Inconmensurable Solaris

Publicado: 28 diciembre 2012 en Filosofía de la ciencia, Teoría del conocimiento
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Solaris cuenta la historia del fracaso del hombre para enfrentarse a lo desconocido. Nos presenta a una ciencia agotada, exhausta ante la imposibilidad de establecer comunicación alguna en el primer contacto con una entidad extraterrestre. El océano “vivo” del planeta Solaris lleva sesenta años de absoluto mutismo, de inexplicable indiferencia ante todo intento humano de comunicarse con él.

Lem es muy original al plantear de ese modo el encuentro con una civilización extraterrestre. La literatura y el cine siempre nos han mostrado alienígenas que, más pronto que tarde, establecían comunicación con nosotros, descubríamos un código común. Es más, Lem se muestra extremadamente original al contarnos la historia de todas las teorías científicas, filosóficas e, incluso, religiosas, que intentaron enfrentarse a la inexplicabilidad de Solaris. Es la primera vez que alguien hace ciencia-ficción de la misma historia del conocimiento. Nos muestra una primera época de romanticismo entusiasta en la que la ciencia tenía una gran confianza en su éxito. Después llegan diversos momentos de estancamiento, de escolástica decadente, para luego llegar a un final en el que creer que se puede comprender Solaris es una cuestión de fe.

Se plantea lo que Kuhn va a exponer en su La Estructura de las Revoluciones Científicas: la inconmensurabilidad, la existencia de lenguajes cuya traducción es imposible. Solaris es inconmensurable, sus acciones carecen de toda finalidad comprensible para el hombre. Lem también rompe con la idea, todavía muy arraigada entre los prejuicios del hombre corriente, de que la evolución del universo o de la vida lleva necesariamente al ser humano, o al menos, a algo muy parecido. Existe ese sesgo antropomórfico que tiende a ver a los extraterrestres como cabezones verdes con pistolas láser y naves espaciales, con una ciencia superior pero basada en los mismos principios que la nuestra. ¿Por qué? ¿Por qué una civilización necesariamente ha de generar cultura, ciencia y tecnología? ¿Por qué los alienígenas iban a tener, si quiera, nuestras mismas estructuras cognitivas?

Las relaciones entre Solaris y la humanidad no dejan de recordarme a la Planilandia de Edwin Abbott. Pensemos un mundo plano, de seres bidimensionales. Ese mundo está poblado por todo tipo de formas que la geometría plana permite: triángulos, cuadrados, circunferencias, etc. Imaginemos que sus habitantes son inteligentes y tienen órganos de los sentidos, pueden ver lo que les rodea. Para que esto sea posible han de hacerse muchas trampas: la primera, y más necesaria, es que el mundo no puede ser totalmente plano si queremos que un ser bidimensional pueda ver lo que tiene al lado ya que un mundo plano se define, precisamente, por no tener altura alguna, por ser plano. Algo plano no puede verse de lado, solo puede verse desde arriba o desde abajo, así que hay que darle algo de altura: pongamos un milímetro. Ahora, un triángulo bidimensional puede ver a su lado a una circunferencia bidimensional, si bien no la verá como una circunferencia, sino como un segmento unidimensional de una longitud dada. Solo rodeándola podría comprobar que, al no tener vértices, es una circunferencia. Pues bien, imaginemos ahora que rodeando Planilandia existe un mundo de seres tridimensionales: cubos, esferas, pirámides, etc. Estos seres también son inteligentes y también pueden ver. ¿Podrían los habitantes de Planilandia verles? No, solo pueden mirar a los objetos que tienen al lado en su mundo plano, no pueden mirar arriba y abajo. Sin embargo, los seres tridimensionales sí que podrían verlos, mirarlos desde arriba y desde abajo.

Supongamos ahora que una esfera atraviesa el plano de Planilandia. ¿Cómo vería uno de sus habitantes este excitante contacto entre dos dimensiones diferentes? Supongamos que la esfera cruza el plano en treinta segundos. En el primer segundo, el habitante de Planilandia vería, seguramente aterrado, surgir un punto de la nada. En dónde antes solo había espacio vacío, de repente, aparece un punto. Después, en los segundos sucesivos, iría viendo una línea que va creciendo progresivamente hasta alcanzar la longitud del diámetro de la esfera. Seguidamente, la línea iría decreciendo hasta que, en el segundo treinta sólo quedaría un punto que terminaría por desaparecer. Para el planilandense sería un fenómeno del todo paranormal. Una línea creciente y decreciente aparece y desaparece ex-nihilo, sin conexión causal con ningún fenómeno normal de Planilandia (algo así es lo que todos los días observan nuestros físicos del HTC en la cámara de burbujas: partículas de aparecen y desaparecen “por arte de magia”). Demos un paso más. Imaginemos que el que una esfera atraviese Planilandia no es un fenómeno aislado, sino que es algo muy habitual de modo que cuando un planilandense contempla el evento, no le supone sorpresa alguna. Es más, debido a que los planilandenses son inteligentes, desarrollan ciencia basándose en las regularidades que observan en su mundo. Entonces, el cruce interdimensional se estudiaría con normalidad en las universidades, eso sí, sin tener conocimiento alguno de que lo que realmente pasa es que una esfera atraviesa el plano. Los científicos planos establecerían leyes que podrían predecir cuándo y dónde aparecerán esas extrañas líneas crecientes y decrecientes (suponiendo que exista una regularidad en los cruces). Seguramente, al observarlas con detenimiento, descubrirían que no son líneas rectas de dimensión uno sino que tienen un área en forma de circunferencia. Algún inteligente triángulo se llevaría un premio Nobel por ello. Pero ya está, aquí terminaría su comprensión del fenómeno. Los planilandenses fracasarían en  su comprensión última y, seguramente, no tardarían en llegar sacerdotes de las diversas religiones del mundo plano para hablar de la providencia divina. No hay forma de que un ser bidimensional pueda comprender un fenómeno tridimensional, al igual que nosotros, seres tridimensionales, no podemos comprender bien fenómenos de más de tres dimensiones.

