Pragmatismo

Publicado: 7 noviembre 2012 en Sin categoría
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Desde que estaba en la facultad siempre me pareció atractivo el pragmatismo. Me parecía muy interesante su marcada postura antimetafísica que hacía a los pragmatistas prescindir del problemático concepto de verdad en su sentido trascendental, realista o esencialista (la verdad consiste en captar, abstraer, intuir una esencia o un universal absoluto) cambiándolo por el de utilidad. Así, una teoría científica no es más verdadera que otra rival en una carrera por alcanzar una supuesta verdad final sino, simplemente, tiene más éxito según una serie de parámetros que definimos previamente (más predictiva, más elegante, más acorde con nuestras creencias anteriores o más eficaz a la hora de solucionar un determinado problema). Así también nos quitamos de encima no sólo la verdad sino a molestos familiares suyos como la “verosimilitud” o la “aproximación progresiva a la verdad” que tantos quebraderos de cabeza dieron a Popper.  El pragmatismo es metafísicamente muy cómodo.

Además, las tesis ontológicas en las que se basa también son interesantes. No parte de un mundo de objetos, sustancias, propiedades o esencias sino que suele centrarse en una determinada teoría de la acción (por no decir que no tiene a priori compromiso ontológico alguno: la ontología elegida dependerá de su utilidad). Para el pragmatismo hay sucesos problemáticos que tenemos que solucionar y nuestras teorías son acciones, respuestas ante estos problemas. Nuestras teorías no son entidades extrañas (y ontológicamente muy problemáticas) que existen en el mundo de las ideas o en el mundo 3 de Popper, sino que son acciones (al igual que andamos o hablamos, teorizamos), instrumentos para solucionar problemas como si fueran destornilladores, martillos o alicates que sólo pueden ser descritas por su actuación a la hora de montar un armario.

Además, el pragmatismo parece la consecuencia lógica de la filosofía analítica ante el fracaso del verificacionismo del Círculo de Viena o del falsacionismo de Popper y la llegada del segundo Wittgenstein. El pragmatismo se lleva muy bien con las Investigaciones Filosóficas del vienés y su teoría de los juegos del lenguaje. El significado de una expresión lingüística no está en su referencia a la realidad, sino en su uso, en seguir las reglas de un determinado juego prefijadas culturalmente (o vitalmente, según el historiador de la filosofía que hable). El lenguaje se entiende en su actuación y no como algo abstracto o separado de la realidad ordinaria. Fieles seguidores suyos, Austin escribe Cómo hacer cosas con palabras o Searle Actos de habla. Los pensadores más populares de la última época analítica, como Putnam o Quine, serán pragmatistas.

Sin embargo, a pesar de sus virtudes, podemos ver ciertos problemas. Si cambiamos verdad por utilidad tenemos que tener en cuenta que algo que es útil es siempre “útil para”, es decir, es un medio para conseguir un fin determinado. Entonces tenemos que explicar ese fin que queremos conseguir y si ese fin, de nuevo, lo definimos por su utilidad caemos en una regresión ad infinitum. Por ejemplo, un tenedor es útil para trinchar un filete pero debemos preguntarnos para qué queremos trinchar un filete. Es necesario cortar la cadena de utilidades en algo que sea un fin en sí mismo, algo deseable no por su utilidad sino porque sea bueno de por sí. Del mismo modo el pragmatismo puede tener consecuencias éticas muy peligrosas. Si partimos de la idea de que hay que bajar el índice de desempleo, la solución final de Himmler podría ser, pragmáticamente hablando, una solución muy eficiente.  Cuando leí la serie de conferencias de William James publicadas en Alianza bajo el título Pragmatismo quedé bastante decepcionado y no volví a plantearme esta corriente seriamente.

Empero, a día de hoy, comienza a interesarme de nuevo. Me gusta su perspectiva ontológica porque creo que sería posible salvar la tesis objetivista (que defiendo fuertemente) de que existe un mundo exterior diferente a mí y que no todas las teorías acerca de la realidad tienen la misma validez siendo relatos literarios o construcciones estrictamente culturales, sin caer en posturas realistas que tienen que apelar a la metafísica para subsistir (el realismo platónico). El pragmatismo postura una relación gnoseológica diferente con la realidad: conocer no es captar algo de lo real y meterlo en el entendimiento, no es un acto diferente, especial,  sino una forma más de interactuar con el mundo. Me parece una propuesta interesante. ¿Qué os parece?

