Redes ecológicas: el conejo y la mariposa

Publicado: 2 julio 2012 en Evolución
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Este virus [la mixomatosis] fue introducido como elemento de control para reducir las poblaciones de conejos en Australia, que a su vez fueron llevados al continente en los siglos XIX y XX. El virus tuvo efectos devastadores, y redujo una población estimada de 600 millones de animales a menos de cien millones en sólo dos años. En Inglaterra, la caída en picado de la población de conejos tuvo una consecuencia inesperada: la extinción en 1979 de una especie de mariposa conocida como la gran mariposa azul (Maculinea arion).

Interesante: el ser humano quiere controlar la población de conejos para proteger la producción agrícola y, al hacerlo, extingue una especie de mariposa. ¿Qué pasó exactamente?

Los conejos se alimentaban fundamentalmente de un tipo de planta herbácea que bajo la presión de los primeros se encontraba en desventaja al competir con otra especie de hierba, de poco interés para los conejos y libre por tanto de su presión. De esta forma, las praderas de hierba baja dominaban un paisaje verde en el que debemos situar al siguiente elemento de la cadena. Éste es una especie de hormiga roja que construía sus nidos entre las hierbas bajas que permitían el paso de la luz del sol y así zonas de temperatura adecuada en las que las hormigas podían vivir. Esta especie de hormiga se relacionaba con las larvas de la mariposa de forma mutualista: las hormigas cuidaban de las larvas de mariposa mientras que las orugas proporcionan a las hormigas sustancias de forma de alimento líquido, a la vez que consumen huevos de hormiga. Esta relación es tolerada debido al intercambio mutualista y al hecho de que la larva adopta el olor de las hormigas rojas e imita sus sonidos. La última parte de la metamorfosis tenía lugar en el interior del nido de las hormigas, del que las mariposas adultas salían para reproducirse. Al introducir el virus, la pérdida de presión sobre el primer tipo de vegetación le permitió competir eficientemente con la vegetación dominante, de mayor talla, y finalmente reemplazarla. El paisaje se transformó de forma profunda en muchas zonas de Inglaterra y un observador atento hubiera visto que las hormigas, en aquellas condiciones, dejaban de construir sus nidos, esencialmente debido a la ausencia de condiciones de temperatura adecuadas. Nadie se ocupaba de las orugas y la mariposa terminó desapareciendo.

La moraleja parece evidente: la red de relaciones que se establece en cualquier ecosistema es tremendamente compleja de modo que cualquier cambio, habitualmente, generará en cascada muchos otros sin que tengamos forma de predecir sus consecuencias. A primera vista, la respuesta que un ecologista podría darnos ante estas situaciones es que lo mejor es no tocar nada, dejar que la naturaleza siga su curso ya que, si no podemos prever las consecuencias de nuestra actuación mejor es no hacer nada. Pero aquí hay otro error. Los ecosistemas son sistemas dinámicos en continuo desequilibro, de modo que no hacer nada también es hacer algo o, de otro modo, es no evitar calamidades.

Supongamos que el virus utilizado para exterminar conejos no hubiera sido introducido artificialmente por el hombre, sino que su existencia se hubiera producido por una mutación en un virus ya existente en ese ecosistema. El hombre no habría hecho nada y habría sido la naturaleza la que, por sí misma, habría extinguido a la mariposa. La cuestión se hace peliaguda… ¿qué hacer entonces? La respuesta, como siempre, es: más ciencia.

Se han llevado acabo multitud de estudios sobre ecosistemas utilizando teoría de redes complejas o de grafos intentando comprender la estructura de estas complicadas redes de relaciones. Una de las conclusiones a las que se ha llegado es que las redes ecológicas tienen la propiedad de ser libres de escala. Esta propiedad nos indica que existen nodos (en este caso especies) similares a los “hubs” de Internet, es decir,  que tienen muchísimas conexiones con el resto de nodos, mientras que existen otros apenas interconectados. Si se extingue una especie poco conectada con las demás, la repercusión en el ecosistema global será muy pequeña. Sin embargo, si se extingue un “hub”, el efecto en cascada modificará por completo la red global. La conclusión se saca fácilmente: tengamos mucho cuidado con tocar las poblaciones de especies “hub”.

