La trágica muerte de Pichulo

Publicado: 23 diciembre 2012 en Ética y moral
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Españoles, Pichulo ha muerto. Estando yo el día de autos en casa de mi novia, salí de la vivienda a pasear por un huerto anexo a ella en donde mi suegro cultiva verduras y hortalizas varias. La mañana granadina era muy agradable. Un débil sol se habría paso a través de una leve y brumosa neblina, bañando mi rostro todavía adormecido. Saboreaba mi taza de café y mi cigarro matutino cuando algo comenzó a olerme mal. La jaula azul colgada en la rama de un pequeño arbolito en donde mi suegro pone a Pichulo por las mañanas yacía extrañamente sigilosa, y no es porque Pichulo no estuviese cantando, ya que él no cantaba nunca, sino porque algo en el ambiente presagiaba la tragedia. Me acerqué lentamente y, cuando estaba a unos pocos metros,  percibí horrorizado la masacre. El cuerpecillo de Pichulo yacía descuartizado en la jaula. Un aguilucho salido de lo más profundo del averno que, según luego me contó mi suegro, rondaba la zona desde hace unos días, había acabado atrozmente con su vida.

Y allí estaba el asesino, posado en lo alto del tejado de una casa vecina, mirándome desde la seguridad que le daban las alturas, riéndose de mí, atormentándome como si fuera el cuervo de Allan Poe. Mi suegro, sintiéndose culpable por haberse despistado dejando descuidada la jaula ante la presencia de una amenaza ya predicha, corrió a coger los perdigones de una vieja y polvorienta carabina. Mi corazón me pedía a gritos vengar a Pichulo. Fue mi novia (la voz siempre sensata de la mujer) la que nos advirtió de la locura de nuestras intenciones. No deberíamos matar al aguilucho. Las aves rapaces están protegidas por la ley, encontrándose la mayoría en peligro de extinción. Pero yo, estando mi recta razón presa de la ira, me acordaba de ciertos argumentos de los ecologistas que pretendían dotar de derechos a los animales. Si el aguilucho tiene derechos, también tiene responsabilidades. Quien a pico mata a perdigón muere, pensaba yo. Y mi pareja contraargumentaba: no puedes castigar a alguien por hacer lo que le dicta su naturaleza. El aguilucho ha hecho lo que tiene programado en sus genes, no pudiendo hacer otra cosa. Al no ser libre de elegir, no puede ser responsable de su acción. Entonces, volví yo a contraargumentar por reducción al absurdo: un psicópata, que también diríamos que tiene en su naturaleza el asesinato, tampoco podría ser castigado por sus crímenes. El aguilucho debe morir, más aún, cuando es posible que vuelva a matar a más canarios indefensos. Su muerte es por el bien común, por conseguir un mundo en el que los canarios puedan vivir seguros y felices.

No obstante, al final nos calmamos y, dado que no somos salvajes, decidimos no hacer nada, dejar al aguilucho tranquilo. Matarlo no nos devolvería a Pichulo, además de que no me apetece pagar una cuantiosa multa al SEPRONA ni poner mi granito de arena en la extinción de las rapaces en España. El aguilucho, aún siendo un ser maligno e infernal, es un animal noble y hermoso. No creo que destruir algo así tenga nada de bueno.

Y esta mañana, cuando de nuevo he salido al huerto a disfrutar de la soleada mañana granadina, con mi café y mi cigarro, lo he vuelto a ver, en lo alto del tejado de una casa vecina. Me miraba, riéndose de mí, atormentándome, jactándose ante mi impotencia. Tienes suerte – le he dicho – de que yo sea un ser humano, un animal racional, que antepongo principios a mis emociones. Tienes mucha suerte, pajarraco maldito.

Requiescat in pace, Pichulo. Fue un buen canario aunque no cantara nunca.

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comentarios
  1. Abel Jodra Noguero. dice:

    Lo siento, mi pesame.

  2. Alvaro dice:

    Mi pésame profesor. Feliz navidad y año nuevo.

  3. Yack dice:

    Réquiem y epitafio para Pichulo, un animal de sólidos principios.

    Pirulo, un canario de los que ya no quedan, se negó a agradecer con cánticos zalameros el cautiverio impuesto por una de esos maléficos seres que se desplazan sobre dos patas y se divierten haciendo cosas tan extravagantes como privar de libertad a otras criaturas o discutir sobre filosofía y ética.

    Pero cierto día, el buen Dios se apiadó de Pichulo y le envió a un emisario alado para que liberase su alma inmortal de la doble jaula en la que se hallaba atrapada y así pudiera volar libremente a su morada definitiva en el paraíso de las criaturas puras e inocentes.

    De él sólo puede decirse que murió con las plumas puestas y sin decir ni pio.

    Saludos.

  4. Andrés dice:

    Mis condolencias en estos difíciles momentos

  5. Muchas gracias. Se agradecen en estos duros e insuperables días.

    Yack:

    Te has superado. Un epitafio maravilloso. Gracias.

  6. Álvaro dice:

    Jajaja, excelente punto Yack, pero tiene un buen punto Santiago.

    Un feliz año, mi sentido pésame por Pichulo pero a él si le llego el 2012.

    También sé lo que es perder una mascota, pero en cierta manera es mejor que la naturaleza mate para poder vivir, porque para un rapaz el ser vegano no es opción a que venga un tipo y mate a tu perro por “descuido” con su carro, digo yo.

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