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Los antiguos establecieron la triada presente, pasado y futuro para describir el tiempo como algo que fluye, un río que avanza sin que nadie pueda detenerlo. Quizá la inexorabilidad de su paso es lo que más se haya repetido en la literatura occidental: no podemos parar el tiempo por mucho que lo hayamos deseado. El pasado queda atrás inamovible, con todos nuestros grandes errores allí sin que podamos hacer nada para que jamás hubieran ocurrido; el presente se disuelve, pasa efímero y se nos escapa de las manos como un puñado de arena entre los dedos; y llega el futuro, siempre impredecible y aterrador, destino último de todo, en dónde para colmo, nos espera la vejez y la muerte.

El tiempo se ha entendido como un presente móvil, que transcurre a un ritmo regular, tan regular que todos los seres humanos (y no humanos) parece que vivimos exactamente en el mismo momento del presente. Percibimos una absoluta sincronicidad temporal entre todos los objetos del universo ¿Por qué? Una excelente cuestión filosófica es preguntarse: ¿cómo es posible que toda la diversidad de organismos que vivimos en el universo (al menos los que tenemos noción del tiempo) percibimos el ahora exactamente en el mismo momento?

La respuesta tradicional la encontramos en la física newtoniana: es que el tiempo es algo real, externo a nosotros y objetivo, un horizonte universal en donde todo sucede. La flecha del tiempo es ontológicamente real. Para Newton, si hay dos entidades inmutables e inmóviles son el espacio y el tiempo. Ambos serían los continentes del universo y todos los objetos del universo su contenido.

Sin embargo, ya muchos sospecharon de que algo no funcionaba bien en esta visión. En primer lugar, el tiempo es algo de lo que empíricamente no tenemos constancia alguna: no se ve, ni se huele, ni se oye ni se puede tocar… Lo único que podemos percibir con su paso son los procesos físico-químicos que observamos en la naturaleza. Yo observo a un ser humano envejecer y, al hacerlo, observo una infinidad de procesos biológicos pero… ¿observo el tiempo mismo por algún lado? No, ¿y si realmente todo esto es una ilusión?

La relatividad de Einstein lo dejó claro: esa sincronicidad temporal sí era una ilusión. El tiempo pasa más rápido o más lento en función del movimiento que realice el objeto. El tiempo puede estirarse y contraerse y no para todo el mundo de la misma manera sino de forma diferente para todos. Esta idea es de las más contraintuitivas que jamás se han propuesto: ¿cómo es posible que mi presente sea diferente al de cualquier otra persona? ¿Cómo podemos vivir en tiempos diferentes si, claramente, veo que vivimos en el mismo? Pero, ¿qué es el presente? ¿Cuánto dura?

En un interesante, y muy divulgado, experimento de los investigadores del MIT Jason Fischer y David Whitney, sometieron a un grupo de sujetos a la visualización de varias series de parches de Gabor. Se les mostraban las imágenes durante medio segundo y se les pedía que describieran los ángulos de inclinación. El experimento concluía que los resultados de las visualizaciones anteriores interferían en los resultados de las siguientes. Por ejemplo, si se mostraba un grupo de líneas paralelas en horizontal y, a los pocos segundos, otro de líneas paralelas en vertical, el sujeto concluía que las segundas no eran totalmente verticales sino que estaban inclinadas.

Los efectos de la distorsión disminuían cuando, entre la visualización de ambas imágenes, pasaban más de quince segundos. De aquí concluyeron Fischer y Whitney que nuestro presente es algo así como el promedio de los últimos quince segundos. Pero, ¿por qué hace esto nuestra mente? Porque, en general, nuestro mundo tiene una cierta estabilidad, por lo que si pretendes acertar haciendo predicciones muy rápidas, parece una excelente estrategia apostar por cierta estabilidad, porque las cosas no cambien en un corto periodo de tiempo. A este intervalo lo han llamado “campo de continuidad”, es decir, el lapso de tiempo en el que la realidad nos parece continua porque conectamos, ya sea correcta o erróneamente, los eventos que en ella suceden.

Estas ideas encajan muy bien con las de Tononi o Dehaene acerca de la consciencia. Estos dos conocidos neurocientíficos piensan que la consciencia de algo surge cuando hay una alta integración de información de diversas fuentes. Cuando yo percibo un suceso integro mucha información sensorial (veo muchas formas y colores, oigo, toco, huelo…) de modo que la unifico en una representación consciente. El “campo de continuidad” es una forma de integración de información, es una forma de hacer coherente un caos de estímulos perceptuales, para poder intervenir en la realidad de la forma más eficaz posible.

