La falacia nominal

Publicado: 15 agosto 2015 en Teoría del conocimiento
Etiquetas:,

Dice así: pensar que con, simplemente nombrar algo, ya tenemos cierta información sobre ese algo, o llegar a creer que a partir del nombre de algo podemos obtener más información sobre ese algo.

El neurocientífico de la Universidad de Columbia, Stuart Firestein, nos ilustra muy bien esta falacia:

También en el ámbito de la medicina los facultativos emplean a menudo un conjunto de términos técnicos que inducen a los pacientes a creer que el conocimiento que poseen los galenos de la patología que les aqueja es superior al que realmente tienen. En el caso de los enfermos de Párkinson, lo que observamos es que se altera la deambulación y que los movimientos se realizan, en general, de forma más lenta. Los médicos llaman bradiquinesia a esta circunstancia, pero esa denominación no añade ninguna información al hecho en sí, de modo que sería lo mismo si dijeran más sencillamente, que los pacientes de Párkinson “se mueven con mayor lentitud” ¿Por qué se mueven de forma más lenta? ¿Cuál es la patología y cuál el mecanismo que explican esta ralentización de los movimientos? Estas son dudas de fondo que quedan ocultas por la simple afirmación de que “uno de los síntomas esenciales del Párkinson es la bradiquinesia”, por satisfactorio que pueda resultar esgrimir esa palabra ante los familiares del enfermo.

Este error es bastante común en cualquier ámbito académico. Denominar a algo con una palabra rimbombante, “técnica”, da la impresión de conocimiento, cuando, realmente, las palabras solo son etiquetas útiles para saber a qué nos referimos cuando hablamos. Su función es únicamente comunicativa. Saber que yo me llamo Santiago no dice nada acerca de mí, pero es muy útil para mis conocidos saber de quién hablan cuando hablan de mí. Los nombres no dan información, la información la dan los predicados. Si digo “Santiago escribe sobre la falacia nominal” ya sí doy nueva información y conocimiento.

Para ver la gravedad de esta falacia no hay más que remitirse a un texto cualquiera de la filosofía francesa contemporánea, recomendando especialmente a Gilles Deleuze y a su colega Felix Guattari (y a su legión de seguidores). Adoro a estos dos tipos, lo reconozco.

comentarios
  1. Samu dice:

    En física esta falacia se da por todas partes. Baste coger un libro cualquiera (más claro si es física moderna) y descubrir el montón de fenómenos que, por estar nominados técnicanente, encubren lo poco que podemos explicar realmente de ellos.

  2. La nomenclatura quimica desmiente en gran medida las teais que se defienden en esta entrada🙂

  3. pharmakoi dice:

    ¿Es un bouba o un kiki?
    https://es.wikipedia.org/wiki/Efecto_bouba/kiki

    mmm…iba a tratar de poner la imagen pero desde mi amplia ignorancia me parece que en los comentarios no salen.

  4. pharmakoi dice:

    También lo podrías haber llamado “la falacia del argumento de autoridad”, que es a lo que se remite cuando se usan términos técnicos más con el fin de persuadir que de hacer comprender.

    -Oh sí, eso es un esternocleidomastoideo.
    -¿Y eso que es?
    -Mmm…no lo sé, me parece que un animal de esos de Jurassic Park. Pero a que he quedao bien, eh!.

  5. Santiago,

    · ” las palabras solo son etiquetas útiles para saber a qué nos referimos cuando hablamos. Su función es únicamente comunicativa ”

    Me parece que eso de reducir el uso de la palabra a ser mera etiqueta es erróneo. El sentido e instalación contextual, su utilidad y referencia dentro del discurso es el que le da significado. Para quienes son ajenos a ese discurso, la palabra parece mera etiqueta que “inventa” lo que etiqueta, pero no lo es si se entra en “el uso witgensteniano” de la “forma de vida” y “juegos del lenguaje” que le dan “semántica”.
    Sin duda hay palabras que son sólo meras etiquetas, pero no es el caso del uso científico y filosófico de las palabras que remiten a conceptos, cuyo significado viene dado por su modo de implantarse y relacionarse con otros conceptos en la teoría científica o el discurso filosófico.

    En el caso de la filosofía, a mí me da la sensación que detrás de los grandes filósofos siempre hay una palabra o unas pocas sobre las que se articula la reflexión que le hace original. Entender una filosofía es entender el uso de los neologismos desde la realidad en que se contextualizan. No es en la palabra misma donde uno se siente filosóficamente “hipnotizado ”, sino en cómo se articula su significado en el uso que de ella hace el filósofo. En el modo como articula la reflexión desde la palabra “neologizada”, que remite a contextos previos, y que consigue conectar con las concepciones propias del pensamiento del filósofo. Es “casi poesía”, que abre nuestro pensamiento a la una tríadica articulación: la realidad dada , la realidad del lenguaje y nuestro estar en ambas realidades.

