Mi Yo narrativo

Publicado: 30 octubre 2013 en Filosofía de la mente
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Todos nosotros somos unos novelistas consumados, que nos vemos a nosotros mismos comprometidos en todo tipo de comportamiento, y siempre intentamos presentar las mejores “caras”, si podemos. Hacemos todo lo posible por conseguir que todo el material sea coherente dentro de un buen argumento. Y ese argumento es nuestra autobiografía. El personaje principal de ficción que está en el centro de esa autobiografía es nuestro yo.

Daniel Dennett,

citado por Minsky en La Máquina de las Emociones

El factor fundamental que define nuestra identidad es la consciencia (Yo, y no otro, soy consciente de todo lo que me ocurre), pero existe otro factor secundario que también nos identifica, a saber, el “todo lo que me ocurre”. Es más, en nuestra vida cotidiana tiene más relevancia este segundo factor debido a que el primero es igual para todos los sujetos (todos somos igualmente conscientes), mientras que lo que nos ocurre es diferente, por lo que nos define más. Cuando nos preguntan quiénes somos no solemos responder “El que es consciente de todo lo que le ocurre”, ya que eso se da por hecho. Respondemos con nuestro nombre (nuestra etiqueta identificativa), nuestra profesión, intereses, rasgos de personalidad, biografía… Contestamos con una narración, utilizamos el lenguaje para contar descripciones e historias sobre nosotros mismos. Y como dice Dennett, en esas historias el protagonista, el héroe, es siempre “Yo”.

Pero, igual que pasaba con la ficción de la unidad del “yo consciente”, nuestro “yo narrativo” también carece de la misma unidad. ¿Por qué? Porque no hay un “yo” sino una indefinida multiplicidad de “yoes” enfrentándose a las diversas circunstancias de nuestras vidas. Pensemos, por ejemplo, en cómo se percibe un individuo ante distintos contextos:

Yo en mi trabajo: me siento inseguro porque no confío en mis cualidades ni en mis conocimientos. Intento aparentar seguridad pero por dentro me come la ansiedad. Sin que se note demasiado, pregunto mis dudas a compañeros más experimentados.

Yo en mis relaciones sociales: soy muy divertido e ingenioso. Me encuentro muy agusto rodeado de gente.

Yo en mis relaciones de pareja: soy tímido e inseguro porque creo que no soy nada atractivo. Estoy calvo y llevo gafas. Me cuesta tomar las riendas y dar el último paso por lo que no he tenido demasiadas relaciones.

Yo con mis padres: soy un hijo obediente que respeta y trata muy bien a sus padres. Sin embargo, tengo cierto rencor a mi madre porque creo que no se encargó de mí lo suficiente en ciertos momentos de mi infancia. 

¿Tienen algo en común estas descripciones? ¿No podrían ser de cuatro personas completamente diferentes? Y es que podemos seguir multiplicando esquizofrénicamente nuestras identidades:

Yo como juerguista: me gusta beber y las mujeres. Me encanta bailar y salir hasta altas horas de la madrugada.

Yo como padre responsable: mi familia es muy importante. Tengo que cuidar de mis hijos y ser fiel a mi esposa.

Estos dos yoes pueden representar conflictos, narraciones contradictorias que pujarán por hacerse con el control de la acción. Incluso podrían ser causa de psicopatologías en el caso en que el que una de nuestras narraciones presente una fuerte diferencia entre lo que narra y lo que realmente ocurre (es lo que se llama disonancias cognitivas):

Yo soy el rey de la fiesta, soy muy divertido, tengo un gran sentido del humor y caigo bien a todo el mundo. Sin embargo, en la realidad nadie me invita a ninguna fiesta y no tengo muchos amigos. 

O incluso existen yoes futuros, “yoes proyecto”: lo que querríamos ser. E, igualmente, puede darse un conflicto entre lo que creemos que somos y lo que creeríamos que debiéramos ser:

Mi padre quería que fuera ingeniero, sin embargo, he sido un mal estudiante y no conseguí la nota suficiente para estudiar una ingeniería. He fracasado.

Esto sería algo parecido al concepto de Superego freudiano: un yo ideal que pretendo ser, forjado por mi educación, mis valores culturales o las enseñanzas de mis padres. Si la distancia entre mi yo real, lo que soy, y ese yo ideal es muy grande, surge el conflicto y con él la posibilidad de patología.

Entonces , tenemos varias ideas fundamentales:

1. Somos narradores natos, contadores de historias. Preferimos tener una historia que de sentido a cualquier hecho de nuestra vida a no tener ninguna y, en este sentido, preferimos una historia falsa a no tener historia.

