La perra “telepática” de Lorenz

Publicado: 13 mayo 2014 en Evolución, Filosofía del lenguaje
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ARTE CANINO

En su famoso ensayo El anillo del rey Salomón, Konrad Lorenz distingue entre tres niveles de lenguaje.  Por un lado está el lenguaje simbólico, propio de los humanos, que se distingue por su versatilidad, riqueza y complejidad.

Animales como la mayoría de las aves tienen un lenguaje que, únicamente, se limita a las interjecciones. Emiten sonidos que expresan determinados estados de ánimo sin ningún tipo de intencionalidad consciente de influir en la conducta de otros. Cuando perciben la llegada de un enemigo, emiten un determinado sonido que, al ser oído por otros miembros de su misma especie, les incita a a la huida. El fin evolutivo es evidente, pero el pájaro no lo hace con esa intención, pues sabemos que emite ese mismo sonido incluso si está solo, sin ningún congénere cerca que pueda escucharlo. El ave tiene la emisión de esos sonidos marcada de modo innato en su ADN. No puede no emitirlos. Nosotros mantenemos aún algunas conductas similares aunque ya muy reducidas. Por ejemplo, cuando sentimos dolor y gritamos lo hacemos mecánicamente, aunque nadie pudiese escucharnos.

Después están animales sociales como los perros. No tienen un lenguaje simbólico como el nuestro pero son capaces de comunicarse intencionadamente. ¿Cómo conseguirías comunicarte si no pudieras hablar ni entender lo que los demás te dicen? Siendo un especialista en gestos, en detectar toda información no lingüística que seas capaz de captar en tu interlocutor. Lorenz nos cuenta multitud de ejemplos en los que perros muestran habilidades casi “telepáticas” a la hora de interpretar los estados de ánimo de su dueño. Seguramente, los perros son muy sensibles al más mínimo gesto que delate nuestro estado emocional. Según Lorenz, esta habilidad de los canes es  muy superior a la de los humanos. Los perros son más intuitivos y más empáticos que nosotros.

Así, mi perra pastor “Tito”, tatarabuela del perro que hoy tengo, conocía exactamente, y por medios que podemos calificar de “telepáticos”, si la presencia de una persona me atacaba los nervios. Cuando ocurría ésto, nada podía evitar que le mordiera por detrás, con suavidad, pero con decisión. Era especialmente peligrosa para las personas ancianas y de autoridad, que en sus discusiones conmigo adoptaban la clásica actitud de “por lo demás, tú eres muy joven”: si un extraño se expresaba de este modo, pronto dirigía la mano, asustado, hacia el lugar donde había percibido puntualmente el castigo de “Tito”. No me pude explicar nunca cómo se producía esta reacción, manifiesta incluso cuando la perra estaba bajo la mesa y, por tanto, no podía ver las caras ni los gestos de los interlocutores. ¿Cómo sabía, pues, quién era el que me hacía la contra?

Lo interesante del planteamiento de Lorenz es que en los seres humanos, cuando llegó el lenguaje simbólico, al ser mucho más eficaz en términos de polivalencia y riqueza comunicativa, nuestra facultad de detección de  intenciones y emociones ajenas fue utilizándose menos, perdió su función evolutiva y, a la postre, se atrofió. Y esto es una muestra más del funcionamiento de la evolución natural. A todos nos parecería maravilloso tener la capacidad empática del perro. Sería una cualidad muy útil para desenvolvernos socialmente (de hecho, las personas que, a nivel humano, la tienen alta, son sujetos con grandes habilidades sociales). ¿Por qué no unir nuestra capacidad lingüística con esa intuición empática que ya tuvimos en nuestra época de mamíferos primitivos? Porque la evolución no funciona así, no produce seres más perfectos, sino seres más eficientes en términos adaptativos. Quizá mantener ambas facultades a la par era muy costoso, viendo que simplemente con el lenguaje simbólico nos iba bastante bien. Como ya mostramos aquí, la evolución ha dejado en el camino estupendas adaptaciones, sencillamente, porque no eran útiles en un determinado contexto.