    El ejemplo de Deleuze me parece paradigmático en este sentido, términos como “maquinas deseantes” o “rizoma”, hacen posible pensar la realidad desde de la filosofía de la diferencia. Sus juegos de palabras y disquisiciones son excesivas tal vez, muy propio del posmodernismo francés, también del modo radicalmente diferente de conceptualizar la realidad que se pretende… pero no me parecen mera palabrería, ni mera etiquetación.

    Un saludo.

  6. Como ejemplo de que la palabra no es mera etiqueta, el mítico caso de Hellen Keller (la niña sordomuda y ciega). Hellen siente la frescura y fluidez del agua en su mano derecha, en la mano izquierda siente la presión y las marcas que su institutriz Anne Sullivan realiza sobre la palma de dicha mano. Hellen comenta sobre este episodio, lo que supuso su apertura al mundo, a algo así:

    “Alguien estaba extrayendo agua del pozo y mi profesora puso mi mano debajo del chorro de agua. Mientras el frío chorro de agua pasaba por mi mano, la señora Sullivan deletreó la palabra agua en la otra mano, primero lentamente, y después rápidamente. Me quedé quieta, toda mi atención centrada en el movimiento de sus dedos. De golpe sentí una especie de conciencia brumosa, como de algo olvidado, el estremecimiento de un pensamiento que vuelve, y de alguna manera el misterio del lenguaje se me reveló. Supe entonces que “a-g-u-a” se refería a la cosa maravillosamente fría que estaba deslizándose sobre mi mano. La palabra revivía una imagen que alguna experiencia había grabado en mi cerebro”

    Hellen Keller, La historia de mi vida

    Yo he sentido una cosa parecida al creer entender los neologismos con que se expresan algunos filosofos, o científicos. A veces consiguen con su “poesia barata” cosas así en mí. Lo cual obviamente, no significa que eso que dicen o pretendan decir tengan un correlato de verdad al margen de la forma de vida en que te instalan.

    un saludo

  7. Jacinto dice:

    Bradiquinesia no es, como dice Firestein, un eufemismo de lentitud de movimiento sino que aporta un poco más de información porque se refiere a un tipo de lentitud por lesión en ganglios basales. Vale que al hablar de bradiquinesia nos referimos a alguien que se mueve lentamente, pero con el matiz de que no es por otras razones como incoordinación, fatiga o astenia (que también producen lentitud) sino por un verdadero trastorno del movimiento.

  8. Antonio Álvarez dice:

    Hola, soy maestro de dibujo y pintura y he podido constatar que mis alumnos desarrollan mayormente sus habilidades prácticas y de comprensión general del oficio a partir de que introduje la rutina diaria de traer a la clase, cada uno de ellos, una palabra nueva vinculada al arte y compartir su significado con el grupo.

  9. Respondo en conjunto:

    Es cierto que al usar una palabra, la estoy usando en un contexto lingüístico determinado, y eso ya dota a la palabra (al nombre propio o común en este caso) de cierta información más allá de la sencilla etiqueta. El uso de “bradiquinesia” se dará en un contexto médico, probablemente en un hospital, la proferirá un profesional del tema e irá acompañada de un montón de prácticas y usos lingüísticos más. De acuerdo. Las palabras tienen un contenido pragmático. Pero, que de el mero uso de la palabra podamos obtener más información sobre la enfermedad en sí ya es otro tema. Del uso de la palabra puedo aprender más sobre su contexto, pero no conseguiré saber qué problemas neurológicos causan el trastorno por ella referida: necesitaré más palabras.

    Además, lo que quería denunciar en la entrada es también el sesgo de que cuando tenemos el nombre de algo, ya parece que lo tenemos todo. El enfermo de Párkinson parece contentarse, a veces, como el mero hecho de que un médico le diga que tiene bradiquinesia. Incluso lo podemos entender desde una perspectiva wittgensteiniana: hay un uso determinado de las palabras que hace que ya demos por zanjado un tema: saber simplemente un nombre.

  10. Jesús:

    Con las nomenclaturas químicas pasa exactamente lo mismo. A alguien que no tiene ni idea de química le enseñamos un cogollo de marihuana y le decimos que su principio activo es el tetrahidrocanabinol, de nuevo, solo le estamos enseñando una etiqueta. Solo si esa persona tiene ya, previamente, conocimientos de química, esa palabra le dará más información.

