El último dogma

Publicado: 2 abril 2014 en Filosofía de la mente
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“Creo que la capital de China es Berlín”

Estoy equivocado y puedo no ser consciente de que estoy equivocado. Puedo creer con suma certeza que Berlín es la capital de China y no suponer la ridícula gravedad de mi error. Sin embargo, parece impensable que yo esté equivocado en la siguiente aseveración:

“Sé que creo que la capital de China es Berlín”

Téngase muy en cuenta que la frase no empieza por un “creo que” sino por un “sé que” aumentando el grado de certeza de la afirmación. No lo creo, estoy seguro que creo esto. Todo el mundo podría decirme que la capital de China no es Berlín, pero nadie podrá sostener que yo no creo que sea Berlín. La certeza de que creo en lo que creo, de que pienso lo que pienso o siento lo que siento parece absoluta. Eso mismo afirmó Descartes con su famoso “Cogito ergo sum”. Todas mis creencias pueden ser falsas, pero nadie puede dudar de que las tengo.  ¿Seguro? Despegamos.

Descartes afirmaba que podíamos poner en duda todo lo que observamos por los sentidos. Podría darse que estemos soñando o teniendo una alucinación y que lo que creo ver en un lugar no esté realmente en tal lugar. Sin embargo, de modo, acrítico no ponía en duda lo que observamos “en nuestra mente”. La creencia de que Berlín es la capital de China es “captada” por nosotros al igual que un árbol delante de nuestros ojos. Sin embargo, para Descartes se podía dudar de la existencia del árbol pero no de la existencia de una creencia. Al igual que un genio maligno podría poner ese árbol donde realmente no está para torturarnos, ¿por qué no podría hacer lo mismo con nuestros pensamientos? ¿No podría colocar en mi mente creencias que realmente no tengo? Descartes parece tratar, injustificadamente, de desigual forma percibir mediante los sentidos que percibir “en la mente”.

Del mismo modo que podemos decir que soñamos que estamos volando por encima de la ciudad, siendo eso falso, podríamos decir que soñamos que creemos que creemos que Berlín es la capital de China. Es exactamente lo mismo y Descartes parece no darse cuenta.

Christopher Nolan, narra en su película Inception (2010) que sería posible entrar en los sueños de una persona y depositar en ellos una idea que el sujeto, en principio, no tiene. Así, los protagonistas entran en su mundo onírico y pasan mil y una peripecias hasta “convencer” a un rico heredero de que debe renunciar a seguir con la empresa de su padre. La víctima de tal “asalto mental” cree, al principio de la película, que debe seguir con el proyecto paterno. Sin embargo, al final, cuando los protagonistas cumplen su misión, cree que debe abandonar ese proyecto y comenzar uno propio. El genio maligno de Descartes habría realizado su obra maestra: hacer que alguien crea algo que realmente no cree.

Hay que aceptar de una vez por todas la incertidumbre: un mundo sin certezas, sin ningún punto seguro desde el que asomarse. Fue un gran error del pensamiento moderno obsesionarse con la certeza, obsesionarse con la búsqueda de un conocimiento incuestionable cuando, precisamente, lo más interesante surge de las diversas perspectivas, de los problemas intelectuales que surgen ante cualquier cuestión. La ciencia sería muy aburrida si solo constara de un conjunto de certezas. Dios ha sido muy cruel con los inseguros, pero muy generoso con los curiosos.

comentarios
  1. Solrac dice:

    Pienso que habrá querido decir que el percibir y procesar solo nos da una existencia biológica sin falsación; pero para existir en el mundo humano, de las ideas y del falsacionismo, necesitamos filosofar: filosofeo; entonces estoy en el universo sapiens.

  2. Jose dice:

    Y entonces, a pesar de Einstein, Dios sí juega a los dados?😀
    Cuidado con darle alimento a los relativistas extremos…

  3. Masgüel dice:

    “podemos decir que soñamos que estamos volando por encima de la ciudad, siendo eso falso”

    No es falso que sueñes que estás volando sobre una ciudad. Falsa, en todo caso, será la ciudad.

    “podríamos decir que soñamos que creemos que creemos que Berlín es la capital de China”

    Soñar que crees que crees equivale a pensar que crees que crees. Si crees que crees, crees. No importa lo impermanente que resulte la creencia. Soñar es un estado consciente. Lo que falla en el sueño es la memoria.