Otra idea interesante que puede sacarse de aquí, es investigar la correlación que pueda existir entre competencia lingüística y capacidad empática (ignoro si se ha hecho ya). Podría darse el caso en que individuos con mucha habilidad para detectar estados de ánimo ajenos tuvieran una menor habilidad para el lenguaje y viceversa. Es posible que la plasticidad cerebral supliera unas facultades con otras siguiendo este patrón.

Y una última idea, quizá la más importante, consiste en que, viendo el uso que los animales han dado a sus diversas formas de lenguaje, la función esencial para la que fue diseñado sea, sencillamente, influir en la conducta de los otros. Otras funciones (descriptiva, argumentativa, poética, fática, etc.) podrían, solo ser, epifenómenos o efectos colaterales de la primera. También podrían ser distintos modos de, en el fondo, conseguir influir en la conducta del otro.

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comentarios
  1. pharmakoi dice:

    Yo no creo que haya un relación inversa entre capacidad de uso del lenguaje simbólico y empatía. Más bien pienso que el lenguaje simbólico y la empatía están relacionados y que una mayor capacidad par el lenguaje simbólico puede jugar a favor de un aumento en la empatía, ya que el desarrollo del lenguaje puede estar bastante relacionado con la empatía. Al mismo tiempo, pienso que una mayor capacidad para el lenguaje simbólico, puede resultar en una menor empatía, ya que la principal característica del lenguaje simbólico es su capacidad de resignificar eventos, con lo que puede ocurrir que reacciones “naturales” de dolor (y por tanto, ante las que deberíamos mostrar cierta empatía) no evoquen en nosotros ninguna compasión, sino incluso todo lo contrario, dependiendo de las redes semánticas y los engramas neuronales que se vean activados y la forma en que se articulan las experiencias y los significados en nuestra memoria.

    Aquí hay un artículo muy interesante sobre el tema de las neuronas espejo.

  2. pharmakoi dice:

    Otra idea interesante que puede sacarse de aquí, es investigar la correlación que pueda existir entre competencia lingüística y capacidad empática (ignoro si se ha hecho ya). Podría darse el caso en que individuos con mucha habilidad para detectar estados de ánimo ajenos tuvieran una menor habilidad para el lenguaje y vicevers

    Esto ya lo he contestado más o menos, pero por concretar, el ejemplo del autismo más bien va en contradicción con tu hipótesis. No se tanto como para explicártelo en detalle así, ahora, pero en el autismo se cree que podría haber ciertas disfunciones en áreas temporales, relacionadas con la integración de la información sensorimootra y el uso del lenguaje (y en las que me suena que hay una importante presencia de neuronas espejo). Hay quien plantea que estas disfunciones se podrian deber en parte a un uso del lenguaje demasiado limitado y con pocos matices, pero esto es una hipótesis de Trevor Harley en su libro psicología del lenguaje y tampoco es que la profundice mucho (aunque a mi me resulta bastante interesante y evocadora).

  3. pharmakoi dice:

    Aquí hay otro artículo sobre neuronas espejo y autismo, ya dejo de poner enlaces porque aún ni me los he léido. Había visto el otro artículo sobre mirror neurons hace poco y me gustó la forma en que lo explicaban, relacionándolas con la integración sensoriomotora y el aprendizaje asociaivo, sin asumir previamente (teóricamente) que han de cumplir alguna función evolutiva, cuándo esta función (la empatía) podría ser producto de una exaptación.

    Ni si, ni no. Yo lo veo un poco como la ciencia, depende de el uso que le demos. Si usamos el lenguaje para lo que en psicología de los grupos llaman, “construir una imagen del enemigo”, lo que hacemos es eludir la función empática, al ser incapaces de identificarnos con el “enemigo” (quizá incluso llegamos a pensar que es algo positivo que el “enemigo” sufra, con lo cual evitamos empatizar con su sufrimiento).

  4. pharmakoi dice:

    El ejemplo de la perra de Lorenz yo creo que se puede explicar por su capacidad para detectar olores desprendidos por hormonas, que correlacionan con ciertos estados de ánimo y estilos de afrontamiento.

    Lo que yo pienso es que mostrar una menor competencia lingüística puede estar relacionado con (puede facilitar el) tener menos prejuicios e ideas preconcebidas, pero la relación con la empatía, cómo he explicado, no creo que sea exactamente como tú lo planteas.