¿Estamos manteniendo este imperativo en nuestra relación con la naturaleza? La respuesta es negativa.

Una ilustración excelente de este hecho nos la dan los estudios acerca del efecto de la caza de elefantes africanos sobre la estructura de la sabana. Dado que los elefantes ejercen una presión enorme sobre árboles y arbustos, hacen que éstos no prosperen como podrían y por el contrario crean condiciones especiales de cambio constante (árboles desarraigados que dejan espacio nuevo para arbustos y hierbas) en las que pueden prosperar diversos tipos de vegetación en las que a su vez medran herbívoros de menos tamaño. Cuando los elefantes desaparecen, el flujo del cambio se interrumpe y es reemplazado por un sistema en el que el bosque de acacias surge como estructura dominante. La sabana abierta da paso así a una nueva forma de organización, el bosque seco, en el que muchos de sus protagonistas no serán viables o experimentarán cambios poblacionales de gran calado.

Ricard Solé, Redes complejas

De nuevo estamos ante la misma paradoja de siempre: la investigación científica nos da los conocimientos adecuados para hacer las cosas bien y hacemos todo lo contrario. Los grandes mamíferos, objetivos predilectos de la caza indiscriminada, son especies “hub” que debiéramos luchar por preservar.

P.D.: Se consiguió evitar la extinción de la Maculinea Arion reintroduciéndola en 1983 y modificando su hábitat mediante el pastoreo. Fue un proceso complicado y costoso que hubiera sido innecesario si actuáramos con más sentido común.

comentarios
  1. Quizás el día que el mundo dependa menos del dinero y mas de la ciencia y el sentido común empezaremos a hacer las cosas un poco menos mal.

  2. Masgüel dice:

    Más ciencia nos dará una visión más amplia y detallada de los ecosistemas, pero sospecho que no aumentará nuestra capacidad de predicción y control. Estoy de acuerdo contigo en que no hay manera de evitar que la actividad humana implique cambios drásticos e irreversibles. El principio de precaución nunca viene mal, pero es un paliativo. Tiene más sentido plantarnos el para qué de nuestras intervenciones más agresivas (si solo sirve al beneficio a corto plazo de un sector de la industria, por ejemplo, o cuando ya contamos con mejores procedimientos para hacer lo mismo, aunque salga más caro). La biotecnología nos va permitir una intervención mucho más profunda y sospecho que será inevitable cometer graves errores (nadie nos asegura que uno de ellos no provoque nuestra propia extinción). También supondrá que nuestra tecnología tienda a ser más biomimética, prestando atención a plazos más largos de explotación (teniendo en cuenta recursos y residuos). Lo absurdo es pensar en la humanidad y los ecosistemas como ámbitos separados. Desde hace cientos de miles de años nuestra tecnología es un factor determinante en la biosfera. El antropoceno es una era geológica con características únicas, irrepetibles y, como decía más arriba, irreversibles.

    P.D. La diferencia entre una sabana y un bosque seco es mínima, aunque suponga una completa reestructuración de las relaciones entre especies con patas y ojos. Los auténticos HUB de la biosfera solo se ven al microscopio.

  3. Yack dice:

    A propósito de la entrada me hago dos preguntas:

    El famoso meteorito que acabó con los dinosaurios y con el 90% de las especies ¿fue una sabia intervención de la Naturaleza para dar un golpe de timón hacia formas vivas más sofisticadas y diversas?

    ¿Todo lo que hace el hombre es antinatural e intrínsecamente malo, y tanto más malo cuanto más tecnología y ciencia haya detrás de sus actuaciones?

