Las restas de realidad del cerebelo

Publicado: 10 septiembre 2016 en Filosofía de la mente, Neurociencias
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El siempre supravalorado Aldous Huxley escribía en el icono hippie Las puertas de la percepción, que la consciencia era una especie de “cuello de botella” que solo dejaba ver un pequeño “hilo de realidad”. Nuestra consciencia, debido a nuestras limitaciones como especie, solo podría prestar atención a una serie limitada de estímulos. Drogas como el LSD podrían “abrir” las “puertas de la percepción” y darnos acceso a partes de la realidad a las que nuestra consciencia serial, lineal y limitada no podía acceder de normal. Es más para Huxley el uso de psicotrópicos podía llevarnos al ser puro, a contemplar la realidad-en-sí.

Si bien es cierto que alterar nuestra consciencia de la realidad puede hacernos percibir el mundo de otra manera y eso puede llevarnos a grandes resultados creativos, nada hay de verdadero en que lleguemos a algo que podamos considerar como la realidad-en-sí. En general, el uso de sustancias psicotrópicas distorsiona la visión funcional de la realidad, es decir, empeora tu percepción más que abrirte las puertas a mejores lugares. Siempre me ha parecido muy erróneo, cuando no dañino, entender el uso de las drogas de modo espiritual o cuasi-religioso. No amigos, el ácido lisérgico no te va a llevar a descubrir tu “yo interior” (¿qué diablos es el yo interior?), ni va a suponer una fase más en un camino de autorealización personal. El ácido te hará pasar un buen rato teniendo alucinaciones y sintiéndote eufórico (o todo lo contrario si te da un bad trip), pero poco más.

Suena un tanto extraño que el ser humano no hubiese podido llegar a la plenitud de su existencia espiritual hasta que  Albert Hofmann  sintetizará el LSD en 1938 ¿Nuestro organismo habría sido diseñado por eones de selección natural para crear un sistema nervioso adecuado para que el ácido nos llevará a la visión deifica? No, nuestro cerebro no está diseñado ni para conocer la realidad en sí misma, ni mucho menos para llegar a contactar con dioses ni espíritus interiores. Nuestro cerebro está diseñado originariamente para sobrevivir en determinados entornos (fundamentalmente, para moverse eficazmente en ellos). Y, como vamos a ver, para ello no hace falta abrir las puertas de la percepción para conocer la realidad en su totalidad, sino más bien todo lo contrario.

El cerebelo es la parte del encéfalo encargado de la coordinación de los movimientos. Es por ello que cuando se le daña, el sujeto no pierde la capacidad de moverse, sino que sus movimientos se descontrolan, se hacen torpes y desequilibrados, teniendo problemas para realizar cualquier acción motora. Para realizar esta tarea directora el cerebelo distingue muy bien entre movimientos previsibles e imprevisibles (¿No será nuestra capacidad de prever el futuro una evolución posterior de la función cerebelar?).  Cuando alargamos un brazo para coger una taza de café, sentimos, por ejemplo, el tacto de nuestra camisa rozando nuestra piel. Esta sensación no es relevante, no es importante en la ejecución de la acción, por lo que el cerebelo “la resta” de nuestro foco de atención. El cerebelo recibe toda la información y diferencia la que es totalmente predecible y prescindible, de la necesaria para llevar a cabo correctamente la acción. Es por eso que no podemos hacernos cosquillas a nosotros mismos. El cerebelo predice donde pondremos las manos, por lo que no hay sorpresa y el hilarante resultado del ataque de cosquillas no se produce.

El neurocientífico británico Daniel Wolpert realizó unas investigaciones en las que monitorizó a una serie de individuos mediante IFRM (Resonancia magnética funcional) mientras les hacían cosquillas. En el escáner aparecía una fuerte activación de la corteza somatosensorial, pero el cerebelo permanecía silencioso. Después se pidió a los sujetos que intentarán hacerse cosquillas a ellos mismos en las partes del cuerpo donde antes las habían recibido. El resultado se invirtió: poca actividad en la corteza somatosensorial y mayor actividad en el cerebelo. Explicación: el cerebelo envió mensajes inhibidores  a la corteza cuando previó el movimiento del ataque de cosquillas, discriminando entre el movimiento auto-generado y álter-generado  (¿Origen de la diferenciación entre el yo y los otros?).