    P.D. ¿Crees que no tienes comentarios pendientes de autorización en la entrada anterior?.

  4. Masgüel dice:

    Ya lo he colgado alguna vez, pero en esta entrada encaja muy bien:

  5. José:

    No alimentemos a los relativistas, pero tampoco a los positivistas dogmáticos.

  6. Masgüel:

    Creer que se cree lo que se cree tiene un cierto carácter tautológico. Por lo que, evidentemente, si sueño que creo que la capital de China es Pekín, aunque solo sea durante el sueño, yo lo creo realmente. Sin embargo, a lo que me refería es a romper el orden causal propio que determina una creencia. Por ejemplo, yo leo en un libro que la capital de China es Beijing. Entonces me hacen una operación cerebral en la que el correlato neural que causa mi creencia es cambiado por el que causa la creencia “la capital de China es Berlín”. Efectivamente, después de la operación yo creo que creo que la capital de China es Berlín, y estoy en lo cierto. Sin embargo, también puede pensarse que yo no creo realmente eso, que “me han lavado el cerebro” y que han puesto en él creencias “que no son mías”. A eso pretendía referirme con el ejemplo de Inception.

  7. Masgüel dice:

    “también puede pensarse que yo no creo realmente eso, que “me han lavado el cerebro” y que han puesto en él creencias “que no son mías””

    Es que sí crees realmente eso. Si te han lavado el cerebro, han cambiado tus creencias. Por cierto, que para eso no hace falta cirujía. La publicidad está diseñada para modificar tus preferencias. Los psicólogos han desarrollado incluso estrategias verbales muy eficaces para inducir falsos recuerdos.

    P.D. “Inception” es tan inconsistente como “Matrix”. Dos pelis mucho más interesantes sobre ese tema, y no meras excusas para espectáculos de acción como las anteriores, son “Waking life” de Linklater y “The good night” de Paltrow.

  8. Masgüel:

    Todo lo que sea introducir creencias intencionadamente en un individuo, sea como sea, es hacer que él crea cosas que no creería si esa introducción no hubiera tenido lugar, por lo que sí, lo que hace un publicista, un político o un amigo que quiere convencerte de algo con lo que no estás de acuerdo es, precisamente, eso.

    PD: a mí me gustó “Olvídate de mí” de Michel Gondry. Y gracias por las recomendaciones. Voy a descargarlas ahora mismito. Si se te ocurren más pelis, por favor, recomienda, recomienda.

  9. Masgüel dice:

    Pues ya que me animas, este capítulo de la serie “Ed” va sobre el tema y es muy divertido:

  10. soyono dice:

    No he visto las que menciona Masgüel (que también me pongo a buscar), pero por ejemplo The Game (de David Fincher, el de Seven) es un buen producto de entretenimiento (o sea, nada intelectual, pero muy entretenida) que trata algo el tema también.

    Si de “hacer creer” se trata, ahí tenemos “The Sting”, como gran clásico, ¿no?
    Cabría mencionar también “Abre los ojos”, aunque a mí ésa no me gusta.

    Yo creo que Matrix I está muy bien. La II empieza a flojear (como no podía ser menos) y la III ni la ví.

    Y no es por nada, pero el clásico de Hitchcock “La ventana indiscreta”, aunque personalmente sea de lo que menos me gusta de Hitchcock, también podría verse que trata el tema de lo que “Sé que creo que sé…”.

    Saludos

  11. sirnewton3813 dice:

    Yo hace bastante tiempo que ley a Descartes, pero supongo que Descartes concluyó que lo único que se puede inferirse de tener cualquier “creencia” es que la creencia que tiene el sujeto certifica la existencia de éste.
    Quizás Descarte se dio cuenta de que no se podía aseverar de una forma taxativa que podría haber creencias que se correspondieran certeramente con lo que indicaba esa creencia, y lo único que se podía aseverar taxativamente era que “uno era” o “uno existía” en tanto y en cuanto ´”él” era intrínsecamente copartícipe de esa creencia.
    Me refiero a que uno puede creer que hoy es “jueves” y no corresponderse con la realidad, venir luego un amigo y decirle que es “viernes”, esa creencia anterior queda cambiada por su amigo(ya que éste se lo muestra en un calendario), entonces el sujeto cambia su creencia a otra creencia que si se corresponde con la realidad, pero luego le viene otra persona que le dice que realmente es “jueves” y que ese calendario ha sido amañado, así pues lo único seguro que puede tener el que es receptáculo de cualquier creencia, no es que se corresponda o no con la realidad, sino que es “el” el que la tiene.
    “cogito ergo sum” sería una forma de auto-desmostrarse que la única creencia que se corresponde de una forma taxativamente con la verdad, es que “uno es”.