Una versión muy actualizada de pragmatismo es el concepto de affordance de J.J. Gibson.

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comentarios
  1. Yack dice:

    Totalmente de acuerdo con tu descripción del pragmatismo y también creo que es el único abordaje serio que podemos hacer para interactuar eficientemente con la realidad.

    En cuanto a la crítica sobre la utilidad y sus posibles consecuencias, me parece inconsistente.
    Es como decir que habría que prohibir los cuchillos porque son útiles a los asesinos para asesinar.

    La cuestión hay que plantearla en estos términos: Un agente inteligente posee en su cerebro un programa maestro (sobrevivir como individuo y como patrón estructural) y otra serie de subprogramas subordinados que debe ejecutar en un entorno complejo y hostil que llamamos “realidad”.

    Una teoría o modelo sobre esa realidad consiste en un conjunto de sinapsis en el cerebro de ese agente que le permiten llevar a cabo su programa o programas con éxito porque la realidad no es directamente accesible ni interpretable si no es a través de esa estructura sináptica.

    Y en la medida que una teoría ayude a un agente a concluir con éxito su proyecto personal será verdadera o más verdadera que otra teoría rival para ese agente en particular.

    Pero también es cierto que para hablar de teorías correctas en términos objetivos, hay que considerar que esto sólo tiene sentido en el ámbito de la ciencia-ciencia.

    Por ejemplo, Hitler podía tener la teoría de que los judíos eran sus enemigos y eso pareció funcionar durante un tiempo e incluso pudo llegar a funcionar durante mucho tiempo si Alemania hubiese descubierto la bomba atómica.

    Hay ámbitos del pensamiento humano, como la política, la historia, la psicología, la sociología, etc. en la que los modelos luchan eternamente en la cabeza de los individuos y en el imaginario colectivo de las sociedades porque no hay, ni habrá, forma alguna de validarlos objetivamente.

    En cambio en la ciencia, es posible establecer objetivamente cuales son los mejores modelos (los más útiles) y es aquí donde queda claramente demostrada la supremacía incuestionable del pragmatismo sobre cualquier otro planteamiento.

    En resumen: las teorías son correctas en la medida en que nos ayudan a conseguir nuestros objetivos aunque debido a que se ejecutan en un entorno muy complejo en que el azar tiene un papel importante, no hay manera de estar seguro de que una teoría seguirá funcionando cuando las condiciones cambien.

    El santo grial de la ciencia y de los agentes inteligentes es conseguir teorías que funcionen en todos los casos, pero casi siempre nos tenemos que conformar con teorías que sólo funcionen aquí y ahora durante no se sabe cuánto tiempo.

    Pero es lo mejor y lo único que podemos tener y la ciencia ha conseguido una mejora sustancial en la obtención de modelos de extrema calidad, dentro del ámbito en que se pueden hacer predicciones consistentes y fiables. Por otra parte la “inteligencia” de un agente implica, entre otras habilidades, saber seleccionar los modelos más eficaces en cada caso para alcanzar sus fines.

    Saludos.

  2. Ananías dice:

    El hombre es un mono. Los monos pueden ser pragmáticos o metapragmáticos.
    Sin hacer nada, sin pensar en lo que hace o problematizar sus motivaciones, el hombre es un mono pragmático aún sin ni tan siquiera atisbar el sentido del término o su concepto.
    El pragmatismo no es que justifique pero sí explica el asesinato, las vejaciones, las violaciones, la explotación y el homo homini lupus por decirlo así. Un hombre pragmático puede entender perfectamente que los monos que se le asemejan biológicamente en cuanto que tienen sus mismos apéndices y configuración poseen asímismo una infradotación que los hace inferiores y por ello están ubicados en peldaños bajos pudiéndolos aplastar y sacar provecho de ellos.
    Filosóficamente el pragmatismo es una contribución típicamente americana o, si se quiere, anglosajona, modernamente judía. El hombre pragmático no dudará en lanzar una bomba atómica sobre Hirosima para lograr así los objetivos apetecidos. Y además los hechos ulteriores explican con contundencia la eficacia de sus argumentos.
    A los monos metapragmáticos sólo les queda el consuelo de enmarcar en la estupidez las aberrantes conductas de los monos pragmáticos y recurrir a la famosa frase de Schiller: “Contra la estupidez los propios dioses luchan en vano”.

