Nuestro futuro eloi

Publicado: 12 enero 2013 en Educación, Evolución
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Es muy orignal como H. G. Wells utiliza una novela de ciencia-ficción como es La máquina del tiempo para hacer una reflexión sobre la lucha de clases. Su viajero del tiempo avanza hasta el 802.701 y, en vez de encontrarse con una civilización inimaginablemente avanzada se encuentra con los eloi: personitas pequeñas y delicadas, que solamente comen fruta y que se pasan la vida bailando, cantando y recolectando flores. Para sorpresa del viajero, son estúpidos y débiles. Se cansan enseguida de cualquier cosa y su lenguaje es muy simple y carece, prácticamente de conceptos abstractos. ¿Qué pudo pasar? ¿Por qué la civilización del ochocientos mil ha involucionado, es peor que la civilización actual, al menos en genio y valía?

El viajero reflexiona y llega a una interesante conclusión: cuando la humanidad llegue a su momento cumbre en el que haya terminado con la enfermedad, el sufrimiento, las guerras, etc., ¿para qué necesitará entonces un intelecto o una voluntad fuertes? La astucia surge de la necesidad, la inteligencia se nutre de la resolución de problemas y el esfuerzo solo es necesario cuando hay una meta a conseguir. ¿Qué pasa entonces cuando ya no hay necesidad, no hay problemas, no hay fines a los que llegar? Que la inteligencia y la voluntad se debilitan. Wells aplica el darwinismo a la evolución del hombre (incluso cita en el libro al joven Darwin) y llega a esas conclusiones: si el medio ya no es hostil, si ser más apto ya no significa ser más listo ni más fuerte, la debilidad acaba por imponerse. Entre los eloi no se premiaría sexualmente al más intrépido, sino al más feliz, al que mejor bailara o al más divertido.

Y las meditaciones de Wells nos han de hacer pensar en nuestro presente. Por ejemplo, se me ocurre comparar a nuestra juventud del siglo XXI con la de la Esparta de las Termophilas. Los lacedemonios, siendo una población pequeña y sin recursos, siempre amenazada por el poder de otras poleis o de la sempiterna presencia del imperio persa, tuvieron que recurrir a una educación draconiana. Sus hijos debían ser adiestrados en la lucha mediante una férrea disciplina castrense que endureciera su cuerpo y su alma, para convertirlos en fieros guerreros. Solo así consiguieron que sus hoplitas fueran el mejor ejército de la época, capaz de parar incluso al inmenso poder de Jerjes. Comparemos a un joven espartano con uno de nuestros días. Seguramente, el espartano vería a nuestro chico como el viajero de Wells veía a los eloi: débil, flojo, inútil para afrontar los desafíos de un presente riguroso. Nuestros niños, embebidos de confort y adormecidos con todos los adelantos de la sociedad del bienestar, se crían débiles. Anestesiados por la gratuidad de unos padres que cumplen todos sus deseos aquí y ahora, son incapaces de esforzarse por nada, incapaces de proyectos a largo plazo que requieren paciencia y trabajo. La razón y la voluntad se evaporan, quedando solo el mundo de las emociones: el amor, la diversión, la amistad, el goce feliz de la vida.  Los eloi de Wells eran una buena premonición de nuestros días.

De primeras, esto no tendría por qué ser malo. Hay una especie de pólipos que engullen su propio cerebro una vez que se han fijado en las rocas y ya no lo necesitan. Sería fantástico vivir en un mundo en el que no hubiera problema alguno y nos pudiésemos dedicar a pasarlo bien y disfrutar sin más. Sin embargo, en la obra de Wells los eloi no están solos. Existe otra raza: los tétricos morlocks, fotofóbicos seres nocturnos que viven en el mundo subterráneo y que se dedican a cazar y devorar a los indefensos eloi. Es sorprendente que un socialista acérrimo como Wells hablara de las dos clásicas clases sociales antagónicas que describe el marxismo pero no describiera la síntesis final que pronosticaba el mismo. Después de ochocientos mil años, parece que el comunismo no se llegó a implantar… o ya se probó y fue un fracaso. El caso es que, tristemente, todavía no hemos llegado a un mundo en el que no existan problemas, en el que no hagan falta la razón y una voluntad ejercitada. En nuestro mundo todavía existen muchos morlocks y, como en el mundo de Wells, una sociedad de frágiles elois no puede hacerles frente. Nos estamos precipitado en educar a nuestros hijos en  una utopía que ni siquiera ha llegado.

Si queréis leer las opiniones de Muller o Ayala sobre hacia dónde va la evolución de la especie humana clicar aquí. O si queréis saber si la especie humana del siglo XXI sigue evolucionando o está estancada clicar aquí.

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comentarios
  1. Masgüel dice:

    “Todos nos sentíamos ebrios de felicidad durante aquellos primeros años, especialmente los jóvenes. Eran los primeros años del Redescubrimiento del Hombre, cuando la Instrumentalidad hurgaba entre los tesoros para reconstruir las viejas culturas, los viejos idiomas e incluso los viejos problemas. La pesadilla de la perfección había llevado a nuestros antepasados al borde del suicidio. Ahora, bajo el liderazgo del Señor Jestocost y la Dama Alice More, las antiguas civilizaciones emergían del océano del pasado como grandes masas continentales,
    Yo fui el primer hombre que pegó un sello en una carta, después de catorce mil años. Llevé a Virginia a oír el primer recital de piano. Los dos miramos en la máquina óptica cómo se liberaba el cólera en Tasmania, y cómo los tasmanos bailaban en las calles, pues ya estaban libres de toda protección. Por todas partes cundía el entusiasmo. Por todas partes hombres y mujeres trajinaban con empecinada voluntad para construir un mundo más imperfecto.
    Yo mismo entré en un hospital y salí convertido en francés.”

    Alpha Ralpha Boulevard

  2. ¿Alpha Ralpha Bolevard? ¿Recomendable?

  3. Antonio dice:

    Pues que queréis que os diga a mi eso de aplaudir la llegada del cólera no es que me entusiasme especialmente. Por otro lado…¿no es inconsistente evolutivamente que la amenaza de los morloks no incentive la fortaleza de los eloi para hacerles frente?

  4. gadmin dice:

    Enlazado desde http://unbosqueinterior.blogspot.com/2013/01/edutopia.html

    Hay muchos enemigos pero los peores son los que proceden de nuestro interior.

    Buen artículo

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