Robolución y void problem

Publicado: 22 enero 2017 en Economía, Tecnología
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Año 2037. La gran mayoría de los trabajos relacionados con el transporte, la administración o la producción industrial han sido ocupados por robots. El aumento del crecimiento económico ha sido excelente. No hay ningún problema para pagar las pensiones a una población muy envejecida y las arcas del Estado permanecen saneadas y con superávit.  El gran problema es que la tasa de desempleo llega a niveles que rondan el 50%, si bien la manutención de tanto parado se solucionó implantando una renta básica universal. A pesar de que se han creado multitud de nuevos puestos de trabajo y aunque gran parte de los políticos siguen buscando fórmulas para bajar el desempleo, la reconversión laboral ha sido imposible y el desempleo generalizado ha pasado a ser algo completamente cotidiano.

La brecha económica y social ha aumentado. Los afortunados que supieron subirse al carro de la robolución,  aquellos que consiguieron mantener su puesto de trabajo mejoraron muchísimo su calidad de vida. Trabajando con robots que no tenían que dormir ni descansar, a los que no había que pagar un salario, que no se ponían enfermos ni pedían bajas por maternidad y que, para colmo, producían muchísimo más que sus predecesores humanos, las ganancias crecieron sustancialmente. Aunque el reparto de la riqueza siguió siendo tan injusto como siempre (el empresario se seguía llevando casi la totalidad del pastel), una tajada algo mayor les correspondió a ellos (eso sí, su jornada laboral sigue tan larga como siempre. Las predicciones de Keynes, definitivamente, no se cumplieron).

En consecuencia, la estratificación social ha cambiado: seguimos teniendo el pequeño porcentaje de superricos de siempre (un poco más ricos aún que antes), pero a cierta distancia les sigue una nueva clase social: los workers, aquellos que trabajan. Después viene algo parecido a la antigua clase media pero sin trabajo: los jobless (también llamados despectivamente laggards: rezagados). La clase pobre, afortunadamente, ha desaparecido casi por completo en los países desarrollados.

El problema de una sociedad que ha conseguido vencer el hambre, la pobreza, y gran parte de las enfermedades (la esperanza de vida casi llega a los cien años y creciendo), es buscar un sentido a la vida de toda la población jobless. La prensa ha llamado a este asunto el V-problem (void problem: el problema del vacío): ¿Qué hacer cuando no tienes nada que hacer? En sociedades como la nuestra, en las que el sentido de la vida ha estado muy ligado a la ocupación laboral, se temió un brote de angustia y vacío existencial de imprevistas, pero siempre nefastas, consecuencias. Entonces, los jobless, dieron cuatro respuestas al sinsentido:

  1. Los antidepresivos y drogas de diverso índole han avanzado muchísimo, de modo que muchos han optado por una vida de placeres artificiales. El absurdo vital se compensa con un hedonismo potenciado con los nuevos avances de la farmacología. El soma de Huxley es ya una realidad, pero mucho mejor: prácticamente, puedes elegir el estado de ánimo en el que quieres estar en todo momento. Las macrofiestas en donde la música se mezcla felizmente con los psicotrópicos son ahora mucho más comunes que antaño. De hecho hay gente que vive durante años en una fiesta ininterrumpida. Son los everlastings. Las opciones de ocio han aumentado salvajemente: el cine, los videojuegos y la realidad virtual se han fusionado para brindar experiencias alucinantes como, por ejemplo, películas en las que, realmente, tú eres el protagonista. Hay restaurantes virtuales en los que puedes elegir en qué parte del mundo o qué paisaje quieres que envuelva tu mesa. Además, la alta cocina se ha fusionado con la avanzada farmacología consiguiendo platos increíbles: orgasmos con sabor a ostras, cerdo agridulce (sí, la comida china se ha impuesto) que hace que te rías, o los supersutiles (y de precios prohibitivos) pollo gong bao con sabor a verano, o la sopa de wonton que sabe a juventud.  La humanidad jamás ha gozado de tantas alternativas de diversión al alcance de tantas personas.
  2. Luego están los russellianos. Al igual que afirmaba el filósofo británico Bertrand Russell, piensan que es una bendición haberse liberado del trabajo (que consideraban alienante), ya no tanto para el hedonismo salvaje como para otros quehaceres más elevados. Los russellianos se dedican al estudio, a la ciencia, al arte, a la política o a la filosofía, al voluntariado solidario o al ocio cultural: van al teatro o a la ópera, visitan museos, viajan… También hacen multitud de actividades de vida saludable: pasean, hacen deporte, van a la montaña…
  3. Los prayers (rezantes): a pesar del ocaso de las grandes religiones en Occidente (el Islam fue el último en caer), y del tenaz esfuerzo del humanismo laico por terminar con ellas, han surgido nuevas formas de religiosidad, si bien constituyen grupos muy minoritarios en comparación con los everlastings y los russellianos. Habitualmente son formas sincréticas de religiones clásicas y orientales (hay una moda muy popular de rescatar religiones antiquísimas ya extinguidas), dándose originales mezclas como, por ejemplo, los nimai (o luminosos) quienes integran el chiismo imaní y el hinduismo advaita, con algunos elementos tomados del shintoismo japonés. Europa y Norteamérica están plagadas de sectas de lo más variopinto: desde los vedantas cristianos seguidores de Mithra, hasta los renovados adoradores de Brahatmanariyú (quien ahora es una especie de deidad digital que fluye por Internet).
  4. Y por último los llamados voids (podría traducirse como vacíos) o, despectivamente, wastes (desechos): grupos de nihilistas que no han conseguido encontrar el sentido ni en el ocio ni en el russellianismo. Yacen tirados en los parques, vuelven a escuchar música de Nirvana y de los Smashing pumpkins y tienen una altísima tasa de suicidio. Fenómenos como los hikikomori, o casos similares de aislamiento y fobia social, son muy habituales en todas las capitales europeas.  También son tristemente habituales los suicidios colectivos: decenas de personas planifican todo por Internet (hay muchas webs dedicadas a ello y los gobiernos no dan abasto a cerrarlas), quedan en un bonito lugar alejado de las ciudades y mueren tras la ingesta de pentobarbital, que se consigue hoy muy fácilmente en la red (ellos querían hacerlo con el monóxido de carbono de los tubos de escape de sus coches como se hacía en Japón a principios de siglo, pero se encontraron con que ahora todos los coches son eléctricos). Sin embargo, aunque constituyen un problema social e incluso de salud pública, no son un grupo mayoritario en comparación con los otros dos grandes. A pesar de que muchos predicadores del apocalipsis vaticinaron una crisis existencial sin precedentes históricos, la verdad es que no ha ocurrido o, al menos, no lo ha hecho en tal medida.

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Post scríptum: esta es una hipótesis de un posible futuro que me ha parecido especialmente literario. No obstante, con respecto a la robolución, creo que, después de un tiempo problemático de incertidumbre y desempleo, se conseguirá la reconversión laboral y no habrá ninguna renta básica universal (a lo sumo algunas rentas mínimas para sectores especialmente frágiles). Unos puestos de trabajo se extinguirán (como ya lo hicieron los de limpiabotas, curtidor, afilador, sereno, telefonista, etc.) y surgirán otros nuevos (como los actuales youtubers, personal shoppers, diseñadores de apps, etc.) que aún desconocemos. En la sociedad ya se han incorporado muchas veces avances tecnológicos que presagiaban la pérdida de empleo y, al final, no llegaron a tanto (por ejemplo, el mismo ordenador). En cualquier caso, lo que, evidentemente, hay que hacer son políticas para afrontar competitivamente estos nuevos cambios (cambios en el sistema educativo, en la fiscalidad, en la legislación laboral… y, por supuesto, en las mentalidades) ¡Traed robots a España ya!

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comentarios
  1. Samu dice:

    Magnífica entrada como siempre, Santiago.

    Un saludo!!