2. Nuestro yo narrativo es una multiplicidad enorme de narradores que compiten entre ellos para “contar la mejor historia”, es decir, para adueñarse de la situación y controlar la conducta, ya que nuestras narraciones son causa de cómo actuamos. Cuando hacemos cualquier cosa, buscamos en el “archivo” de nuestra memoria la narración que mejor se adapte a la situación y la utilizamos para actuar. Tener un buen número de narraciones será más adaptativo que tener muy pocas por lo que parece que esta multiplicidad puede tener un fin evolutivo evidente: saber reaccionar ante un entorno muy diverso y cambiante.

3. Buscar ser coherente es una empresa prácticamente imposible: ¿cómo serlo ante tal diversidad de yoes? Además, como acabamos de decir, si el entorno es cambiante es más adaptativo tener muchas identidades distintas. ¿Por qué, entonces, pretender tener solo una rígida e inflexible? Y es que no comprendo bien de dónde puede salir esa necesidad de coherencia que parecemos manifestar en nuestras vidas. Hay la necesidad de que un Yo de los muchos, sea siempre el que lleve la voz cantante, de actuar siempre siguiendo un mismo estilo, una misma manera. Una razón que se me ocurre es la de no perdernos en esta pluralidad tan amplia. Ser muchos puede hacer que no sepas quien eres por lo que puede surgir la necesidad de inventarte la ficción de que eres solo uno, la necesidad práctica de simplificar. Quizá sea pura economía intelectual.

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comentarios
  1. Hacia el final de Siddarta (Hesse) habla en una escena apoteósica no de dos ni de dieciséis, sino (si no recuerdo mal) de unos mil “yoes”. Ve todas sus caras discurrir por un río, lo que fueron según sus circunstancias temporales ontológicas. Quizá (digo yo) se trate no de que haya una “voz cantante” con el neuroticismo que eso conlleva, sino de conformarnos con la apacible idea de un coro, y de que ninguno desafine. Bueno, es una opción. Buen tema, muchas gracias.
    PS: aquí hay un buen coro http://www.youtube.com/watch?v=tIhwX7jxBWM

  2. En mi caso, más que un novelista consumado, debo de ser un novelista condividido

  3. Vicente dice:

    Creo que en el libro que menciona de Minsky se dice que ser coherente o tener una identidad definida ayuda a ser predecible, cosa que importa mucho a la gente con quien nos relacionamos. También nos importa a nosotros: nos ayuda a prever como nos comportaremos en el futuro eliminando la incertidumbre en ese sentido.

  4. yack dice:

    De acuerdo con Vicente y con Minsky. Por un lado podría parecer adaptativo cambiar según el entorno como hacen los camaleones, pero dado que es imposible mantener esa ilusión ante escenarios distintos poblados por personajes que han asistido a otras representaciones, hay que mantener coherencia, es decir, predecibilidad. Y la única forma de mantener la coherencia es ser sinceros y honestos, al menos desde el punto de vista de la ética dominante.

    Y eso es bueno para el conjunto de la sociedad y para el individuo ya que homogeneiza a los individuos para que puedan colaborar entre sí.

    Al margen de esto no podemos evitar en nuestra propia percepción un sesgo hacia la imagen que nos gustaría tener, en relación con la que realmente tenemos.

    Saludos.

  5. v miquel dice:

    “Cada uno es, en esencia, el relato cronológico que ha sido capaz de elaborar sobre uno mismo y las circunstancias que le ha tocado vivir. Pretendemos conocer los detalles que nos han hecho llegar hasta aquí. En eso consiste la memoria, y sin esa vinculación con el pasado estamos perdidos.”
    Fragmento de la entrada de mi blog “Conciencia”.

  6. Emilio dice:

    Con respecto al punto dos y tres de las ideas fundamentales del articulo, es muy curioso como a diario luchamos por esa coherencia de las diferentes facetas del yo e intentamos compatibilizarlas de manera que sea posible definirnos a nosotros mismos como la sintesis de todas esas facetas, que a menudo pueden ser muy incompatibles.
    Hablando de este tema con algunos amigos me decian que, a veces, no sabian como actuar cuando estan a la vez con personas muy diferentes que normalmente estan acostumbrados a ver por separado, ya que con ellas adoptan formas de comportamiento totalmente diferentes para “adaptarse” a la personalidad de cada uno. Y me sentia muy identificado con esa sensacion porque la he vivido muchas veces, y creo que es un claro ejemplo tanto de la pluralidad de nuestros yoes como de ese esfuerzo por ser coherente con nosotros mismos y tener una identidad narrativa definida que tenga sentido para nosotros. Supongo que en personas con una personalidad muy fuerte y definida que siempre se comportan de la misma manera con todo el mundo, los tipicos que siempre estan diciendo (es que yo soy asi y al que no le guste que aguante) les costara bastante entender esta sensacion porque probablemente nunca la han sentido, pero si creo que hay mucha gente que tiene esta sensacion a menudo. Y, efectivamente, como comentas en el punto 2, mientras mas facetas del yo podamos soportar a la vez (sin caer en el conflicto de no saber “quien/que soy yo”) mas exito tendremos para la adaptacion al medio ya que nuestra personalidad es mas plastica y es capaz de adaptarse a mas situaciones sin generar conflictos en el sentido de roces con otras personas por diferencias de personalidad.