  12. peelce dice:

    Yo no renunciaría tan rápido a la ausencia de toda certeza. De lo que puedo estar seguro como ser consciente que soy, es de los procesos mentales que mi cerebro genera. Yo percibo, yo sueño, yo interpreto, yo asumo porque soy consciente de mí mismo como ser individual.

    ¿Por qué me debería importar, desde esta óptica, que el “genio maligno” haya puesto una idea en mi cabeza? Puede que inicialmente no creyera lo que ahora sí creo, pero el hecho final es la presencia de una idea en mi cabeza, y puesto que soy un ser consciente, tengo la certeza de que ahora sé que creo algo, independientemente de su origen.

    Y lo mismo pasaría con cualquier percepción adquirida a través de los sentidos. Puede que el árbol no exista, pero mi mente interprete que sí. Por lo tanto, de nuevo, tendré la absoluta certeza de que sé que creo que el árbol existe porque mi proceso mental así me lo ha indicado.

    Lo que desde mi punto de vista creo que es inevitable es la imposibilidad de generalizar la realidad. Pero humildemente pienso que, al menos, sé con certeza cómo es mi realidad, independientemente de si ésta es cierta o no, o quién la puso allí.

  13. peelce dice:

    Y es que desde el momento en que nacemos estamos sometidos a un constante origen. El idioma, las creencias, nuestra forma de interpretar la realidad, todo, está influido por esa impresora de cerebros que llamamos sociedad. Ese genio maligno (y también benigno) que coloca las ideas en nuestra cabeza.

    De hecho, no seríamos nada sin origen. Es imposible crear en ausencia de experiencia, y por minúscula que esta sea ya constituye una forma de origen.

    Por ello, me gustaría pensar (y por lo tanto, tener la certeza, saber) que creo que, al menos, sé qué conjuran mis procesos mentales (independientemente de su experiencia previa) para crear mi propia realidad.

  14. Sirnewton:

    El problema es: ¿estás seguro de que hay un yo, un receptáculo, “algo” que tiene una creencia aunque ésta sea falsa? De hecho, en este blog hemos criticado mucho la idea de “yo”.

  15. Peelce:

    Te digo lo mismo que a Sirnewton. El problema no es si un genio maligno ha puesto creencias falsas en mi mente, sino que mi propia mente sea también una creencia falsa. Descartes se equivocaba al pensar que solo podía dudarse de que mis creencias eran falsas pero no de que yo tengo creencias. Si dudas de lo primero, también puedes dudar de lo segundo: ¿Tienes un yo? ¿Qué es ese yo? ¿Dónde está? ¿Qué hace? Muchos filósofos, creo que el primero de ellos fue Hume, dudaron de la existencia de tal yo.

  16. sirnewton3813 dice:

    Santiago :

    No, no creo que el “yo” es un receptáculo o algo parecido.
    Lo correcto sería decir que el “yo” , también es una “creencia” como todas las otras, la diferencia está en que esta creencia a monopolizado todas las demás creencias, es decir todo lo que “creo” le ocurre a mi creencia “yo”.

    Entonces, Claro, si mi “yo” es falso o si mi “yo” no se corresponde con ningún sujeto, entonces las demás creencias quedan suspendidas, porque claro ¿quién es quien tiene la creencia?.

    La cuestión es, ¿es posible una creencia que pueda ser vivida sin un sujeto?, si la respuesta es “no” , entonces cualquier creencia infiere directamente al sujeto que la tiene, que “él” es un sujeto, pues no hay forma de que haya creencia sin sujeto.

  17. Santiago:

    Tenemos todas las respuestas, que es el mundo. Lo que nos faltan son las preguntas y emparejarlas con sus respuestas.