  2. Fran dice:

    nteresante!, Pero dudo que pueda englobar a la totalidad del planeta algún día, o será que mi mirada es mas catastrófica en este sentido. Si bien la automatización de tareas- ( tanto manuales como intelectuales) [ ya hay “robots” abogados funcionales] – es un realidad y su expansión es prácticamente imparable, el uso de la misma no apunta o tiene intención de apuntar al beneficio de procomún…por el contrario socavarán aún mas a los ya maltrechos paises subdesarrollados, además las clases mas “marginadas” en estos paises no suelen “entregarse al suicidio”…suelen delinquir, las rentas básicas universales son in viables a nivel macroeconómico como nos enseña la historia, sí creo que el desempleo crecerá y las desigualdades entre paises serán abismales debido a la falta de educación de calidad tanto a niveles primarios como superiores o universitarios…yo veo Caos, y control de masas, un mundo “robotizado” se enfrenta al paradigma de la superpoblación y hasta que ese “tema” no sea resuelto veo difícil una armonía completa entre el desarrollo de automatizado y el bienestar global.

  3. jabakuku dice:

    Me da miedo.

  4. Efe dice:

    Me ha gustado mucho, sobre todo por la forma novelada. Pensaba que, como otras veces, lo habría tomado prestado de algún autor de ciencia ficción, pero veo que está vez la inspiración es suya. Enhorabuena!

  5. Requiem l dice:

    Interesante artículo. Quería hacer unas apreciaciones:

    1) La renta básica desliga producción y renta. Es decir, destruye la división del trabajo de tal manera que se trabaja en aquello que quieres no en lo que necesitan los demás.
    La renta básica disminuye la oferta de trabajo; desincentiva la búsqueda de empleo entre las clases bajas y las clases medias- altas trabajan menos horas por los altos impuestos para financiarla. Por tanto, disminuiría la producción potencial.
    Un derecho es una prohibición para todos; la renta básica supone una obligación incondicional para algunos.
    2) Una mejor opción es ahorrar, invertir y capitalizarse para aprovechar las enormes rentas de capital derivadas de la automatización. La cultura financiera es el futuro.
    3) Para saber cómo se reparte realmente la tarta del PIB entre los beneficios empresariales y las rentas salariales le recomiendo estos enlaces:
    http://www.elblogdedaniel.com/mito-11-asalariados-vs-empresarios-iii/
    http://www.elblogdedaniel.com/mito-27-salarios-300-veces-superiores-a-trabajor-promedio/

  6. Abraham dice:

    No sé si te has dado cuenta de que has descrito esa futura sociedad robotizada casi igual que los historiadores describen la esclavista sociedad del Bajo Imperio Romano.
    El ocio, la pax romana y los derechos de ciudadanía.
    La principal diferencia es esa que te señalan por ahí: los bárbaros, más allá de la los límites de la civitas.

    En cuanto al nihilismo, es un ser mitológico, como el unicornio. El discurso de los suicidas no es más lógico ni más realista que el que se deja engatusar por las polimorfas esperanzas de la vida. Así, encuentro pocas diferencias entre los “voids” y los “everlastings”, tal vez la acción visible o la acción oculta.

    ¡Salud Santiago!

  7. Yack dice:

    La renta universal (cobrar sin trabajar) es algo que se acabará imponiendo tarde o temprano. De hecho, en las sociedades más avanzadas cada vez hay más gente que vive sin trabajar (jubilados, enfermos, jóvenes estudiando hasta los 30 subvencionados por sus padres, etc.)

    En la medida en que las máquinas amplíen su capacidad para realizar trabajos humanos, habrá que incrementar el numero de personas que viven sin trabajar, hasta llegar al punto en que nadie o casi nadie trabaje y todos cobren una buena paga a cuenta de las máquinas

    No obstante, querer anticipar la renta básica por delante de los acontecimientos, solo contribuye a frenar el progreso y aumentar la pobreza. Quererse anticiparse a la historia no es lo mismo que avanzar más rápido, sino más bien, tropezar y retrasar la llegada del futuro.

    Saludos.

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