Vivir sin fundamento

Publicado: 22 septiembre 2016 en Filosofía general, Filosofía política
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zenobia

Uno de los grandes errores de la modernidad fue la búsqueda obsesiva de un fundamento irrefutable. Se buscaba una verdad, un primer principio que sirviera como base sólida para construir el gran edificio del saber. Realmente, ese fue el gran error de Descartes. Era una misión imposible, un imperdonable acto de arrogancia humana, y cualquier pretencioso intento de encontrar tal arkhé indestructible fue fácilmente desmontado por los grandes críticos de la Edad Moderna ¿Qué quedó entonces? La nada, el último hombre que diría Nietzsche, el nihilismo, el pesimismo existencial. Dios había muerto, por lo que nada tenía sentido.

Muchos se han quedado a vivir aquí, lamentándose eternamente de los fracasos de la razón humana, atrapados en una autodestructiva tragedia byroniana. Otros, sin embargo, han querido salir del abismo entrando en lo que se ha llamado la época o edad postmetafísica. Veamos este fragmento del precioso Las ciudades invisibles de Italo Calvino:

Ahora diré de la ciudad de Zenobia que tiene esto de administrable: aunque situada en terreno seco, se levanta sobre altísimos pilotes,  y las casas son de bambú y zinc, con muchas galerías y balcones, situadas a distintas alturas, sobre zancos que se superponen unos a otros, unidas por escaleras de mano y aceras colgantes, coronadas por miradores abiertos de tejados cónicos, depósitos de agua, veletas, de los que sobresalen roldanas, sedales y grúas.

No se recuerda qué necesidad u orden o deseo impulsó a los fundadores de Zenobia a dar esta forma a su ciudad, y por eso no se sabe si quedaron  satisfechos con la ciudad tal como hoy la vemos, crecida quizá por superposiciones sucesivas del primero y ya indescifrable diseño. Pero lo cierto es que si al que vive en Zenobia se le pide describa como sería para él una vida feliz, la que imagina es siempre una ciudad como Zenobia, con sus pilotes y sus escalas flotantes, una Zenobia tal vez totalmente distinta, con estandartes y cintas flameantes, pero obtenida siempre combinando elementos de aquel primer modelo.

Dicho esto, es inútil decidir si ha de clasificarse a Zenobia entre las ciudades felices o entre las infelices. No tiene sentido dividir las ciudades en estas dos clases, sino en otras dos: las que a través de los años y las mutaciones siguen dando su forma a los deseos y aquellas en las que los deseos, o logran borrar la ciudad, o son borrados por ella.

Los habitantes de Zenobia ignoran el fundamento, el propósito que dio forma a su ciudad. Sin embargo, eso no les impide vivir ni afecta en nada a su bienestar o felicidad. El hecho de desconocer el origen de sus deseos no impide que no deseen. Los habitantes de Zenobia viven sin fundamento (como todos nosotros y como, prácticamente, todos los hombres de la historia de la humanidad) y viven bien. El peligro está cuando llega ese fundamento, cuando llega un deseo que, como nos dice Calvino en el último párrafo, puede llegar a borrar la ciudad o ser borrado por ella.

El peligro estriba en cuando llega un deseo intemporal, descontextualizado y, por lo tanto, totalizador (y totalitario: hablamos de Zenobia pero podríamos hablar de Berlín). Cuando, por ejemplo, llega alguien que quiere una Zenobia absolutamente diferente a la que hay, sin ningún pilote, una Zenobia a ras de suelo. Sería un Descartes que, viendo que Zenobia no tiene fundamento, la desecha y funda otra, radicalmente nueva, desde cero. Aquí solo podrían pasar dos cosas: o el deseo cartesiano destruiría Zenobia o la propia Zenobia destruiría a Descartes. El sueño de Descartes sería un goyesco sueño de la razón que terminaría, sin duda, en pesadilla.

Por eso, vivir sin fundamento, es decir, vivir sin dogmatismos, teniendo muy claro que nuestro conocimiento es rudimentario, provisional, precario y completamente falible, es el mejor antídoto contra cualquier pretensión totalizadora.  Pero vivir sin fundamento no nos debe llevar, desde luego, a ningún tipo de pesimismo o nihilismo, tan propios del siglo XX o del pensamiento postmoderno; ni siquiera a un pensamiento débil (del que tanto se ha abusado). No debemos caer ni en el nada vale ni en el todo vale, porque no es cierto. No hay más que mirar a nuestro alrededor: el mundo, Zenobia, funciona.  Y en él, desde luego hay verdades, reglas, principios que viven bastante ajenos a cualquier absurdo vacío existencial.

Dibujo de Mauricio Pettinaroli.

comentarios
  1. jajugon dice:

    Muy interesante reflexión.

    Hace un tiempo escribí otra reflexión que iba en la misma línea, a propósito de la polémica que se montó sobre “la incapacidad para ser feliz” que por unos momentos proclamó el BOE como parte de los criterios de evaluación de la asignatura de religión. Por si interesa:

    https://arjai.wordpress.com/2015/03/15/incapacidad-para-ser-feliz/

  2. Abraham dice:

    Si he entendido el texto, este “mejor antídoto contra cualquier pretensión totalizadora”, es un antídoto rudimentario, provisional, precario y “completamente” falible.
    Subrayo “completamente”, un ejemplo de tendencia al pensamiento totalizador, del que difícilmente escapamos, incluso en una reflexión que nos previene de los inconvenientes del pensamiento totalizador.
    La ironía es un camino interesante. La analogía, no lo tengo claro.

