anatomias-fernando-vicente-1

  1. MacLuhan hablaba de “extensiones del hombre” o Ernst Kapp de “órganos proyectados”. He leído muchas veces usar la expresión “prótesis” (si bien sería más correcto decir “órtesis” en la mayoría de los casos ) para hablar de los adelantos tecnológicos que forman parte de nuestros quehaceres cotidianas y que, en cierto sentido, forman parte de nuestro cuerpo, siendo ya complejo establecer una frontera entre hombre y máquina. Se habla de cyborg para referirse a esta simbiosis representada por individuos con cualquier tipo de implante mecánico o electrónico. Todos se quedan muy cortos. Ortega se acercó algo más: somos esencialmente técnicos, esencialmente artificiales: nuestra forma de relacionarnos con el mundo es el artificio. No es que podamos elegir entre usar tecnología o no, es que somos tecnología. El ludismo es el movimiento más antinatural que existe y el transhumanismo es un humanismo.
  2. Spacewar fue el primer videojuego de la historia. Lo diseñó en 1962 un estudiante del MIT llamado Steve Russell. Conocer la fecha de este evento no parece importante. Yo mismo no la conocía hasta hace unos días, pero eso cambiará drásticamente. Igualmente que la historia que nos enseñaron en los institutos (llena casi exclusivamente de reyes y batallitas) ha ido evolucionando para convertirse en una historia social, económica, simbólica, de las ideas, etc. muchísimo más útil y significativa, la historia de la computación terminará por incluirse en ella y tener un importante papel en los planes educativos (o no, dependerá claro de nuestra insigne clase política). Es una obviedad decir que a día de hoy, un sociólogo no se enterará de absolutamente nada sin la historia del procesamiento de la información.
  3. En 2008 existían ya unos 8,6 millones de robots, cifra que contrasta mucho con los escasos 20.000 que funcionaban en 1980. En 28 años ya hay 430 veces más robots y, sin embargo, la jornada laboral no se ha reducido (incluso ha subido a principios de siglo) ¿Por qué? ¿En qué están fallando las predicciones de Keynes? ¿Por qué no tenemos ya jornadas de dos o tres horas diarias? Dos razones: nosotros, la clase media hemos elegido mantener un elevadísimo nivel de consumo a cambio de seguir trabajando muchas horas (hay que ser imbéciles pero así lo hemos decidido. Ya veréis a quién votáis o cuáles son las prioridades en vuestras vidas). Y la segunda: desde las clases dirigentes se ha remado en la misma dirección como no podría ser de otra manera. En tu empresa, si tus trabajadores echan ocho horas y producen x, y ahora tienes dos robots que te hacen producir x+5 sin un aumento significativo de costes, bienvenido sea ese aumento de producción en un ámbito de dura competencia en el sector. Si reduces la jornada laboral, siempre habrá otra empresa que no lo hará y ganará la partida, así que no lo haces. Sin una legislación global no se puede hacer nada.
  4. Diversos estudios (por ejemplo aquí y aquí) calculan que en un par de décadas casi la mitad de los puestos de trabajo en el sector industrial serán ocupados por robots. En España el sector industrial representa, desgraciadamente, solo un 20% del total de los trabajadores. Si tenemos algo más de 17 millones de trabajadores, de los cuales 3,4 trabajan en la industria, para el 2040 tendremos 1,7 millones de puestos de trabajo destruidos. Son veinte años, una generación. Hay tiempo para formar a los futuros trabajadores para adaptarse a este nuevo mercado laboral (evidentemente dentro de lo previsible. Mucho de lo que venga en veinte años es totalmente impredecible a día de hoy), si bien será complicado conseguir suplir un número tan alto de puestos de trabajo perdidos (se auguran momentos complicados). Además, este suceso implicará la división entre países que han conseguido robotizar su sector industrial y los que no. Se antoja muy necesario prepararse para la inminente robolución.
comentarios
  1. yack dice:

    Voy a darte mi propia teoría sobre la paradoja que planteas, es decir, porqué no se ha producido un descenso significativo de la jornada laboral con la robotización. O dicho de otra manera: ¿A dónde van las horas-trabajo de los incansables e incontables esclavos mecánicos?

    – Efectivamente, como tú dices, los proletarios no se cansan de mejorar su nivel de vida, y si por ellos fuera, trabajarían 16 horas. Esto va en los genes.

    – Cada vez más riqueza se disipa en jubilados prematuros y longevos que se niegan a morir, en niños que no producen nada hasta los 35 años, en ninis que no producirán nunca nada, en parados que no quieren trabajar como poco hasta que se les termine el subsidio, etc. etc.

