un paso, creo yo.

  8. Alejandro P. dice:

    José Manuel:
    Parece que ya se ha descubierto cuál era el error que hacía parecer que los neutrinos viajaban más rápido que la luz:
    http://www.cienciakanija.com/2011/10/15/el-misterio-de-los-neutrinos-mas-rapidos-que-la-luz-resuelto-por-la-relatividad-especial/?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+CienciaKanija+%28Ciencia+Kanija%29
    Si se confirma esta explicación los medios de comunicación deberían anunciarlo a bombo y platillo igual que hicieron cuando se publicó la supuesta violación del límite de la velocidad de la luz, pero seguro que no es así. Habrá un montón de gente que se habrá quedado con la idea de que se pueden traspasar los límites de la velocidad de la luz con la misma facilidad que se traspasan los límites de velocidad en una carretera.
    Por cierto, muy buena la comparación con Lucky Luke.
    Un saludo.

  9. Masgüel dice:

    “¿Por qué filosofía y no más bien nada?”. Conferencia de José Luis Pardo en la fundación Juan March:

    http://www.march.es/conferencias/anteriores/voz.asp?id=138

  10. Ruben dice:

    En “El bello sueño”, un cuento de Hermann Hesse, un padre le dice a su hijo cuando se marcha de casa a estudiar: “Pon atención: primero tendrás que subir a la montaña del conocimiento, luego tendrás que realizar obras y más tarde tendrás que encontrar el amor y ser feliz”. El amor es el sentido: todo es en realidad absurdo, los anhelos, las ambiciones, en definitiva la vida (puesto que moriremos, tarde o temprano). Pero por un raro milagro que no puedo comprender, el amor consigue encajar las piezas.

  11. José Manuel dice:

    Gracias, Alejandro. Lo he leído. Es casi lo mismo que analizan en Cuentos Cuánticos , e incluso citan el artículo de Ciencia Kanija. Es un experimento de campo y ,como tal, deben ser los físicos experimentales quien tengan la última palabra, aunque las ideas de los teóricos sean unas pautas a seguir (es un ejemplo que viene de perillas a lo que estamos tratando de la buena filosofía -no hablemos de la mala- y la ciencia).

    Santiago, es que hay preguntas que es tal mal planteadas: “¿Sabremos por qué se creo el universo o qué sentido tiene que exista un ser humano que está ahora leyendo esto en el ordenador?” </ El Big Bang supone por definición el comienzo del tiempo; por tanto, la palabra ”antes” no tiene sentido. Una vez definido el Polo Norte no tiene sentido preguntar qué hay al norte del Polo Norte. La otra pregunta suele ser qué, por qué o quién originó la energía, o sea, el Universo.

    Desde 1974 en que se descubrieron experimentalmente las fluctuaciones espontáneas del vacío predichas por la mecánica cuántica, tampoco tienen sentido esas preguntas. En el vacío se genera energía espontáneamente, es decir, como un efecto sin causa (igual que algo tan familiar como la radiactividad, nada misterioso). Así, lo único que asombra es la portentosa cantidad generada en el Big Bang, pero es un asunto cuantitativo, no cualitativo. Resumiendo y en conclusión, se puede decir lo que le dijo Laplace a Napoleón al argüir éste que en su mecánica celeste no veía a Dios por ninguna parte: ”No necesité tal hipótesis, Sire”. El sentido de la vida es el conocimiento (otra cosa es que haya gente que no lo vea así debido a su situación emocional y económica) y transmitir ese conocimientos en reglas simples a siguiente generación. La estirpe es lo que importa…

  12. José Manuel dice:

    Perdón. Algo salió mal. […] El Big Bang supone por definición el comienzo del tiempo; por tanto, la palabra ”antes” no tiene sentido. Una vez definido el Polo Norte no tiene sentido preguntar qué hay al norte del Polo Norte. La otra pregunta suele ser qué, por qué o quién originó la energía, o sea, el Universo.

    Desde 1974 en que se descubrieron experimentalmente las fluctuaciones espontáneas del vacío predichas por la mecánica cuántica, tampoco tienen sentido esas preguntas. En el vacío se genera energía espontáneamente, es decir, como un efecto sin causa (igual que algo tan familiar como la radiactividad, nada misterioso). Así, lo único que asombra es la portentosa cantidad generada en el Big Bang, pero es un asunto cuantitativo, no cualitativo. Resumiendo y en conclusión, se puede decir lo que le dijo Laplace a Napoleón al argüir éste que en su mecánica celeste no veía a Dios por ninguna parte: ”No necesité tal hipótesis, Sire”. El sentido de la vida es el conocimiento (otra cosa es que haya gente que no lo vea así debido a su situación emocional y económica) y transmitir ese conocimientos en reglas simples a siguiente generación. La estirpe es lo que importa…

  13. José Manuel dice:

    Para que no parezca que hablo desde la insensibilidad, nada de lo humano me es ajeno, que decía el verso de Terencio. Las pequeñas empresas lo estamos pasando un poco mal. En concreto, las ventas se han reducido un 40% en la mía. Pero, el futuro comienza hoy; esta es la máxima que ha caracterizado a nuestra especie desde sus inicios, en los diversos “cuellos de botella” que hemos transitado.

    Saludos

  14. Masgüel dice:

    “Desde 1974 en que se descubrieron experimentalmente las fluctuaciones espontáneas del vacío predichas por la mecánica cuántica, tampoco tienen sentido esas preguntas. En el vacío se genera energía espontáneamente, es decir, como un efecto sin causa (igual que algo tan familiar como la radiactividad, nada misterioso).”

    Si te parece poco… No veo en qué sentido el descubrimiento de fluctuaciones espontáneas en el vacío hace menos misterioso el “qué” y el “por qué” de las fluctuaciones espontáneas en el vacío. El “cómo” también tiene su aquel, porque en el límite del caos, lo espontáneo es, paradojicamente, fuente de orden. Desde una perspectiva naturalista, el “quién” me parece una pregunta anacrónica. Los quienes somos emergencias muy complejas y muy recientes.

  15. Alejandro P. dice:

    José Manuel:
    Me has recordado con tu respuesta a Moritz Schlick, que decía que en filosofía muchos de los problemas, no eran sino pseudoproblemas; que realmente no existían tales problemas porque la formulación de las preguntas era totalmente inadecuada.
    Saludos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s