    Es como si yo digo que tú te llamas Jesús a una persona que no te conoce. Solo será una etiqueta. Sin embargo, si ya tiene información sobre ti, ese nombre puede decirle más.

    Así que insisto: un nombre por sí solo, sin conocimiento semántico previo, no dice nada.

  11. Santiago: generalizando tu argumento podríamos decir que “a alguien que no tiene ni idea DE NADA, no le podemos enseñar algo si SOLO le enseñamos un nombre”; pero eso es una falacia: a alguien que no tiene ni idea DE NADA, no podemos enseñarle tampoco un nombre; entender que algo es un nombre de algo requiere un bagaje previo de conocimientos en los que apoyarse para elegir un nombre y no otro, del mismo modo que ENTENDER un nombre químico requiere saber ya algo de química.
    Otro ejemplo más trivial: si le digo a alguien que dentro de esa habitación hay alguien cuyo nombre es “Luisa Iribarri”, ya le estoy informando (gracias al bagaje informativo que posee), de que probablemente será un ser humano (no un gato, o un felpudo), de sexo femenino, y vasca o con antepasados vascos.
    Vaya, que “nombrar” no es un capricho arbitrario, sino una práctica social que requiere la posesión previa de grandes dosis de información y, en las circunstancias adecuadas, permite inferir más información.
    Otra cosa es, por supuesto, lo que criticas: el abusar de los nombres complejos para dar la impresión de que se tiene o se transmite más información de la que realmente se posee.

  12. Aunque tal vez esté de más (pido disculpas de antemano) :

    Recuerdo dando clases de química (del antiguo BUP) que una jovencita me preguntó porque si es más sencillo decir “ce-o-dos” nos complicamos la vida diciendo “dioxido de carbono”. Me decía que a menudo aprender la nomenclatura química es complicarse absurdamente la vida. Decir “tetraoxosulfato (VI) de hidrógeno” es un forma complicada, poco útil, y equivalente en última instancia a algo que sería mucho más fácil y útil, nombrárlo directamente con su fórmula: “hache-dos- ese-o-cuatro”… no supe que contestarle, la verdad.

    Un saludo

  13. Yack dice:

    Interesante cuestión. Yo le hubiera contestado que la nomenclatura química es un sistema estructurado de fonemas y lexemas que permite nombrar, clasificar y describir la composición y propiedades de la amplia fauna de compuestos químicos existentes. Y eso, aportando un valor añadido de comprensibilidad y facilidad nemotécnica.

    Utilizar sólo la fórmula, además de requerir una memoria elefantiásica, no dice nada sobre el compuesto, más allá de la fórmula química.

    Para un estudiante, que sólo está interesado en aprobar con el menor esfuerzo posible, tal vez la pregunta sea pertinente, pero no así para quienes pretendan algo más.

    Es como si le propones a un naturalista que es mejor llamar “mosca azul” al espécimen denominado “Musca erythrocephala Meigen” y prescindir de toda la nomenclatura zoológica.

    En plan de andar por casa es más práctico decir “Te ha caído una mosca en el café” que “Te ha caído una Musca erythrocephala Meigen en el café”.

    En la vida práctica, también mencionamos a los compuestos químicos por nombres como agua, vinagre, aspirina, etc. pero cuando nos metemos en terrenos científicos, hemos de subir el listón con el fin de llegar más lejos.

    Otra cosa es que a un estudiante lo más lejos que le interesa llegar es al aprobado, pero esa es otra cuestión.

    Saludos.

  14. Yack dice:

    Respecto al tema de las palabras, es cierto que en el lenguaje cotidiano, las palabras no aportan información si el receptor no conoce previamente su significado.

    En realidad las palabras son macros del pensamiento. La primera vez que un hombre blanco vio a un negro, tuvo que decir: “Acabo de ver a un hombre con la piel más oscura que puedas imaginar”.

    Con el tiempo, y a medida que la comunidad blanca conoce al intruso, se puede optimizar la descripción empleando un nuevo macro, es decir, un nuevo sustantivo (el negro) con lo que ya tenemos una nueva palabra. Igual valdría para el sustantivo “paralitico” en sustitución de “un nombre que no puede mover algún miembro con carácter permanente”

    En el campo de los especialistas, en lugar de decir “Tiene una neoformación atípica con elementos no bien diferenciados, de degeneración rápida” se dice: “tiene un blastoma”.

    Pero donde está el problema es en usar un macro ideado específicamente para una comunidad de especialistas (en lo que sea) con un individuo (un paciente acojonado) que no pertenece a tal comunidad.