    En un tono mas filosofico, os dejo un breve extracto de un articulo de el que fue mi profesor de Filosofia en la Universidad y al que admiro mucho. (Jorge Vicente Arregui. – “Identidad personal e identidad narrativa”). Para el que tenga interes lo podeis encontrar en pdf haciendo una busqueda en Google.
    “Lo que importa es que narrar y narrarse la propia vida, entrelazar la propia narracion con el modo en que los demas nos narran, narrarnos conjuntamente con los demas, implica de suyo la autoconciencia que encarna la asimetria wittgensteniana. Para que haya narracion, tiene que haber una cierta distancia. No hay identidad entre yo y mi identidad narrativa, entre yo y quien soy. Quiza, por eso, Wittgenstein comparo en muchas ocasiones la vida a los deberes escolares. Porque, aunque pertenezca a lo que el denominaba “lo mistico”, eso de lo que no se puede hablar, ser quien soy es la tarea que se me ha encargado”.
    Creo que este parrafo explica en muy pocas palabras la cuestion de la pluralidad del yo.

    P.D. Mis disculpas por la ausencia de tildes (teclado britanico…).

  7. Ahora que predomina la veracidad y la voracidad de las imágenes, quizás la escritura se convierta es una de las vías más fiables para dotar de significantes y significados nuestros “yoes”. Yo voy descubriendo que frente a la percepción fragmentaria del mundo actual, la unidad de la multiplicidad es posible gracias al acto reflexivo que supone la transformación de las ideas en palabras.

  8. Alonso dice:

    No tengo NINGÚN estudio formal acerca de lo comentado, mas bien soy un “común y corriente”, me parece buena invitación a reflexionar sobre el tema.
    Mis apreciaciones:
    * No ví las implicaciones de aceptar como verdaderas las ideas expuestas.
    * No ví críticas o dudas o contra-argumentos.

    Gracias al maestro Fernando Savater y a Enrique Ganem “El explicador”, he oido de David Hume y comparto su perspectiva de que el “yo”/la consciencia es el resultado de un proceso mental, más que un ente concreto (en el sentido de: mi “yó” pesa 100 gramos, o “miren, ahi vá el yó de fulanito”, etc.)
    Así, un delfín, por ejemplo no puede tener un “yó” astronauta o carpintero o maestro de matemáticas. Entonces, nuestra fisiología determina en buena medida los “yós” que podemos ser. En este sentido creo que éste artículo mas bién puede estar abordando los roles o papeles que una persona puede jugar en las distintas facetas de su vida o convivencia o quehaceres.

  9. Un artículo muy interesante que nos da pistas sobre la función de nuestro yo narrativo es éste que, además, coincide con lo que han dicho Vicente y Yack, siguiendo a Minsky:

    http://evolucionyneurociencias.blogspot.com.es/2013/11/el-yo-es-un-caballo-de-troya-del-grupo.html

    Christine:

    Interesante idea: si pensamos en un individuo que solo ha percibido imágenes y no ha desarrollado lenguaje alguno… ¿tendrá algún tipo de identidad? Supongo que sí, ya que las imágenes, a no ser que sean totalmente inconexas, también tienen su narratividad (una película o un anuncio). En una época de dominio de la imagen, supongo, el yo narrativo se complementa con un yo visual.

  10. Al leer la cita de Daniel Dennett con la que comienza esta entrada, no pude evitar que me viniera a la memoria un fragmento de la novela Ciudad Abierta de Teju Cole:
    “Tal vez sea esto lo que entendemos por cordura: cualesquiera que sean las excentricidades que admite tener un individuo, él no es el malo de su propia película. De hecho, ocurre todo lo contrario: sólo hacemos de héroes, y en el remolino de las historias ajenas, en la medida que esas historias nos conciernen, nunca estamos por debajo del heroísmo […] Somos tan capaces de hacer el bien como el mal, y la mayoría de las veces elegimos el bien. Cuando no es así no nos inquieta…”
    La lectura de esa novela, me hizo precisamente plantearme el por qué podemos tener una diversidad de “yoes” donde uno de ellos (el más aclamado socialmente) siempre se empeña en narrar y dar unidad a nuestro hilo argumentativo ¿Y si la abstracción del lenguaje y su manipulación ha desvirtuado el significado esencial del ser? Teniendo en cuenta el último artículo que mencionas, una posibilidad para acercarnos a un estado primigenio del yo antes de que el Caballo de Troya nos arrase sería volver a la metáfora como imagen lingüística. Resumiendo, somos uno pero podemos ser infinidad de “yoes” siempre y cuando se establezca una correlación por analogía.

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