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Y demos el último paso. Traslademos esta historia a nuestra realidad humana. Pensemos en cualquier fenómeno regular del que da constancia la ciencia. Por ejemplo, el movimiento de los planetas es algo que podemos predecir con naturalidad. ¿Y si tal movimiento fuese el resultado de algún tipo de cruce interdimensional cuya comprensión nos está vetada y, nosotros, ilusos donde los haya, pensamos que nuestra ley de gravitación universal o la relatividad general lo explican correctamente? ¿Y si cualquier cosa que ocurre en nuestro mundo ordinario obedece a algo así? ¿Y si, realmente, vivimos en Solaris?

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comentarios
  1. Masgüel dice:

    “Nos internamos en el cosmos preparados para todo, es decir para la soledad, la lucha, la fatiga y la muerte. Evitamos decirlo, por pudor, pero en algunos momentos pensamos muy bien de nosotros mismos. Y sin embargo, bien mirado, nuestro fervor es puro camelo. No queremos conquistar el cosmos, sólo queremos extender la Tierra hasta los lindes del cosmos. Para nosotros, tal planeta es árido como el Sahara, tal otro glacial como el Polo Norte, un tercero lujurioso como la Amazonia.() Nos consideramos los caballeros del Santo-Contacto. Es otra mentira. No tenemos necesidad de otros mundos. Lo que necesitamos son espejos. No sabemos qué hacer con otros mundos.”

  2. Así es Masgüel. En el fondo, la búsqueda de otros seres es la búsqueda de un espejo en el que mirarnos, distorsionados, empequeñecidos o agrandados pero nosotros mismos… Es la búsqueda de otros que nos digan quiénes somos o, a partir de los cuales, entendernos. Solaris, en contra, es lo radicalmente otro, lo que por nada del mundo querríamos encontrar pues representa nuestro rotundo fracaso… ¿Y si, realmente, todo fuese así? ¿Y si, de veras, estamos condenados a no entender nada, a no comprender jamás el significado de nada? ¿Y si nuestra titánica lucha por comprender se topara con un muro radicalmente, eternamente infranqueable?

  3. Masgüel dice:

    “¿Y si, de veras, estamos condenados a no entender nada, a no comprender jamás el significado de nada? ¿Y si nuestra titánica lucha por comprender se topara con un muro radicalmente, eternamente infranqueable?”

    “Ese coloso fluido había causado la muerte de centenares de hombres. Toda la especie humana había intentado en vano durante años tener al menos la sombra de una relación con ese océano, que ahora me sostenía como si yo fuese una simple partícula de polvo. No, no creía que la tragedia de dos seres humanos pudiera conmoverlo. Sin embargo, todas aquellas actividades tenían cierto propósito… A decir verdad, yo no estaba absolutamente seguro; pero irse era renunciar a una posibilidad, acaso ínfima, tal vez sólo imaginaria.() No sabía qué descubrimientos, qué burlas, qué torturas me aguardaban aún. No sabía nada, y me empecinaba en creer que el tiempo de los milagros crueles aún no había terminado.”

    La alternativa es Diaspar. La ciudad… o las estrellas.

  4. Yack dice:

    Santiago, yo no me preocuparía demasiado pensando que existen explicaciones ocultas que vuelven inútil o erróneo nuestro conocimiento.

    El conocimiento, es decir la corrección de la imagen que tenemos de la realidad se basa únicamente en su capacidad predictiva. Si nuestras predicciones se cumplen es que el modelo es correcto y sólo cuando descubrimos que no se cumplen al 100% sentimos la necesidad de cambiar o perfeccionar el modelo.

    Mientras que mi televisor funcione, no tengo que preocuparme por revisar el modelo basado en el manual de uso. Cuando las predicciones dejan de funcionar (aprieto el botón de encendido y no ocurre nada) tengo que acceder a un modelo más complejo y profundo (cables, interruptores, tornillos, etc.).

    ¿Tiene sentido decir que el modelo que maneja el usuario de una tv es falso o incompleto? El usuario te dirá que es perfecto porque le permite realizar todas las predicciones que le interesan en relación con la tele.