Un segundo experimento volvía a mostrar lo mismo. Wolpert situó a dos sujetos en torno a una especie de pedal de bicicleta capaz de medir la fuerza con la que se lo presionaba. Un sujeto experimental ponía su dedo índice encima del pedal y otro lo sostenía con el mismo dedo por debajo, con la palma de la mano abierta. A ambos se les dio la instrucción de responder cualquier aumento de presión en el pedal con otro movimiento de exactamente la misma fuerza (Ninguno de los dos sabía que el otro había recibido la misma instrucción). El curioso resultado es que cuando los sujetos se turnaban pulsando, ante la presión ejercida por el otro, la respuesta intensificaba la fuerza de manera muy significativa. Ellos juraban y perjuraban que era el otro el que había apretado con mucha más fuerza, por lo que ellos, únicamente, habían intensificado la presión para igualarla. Así se producía una escala de represalias tantas veces vista en el patio de los colegios: cuando, jugando al fútbol, uno sufre una falta, es muy común que en la siguiente jugada se la devuelva al agresor, pero siempre con algo más de fuerza, lo que rápidamente genera una escala de represalias que, muchas veces, termina en pelea.

La explicación es la misma que con las cosquillas. El cerebelo recibe la orden de responder a la presión con la misma fuerza, pero, poco a poco, va restando parte de la sensación de fuerza esperada, por lo que el mensaje que llega a la corteza somatosensorial es de una fuerza menos intensa que la real. Para superar esta inhibición la corteza da la orden de subir la fuerza de la respuesta pero no lo hace en la medida correcta, por lo que se produce el desajuste y la posterior escalada. En este sentido es muy interesante comprobar como un mecanismo que funciona tan bien para coordinas movimientos tan sofisticados y complejos como los que realiza un gimnasta de élite, falla estrepitósamente en un mero intercambio de mediciones de fuerza. Y es que el cerebro dista mucho de ser una máquina perfecta.

Como contaba Borges en su tantas veces citado relato Funes el memorioso, nuestra selección restrictiva de información no es tanto una cuestión de limitación como de que, percibiendo toda la serie de estímulos que nos bombardean sin discriminación alguna, sería imposible cualquier acción mental. Pensemos qué sería percibir visualmente sin discriminar qué objetos son relevantes para lo que pretendemos hacer, qué figuras son obstáculos, amenazas, o ayudas para nuestros planes. Alguien que como el Funes de Borges tuviese una imagen especular del mundo metida en su cerebro, no podría pensar ni hacer maldita la cosa. Y es que conocer no es saberlo todo, no es tener una representación mental completamente idéntica a la realidad, conocer es saber separar el grano de la paja. Quizá entonces será mucho más importante la tarea de borrado, la tarea cerebelar de inhibir o restar toda la ingente cantidad de ruido que nos acecha para quedarnos sola y exclusivamente, con lo necesario. Conocer es, en gran medida, olvidar.

Os dejo una Ted talk de Daniel Wolpert donde se explica todo esto mucho mejor.

 

P.D.: Si os ha sabido todavía a poco, me acaban de publicar un extenso artículo en Xataka sobre el mito de la tabula rasa.

comentarios
  1. Efe dice:

    “Si bien es cierto que alterar nuestra consciencia de la realidad puede hacernos percibir el mundo de otra manera y eso puede llevarnos a grandes resultados creativos, nada hay de verdadero en que lleguemos a algo que podamos considerar como la realidad-en-sí. En general, el uso de sustancias psicotrópicas distorsiona la visión funcional de la realidad, es decir, empeora tu percepción más que abrirte las puertas a mejores lugares. Siempre me ha parecido muy erróneo, cuando no dañino, entender el uso de las drogas de modo espiritual o cuasi-religioso. No amigos, el ácido lisérgico no te va a llevar a descubrir tu “yo interior” (¿qué diablos es el yo interior?), ni va a suponer una fase más en un camino de autorealización personal. El ácido te hará pasar un buen rato teniendo alucinaciones y sintiéndote eufórico (o todo lo contrario si te da un bad trip), pero poco más.”