  3. elneuromante dice:

    Pontificas mi estimado…; todo esto ha sido dicho muchas veces -tal vez muchísimas-, por eminentes, doctos e ilustrados. Recomiendo la lectura del El hombre en busca de sentido de Viktor Frakl y una relectura del Mito de Sísifo.
    PD. Iba a dejar mi opinión, pero mejor me la quedo; el viaje que hacemos aquí es enteramente individual. No hay dos viajes iguales.
    Gracias.

  4. José Manuel dice:

    Santiago, enhorabuena por tu artículo, tan bien escrito como siempre. Pero no estoy de acuerdo con el mensaje y te digo por qué:
    Buscar el Fundamento no es creer que se tiene un Fundamento. El Fundamento siempre está por encontrarse, aunque nos acercamos a él. Pero para acercarse hay que pensar que existe. Vivir con Fundamento consiste en buscar el Fundamento, no pretender que se lo tiene. Eso es Fundamentalismo, y la Modernidad no es Fundamentalismo, es una búsqueda de la verdad que sacó a Europa del Fundamentalismo, adonde esta vaciedad postmoderna nos va a meter de nuevo.
    Que el sueño de la Razón produzca monstruos significa que la falta de vigilia de la Razón produce monstruos. En ese sentido lo dijo Goya, opinión que yo comparto. No es cosa de dejar dormir a la Razón en su búsqueda, sino de que esté bien despierta, porque cuando duerme nos engañan. Nos someten. Nos vacían.
    ¿Acaso no es un tipo de fundamentalismo (el postmoderno) mantener a capa y espada que no hay que buscar ningún Fundamento? ¿Por qué no hay que buscarlo? ¿Era Sócrates un fundamentalista? ¿Lo era Aristóteles? ¿Lo era Newton? ¿Lo son los científicos actuales que buscan la verdad? (lamentablemente hoy no tanto los filósofos, seducidos por la monserga postmoderna). Más bien lo son quienes nos dicen que no merece la pena buscar una base para la realidad, que hay que vivir en las nubes. Porque esos sí que se comportan como unos fundamentalistas de la nada, que están convirtiendo nuestra realidad en un desierto de vaciedades, y al ser humano en un fantasma que vaga perdido de un deseo a otro hasta que se cansa de todos los deseos. Han convertido nuestra sociedad en una masa cansada de vivir. ¡Qué contraste con la ingenuidad griega o ilustrada, que se emocionaba con cada descubrimiento de algo verdadero! La verdad es el alimento del alma, Santiago. No esas nubes.
    Totalmente de acuerdo en que nuestro conocimiento es precario. Pero ahí está lo emocionante del asunto. Porque es una precariedad que va disminuyendo, aunque nunca vaya a desaparecer del todo. No confundas a los buscadores de la verdad (pues eso y no otra cosa es la filosofía) con quienes te quieren imponer una verdad (eso son fanáticos, no cartesianos), pero sobre todo no los quieras sustituir por vendedores de humo (la posmodernidad, enésima rendición del nihilismo relativista), aunque el humo se venda tan bien hoy día. Ojalá cotizara en bolsa.
    En suma: hay un término medio entre vivir sin fundamento y pensar que se vive teniendo el Fundamento. Ese término medio es buscarlo, y eso es la filosofía y su soberbia hija la ciencia. Perro vivir sin buscar un Fundamento (porque se cree que no lo hay) es una forma de morir en vida y de banalizar al individuo. Tú mismo estás buscando un Fundamento, si no no escribirías tus artículos. La pretensión totalizadora no proviene de buscarlo, sino de no buscarlo, ya sea porque se diga que la búsqueda ha terminado porque lo tenemos (en la Biblia, en el Corán, en la Logse…) o porque no hay nada que buscar y es mejor dedicarse al botellón o a ver películas en clase ya que no hay nada que aprender. Llegará el día en que llamarán fundamentalista al que quiera enseñar algo, en lugar de meramente pasar el rato.
    Y mira a tu alrededor : si el mundo funciona es por quienes buscan la verdad y la justicia (las dos caras del Fundamento), no por quienes meramente están aquí pasando el rato.
    En fin, pido disculpas por erratas tipográficas, he escrito esto en el móvil.
    Un abrazo, buscador del Fundamento.

  5. wachovsky dice:

    Te aplaudo José Manuel, el ciudadano neoromano globalizado es un constructo a lo Forrest Gump, banal e idiota sin par, pasando el rato, mirando TV como un anciano mental decrépito rumbo a la muerte, hedonista, frívolo, vacío, egoísta, insano, derrochador de todo lo que se le confiere, mirando fútbol, mirando a la nada que solo lo lleva hacá sí mismo y aquello en lo que lo convirtieron para que sea: una mascota humana de las elites que detentan el poder financiero, material (aunque en lo material solo subyacen campos cuánticos inmateriales que nadie de ellos controla ni podría nunca controlar), intelectual, socoicultural pasatista y político. La incapacidad de ser feliz no se halla en lo religioso sino en la materia gris y lo riguroso.

  6. jose luis Herrador dice:

    Vivir sin fundamento desde Popper para la inducción y la verificación es reconocer el falibilismo, y desde Gödel sin fundamento único y último es la incompletud deductiva para la lógica y en Tarski la incompletud para el lenguaje y del necesario metapunto de vista ad infinitum

  7. Anna Maco dice:

    NO, me ha sorprendido, porque trabajo con ellos y soy uno de ellos, que en cinco pruebas las marcas de los atletas paralímpicos hayan quedado por encima de las de sus homólogos “normales” de Rio 2016. Y que el saltador de altura paralímpico quede a 8 centímetros saltando a la pata coja. Así que hay que revisar eso del nihilismo posnietzscheano. Y no encabezar o acabar artículos con apelaciones a la pendiente resbaladiza del “nihilismo”.

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