El arma electoral definitiva

Publicado: 7 diciembre 2015 en Filosofía de la mente, Filosofía política
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Ines Arrimadas

Somos politólogos y estamos trabajando para asesorar a un prometedor líder político de un partido emergente. Como somos politólogos de verdad (y no freudo-marxistas ni post-estructuralistas), nos ponemos a analizar campañas y resultados electorales de los últimos años. Por gracia de las ciencias de la computación disponemos de una enorme base de datos en donde están recogidas todas las campañas políticas de todos los países en los últimos, pongamos, veinte años. Disponemos de todo: todas las características físicas y biográficas de los candidatos, todos sus discursos, mítines, apariciones en medios de comunicación… El nivel de detalle de nuestra base de datos es asombroso: tenemos incluso datos acerca de qué ropa llevaban cada día de campaña, todas y cada una de las palabras que dijeron, información acerca de sus expresiones faciales, frecuencias de sus voces… Tenemos una ingente cantidad de variables, teras y teras de información.

¿Qué hacemos con ella? Poner a trabajar a una IA. Disponemos de un veloz programa encargado de buscar correlaciones entre cualquier conjunto de variables y los resultados electores.  Es lo que se conoce como data mining: buscar patrones significativos entre grandes cantidades de datos ¿Qué tenían en común todos aquellos que alguna vez ganaron unas elecciones?

Pero antes una digresión. Uno de los resultados más sugerentes de los experimentos con cerebros escindidos de Michael Gazzaniga, es que tenemos la tendencia a justificar las causas de nuestras acciones a posteriori, prefiriendo dar una explicación cualquiera, aunque sea mentira, que quedarnos sin explicación. Hemos hablado ya muchas veces de estos experimentos pero no me canso de contarlos de nuevo ya que creo que aún no los hemos llevado a sus máximas consecuencias teóricas. En uno de ellos, al ojo izquierdo del paciente comisurotomizado (vaya palabrita) se le mostraban una serie de fotografías de mujeres desnudas. La información era recibida entonces únicamente por su hemisferio cerebral derecho, generando una respuesta: risita nerviosa. El hemisferio izquierdo captaba la risita pero no su causa. Cuando el investigador le preguntaba el porqué de la risa, el paciente se inventaba una explicación: “Me hace usted unas preguntas tan extrañas que me entra la risa”.  Existen múltiples factores inconscientes que determinan nuestra conducta y que ignoramos completamente. Es más, nuestra parte consciente tiende a ocultarlos y a buscar, siempre que puede, explicaciones basadas en decisiones libres y conscientes.

Hemos encontrado correlaciones tales como que quien vive en el Estado de Virginia tiene más probabilidades de tener un nombre que empiece por “v” o que quien tiene un nombre que comienza por “d” tiene más probabilidades de ser dentista (según Pelham, Carvallo y Jones para Psychological Science, 2005). Por poner algunos ejemplo más (si bien el lector puede encontrar una abundantísima literatura al respecto), las personas tienden a elaborar juicios morales más severos  si en la habitación en la que reflexionan hay un ambiente cargado y maloliente  (Simone Schnall para Personality and Social Psichology Bulletin , 2008), o tienden a hacer menos trampas si se les dice que hay una presencia sobrenatural invisible que les observa (Jesse Bering, 2005). Cualquier persona que viva en Virginia y que haya puesto a su hija el nombre de “Victoria”, siempre dirá que eligió ese nombre “porque de siempre le había gustado mucho” o “porque le recuerda algo bonito”, nunca dirá nada relacionado con el nombre del Estado de Virginia. Igualmente nadie reconocerá que eligió ser dentista porque se llama “David”, sino porque “siempre ha sentido esa vocación”.

Volvemos a la politología. Exactamente igual, los votantes pueden tomar la decisión de votar a tal o cual candidato en función de motivaciones inconscientes que ignoran completamente, más cuando ya hemos mostrado lo realmente difícil que es hacer una votación plenamente racional.  Supongamos que, después de semanas de procesamiento de datos, nuestra IA encuentra una absurda pero fundamental correlación: sin excepción alguna, en todas las elecciones democráticas celebradas en el mundo en los últimos veinte años, el candidato que en algún momento de la campaña ha combinado una corbata verde con unos pantalones azul marengo, ha obtenido entre un 20 y un 25% más de votos que en elecciones anteriores. No tenemos ni idea de la causa (desconocemos muchísimo de cómo funciona nuestro inconsciente) pero no nos importa. Estamos trabajando para nuestro candidato y, aunque no sabemos si es una estupidez o no, no perdemos nada, así que le decimos que en el siguiente mitin se ponga la corbata y los pantalones del color correspondiente. Para nuestro regocijo, llega el día de la votación y los resultados se cumplen siguiendo la correlación marcada: conseguimos un 23,4% más de votos y ganamos las elecciones. Nuestro cabello se eriza y se nos seca la boca: ¡tenemos el arma electoral definitiva! Tenemos la clave para poner y quitar gobiernos en cualquier nación democrática…