    Buenas tardes, Santiago. Excesivamente categórico todo este párrafo como para presentarse como algo diferente a una opinión, una opinión que, y le ruego que no se moleste, parece sesgada por ciertos condicionamientos ideológicos o culturales. Considérese lo que narra este reportaje, aparecido en la sección de ciencia de El País: http://elpais.com/elpais/2016/08/11/ciencia/1470931995_861178.html

    Se diría -y, créame, no soy en absoluto sospechoso de amor incondicional por Timothy Leary o Aldous Huxley- que determinados usos de estos químicos sí proporcionan una percepción del mundo que resulta, a la larga, enriquecedora, beneficiosa y funcional para el usuario. Y también “ajustada” en la medida en que ayuda a corregir disfunciones previas.

    Sé que el uso preciso del lenguaje es difícil en contextos evolutivos, y que la preposición “para” puede resultar particularmente traicionera. Pero aun así no puedo aceptar que para apuntalar su oposición tire usted de un funcionalismo que podría aplicarse a cualquier cosa. No, claro que la evolución no ha preparado el cerebro “para” que amplíe sus poderes gracias al LSD. No lo ha preparado “para” nada en concreto. Tampoco, desde luego, nos ha preparado para una enorme cantidad de cosas que realizamos a diario, y no por eso las negamos (bueno, a veces sí).

    Naturalmente, no estoy diciendo que -por poner un ejemplo- un ratón drogado no sea en general, más vulnerable a ser devorado por un gato. Pero, y centrándonos en todo lo que usted tan amenamente desarrolla después, ¿acaso no puede ser que, ocasionalmente, en su labor de “centrarnos en lo relevante”, el cerebelo, o cualquier otra estructura encefálica, se equivoque, o se se exceda, se vicie, generando, al modo de los músculos que se nos contracturan en la vida cotidiana, disfunciones que, paradójicamente, nos impidan percibir otros aspectos relevantes de nuestra realidad externa o interna? Y, al igual que un relajante muscular puede ayudar a distender un músculo que está haciendo su función demasiado bien, ¿es impensable que un compuesto químico pueda ayudarnos a relajar una estructura nerviosa que nos enfoca demasiado en ciertos detalles?

    Como siempre, le estoy muy agradecido por su texto que, una vez más y a pesar de las discrepancias, vale la pena leer con atención. Reciba un saludo cordial

  2. Efe:

    No estoy criticando el uso terapéutico de las drogas. De hecho estoy bastante a favor de, por ejemplo, el uso racional de los antidepresivos. Lo que critico es el uso místico de ellas. Creo que es un mito pensar que tomar ciertas drogas (LSD, ayahuasca, peyote o lo que sea) me vaya a llevar a un estado de catarsis o a resolver misterios acerca de la naturaleza de la realidad o de mi propia vida, que no puedo resolver sin ellas.

    Por ejemplo, si yo tomo LSD y contemplo un atardecer y me siento pleno y en armonía con el mundo, no he descubierto absolutamente nada. Los efectos del LSD tocan partes de mi cerebro relacionadas con la sensación de plenitud y hacen que la sienta, nada más ¿Cuántos tratados científicos o filosóficos potentes (que no obras literarias o artísticas) han salido de alterar profundamente los estados de conciencia? No, para conocer, para hacer buena ciencia o buena filosofía, hace falta estar muy lúcido y tener toda la maquinaria cerebral bien engrasada y en forma.

    Detrás de esta visión hay serios errores filosóficos acerca de la naturaleza del conocimiento, de la mente y del mismo universo. Otra cosa, muy diferente, es que use un tranquilizante que me relaje y así pueda pensar mejor o que tome algún tipo de nootrópico que me haga rendir cognitivamente más. Con LSD poca ciencia pero ¡con cafeína un montón!

    Y muchas gracias por los cumplidos. Esos sí que tienen poder en mis receptores dopaminérgicos xDD

  3. Al parecer una red neuronal biológica es capaz de implementar fenómenos matemáticos, de manera que procesan la información como si fueran una red bayesiana. Conclusión: El cerebro es una “maquina” bayesiana (entre otras cosas, claro) y con ello tenemos lo necesario para explicar el aprendizaje causal.
    Básicamente, y lo expresa muy bien el TED, la eliminación de “ruido” es lo que se consigue desde inferencias bayesianas (creo que no es muy diferente a la búsqueda de pautas, patrones… que Peirce nombraba con el término abducción).
    Cuando daba lógica y fundamentos de la matemática muchos estudiantes mostraban sus dificultades por ese ruido que yo ya no tenía, ni siquiera me acordaba de haberlo tenido, lo filtraba automáticamente, dejaba de estar en la realidad… y las dudas de los estudiantes me lo volvían a hacer presente. No hace mucho, una nieta de mi hermano de apenas 4 años que está aprendiendo a leer, me hizo descubrir lo mismo al observarla en su aprendizaje; parecían sus esfuerzos y distracciones un ajuste y reajuste de intentar eliminar, como si de hecho estuviese realizando inferencias bayesianas continuas, el ruido que acompañaba a las grafías que no dejaban ver la esencia de las mismas, su “autentico y verdadero SER” y que se le exigía.