Otros experimentos realizados por el famoso Benjamin Libet (descritos en su libro Mind Time: The temporal factor in consciousness. Por supuesto, no traducido al castellano) nos muestran el tiempo mínimo para que algo sea captado a nivel consciente. Situando electrodos en la corteza somatosensorial del cerebro de los sujetos experimentales, Libet comprobó que si aplicaba pequeñas descargar eléctricas de menos de 500 milésimas de duración, dichos sujetos no percibían nada a nivel consciente (ya ves tú que experimento más complejo). No podemos captar conscientemente nada que dure menos de medio segundo (esta cifra ha sido corroborada también con experimentos del equipo de Dehaene). A nivel inconsciente somos mucho más rápidos, del orden de milisegundos. Téngase en cuenta que siempre tardamos algo de tiempo en procesar la información recibida, de modo que desde que un estímulo visual golpea nuestra retina hasta que esta información es procesada en diversas partes de nuestro cerebro hasta hacerla consciente, pasa tiempo. Vivimos siempre con algo de lag, siendo conscientes de la realidad con un pequeño retraso con respecto al presente. Evidentemente, en términos evolutivos, ese retraso ha de ser el menor posible si queremos sobrevivir por lo que, al menos a nuestra escala (comparados con competidores biológicos), no somos demasiado lentos: podemos cazar moscas.

En esta línea parece justificado identificar la consciencia con la memoria a corto plazo (MCP) y con mi sensación de presente. La MCP es como una especie de memoria RAM o de trabajo (hay psicólogos que distinguen MCP de memoria de trabajo, pero a mí no me convence la distinción) que utiliza mi mente para afrontar las situaciones cotidianas de modo eficiente. Si la consciencia tiene algo que ver con la integración de información en un determinado momento del tiempo (llamémosle presente) para hacerla útil, parece que hablar de consciencia, MCP y sensación de presente es básicamente lo mismo.

Otro experimento, igualmente muy divulgado, lo llevó a cabo la psicóloga del desarrollo de la Universidad de Dundee, Emese Nagy. En él, sencillamente, se medía la duración de los abrazos que atletas olímpicos se daban después de cada competición. Se estudió la duración de 188 abrazos entre jugadores de 21 deportes distintos y de 32 países diferentes. Había abrazos más largos (a sus entrenadores) y más cortos (a sus rivales), pero el promedio rondaba los tres segundos. Nagy piensa que esta cifra es extensible de los abrazos a otras muchas acciones cotidianas, de modo que tres segundos puede representar la duración del “presente psicológico” o “sentimiento del ahora” de nuestra especie.

Un estudio anterior realizado por Geoffrey Gerstner y Louis Goldberg, extendía esos tres segundos a seis especies de mamíferos no-primates (canguros, corzos, jirafas, mapaches, okapis y osos panda). Se observó el tiempo que tardaban en realizar diversos eventos modelo de movimiento (masticar, defecar, manipular u observar algo, etc.) y, si bien la duración era variable, el promedio daba el mismo número mágico: tres segundos. Gernstner y Goldberg concluían que esta constante común a diversos órdenes de mamíferos puede representar algún mecanismo neural ancestral. Parece que nuestra concepción del tiempo viene de mucho tiempo atrás.

P.D.1: En el campo de la física, un contraste de ideas muy interesante sobre la existencia real o no del tiempo, la tuvieron Julian Barbour y Lee Smolin. Hablaremos algún día de ello.

P.D.2:  Estoy preparando un artículo mucho más largo y profundo que éste (que es una mera chuchería) para Xataka que en breve saldrá publicado. Ya os avisaré.

comentarios
  1. Muy bien resumido!
    Interesante lo de los abrazos de tres minutos.
    Me ha recordado al déja-vu pero no sé cuál es la última hipótesis sobre esa distorsión temporal.
    Un saludo.

  2. Me encanta el artículo. Interesante al final que el tiempo en medidas de percepción varía y en realidad conscientemente necesitemos medios segundo para poder percibir un evento pero más tarde tres segundos para poder asimilarlo psicológicamente. Puede que ese tiempo de medio segundo (y posiblemente el de 3) sea debido a la creación del “campo de continuidad” no? a lo mejor es lo que nuestro cerebro tarda en asimilar el presente y entender a nivel representativo y más o menos unificado todo lo que nos rodea. En fin, en cualquier caso, genial. El tiempo es siempre un tema que puede ocupar miles de horas. Quién sabe cuanto nos llevará desengranar todos sus misterios…

  3. deadhead dice:

    “Esta idea es de las más contraintuitivas que jamás se han propuesto: ¿cómo es posible que mi presente sea diferente al de cualquier otra persona?”


    este muchacho lo ha vuelto intuitivo, ganando un premio de 400.000$, hay que buscar la metafísica en otro lado.

  4. Sirnewton3813 dice:

    Creo que habria que distinguir claramente entre tiempo presente de cualquier ser vivo(llámase percepción o sensación del AHORA), y el presente o tiempo mas corto posible de un fenómeno.