  3. Alejandro P. dice:

    Sin embargo, a pesar de sus virtudes, podemos ver ciertos problemas. Si cambiamos verdad por utilidad tenemos que tener en cuenta que algo que es útil es siempre “útil para”, es decir, es un medio para conseguir un fin determinado. Entonces tenemos que explicar ese fin que queremos conseguir y si ese fin, de nuevo, lo definimos por su utilidad caemos en una regresión ad infinitum. Por ejemplo, un tenedor es útil para trinchar un filete pero debemos preguntarnos para qué queremos trinchar un filete. Es necesario cortar la cadena de utilidades en algo que sea un fin en sí mismo, algo deseable no por su utilidad sino porque sea bueno de por sí. Del mismo modo el pragmatismo puede tener consecuencias éticas muy peligrosas”

    Interesante post, Santiago.
    No veo excesivos problemas en que se corte esa regresión en un determinado punto que consideramos fin en sí mismo. Al fin y al cabo ese mismo problema lo tiene cualquier ética. Tanto en un caso como otro hay que partir de ciertos principios básicos, sólo que en el caso de la ética las dificultades vienen al tratar de convencer a otro de que tus principios son mejores o “más buenos” que los suyos. Mientras que en el caso del pragmatismo se trata de que la teoría te resulte útil a ti para el objetivo prefijado. Creo que todo el mundo tiene bastante claro que no se puede hablar de una teoría más útil en términos absolutos, sino en términos relativos a un objetivo prefijado. Y si ese objetivo es loable o no, es un problema que correspondería a la Ética y no lo veo como un defecto exclusivo del pragmatismo y que las otras teorías no tengan.
    Un saludo.

  4. Yack dice:

    De acuerdo con el análisis de Alejandro. Este tipo de críticas al pragmatismo procede de los pensadores que confían plenamente en su capacidad para fabricar castillos especulativos de tamaño ilimitado, empleando como única argamasa su inmenso talento.

    Además, estos pensadores que sería injusto, aunque tentador, llamar filósofos, utilizan su inmenso talento para tergiversar y redefinir a su antojo el concepto de pragmatismo para acto seguido proceder a vilipendiarlo, ante el aplauso borreguil de sus entregados seguidores.

    El pragmatismo auténtico implica tener en cuenta todos los factores relevantes para elaborar y validar una teoría y uno de ellos es la ética, que no es otra cosa que el conjunto de normas que nos permite predecir las reacciones de otros miembros del grupo cuando realizamos actos que afectan a sus intereses.

    No es pragmatismo asesinar al saxofonista del piso de arriba y enterrarlo en el jardín para librarse de sus desafinados acordes. Hay otras muchas y mejores alternativas desde un punto de vista estrictamente pragmático.

    Saludos.

  5. miquel dice:

    Me gustaría saber vuestra opinión sobre la epistemología evolucionista que propusieron Konrad Lorenz y Campbell entre otros. Rupert Riedl escribió un recomendable y poco conocido libro “Biologia del conocimiento” al respecto.
    Creo que el hecho evolutivo ofrece. de nuevo, mucha luz a temas reservados hasta ahora a la filosofía. Intento resumir la teoria evolutiva del conocimiento en mi blog: http://memoriasdesoledad.blogspot.com.es/2012/11/teoria-evolutiva-del-conocimiento-ii.html

    Saludos.