  5. Ananías de Cantinplela dice:

    Hoy se sabe con certeza que entre los mecanismos de información sobre nuestros estados de ánimo se encuentra la secrección de sustancias olorosas indetectables para nuestro propio olfato. Si a la perra de este señor – que inmerecidamente recibió el premio Nobel de medicina – se le hubiera atrofiado el sentido del olfato el señor este hubiera comprobado que su perra no mordía a nadie. Con bastante seguridad cabe afirmar que las sustancias olorosas que provocaban esta conducta perruna eran segregadas por él mismo y su perra era una maleducada. Y es que los perros reflejan con fidelidad la condición de sus amos, porque como dice el refrán el que con perros se trata aprende a alzar la pata y el que con lobos anda a aullar se enseña.

  6. Ya conocerás todo eso pero casualmente (?) lo ví ayer. https://www.youtube.com/watch?v=00VrekmQVEA&sns=tw Un saludo cordial!

  7. Pharmakoi:

    Sí, bueno, es tan solo una hipótesis para ver qué relación puede existir entre empatía y lenguaje. Seguramente que la relación pueda ser inversa a como la he presentado: que un mejor uso del lenguaje vaya aparejado con una mejor empatía.

  8. Ananías:

    ¿Tampoco te cae bien Lorenz?

  9. Ananías de Cantinplela dice:

    Me cae igual que cualquier criador de perros pit bull terrier. Yo cambiaría el título y diría lo de la perra “maleducada” de Lorenz. Me ha llegado al alma que una pobre perra tenga que morder a las visitas para ensalzar los devaneos mentales de su dueño que, “atacado” por los nervios, proyectaba olores adiestrando a su perra sin saberlo. En un “zoólogo” me parece una conducta execrable.

  10. Yack dice:

    Para empezar, la historia del perro es solo una historia sin ninguna credibilidad, que no concuerda con la experiencia perruna que todos tenemos, y prueba de ello es que se cuenta como algo sorprendente.

    En segundo lugar la entonación de la voz proporciona información intencional y de actitud que todos podemos entender sin esfuerzo y los perros también pueden hacerlo, dado que su supervivencia depende desde hace mucho tiempo del humor de sus dueños humanos.

    El lenguaje de los sentimientos (te odio/te amo) es mucho más simple que el simbólico y resulta fácil de decodificar para el cerebro de un perro, que ha evolucionado para entenderlo.

    Otra cosa es que el ser humano ha desarrollado sofisticados mecanismos de simulación para engañar a sus interlocutores, utilizando múltiples técnicas de confusión y engaño y de ahí que el desarrollo de la destreza de identificar los sentimientos de los demás entra en competencia con la destreza de engañar a los demás sobre nuestros sentimientos. Quizás es más fiable el contenido simbólico, la información entrelazada que debe ser coherente consigo misma, con lo que sabemos (y nuestro interlocutor no sabe que sabemos) y con lo que le preguntamos, para validar nuestras hipótesis de falsación. Además no basta con captar agresividad en nuestro interlocutor (estamos discutiendo de política o amenazándonos de muerte) sino sacar conclusiones de las repercusiones a largo plazo de sus palabras y eso no lo hace un perro.

    Entonces, lo que queda es gente más diestra y gente menos diestra en engañar y no ser engañada, como en cualquier otra capacidad humana. Y los perros juegan en otra liga a años luz de lo que nosotros podemos hacer en este campo, con independencia de lo que diga o piense Lorenz..

    Lo que nos maravilla es que un perro sin entender el contenido simbólico sea capaz de sacar conclusiones relevantes sobre la intencionalidad o actitud, que a nosotros nos cuesta tanto descubrir por razón de que manejamos mucha más información que un perro.

    Saludos.