    Ya que un fenomeno dado son sus causas y efectos en su conjunto, es en el pase de una causa al efecto lo que habria que medir, en principio tendria que ser el tiempo planck, como el tiempo mas corto posible entre una causa y su inmediato efecto.
    El tiempo es relativo pero esto no contradiceria la relatividad, ya que el tiempo no se acorta sino que se dilata en el sistema de referencia que se esta movimiendo. Asi pues el tiempo planck como el presente mas irreductible.

    En lo biológico, la apreciación del presente va en relación al nivel de concentración de ese ser vivo, si el ser vivo está en un estado mental disperso la sensación de su presente será mas largo que si está concentrado en algo.
    Cuando uno está pensando en las musarañas, su apreciación del presente será mas larga que si está sumergido en un juego electrónico de reflejos, en donde desconcentrarse un instante representa perder una vida.

  5. pharmakoi dice:

    consciencia, MCP y sensación de presente es básicamente lo mismo.

    ¿Qué piensas de la concepción de la consciencia como recursividad o self awareness? Aquí Ramachandran lo explica muy bien, los grandes simios, por ejemplo, son incapaces de comprender frases recursivas. También me pregunto ¿cuál sería la relación de la MCP y la consciencia con la memoria episódica?

    https://en.wikipedia.org/wiki/Episodic-like_memory

  6. pharmakoi dice:

    Aquí hay un artículo sobre la relación entre MCP y memoria episódica, aún no me lo he leído pero tiene buena pinta

    http://citeseerx.ist.psu.edu/viewdoc/download?doi=10.1.1.378.1623&rep=rep1&type=pdf

  7. Yack dice:

    Hasta donde sabemos, el presente es tan breve que no puede ocurrir ningún cambio en él, por lo que debe ser necesariamente estático.

    Por otro lado el pasado y el futuro son solo suposiciones indemostrables: suponemos que hubo un pasado y suponemos que habrá un futuro pero nunca podremos confirmarlo desde un presente estático.

    Así que todo lo que sabemos, toda la ciencia, todas las teorías que manejamos han de estar contenidas, empaquetadas, congeladas en un instante aislado en el que no puede existir cambio ni pensamiento alguno.

    La conciencia solo puede tener acceso a ese fotograma congelado a partir del cual puede visualizar historias pasadas y futuras en movimiento.

    Cómo puede hacerlo, teniendo en cuenta que no dispone de tiempo para descomprimir, analizar, localizar y procesar esa información es el mayor misterio que podemos imaginar, es el misterio donde está contenido todo lo que sabemos y lo que ignoramos.

    La única respuesta posible es que hay algo muy importante que estamos pasando por alto cuando hablamos de tiempo y de conciencia. Algo que la ciencia no puede abordar y que quizás esté tan lejos de ser descifrado por nuestra inteligencia como lo está una ecuación de tercer grado por el cerebro de una mosca, suponiendo que las moscas tuvieran cerebro

    Saludos.

  8. wachovsky dice:

    Los dípteros tienen sistema nervioso, tubo neural, neurulacion, cerebro y hasta una mente que les emerge, no son hongos ni metáfitas. El tiempo ocurre, es tan cierto como la gravedad y aunque no sepamos qué es exactamente como emergente también, no estamos condenados a ningún presente perpetuo donde el pasado está para siempre perdido sino que de hecho repetimos procedimientos de cuando practicaban la metalurgia del oro y cobre hace 7 mil, la plata hace 6 mil, el estaño y plomo hace 4.500 y el hierro y el zinc hace 4 mil años. Luego encontramos Mercurio y demás elementos que ya estaban ahí desde siempre pot tener más capacidad que solo un tubo digestivo y las pocas neuronas de un díptero o un cnidario celentéreo.

  9. wachovsky dice:

    Los dípteros tienen sistema nervioso, tubo neural, cerebro y una mente emergente, no son hongos o metáfitas. El tiempo como la gravedad existe aunque solo se lo pueda comprobar en la interacción con otras entidades, no estamos condenados a un presente perpetuo sin conexión posible con un pasado perdido para siempre, pues de hecho realizamos la repetición ligada a todo lo que se difuminó en metalurgia del oro y el cobre hace unos 7 mil años junto al azufre y el carbón, de la plata hace 6 mil, el estaño, bronce y plomo hace unos 4.500 años, la de hierro y zinc hace unos 4 mil… y las que vinieron cuando descubrimos el mercurio y demás elementos que siempre estuvieron donde nosotros por tener más que solo un arquenteron y 175 neuronas de díptero podemos hacer con algunos materiales básicos que también nos constituyen y componen de pies a cabeza como bioelementos.

  10. wachovsky dice:

    y tampoco deberíamos olvidar que la velocidad de movimiento de una mosca es velocidad de procesamiento cerebral neuronal que “algo misterioso” les confirió, a la que específicamente no podemos llegar nosotros a la hora de tomar una decisión de escape díptera de un matamoscas. Mis disculpas por repetir el mensaje anterior.

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