    Creo que Parmenides es eso lo que hizo al filosofar…quitar tanto ruido de la vida que se quedo casi sin nada en lo que vivir, y seguramente seguimos arrastrando la raíz de ese modo de pensar.

    Por cierto: ¿Qué es el “ruido” sin alguien o algo que lo intente eliminar, sin finalidad, sin implicita teleologia?

    Un saludo

  4. pharmakoi dice:

    Aquí hay un articulo sobre los usos de la psilocibina, en concreto se habla de un estudio que postula un aumento de la creatividad a costa de un decremento en otras funciones cognitivas, yo creo que incluso en ciencia estas sustancias pueden tener un valor adaptativo. No todo es velocidad y menor tiempo de reacción, también hay que generar nuevas conexiones semánticas, y esto es lo que facilitan este tipo de sustancias, quizá por eso en la Grecia antigua se llevaba a cabo el ritual de Eleusis con cornezuelo del centeno (precursor del LSD).

    “. En condiciones normales, el reconocimiento semántico
    ocurre de forma rápida con palabras relacionadas de una forma directa. Sin embargo,
    palabras relacionadas de una forma no tan directa como “dulce” y “limón”, por
    ejemplo, producen indirectamente el reconocimiento semántico de una forma
    también rápida en sujetos esquizofrénicos y con otros tipos de desórdenes mentales.
    Esta investigación demostró que los tiempos de reacción en relaciones semánticas
    directas se reducían, como ya se había demostrado en anteriores estudios, pero los
    tiempos de reacción en las relaciones semánticas indirectas mejoraban, situándose
    en niveles como los que tienen las personas esquizofrénicas.”

    http://vip.ucaldas.edu.co/culturaydroga/downloads/Culturaydroga14(16)_9.pdf

    Habrá quién piense que potenciar un estado “esquizógeno” no es lo más apropiado en ningún caso, pero también hay estudios que muestran que una menor inhibición latente (algo que se da en la esquizofrenia; https://es.wikipedia.org/wiki/Inhibici%C3%B3n_latente ) potencia la creatividad. Creo que podría estar relacionado. La inhibición latente consiste en que cuando un estímulo tiende a no aparecer emparejado con otro, se dificulta su condicionamiento posterior cuando sí lo hace. Dulce no suele ir asociado a limón, de ahí que el efecto de priming en condiciones normales sea mínimo. Esto tiene una funcionalidad en la vida cotidiana, la de reducir el ruido. Pero puede que a veces saber escuchar el ruido también tenga su utilidad.

    Antonio Escohotado contaba en su libro Historia de las drogas que mientras tradujo a Newton estuvo tomando unos 250 mg diarios de cocaína (que tiene efectos similares, pero más potentes, a los de la cafeína) durante aproximadamente un año. También decía que dejó de tomarla porque aumentaba en exceso su sentimiento de autoimportancia. ¿Quién dice qué es un nootrópico y qué no lo es? ¿Para qué, en qué circunstancias? ¿Sólo los estimulantes psicoanalépticos han de ser nootrópicos?.

  5. elneuromante dice:

    Hmmm, tratar de explicar el cerebro con bases exclusivamente neuro-biológicas es algo que ha llevado a ciencia a una especie de callejón sin salida; creo que por ahí no es. El acercamiento correlacional y de interdependencia entre los distintos fenómenos psicológicos observables -o sesgos cognitivos (v.g el efecto ancla) y lo que conscientemente observamos es el medio adecuado para tal proposito

  6. Pharmakoi:

    Tomar ciertas drogas constituye una experiencia, a menudo intensa. Lo que yo digo es que se ha exagerado muchísimo la calidad y cantidad de conocimientos nuevos (de redes semánticas) que puede aportarte tal experiencia.

    ¿No será mucho mejor, si quieres nuevos significados, leer un buen libro, ver una buena película, escuchar buena música o viajar?

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