    Así que me parece necesario preguntarse por todo y por eso creo que Descartes inicia en la época moderna una reconsideración radical de la filosofía, de todo conocimiento, poniendo en duda todo. Sin embargo hay que darle a los precedentes el crédito que merecen. Si leemos en Agustín de Hipona. La ciudad de Dios XI. 26

    http://www.augustinus.it/latino/cdd/cdd_11.htm

    encontramos esto:

    “Nulla in his veris Academicorum argumenta formido dicentium: Quid si falleris? Si enim fallor, sum. Nam qui non est, utique nec falli potest; ac per hoc sum, si fallor.”

    “En esto no hay temor ninguno a los argumentos de los Académicos que dicen: ¿Y qué si te engañas? Si de hecho me engaño, existo. Pues quien no existe, en todo caso no puede engañarse; y por eso existo, si me engaño.”

    En ambos casos se trataba de hacer posible alguna certeza y creo que esto es necesario. Podemos poner en duda todo menos que lo estamos poniendo en duda.

    Tu argumento en contra consiste, si no lo entiendo mal, en que sería posible creer que creemos porque algo o alguien ha colocado una falsa creencia en mi conciencia y que eso no sería creer.

    Me parece que eso sólo es posible en la medida en que las creencias, los pensamientos, se vean como DISTINTOS de la misma conciencia. Pero lo cierto es que sólo tenemos conciencia de las creencias, los pensamientos, las percepciones, NO de la conciencia. Cuando dormimos sin soñar o cuando estamos sedados (yo lo he estado con ocasión de una operación) no hay conciencia de nada. Es un vacío total de pensamiento consciente que prácticamente salta de lo último que hablas con el anestesista a lo siguiente que ves al despertar.

    Si introducimos un pensamiento, una creencia en una conciencia debe equivaler, si nuestro modelo naturalista es válido, a introducir un conjunto de datos como percepción, como un implante artificial de la manera que una futura tecnología pueda conseguirlo, pero en cualquier caso consiste en “poner” algo en el camino entre el proceso físico de los datos desde los sentidos a lo que se consciente en el cerebro. Mientras no esté allí serán datos externos de los que cabe dudar. Cuando estén EN la conciencia, sea eso lo que sea, ya son parte de ella. Y si creemos, creemos. No hay engaño posible en ello.

    Si ponemos todo en duda nos encontramos en la nada. Ningún dato sirve para probar nada, ni siquiera recordar que hemos tenido un dato favorable porque eso también puede ser un engaño. El mínimo consiste en tener la certeza de que pensar es pensar, aunque todas las posibles referencias externas puedan ser puestas en duda.

    Saludos.

  18. Sursum:

    No estoy de acuerdo en que necesitemos alguna certeza. A mí no me causa ningún problema para vivir en mi día a día (ni tampoco a nivel teórico). La certeza no añade nada nuevo a la creencia más que seguridad. Es decir, pensar que tengo certeza absoluta en que “Pienso, luego existo” no le añade nada al hecho de que “Pienso, luego existo”. Tener certeza absoluta no es tan importante. Y no tenerla no nos lleva al nihilismo. No es una cuestión de todo o nada. En que el árbol está en frente de mí tengo en un espacio tridimensional tengo cierto nivel de certeza. Que no sea absoluta no me preocupa.

    Hume, que concluyó en un fuerte escepticismo a nivel de certeza absoluta (para el sólo había impresiones sin más), no termino nihilista, es más, tenía una buena opinión sobre la ciencia como un saber útil y pragmático. No pasa nada.

  19. Santiago:

    Tu respuesta no va contra mi comentario porque no se trata de que todo conocimiento tenga que ser cierto. Pero en el caso del árbol necesitas que lo sea el dato mínimo que puedes usar en tu conocimiento, por ejemplo, que lo que ves como el verde de las hojas del árbol sea el verde que ves, que lo que recuerdes de poco antes sobre haber visto el árbol desde otra perspectiva sea un recuerdo y no una alucinación. Cuanto más básicos son los datos que manejas y menos inferencia haya en ellos, más necesario es que sean ciertos.

    De todos modos, la certeza elevada es necesaria en la vida diaria: hay equipos que procuran una certeza muy elevada de salubridad de la carne que llega al supermercado o del agua que sale por tus grifos. Como consecuencia, el número de infecciones es bajo, afortunadamente. Por no hablar de la seguridad en los aviones, en las centrales nucleares o con respecto al armamento militar.

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