    Esto puede ocurrir por tres motivos: por chulería del galeno/a (caso más frecuente), por demostrar su superior nivel de conocimientos, por descuido, porque no quiere acojonar más al paciente o porque no tiene ganas de extenderte en una explicación interminable que el paciente puede malinterpretar, dado que el fondo de la cuestión se escapa incluso al especialista.

    Pero lo que está claro es que sin esos macros que reemplazan a las descripciones, no podríamos comunicarnos.

    Saludos.

  15. Yack,

    Yo le hubiera contestado que la nomenclatura química es un sistema estructurado de fonemas y lexemas que permite nombrar, clasificar y describir la composición y propiedades de la amplia fauna de compuestos químicos existentes. Y eso, aportando un valor añadido de comprensibilidad y facilidad nemotécnica.

    Dos cuestiones:

    1) No siempre la nomenclatura es más fácil que la dicción directa de la fórmula, y eso es así especialmente en la química inorganica a nivel de bachillerato (que es el contexto en donde se me fórmulo la pregunta). Obviamente si las formulas son complicadísimas de nombrar de manera directa, los usos indirectos y estructurados para nombrarla cobran razón de ser en ese sentido.
    El asunto es que no supe como decirle porque es mejor decir dioxido de carbono si de hecho se está diciendo lo mismo al decir “ce-o-dos”. ¿Que al decir dioxido de carbono estamos agrupando esa sustancia como un oxido (o un anhidrido en nomenclatura antigua)?…¿ No lo deducimos ya de la fórmula “ce-o-dos” ? (precisamente eso es a lo que le obligaba: pasar de la formula a la momenclatura) ¿No sería más fácil decir el óxido “ce-o dos”, el ácido “hache-dos-ese-o-cuatro? ¿En qué se diferencia decir dioxido de carbono de oxido “ce-o-dos” ?

    2) La clasificación y descripción…. que la nomenclatura aporta requiere entender la estructura química que la nomenclatura nombra. Fijese que la alumna debía saber pasar de la formula a su nomenclatura y viceversa; lo cual es indicativo que la formula por sí misma, ya aporta toda la clasificación, descripción y propiedades químicas que la nomenclatura pueda “barrocamente” explicitar.

    un saludo

  16. Yack dice:

    Yo pienso que la nomenclatura es una necesidad práctica de los profesionales de la química y que se ha desarrollado en sucesivos pasos (algunos anteriores a conocer la existencia de los átomos) y obedeciendo a una necesidad real. De pronto se encontraron con un montón de entidades diferentes pero que no siempre podían distinguirse unas de otras a simple vista y tuvieron que inventar un sistema racional y eficaz para nombrarlas y poder así trabajar con ellas.

    Hay una utilidad en la nomenclatura escrita (la nemotécnica por ejemplo) y otra en la formulación química y aunque se pueda transitar de una a otra (poseyendo los conocimientos adecuados), si se prescinde de una de ellas se pierde la utilidad adherida a ella.

    Para comprender todos los inconvenientes de prescindir de una de las dos procedimientos habría que ser químico y evaluar todas las ventajas de orden práctico que se perderían. Y cuando algo deja de ser útil, se elimina con el paso del tiempo y por ahora no ha sido así.

    Otra cosa es que en ámbito de la enseñanza elemental, no resulte tan clara la utilidad de mantener ambos sistemas redundantes.

    En realidad, la química no posee ninguna utilidad para los estudiantes en general, ya que la olvidan a los dos años de haberla aprendido para dejar sitio en la memoria a cosas de mayor utilidad.

    Saludos.

  17. Yack dice:

    Una ultima reflexión. ¿Por qué tenemos dos métodos alternativos de especificar cantidades? ¿Por qué decir “mil quinientos dos” en lugar de: uno-cinco-cero-dos?

    Creo que la respuesta es la misma que para la química y tiene que ver con la naturaleza de nuestro lenguaje hablado y la gestión de la memoria en ese área. Ambos sistemas explotan diferentes capacidades y objetivos de nuestra mente.

    Saludos.

  18. wachovsky dice:

    Sin embargo la realidad es semantica y en su red gramatica estamos en desenvolvimiento constante. Un nominal (significado) refiere a un contenido de un objeto-significante, hablar y nombrar seria encapsular una complejidad aun mayor hacia dentro y hacia relaciones externas tempoespaciales. Codificaciones binarias, geneticas, quimicas, fisicas y matematicas construyen esos nombres linguisticos, construcciones filosoficas e historicas, disciplinarias y metodicas construyen la jerga. Si profundizamos en el nombre etimologico, semantico, gramatical, morfologico y conceptual-relacional tenemos la fusion de los semiologos linguistas con los logicistas, platonistas y formalistas de las matematicas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s