Independientemente de todas las pegas y matizaciones que se puedan hacer a nuestro rocambolesco supuesto, sabemos que desde los orígenes de la democracia griega, se utilizan estrategias retóricas para convencer al electorado, estrategias que intentan evadir nuestra parte racional consciente para adentrarse en nuestras motivaciones inconscientes. Los actuales asesores de campaña de los políticos, sin utilizar todavía inteligencias artificiales en data mining (o seguro que ya sí) conocen un sinfín de parámetros que garantizan un mejor resultado o que llevan directamente al desastre, y los utilizan constantemente.

La cuestión es: si, entonces, la mayoría de las votaciones se realizan siguiendo motivaciones inconscientes tan esperpénticas como pudiese ser el color de una corbata y unos pantalones, ¿qué validez tendría la democracia? Si existen partidos que  poseen conocimiento tal que pueden obtener un significativo número de votos apelando a nuestros inconscientes, mientras que otros partidos no lo poseen, ¿no sería lícito hablar de fraude electoral?

comentarios
  1. vicente dice:

    Desde luego, la imagen que has elegido viene que ni pintada…XD Últimamente vengo pensando, precisamente, que ese partido presenta gente demasiado guapa para inspirar confianza. Yo ya cuando veo una tía buena, me pongo en guardia sabiendo que a los agraciados físicamente les toleramos defectos o actitudes que no toleraríamos a otra persona sin esa ventaja.

    Juzgar teniendo en cuenta el inconsciente es el cuento de nunca acabar. Salvo influencias muy evidentes como el atractivo sexual, siempre podemos preguntarnos por los motivos últimos inconscientes de nuestras preferencias y sospechar algo ¿no? ¿Cómo sabemos si detrás de nuestras preferencias políticas hay algo menos loable que las racionalizaciones que empleamos para justificarlas? Si no podemos probar nada en ese ámbito ¿para qué darle vueltas?

  2. wachovsky dice:

    Pues Santiago, la democracia es una falacia, nadie nos puede representar si después no le transmitimos todo el tiempo nuestras intenciones para que sean concreciones políticas, si fuere participativa sería un poco más real y caótica y en última instancia los expertos siempre propondrían para que los más dispongamos votando por sí o por no en asamblea permanente (una verdadera polis), la democracia suele recurrir a la alternancia para desbaratar planes caudillistas como los del fallido F. Franco o los del asesinado Gamal Abdel Nasser en Egipto; pero insisto el modelito anglofrancés representativo de Locke-Montesquieu donde minorías disputan y son la punta de lanza de mayorías representadas no tiene lógica de interacciones que no sea una obra de teatro en donde sí vale la representación. La democracia es un credo pos revolucion francesa que se repite hasta el hartazgo, le sirve a los intereses de das Kapital gane quien gane que lo imperante es el billete papel moneda celulosa y fundamentalmente no importa quien gane es siempre un fraude a nuestros conocimientos sobre insuficiencia en la organización social. Además los teorema se Condorcet y Arrow explican muy bien las contradicciones e imposibilidades de construcción-representación donde la tendencia es a bipolarizaciones antagónicas insalvables. La tiranía por 4 años sería un análogo similar en donde los parlamentaristas controlan o dejan pasar aquello que el pueblo no controla ni conoce, y hasta es gracioso como en el Sacro Imperio Romano Germánico el trono no se heredaba sino que los herederos príncipes electores nobles de sus feudos votaban y a cambio de mucho dinero decían Carlos I de España será el próximo emperador Carlos V de los Habsburgo, luego tomaron el control los Windsor de Inglaterra y más patrañas de la UE con moneda soberana. La Polla Records siempre lo transmitió y hoy desde Podemos Iglesias que los escuchaba intenta torcerlo desde su campaña desoyendo lo que aprendió, las internacionales socialistas detrás no controlan nada para cambios a mejor (veáse Syriza con Tsipras en Grecia), los anticapitalistas luego salen a buscar inversores con capital y know-how y los grandes bancos coordinan el nacimiento de un Gobierno Mundial OUNificado. Para tonterías de la representatividad Santa Claus de Finlandia en Sol Invictus de los indoarios y los Magos Tres Reyes que buscan al niño solo para entregárselo a Herodes. Estamos siempre bajo engaño permanente de que hemos aprendido a votar y cuidar nuestros intereses (los de seguir comprando comida y porquerías derivadas del petróleo). Sociólogos manipuladores sí, raza de bípedos diploides mentirosos hasta el exhausto también.