    Pienso que si el famoso meteorito no supuso un problema serio a largo plazo para la ecología de Gaia, difícilmente lo puede ser nuestras actuaciones bienintencionadas, conscientes y fundamentadas. Aunque toda intervención en un sistema hipercomplejo puede producir resultados inesperados y adversos para los intereses del que los provoca voluntaria o involuntariamente.

    Pero eso no nos puede impedir seguir experimentando porque la alternativa sería reconvertirnos en monos arborícolas. Seguimos equivocándonos, pero a diferencia de las demás especies, podemos comprender dónde nos equivocamos y mejorar nuestra próxima actuación. Y eso se llama inteligencia y los resultados de su aplicación, civilización, ciencia y tecnología. Y esa tecnología algún día no muy lejano nos permitirá desviar la trayectoria de un meteorito gigante que amenace la totalidad de la vida en el planeta.

    Saludos.

  4. Masgüel:

    “Más ciencia nos dará una visión más amplia y detallada de los ecosistemas, pero sospecho que no aumentará nuestra capacidad de predicción y control.”

    No, la ciencia nos dará más predicción y control porque la ciencia es esencialmente predicción y control. Otra cosa es que pasemos de ella. El caso de la Maculinea Arion es un ejemplo de cómo el conocimiento científico nos permite recuperar una especie. Hay cientos (o miles) de estudios sobre cómo preservar ecosistemas, lo que ocurre es que son costosos de llevar a cabo y donde se ponga un Eurolasvegas que se quiten los biólogos.

    “Tiene más sentido plantarnos el para qué de nuestras intervenciones más agresivas (si solo sirve al beneficio a corto plazo de un sector de la industria, por ejemplo, o cuando ya contamos con mejores procedimientos para hacer lo mismo, aunque salga más caro).”

    Totalmente de acuerdo. Hay que repensar nuestra relación con la naturaleza (aunque yo creo que ya está más que pensada: lo que hace falta es llevarla a cabo) y cambiar el sistema a múltiples niveles (empezando por el modelo productivo) para que las consecuencias no sean del todo irreversibles.

    “La biotecnología nos va permitir una intervención mucho más profunda y sospecho que será inevitable cometer graves errores (nadie nos asegura que uno de ellos no provoque nuestra propia extinción).”

    Así será seguramente. Desgraciadamente, mientras la cosa no cambie, seguiremos siendo un niño jugando con el revolver de papá. ¿Qué superhéroe decía que un gran poder conlleva una gran responsabilidad?

    “Lo absurdo es pensar en la humanidad y los ecosistemas como ámbitos separados. Desde hace cientos de miles de años nuestra tecnología es un factor determinante en la biosfera. El antropoceno es una era geológica con características únicas, irrepetibles y, como decía más arriba, irreversibles.”

    Igualmente de acuerdo. Este error viene desde la Ilustración (y quizá desde antes), cuando se entendió al hombre como un dominador-conquistador de la naturaleza, separando al ser humano de su entorno como polos antagónicos. Hace falta una reconciliación, una nueva síntesis.

    “Los auténticos HUB de la biosfera solo se ven al microscopio.”

    Nuevos estudios hablarán de ello: más ciencia.

  5. alejandrovu dice:

    “¿Qué superhéroe decía que un gran poder conlleva una gran responsabilidad?”

    El hombre araña, que lo aprendió de su tío Ben.

    “Lo absurdo es pensar en la humanidad y los ecosistemas como ámbitos separados.”

    “¿Todo lo que hace el hombre es antinatural e intrínsecamente malo, y tanto más malo cuanto más tecnología y ciencia haya detrás de sus actuaciones?”

    “Hace falta una reconciliación, una nueva síntesis. ”

    Parece ser que estamos de acuerdo… Quizá sea una mala señal… xD

    “No, la ciencia nos dará más predicción y control porque la ciencia es esencialmente predicción y control.”