  11. pharmakoi dice:

    Esa es una interpretación, lo que llaman la mentira como matriz de la psicologización. A mi, personalmente, no me convence mucho, aunque anlizándolo un poco más, se ve cómo la competencia lingüística podría ir de la mano con la empatía y al mismo tiempo con la capacidad para mentir (ya que si somos más empáticos seremos más capaces de imaginarnos que es lo que siente el otro). Si bien creo que no es algo tan simple, precisamente el tema del post me trajo a la mente la idea d que em ocasiones a los perros les cuesta menos senti cuando una persona no es fiable, y puede ser por la información que son capaces de procesar mediante sus sentidos, pero también porque al prestar menos atención al lenguaje son más conscientes de otro tipo de señales quizá más vrídicas sobre las intenciones del interlocutor.

    Sobre el lenguaje simbólico, yo no estoy del todo seguro que los perros no tengan capacidad para el lenguaje simbólico, en mi opinión cualquier acto de comunicación conlleva usar el elnguaje simbólico, porque es invetible que unas experiencias y sensaciones se relacionen con otras de un modo arbitrario o idiosincrásico en nuestra memoria. Cada vez que el perro ladra, está adquiriendo y modificando el significado de su ladrido. De hecho los chimpancés son capaces de habar mediante el lenguaje de signos, auqne los psicólogos se empeñan en encontrar algo que nos diferencie irremediablemente y si les apuras suelen aludir al uso de estructuras recursivas o a la capcidad para empatizar con el interlocutor y comprender sus intenciones (aunque me parece que estas conclusiones también son cuestionables, de hecho yo diría que los humanos no tenemos más capacidad para mentir, sino más autoconciencia y más capacidad para ser conscientes de nuestras intenciones y de nuestras mentiras).

  12. pharmakoi dice:

  13. pharmakoi dice:

    Mmm..he estado leyendo un poco más el primer artículo, lo de que las MN(mirror neurons) es una exaptación es una hipótesis que plantean, pero no es la que ellos defienden. De todas formas, lo que más me llamó la atención es la explicación de sus características a partir del aprendizaje asociativo, porque muchas veces había pensado que esa era la forma de funcionar de las MN. Precisamente lo que dicen en el artículo, es que la explicación genética, que era la que se mantenía hasta el momento, predecía que las MN eran muy poco sensibles a la experiencia.

    Esto es algo que se encargan de refutar, entre otras cosas, y muestran que se trata de un mecanismo de propósito general que se puede encontrar en muchas otras especies, pero sobre todo, en mi opinión, muestran que “empatía” no hay solo una (no hay tal cosa como psicópatas sin empatía y personas buenas y trabajadoras, hay personas que empatizan más o menos entre ellas debido a la similitud de sus experiencias y de su forma de asimilarlas).

  14. pharmakoi dice:

    De todas fromas a mi siempre me ha parecido que lo fácil es mentir, y no al contrario, como sugieren (y afirman abiertamente) gran parte d las explicaciones que se dan en psicología. Cuando mientes, te tienes que poner en el luga del otro, para imaginar la forma en va a interpretar lo que le dices, y de ese modo influir en su conducta. Para suscitar su atención y que consiga captar tu intención o el aspecto ostensivo-inferencial de la comunicación, solo tienes que cumplir con esa restricción, que le parezca felevante. Pero en ningún momento te has de preocupar de que las consecuencias de esa interacción coincidan con las intenciones de tú interlocutor. Más bien al contrario, lo que implica la mentira es que solo te interesa conocer las intenciones y deseos del otro, en la medida en que te sirve para alcanzar tus fines, con independencia de si el rsultado de dicha interacción va a satisfacer sus expectativas (incluso cuando se da bajo pretextos de ayuda o paternalismo). En este sentido la mentira, el acto de mentir, es la muestra más depurada del uso de la razón instrumental, una especie de agotamiento o des-apropiación de la identidad. Una conducta alienada.

    Por tanto, la conciencia de estar mintiendo, está ineludiblemente unida al acto de mentir. Su existencia se sustenta en una mentira aún mayor, que permanece oculta para el que miente, la alienación de su identidad y de su personalidad, en la forma de una falsa conciencia que le hace creer que hay una verdad objetiva e independiente del acto comunicativo (y que debe tratar de alcanzar por todos los medios, aunque esto implque negar su propia humanidad y la de los demás; negando así la posibilidad del diálogo y la comunicación, en favor de relaciones autoritarias y normativizadas).

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