  3. Tenemos un candidato con un conjunto de modos de presentarse X que podemos considerarlos como aspectos que generan en nosotros un ámbito tendencial multifactorial de considerarlo como “Nuestro” candidato a ser votado o no.

    Como miembros de una cultura, es muy probable que ese conjunto de tendencias sean semejantes a las que tienen quienes comparten cultura, hábitos, costumbres, clase social, origen… Los modos de presentarse X seguirán una distribución normal, no idéntica a cada grupo o clase social, respecto al grado tendencial de atraer hacia nosotros el voto. Y tal “grado tendencial” (que puede tener mucha impelencia inconsciente en su seno) variará en función de los ámbitos sociales, geográficos, culturales… al que pertenecen la diversidad de votantes. No es que elegir inconscientemente sea no elegir, es que elegimos también y gracias a que hay realidad inconsciente en nosotros. También la costumbre, la habitud, lo propio de nuestra personalidad, nuestros aprendizajes, nuestra cultura y conocimientos, nuestro grado de información… nos constituyen y “eligen”.
    Las elecciones no se realizan pues, desde una facultad racional autosuficiente que flota en el aire, desarraigada, no biográfica, no social, y que existiera fuera y al margen de cualquier impelencia inconsciente. Somos seres biográficos, construidos socialmente, y aquello que activa nuestras decisiones y acciones tiene sus raíces en aquello que nos constituye en todas sus dimensiones, animal, social y biográfica de cada cual (Los cristianos solemos decir, muy hermosamente para mí gusto, que nada viene a nosotros sino es por el Espíritu). Las elecciones se hacen desde nuestro ser personal pero en toda su dimensión animal, social y biográfica (racional, sentimental, tendencial, inconsciente, deseada, hecha habitud, aprendida, imaginada, esperanzada, circunstancial….)

    NO hay elección PURAMENTE racional, repito, en ese sentido, solo hay elección personal. Elección que emana de nuestra persona en todas sus dimensiones, y que no es la azarosa elección de un “etéreo libre albedrio fantasmagórico”, sino la de un ser personal instalado en lo que le constituye y rodea. La democracia es pues el “gobierno” de las personas y no el gobierno de “razones puras flotantes”, a Dios gracias.

    Un saludo.

  4. Solrac dice:

    No es justo; pero no es ilegal. Habría que legislar esa acción como fraude. El propio sistema electoral de administraciones estatales no es que sean un método completamente justo; pero en algunos lugares lo son más que otros; pero son legalesy se aceptan bajo contrato social.

  5. Yack dice:

    La democracia vale lo que vale el electorado. Si el electorado vota a los más guapos o a los más hábiles en oratoria, tendrá lo que se merece.

    La democracia es un procedimiento para la toma de decisiones equivalente a preguntar a las limpiadoras de una central nuclear qué les parecería que habría que hacer para evitar que explosionará el reactor que se ha salido de control.

    La solución adaptativa al problema central de la democracia es que los políticos dicen a los electores lo que quieren oír y luego hacen lo que deben hacer para no estamparse contra la realidad, negando al mismo tiempo que hacen lo que están haciendo.

    Pero como el electorado ve y oye lo que quiere ver y oír, el círculo se cierra sobre sí mismo hasta las próximas elecciones.

    En cuanto al problema de que las causas de nuestras decisiones son inconscientes, hay que tener en cuenta que eso no significa que sean necesariamente peores que las conscientes. Obedecen a viejos algoritmos que han demostrado funcionar por el simple hecho de que siguen ahí, empotrados en la mente de los ciudadanos del siglo xxi.

    Las explicaciones “racionales” que damos de nuestras acciones están más orientadas a engañar a los demás, y de paso, a nosotros mismos, que es la mejor forma de engañar a los demás.

    Saludos.

  6. vicente dice:

    En cuanto al problema de que las causas de nuestras decisiones son inconscientes, hay que tener en cuenta que eso no significa que sean necesariamente peores que las conscientes. Obedecen a viejos algoritmos que han demostrado funcionar por el simple hecho de que siguen ahí, empotrados en la mente de los ciudadanos del siglo xxi.

    Yack: no creo que esos algoritmos sean apropiados en una sociedad tan compleja como la democrática ¿no?