    No quiero pecar de hilar fino, pero una relación intrínseca entre ciencia y control no la veo clara.

  6. Yack dice:

    Existe la teoría, casi universal, de que todos las criaturas del campo, desde los virus hasta los mamuts son almas de dios que profesan un profundo respeto a la Naturaleza, incapaces de violar las leyes del buen dios. Por otro lado, piensan, el hombre es una criatura demoníaca hija de lucifer, que combate sin piedad a la benéfica Naturaleza y la maltrata sin cesar. Y la ciencia y la tecnología, obras de satanás y de la ambición humana, representan el ariete y el tridente con el que llevan a efecto su pérfido proyecto de destrucción masiva.

    Mi teoría es que somos la única especie que ha comprendido la realidad hasta el punto de desarrollar métodos para cambiarla a una escala capaz de romper y superar el paradigma animal, que consiste en comer átomos, recombinarlos de acuerdo con un programa metabólico estándar y devolverlos cuando ya les han extraído la energía y la utilidad.

    Nosotros hemos desarrollado un metabolismo extracorporeo capaz de extraer cantidades casi ilimitadas de energía del petroleo, de la madera y del uranio, además de combinar los átomos de una forma nueva para producir compuestos inéditos en cantidades nunca vistas.

    Pero a medida que nos damos cuenta de la incidencia de algunas de esas sustancias y procesos sobre el habitat, vamos desarrollando métodos para limitar su impacto negativo, aunque eso suponga un costo adicional, pero dado que tenemos cerebros y podemos ver el futuro, también somos capaces de cambiarlo.

    Pero la ciencia y la técnica no son ni buenas ni malas. Son sólo una nueva forma de conseguir lo que queremos y también de evitar las efectos colaterales nocivos que pueden generarse en el proceso. Si queremos conseguir algo bueno o evitar algo malo la ciencia es la única alternativa, aunque hay quien sostiene que para evitar los efectos negativos renunciemos a los positivos y regresemos al paraíso de la ignorancia.

    Saludos.

  7. Ananías de Camplintela dice:

    Una gran filósofa – dentro de la amplia gama de filósofos que no aparecen en los tratados y obras que manejan el maquinista y sus colegas – dijo una vez: “No existen los errores, sólo sucesos extraños.” (Marguerite Duras)
    A la naturaleza se la trae al pairo que el hombre hable de errores, descubra el bosón de Higss y se extingan sus supuestos hubs. Por encima de todas estas consideraciones su trayectoria – o si se quiere, su esencia – es inmodificable, inmutable, porque trasciende a la materia capaz de pensar ee estas cosas. En este caso, las sutiles advertencias del maquinista. A todo lo más que puede llegar esa materia es a percibir su propia extinción. Como sabiamente nos enseña la propia naturaleza en nuestra cotidiana y osmótica relación con y en ella.
    Acabaría diciendo que todo lo demás son pamplinas pero me abstengo de decirlo en un acto de comedimiento.

  8. Ananías:

    1. Es curiosa tu forma de catalogar a los autores dentro de la ortodoxia excluyente y los que están fuera de ella. Margerite Duras es famosísima. De hecho, si buscas su nombre en Google tiene más de medio millón de entradas (más, por ejemplo, que las menos de doscientas mil que tiene Agustín de Hipona). Y cuando hablabas de Borges como un rebelde de esta ortodoxia academicista, tenemos casi diez millones (más, por ejemplo, que Spinoza, Hume o Voltaire). Se lee muchísimo más a Borges y a Duras que a cualquiera de los grandes filósofos de la historia. Dime tú quién se ha leído la Física de Aristóteles o la Crítica de la Razón Pura.

    2. No creo que a la naturaleza se la traiga al pairo el hecho de que bombardeemos toda la faz de la tierra con bombas de hidrógeno y sí creo que el hombre puede hacer “un poquito más” que contemplar su propia extinción.

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