    El reparador de televisores te dirá que necesita otro modelo para ganarse la vida, pero tampoco será el mismo modelo del fabricante, y el de este no será el mismo que maneja el físico especializado en electrónica, etc.

    Al final, sólo existen modelos y los modelos son correctos si cumplen con nuestras expectativas y necesidades. Y hasta donde yo sé, nunca se ha descubierto una interferencia permanente con el modelo estándar de la física, porque siempre que esto ha ocurrido, se ha ideado otro modelo capaz de englobar en sus predicciones las anomalías encontradas.

    Saludos.

  5. Yack:

    Si solo nos regimos por la utilidad no hay problema: las naves espaciales, los ordenadores y los móviles seguirán funcionando muy bien, pero si queremos comprender realmente el universo y enterarnos realmente de algo, sí que tenemos un grave problema.

    Es más, en la novela de Solaris se encuentran con el problema de que, prácticamente, no pueden ni si quiera establecer predicciones del comportamiento del extraterrestre. Hay alguna regularidad en su conducta pero casi todo carece de orden inteligible. En ese caso ni la utilidad serviría para nada. Solaris sería una caja negra totalmente inútil para satisfacer expectativas y necesidades.

  6. Javier dice:

    De nuevo enhorabuena.

    Solarais la pude ver en su versión cinematográfica reciente (con un aceptable trabajo de George Cluny).

    Pocas obras he visto que toquen los puntos que ella toca (Salvo planeta prohibido, pero ni esa le llega a su nivel).

    Cuando ves los niños corriendo por la nave, y sus padres muertos por suicidio (Comprensible ante la inmensa fuerza de lo incomprensible) o ves a la antigua mujer del psicólogo, que en la tierra se suicido, y le pregunta a su marido, en la nave, :

    “¿Que ha pasado cariño?, tengo recuerdos de nuestra vida feliz, pero luego tengo un vacío….”

    Te das cuenta de que Solaris no esta creando nuevos seres a partir de memoria física, sino reencarnando lo que ha sido un ser a nivel mas allá de la materia.

    Es su mujer, para la que Solaris a creado un nuevo hardware biológico, y en el cual, ha reincorporado la consciencia que abandono el substrato biológico en el suicidio de su anterior forma.

    Stanislaw Lem se marcho de U.S.A. asqueado de la ciencia ficción de aquel país, pues ‘estaba llena de monstruos’.

    Ciertamente, a años luz sus trabajos de basura conceptual como Alien, o Prometeus.

    No le llegan ni a la altura de los zapatos a Lem.

    Casi, ni el gran Phillip K. Dck, le llega a su altura.

    En fin, lo dicho, enhorabuena.

    Javier

  7. Gracias Javier:

    He leído a Huxley, Wells, Arthur Clarke, Philip K. Dick, Asimov… y Lem me parece, con diferencia, superior.

    Las pelis voy a verlas en cuanto tenga un minuto. La de Tarkovski y la de Cluny.

    Un saludo.

  8. Antonio dice:

    Santiago, hace poco que leí Solaris y en términos generales me encantó. Eso de que el ser inteligente sea un mar es único. Y que cree personas amadas basadas en nuestros recuerdos es también original.

    La frase que cita Masgüel es de lo mejor de la novela.

    Siempre en mundos interesantes.

    Saludos

  9. Masgüel dice:

    Javier: “Te das cuenta de que Solaris no esta creando nuevos seres a partir de memoria física, sino reencarnando lo que ha sido un ser a nivel mas allá de la materia.
    Es su mujer, para la que Solaris a creado un nuevo hardware biológico, y en el cual, ha reincorporado la consciencia que abandono el substrato biológico en el suicidio de su anterior forma.”

    No. Son lo primero. Las visitas son personas, que aman y sufren, como Hari, o se sugieren más siniestros, como los visitantes de Sartorius y Snaut, pero no son copias de las personas (o monstruos) originales, sino recreaciones a partir de los recuerdos de los tripulantes de la base. Y nisiquiera pueden entenderse como una intento del océano de comunicarse con los seres humanos. Es una respuesta del océano a su presencia, pero su propósito es tan inescrutable como todo lo demás. Del mismo modo que los seres humanos deciden bombardear el océano, simplemente a ver qué pasa, el océano, entre otras muchas extravagancias, materializa delante de los seres humanos personas creadas a partir de sus recuerdos, pero nisiquiera podemos decir que el océano hace tal cosa, “a ver qué pasa”. En la novela queda meridianamente claro y en la peli de Tarkovsky también. Soderberg pretende parecer ambiguo, pero su final es de risa. Hace de Solaris el paraíso celestial. Ambos directores imprimieron a sus películas un tinte religioso que no hace justicia a la novela. Al menos el ruso se limita a sus arrebatos místicos y toca, aunque brévemente, los capítulos más divertidos de la novela, dedicados a la solarística. No estoy diciendo que la de Soderberg sea una mala peli. También me gusta. Me parece muy elegante, pero juega en otra división.

    P.D. Las dos son geniales para ver fumao.

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