  6. Ananías dice:

    He estado oyendo al saxofonista durante años. Su tabarra era inaguantable. No respetaba ni a su madre. Le rogué inumerables veces que, por respeto, por ética, se dedicara a tocar el instrumento
    a horas decentes y nos dejara dormir. Que si Juan y Manuela. Después le denuncié a la policía que venía , le amonestaba y se largaba. Después otra vez la tabarra. Así una y otra vez. Finalmente le llamé a la puerta a las cuatro de la mañana en mitad de un concierto. Nada más abrír, después de aporrear la puerta, apareció con su hermosa sonrisa. Yo, con las manos en la espalda, le devolví la sonrisa y sin mediar palabra saqué mi “mano sorpresa” con un aresol lacrimógeno incapacitador a base de ortoclorobencileno y le rocié hasta casi asfixiarlo. Al mismo tiempo me bajé la mascarilla que tenía preparada para el momento.Por consideración a quien no sepa qué es un aresol lacrimógeno incapacitador a base de ortoclorobencileno, le diré que provoca al instante ceguera, escozor y parálisis por incapacitación de movimientos al afectar a las terminaciones nerviosas de los músculos sesomotores. Con calma y tranquilidad le introduje en su propia vivienda. Cerré la puerta.Los efectos del aerosol son duraderos. Sé que puede sonar truculento pero saqué el cable (los guantes los llevaba puestos) y colocándoselo de collarín tiré de los extremos hasta notar sus últimos estertores. Método silencioso. Me imagino que algún vecino se extrañaría al dejar de oir el saxofón y se dormiría plácidamente. A mí una noche más de insomnio no me iba a producir ningún trauma a estas alturas (vivo en un noveno y mi vecino en el décimo y último piso).
    Bajé a por el baúl con ruedas, introduje al saxofonista en él y descendí en el ascensor hasta el garaje desierto y silencioso. A las cinco y cuarto ya estaba en el puente del pantano tirando el baúl adornado de candados externos y lastres internos. A las seis y veinte ya estaba en la camita. Antes de dormir me gusta leer un poco. Recuerdo el placer con el que volví a releer este pasaje de Johannes Hessen en su “Tteoría del Conocimiento” :
    “”El pragmatismo modifica de esta forma el concepto de la verdad, porque parte de una determinada concepción del ser humano. Según él, el hombre no es en primer término un ser teórico o pensante, sino un ser práctico, un ser de voluntad y acción. Su intelecto está íntegramente al servicio de su voluntad y de su acción. El intelecto es dado al hombre, no para investigar y conocer la verdad, sino para poder orientarse en la realidad. El conocimiento humano recibe su sentido y su valor de éste su destino práctico. Su verdad consiste en la congruencia de los pensamientos con los fines prácticos del hombre, en que aquéllos resulten útiles y provechosos para la conducta práctica de éste. Según ello, el juicio: “la voluntad humana es libre” es verdadero porque ‐y en cuanto‐ resulta útil y provechoso para la vida humana y, en particular, para la vida social.””
    Dormí como un bebé.
    Nadie ha preguntado por el saxofonista. Ni su madre, mencionada anteriormente.
    Aconsejo a todos aquellos que tengan algún saxofonista en su vida que utilicen este método si quieren que deje de tocar el saxofón, ya que desde un punto de vista práctico es lo más conveniente y efectivo desechando las zarandajas éticas que pudieran frenar su camino hacia el pragmatismo. La ética del pragmatismo está en la acción y los resultados son lo que importa. Es lo que cuenta. En mi caso ha sido útil y provechoso en cuanto que desde entonces – ya va para un par de años – duermo feliz y sin tabarras. Además la vida social de la comunidad de vecinos también se ha visto favorecida y beneficiada. Gracias, William James.

  7. Yack dice:

    Miquel, he leído esa entrada de la que hablas y me parece un buen abordaje del problema. El darwinismo es el modelo más eficiente, con diferencia, para proporcionar explicaciones esclarecedoras en casi todo lo que afecta a la morfología y actividad de los seres vivos.

    Ananias, como relato de ficción no está mal, pero acabar con la vida del saxofonista impenitente tiene implicaciones éticas, que traducidas a situaciones concretas, puede significar que lo metan en el pabellón de asesinos peligrosos de la penitenciaría de Arkansas , lo sodomicen fornidos presidiarios durante años y finalmente lo electrocuten en la silla eléctrica, entre otras muchas otras posibilidades desagradables.

    Un cerebro sano y pragmático hará un cálculo probabilístico de coste/beneficio y tal vez decida que la mejor opción es comprarse unos tapones de cera y recrearse de vez en cuando con fantasías en las que se ve a sí mismo fileteando al malhadado saxofonista.

    Saludos.

  8. Ananías:

    Pues sí. Mientras que el pragmatismo puede tener muchas virtudes en lo que se refiere a la teoría del conocimiento (tal y como expongo en la entrada que he escrito hoy), tiene en la ética su asignatura pendiente. Si bien creo que podríamos separar las cosas: quizá se pueda ser pragmatista con respecto a la verdad pero racionalista, intucionista, formalista, etc. con respecto a la ética sin que exista contradicción. Seguiremos pensando.

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