  7. wachovsky dice:

    es que esos algoritmos siendo un lenguage formal biogénico no son democráticos (tengo que coincidir con Yack), si hasta son superiores a toda nuestra organización social desastrosa del siglo XXI

    https://kodesubstanz.wordpress.com/2015/12/08/destruye-aunque-reconstituye-el-ciclo-hidrologico-en-plantae-de-todas-las-metafitas/

  8. jajugon dice:

    El ejercicio es curioso, pero…

    La cuestión es: si, entonces, la mayoría de las votaciones se realizan siguiendo motivaciones inconscientes tan esperpénticas como pudiese ser el color de una corbata y unos pantalones, ¿qué validez tendría la democracia? Si existen partidos que poseen conocimiento tal que pueden obtener un significativo número de votos apelando a nuestros inconscientes, mientras que otros partidos no lo poseen, ¿no sería lícito hablar de fraude electoral?

    ¿Quién ha dicho que la democracia sólo sea válida si el voto es escogido sólo por motivaciones conscientes? ¿Y quién ha dicho que existan motivaciones conscientes puras sin ningún tipo de sustrato inconsciente?

    Siempre ha habido apelación a esa parte instintiva e inconsciente de la que no podemos desprendernos. Ciertamente produce vértigo que seamos cada vez más capaces de controlar esa apelación, pudiendo distorsionar esta intuición “natural”. Pero no se puede desacreditar por ello la elección democrática si no se hace con toda otra elección. Si, como parece, resulta que no somos libres en el fondo (https://arjai.wordpress.com/2015/09/14/somos-libres/), y que las razones que nos damos no son sino construcciones a posteriori de nuestros impulsos genética y ambientalmente mediados, habrá que entender la democracia en otro sentido menos idealista.

  9. · “Las explicaciones “racionales” que damos de nuestras acciones están más orientadas a engañar a los demás, y de paso, a nosotros mismos, que es la mejor forma de engañar a los demás.”

    Je je je. Si puede decir más alto pero no más claro.🙂

    Yo creo que es mejor ser idiota:

  10. Yack dice:

    Entrando más en detalle, pienso que el cerebro intuye, en cada caso, que tipo de razonamiento debe aplicar en función de las circunstancias y del tipo de problema que se le plantea.

    El pensamiento consciente se usa en estos casos:

    -Cuando disponemos de ciertos datos del problema, la solución no resulta obvia, pero sabemos que disponemos de un procedimiento que nos puede ayudar a encontrar una solución óptima. Ejemplo: Decidir si el cambio que te han devuelto en una compra es correcto.

    -Cuando vamos a ejecutar un plan que no forma parte de nuestra rutina cotidiana y necesitamos simular y visualizar en la imaginación, la operativa, paso a paso, para descubrir posibles problemas, antes de que se produzcan. Por ejemplo, si tenemos que arreglar el coche, debemos visualizar mentalmente el proceso para descubrir qué tipo de herramientas, precauciones, información, etc. vamos a necesitar: Si hay que llevar una linterna, unas pinzas largas o el móvil para llamar a nuestro amigo mecánico si surge algún problema irresoluble.

    -Cuando vamos a engañar a alguien, para repasar todas las posibles objeciones o preguntas que nos pueda hacer nuestro interlocutor en relación con la explicación falsa que le vamos a soltar.

    Por el contrario, empleamos el pensamiento inconsciente cuando no disponemos de tiempo (se atraviesa un gato delante del coche), ejecutamos procesos rutinarios (nos comemos un bocata), o bien los datos disponibles son demasiado complejos o escasos (votar a un partido político que nos saque de la crisis).

    Sin embargo, habría que añadir que en muchas ocasiones, en las que disponemos de tiempo suficiente, intentamos aplicar razonamientos conscientes a problemas del tipo equivocado, y lo único que conseguimos es engañarnos a nosotros mismos racionalizando lo que no se puede racionalizar.

    Estas conclusiones “pseudoconscientes” también nos sirven como coartadas morales ante nosotros mismos y como señuelos ante los demás, en la medida que constituyen pseudodatos que introducimos en los cerebros ajenos para interferir en sus pensamientos en nuestro propio beneficio.

    Saludos.

  11. A. H. F. dice:

    Te tengo que enseñar, en filosofía, si nadie se ha ocupado de ello, el concepto de cachaza. Cachaza es por lo que nadie salvo uno va a gobernar un país que debe el 95% de lo que produce. La cachaza nos salva, y eso que no es racionalidad. La fuerza de la civilización se mide por el peso de sus instituciones. “Ních” estaba equivocado.

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