    – Por otra parte se crean continuamente trabajos absurdos (musicoterapias, curanderismo cuántico, etc.) o que cubren necesidades que antes no existían o directamente inventadas (altavoces inalámbricos, pulsímetros de muñeca, televisores 8K, cámaras de video de 360ª, etc.) extendiendo el campo de los trabajos inéditos hasta el límite de la imaginación y del avance tecnologico.

    – Por otra parte no hay nada más aburrido que el ocio. Aunque sea el secreto mejor guardado, trabajar es una experiencia agradable y necesaria para ser feliz y mantenerse cuerdo. La mayor parte de la gente no sabe gestionar el ocio y se aburre como una ostra. La solución es trabajar por lo menos 8 horas diarias para que el ocio cobre sentido y puede disfrutarse. El error es pensar que porque ansias un cambio de estado cuando estás trabajando, ese otro estado (el ocio) es mejor que el trabajo.
    El hombre normal necesita una dosis equilibrada de trabajo y ocio y tal vez las 8 horas sean ese punto óptimo para mantener la cordura sin caer en el agotamiento.

    Y la prueba de que necesitamos trabajar es que cuando la gente se jubila suele sufrir frecuentes depresiones y hasta que no se carga de nuevas obligaciones y responsabilidades, no recupera el bienestar psicológico. Y es que estamos diseñados para trabajar, para progresar y no para tumbarnos y dedicarnos a contar nubes, a menos que seas expresidente socialista. Pero eso sería otra historia.

    Saludos.

  2. Alejandro P. dice:

    Yack, sus comentarios me suelen resultar muy interesantes y certeros, pero en este ocasión discrepo en el último párrafo. Trabajar puede ser una experiencia agradable, pero no siempre. Es más, pienso en multitud de trabajos puramente repetitivos carentes del menor esfuerzo intelectual que no veo de qué modo pueden resultar agradables en el largo plazo. En cuanto a la necesidad del trabajo para ser feliz y mantenerse cuerdo me parece bastante discutible.

    No creo que exista en nuestros genes tal cosa como la necesidad de trabajar. Lo que existe es la necesidad de alimentarse y eso siempre ha supuesto una cierta cantidad de trabajo, pero si se rompe esa vinculación, la necesidad de trabajar como algo intrínseco al ser humano deja de existir.

    Que mucha gente es incapaz de gestionar su ocio de forma adecuada es cierto, pero más que un problema surgido de la violación de nuestro supuesto “diseño” creo que es un problema de violación de nuestras normas culturales. Cuando en una sociedad se valora positivamente el trabajo arduo y la constante lucha por mejorar profesionalmente, dejar de trabajar o trabajar menos de forma voluntaria es considerado propio de vagos o indolentes. No creo que sea fácil sentirse cómodo con ello.

  3. Alejandro P. dice:

    En cuanto a las predicciones de Keynes, lo que este no tuvo en cuenta es lo que Yack comentaba: los trabajadores no se conforman con el nivel de vida de sus abuelos ni tampoco se conforman con tener mucho menos que el vecino. Yo no le echaría la culpa de ello a las clases dirigentes. Aquí si que creo que es consecuencia de nuestra naturaleza codiciosa.
    Por otra parte hay ciertos bienes que tienen un carácter competitivo, por lo que por mucho que suba nuestra productividad nos van a seguir costando lo mismo en términos de horas de trabajo empleadas porque para conseguirlos entramos en puja directa con otros consumidores.

  4. Yack dice:

    Los gatos cazan moscas y ratones aun con la barriga llena. La mayor parte de los seres humanos se sienten mal (aburridos) cuando no tienen nada que hacer (vacaciones, jubilación, enfermedad) porque nuestro cerebro está diseñado para buscar y alcanzar objetivos y cuando no se da esa circunstancia durante mucho tiempo aparece el sufrimiento en forma de hastío.

    Si un gato tiene comida abundante en un plato sigue deseando cazar porque la caza es un subsistema de la alimentación que necesita sus propios estímulos y recompensas.

    Indudablemente a todos nos gustaría tener trabajos creativos y estimulantes, pero alguien tiene que limpiar los retretes y ensamblar baladoras. Para conseguir los mejores trabajos existe una sana competencia, pero la inacción es peor que cualquier trabajo, por muy malo que este sea.

    Y se da la circunstancia que si no se tiene obligación de trabajar, es fácil caer en el síndrome del millonario de la loto, que se aburre y lo pasa peor con toda la fortuna que le ha caído del cielo que cuando era camarero en un bar de barrio, aunque no se atreva a confesárselo a nadie por miedo a que lo tachen de estúpido.

    Saludos.

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